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8.4.25

El obispo de Alcalá clama contra la eutanasia y pide sufrir como Cristo... Veamos, Cristo es misericordia... el cristianismo o es misericordia, o no es cristiano... este obispo no es misericordioso, luego no es cristiano... es por tanto, un burócrata clerical, uno de los que tanto aprecian los mercaderes del templo

 "Ángel Hernández ha dado un paso de gigantes en la lucha por la eutanasia en España. Todo ello después de grabar un desgarrador vídeo de dureza extraordinaria en el que acerca el vaso con la pajita a su mujer, María José Carrasco, para acabar con su vida, tal y como ella había pedido tantas veces.

Hernández quiso que ese documento saliese a la luz para que todo el mundo viese "el sufrimiento y el abandono" por el que estaba pasando la pareja. Con su decisión, ha metido de lleno el tema de la eutanasia en la campaña electoral.

El obispo de Alcalá opina sobre la eutanasia 

Como no podía ser de otra forma, el obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, también se pronuncia en su página web sobre la eutanasia.

Convertido en un estercolero imprescindible para las mentes más reaccionarias, en su portal web no solo habla de homosexualidad, sino que se lanzan consejos gratuitos de temas tan diversos como la “violencia doméstica”, las “enfermedades de transmisión sexual”, el “aborto”, así como una serie de trucos para “volver a ser virgen por segunda vez” o encaminados a  “abandonar la pornografía y dejar de masturbarse”.

En el apartado que en su web destina a la eutanasia, Reig Pla concede especial protagonismo a una de sus cartas pastorales que lleva por título “Cruzar otra línea roja. ¿Una muerte digna?”. En este documento, el obispo de Alcalá de Henares deja clara su postura: en nuestra  “marcadamente emotivista” sociedad, “se está imponiendo la cultura de la muerte”. 

A su entender, lo grave de este asunto es que “está en juego la vida y la salvación de las almas”. En este contexto, dando voz al ala más ultra de la Iglesia, sostiene que “nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante. Nadie además puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad ni puede consentirlo explícita o implícitamente”.

Pero aún hay más. Pla considera, en lo que representa un claro menosprecio a las miles de familias al cuidado de personas dependientes, que “las súplicas de los enfermos muy graves que alguna vez invocan la muerte no deben ser entendidas como expresión de una verdadera voluntad de eutanasia; éstas en efecto son casi siempre peticiones angustiadas de asistencia y de afecto. Además de los cuidados médicos, lo que necesita el enfermo es el amor, el calor humano”.

Muy grave es también la comparación que realiza en otro apartado de su carta pastoral. “Que el Estado reconozca el derecho a la eutanasia o al suicidio sería tanto como autorizar a los ciudadanos que así lo quisieran a que libremente pudieran darse en esclavitud y que otros pudieran comprarlos y venderlos. Nadie está legitimado a atentar contra su propia dignidad, pues pertenece a Dios”, indica sin mostrar el mínimo reparo.

El dolor y la muerte

Mención aparte se merece la opinión que ofrece sobre el dolor y la muerte. “El dolor, sobre todo el de los últimos momentos de la vida, asume un significado particular en el plan salvífico de Dios; en efecto, es una participación en la pasión de Cristo y una unión con el sacrificio redentor que Él ha ofrecido en obediencia a la voluntad del Padre”.

Finalmente, el prelado sentencia: “Un ser humano no pierde la dignidad por sufrir; lo indigno es basar su dignidad en el hecho de que no sufra (…) Enfrentarse al sufrimiento sin Cristo es lo que hace tambalear todos los principios y nos coloca ante la encrucijada de la vida sin más bagaje que nuestros sentimientos y emociones”."               (, El Plural, 05/04/19)          

10.7.19

Un enfermo terminal de párkinson pide “dejar de padecer y de hacer padecer”

"Cuatro sillas de escritorio diferentes muestran la evolución del párkinson en el cuerpo de Antoni Monguilod. Arrinconadas en un lateral del despacho de su casa de Malgrat de Mar (Barcelona), los distintos tamaños y formas de los asientos se fueron sucediendo hasta la actual silla de ruedas de la que Monguilod, de 74 años, no se puede levantar desde hace dos meses. Su pérdida de autonomía le empujó a enviar una carta a varios medios reclamando la legalización de la eutanasia para evitar “sufrimientos” y como un “derecho fundamental”.




En este encarcelamiento corporal, que le impide completar una frase, el ordenador aparece como una rendija en la celda. El ratón y teclado dan a Monguilod el movimiento y las palabras que le va absorbiendo la enfermedad. De su puño y teclas salieron esos párrafos de auxilio que envió reclamando la despenalización de la eutanasia.

“Pasa las tardes frente al ordenador y todavía se encarga de las facturas y la administración del hogar”, comenta su esposa, Magdalena Fornés. Ante todo, el despacho de Monguilod es un museo de recuerdos de su vitalidad. Un violín en la parte superior de un armario, una jarra con el dibujo de un paracaídas de su etapa en la mili, fotografías con amigos y varios tomos encuadernados de la revista Som-hi, una publicación local mensual de la que se encargó entre 1977 y 2016.

“Dejar de padecer y de hacer padecer”, explica a EL PAÍS lo que significaría para él una “muerte digna”, en una entrevista en la que las dificultades en la comunicación son solventadas por su mujer. Además de ser su compañera de vida, ahora ella es sus piernas, sus brazos y su voz. “La quiero mucho y no quiero que pierda la salud cuidándome”, decía la misiva de Monguilod. Actualmente, Fornés atiende a su marido las 24 horas del día y solo se “puede escapar” cuando alguno de los cuidadores acude a su hogar. “Si no hay nadie no me quedo tranquila”, señala. Añora ir a la playa y de momento se conforma con una piscina portátil en la terraza de casa.

“Ha querido mostrar a la sociedad lo que algunas personas están padeciendo”, señala Fornés sobre la carta de su marido. “Puede parecer frío por mi parte aceptar y defender la posición que él ha tomado, pero yo creo que no hubiera sido capaz de llegar hasta donde él ha llegado. Los dos hemos sido siempre muy independientes y yo no soportaría tener que estar pidiendo que me hagan todo”.

También fue el teclado del ordenador el que hace siete años dio la primera señal de alarma. Unos fallos en la mano izquierda le llevaron al médico. Con la “mejor memoria de la casa”, según dice su mujer, Monguilod rectifica la primera versión que apareció en la prensa sobre su enfermedad que indicaba una antigüedad de 12 años. Unos clic en el ordenador muestran aquel primer informe de 2012 en el que se abría la puerta a la enfermedad neurodegenerativa.

Monguilod, que redactó un testamento vital en el que ha donado su cuerpo a la ciencia, descarta cualquier otra vía como el suicidio asistido o la marcha a otros países en los que la eutanasia no está penalizada. Quiere evitar que su familia tenga problemas legales.

La pareja tampoco entiende que casos como el de Ángel Hernández, que hace unos meses asistió a su mujer en el suicidio, hayan terminado en un juzgado. “Es una vergüenza. Ella decide morirse, lo graban, lo enseñan y al final le juzgan. Tener que morir sufriendo, ¿para qué?”, señala Fornés.

La familia dice que ningún político se ha puesto en contacto con ellos y tampoco tiene ninguna esperanza en ello. “Es una cuestión en la que la mayoría de la gente está a favor, pero los políticos no hacen nada por cambiarla. Esto no da votos”, concluye Fornés. En el Congreso existen dos proyectos sobre muerte digna, del PSOE y de Ciudadanos, que hasta el momento no han logrado abrirse paso."                  (Grego Casanova, El País, 04/07/19)

5.4.19

Detenido un hombre tras ayudar a morir a su mujer, en fase terminal




"Ángel Hernández y María José Carrasco lo tenían claro. El día que ella lo decidiera, él la ayudaría a quitarse la vida. Carrasco tenía desde hacía 30 años una esclerosis múltiple. En octubre pasado, cuando recibieron a EL PAÍS en su piso de Madrid, manifestó, con la voz gutural de quien está al borde de la asfixia, la única causa por la que no había dado el paso: "Él no tiene miedo, pero yo sí". 

Se refería a lo que le podía pasar a su marido si la ayudaba. Nadie sabe qué ha pasado en aquella casa estos seis últimos meses, pero el miércoles, Hernández le preparó la medicación definitiva. Ella la tomó. Él ha sido detenido.

"Quiero el final cuanto antes", decía en octubre Carrasco, de 61 años. Secretaria judicial, había sido una mujer activa, inquieta. Pero hacía ya años que el piano que tocaba había enmudecido, que los pinceles con los que pintaba se habían cegado. Con los años de enfermedad y deterioro, llegaron las barandillas en los pasillos, cayó un tabique para hacer más amplia la habitación. Se fueron las puertas que dificultaban el paso de la silla de ruedas. 

Todas, menos la del baño pequeño, el que usaba Hernández, de 69 años. El grande ya no tenía bañera, era un enorme plato de ducha. Prácticamente paralizada y con problemas de visión y audición, la tele del salón había crecido para que los dos pudieran ver películas antiguas, porque lo que dan por la tele no les gustaba.

La detención tuvo lugar este miércoles a las tres de la tarde, cuando los agentes se personaron en una casa ubicada en la calle Federico Carlos Sáinz de Robles, en el distrito de Moncloa Aravaca, tras ser avisados por los sanitarios del Summa, a los que Hernández contó que había suministrado una sustancia para provocar la muerte a su mujer. Está en el calabozo de una comisaría de Madrid a la espera de pasar este viernes a disposición judicial.

Como hiciera Ramón Sampedro hace 21 años, la pareja ha dejado grabado el proceso durante el que ella se toma la medicación letal. Pero esta vez no lo han hecho, como el famoso tetrapléjico, para exculpar a quien le ayudó a quitarse la vida. A Sampedro le funcionó. Cuando años después se inculpó a Ramona Maneiro, esta fue absuelta por prescripción el delito. Y es que la cooperación necesaria para el suicido está castigada en España, aunque si se hace con una persona en estado muy grave que lo pide se considera que hay una atenuante.

En cualquier caso, Hernández no tendría que ingresar en prisión si la pena es inferior a dos años y carece de antecedentes penales. "En España, aunque la eutanasia está prohibida, el Código Penal tiene en cuenta la compasión e introduce una atenuante muy privilegiada", explica Federico de Montalvo, jurista y presidente del Comité Español de Bioética.

 "No me gusta la idea de una eutanasia institucionalizada, pero en casos concretos, cuando se hace por amor y a petición de alguien, no sé si hay un reproche penal que justifique que esa persona entre en prisión", opina.

Según la asociación Derecho a Morir Dignamente, con la que Hernández se puso en contacto tras ayudar a Carrasco a acabar con su vida, es el primer caso conocido en España, tras el de Sampedro, en el que una persona asiste a otra para suicidarse ante la incapacidad física de la enferma para hacerlo por sí misma.

 Hernández sería, según la asociación, el primer detenido por esta causa. El hombre sabía los riesgos, pero estaba dispuesto a afrontarlos. Hace más de 20 años, cuando aún trabajaba como técnico de audiovisuales de la Asamblea madrileña y ella ya estaba enferma en casa, se la encontró agonizante tras intentar suicidarse. Llamó al servicio de emergencias y lo impidió. Después, hablando con ella, le prometió no hacerlo más.

En octubre, cuando hablaron con EL PAÍS, tenían sus esperanzas puestas en la ley de regulación de la eutanasia que promueve el PSOE. Inquietos pero bien informados, temían que la precariedad del Gobierno impidiera llevar a cabo la tramitación. Tenían razón: el proyecto de ley sigue empantanado en la Mesa del Congreso sometida a la práctica dilatoria del PP y Ciudadanos de prorrogar una y otra vez el plazo de enmiendas para evitar que llegue ni siquiera a debatirse. Ellos entran de lleno en los supuestos de esa norma: una enfermedad grave, irreversible, que produce enormes sufrimientos físicos y psíquicos.

Derecho a Morir Dignamente ha reaccionado este jueves exigiendo a los "futuros diputados y diputadas que regulen y despenalicen la eutanasia urgentemente". "Defender el derecho a la vida no justifica obligar a una persona a vivir una vida deteriorada, con un sufrimiento inadmisible y que ya no desea", añade. "El acto de Ángel Hernández de ayudar a morir a su mujer, a la que ha cuidado durante décadas, sólo puede entenderse como un acto de amor que no debería recibir ningún reproche penal", asegura en un comunicado.

"Más del 80% de la población está a favor de despenalizar la eutanasia y el suicidio asistido. Sin embargo, el artículo 143 del Código Penal sigue castigándola con penas de prisión", recalca la asociación, que califica como "inaceptable" que "en una sociedad democrática, basada en el respeto a la libertad individual y la pluralidad", esté penado "ayudar a una persona a disponer de su vida libremente".

Hacía tiempo que la pareja lo tenía todo preparado. Sus únicos límites eran la voluntad de ella y que, llegado el momento, Carrasco, que comía con extrema dificultad, no consiguiera tragar. El miércoles lo hicieron. Hernández había previsto las consecuencias y únicamente temía una: al quedarse solo, no tenía forma de asegurar que, cuando llegara su momento, alguien le ayudara a irse con dignidad. Como le decía medio en broma medio en serio Carrasco, cuando no tienes asistencia, "hay que joderse".

"La desobediencia civil queda justificada"

Mikel Ormazabal

La familia de Maribel Tellaetxe, que murió el 6 de marzo en el País Vasco afectada de alzhéimer sin haber conseguido la eutanasia solicitada, reaccionó en la mañana de este jueves ante la muerte de María José Carrasco: “A este hombre [el marido] la ley le ha puesto entre la espada y la pared. Esta persona se ha visto en la disyuntiva de delinquir o ver cómo sufre su mujer. Lo que ha hecho es un acto de amor y de valentía y cuenta con todo nuestro respeto, apoyo y admiración”, ha dicho David Lorente, uno de los hijos de Tellaetxe.

Lorente opina que la detención de Ángel Hernández se produce porque “ha delinquido a efectos de la ley, y las leyes hay que respetarlas mientras intentamos mejorarlas”. Pero se pregunta: "¿Qué pasa cuando una ley atenta contra las libertades individuales, contra los derechos humanos, y supone un crimen contra la humanidad? Ocurre que la desobediencia civil queda justificada”.

En el caso de Maribel, no lo hicieron. “Mi padre nos dijo que la voluntad de nuestra madre era seguir sufriendo antes de que nosotros nos arriesgásemos a ir a la cárcel”, admite Lorente. “Por eso no somos mejores personas que él. Pero tan legítima es la vía que ha tomado este señor como la nuestra. Éticamente estamos a su mismo nivel”, afirma.


Lo que dice el Código Penal


El artículo 143 del Código Penal, aprobado en 1995, regula la inducción y la cooperación al suicidio. Su apartado 4 es el que, según los juristas, sería aplicable en el caso de Ángel Hernández y María José Carrasco: "El que causare o cooperare activamente con actos necesarios y directos a la muerte de otro, por la petición expresa, seria e inequívoca de éste, en el caso de que la víctima sufriera una enfermedad grave que conduciría necesariamente a su muerte, o que produjera graves padecimientos permanentes y difíciles de soportar, será castigado con la pena inferior en uno o dos grados a las señaladas en los números 2 y 3 de este artículo".

El número 2 impone una pena de prisión de dos a cinco años "al que coopere con actos necesarios al suicidio de una persona". Según explica el jurista José Antonio Martín Pallín, la pena aplicable, de rebajarse un grado, quedaría en una horquilla entre uno y dos años, pero en este caso "es clarísimo que habría que bajar la pena en dos grados", opina, con lo que quedaría entre seis meses y un año."     (Emilia de Benito, Cecilia Jan, El País, 04/04/19)


"María José Carrasco confirma en este vídeo que pidió a su marido que la ayudara a morir.
(...)  Este es el diálogo que mantuvieron:

Ángel. Bueno, María José, vamos a grabar este testimonio, porque es muy importante para que quede constancia del deseo que llevas queriendo que se lleve a cabo, que es el suicidio.

Ella asiente.

Ángel. ¿Sigues con la idea de que quieres suicidarte?
María José. Sí.
Ángel. ¿Quieres esperar a algo?
María José. No.
Ángel. ¿Quieres que se lleve a cabo ya?
María José. Sí.
Ángel. ¿Sabes que te tengo que ayudar yo? Que no hay nadie que te pueda ayudar, y además no estaría bien que…
María José. Sí, lo sé.
Ángel. Lo sabes. Me lo has pedido muchas veces, muchas veces. Más de las necesarias. Pero claro, yo confiaba en que se iba a aprobar lo de la eutanasia, pero claro, visto lo visto... Hoy es 2 de abril de 2019. ¿Entonces quieres e insistes en que quieres suicidarte?
 María José. Sí.
Ángel. Vamos a ver, ¿quieres que lo prepare y lo hagamos mañana?
María José. Sí.
Ángel. Bueno, pues no hay nada más que hablar. Yo creo que…
María José. Cuanto antes, mejor.
Ángel. Lo único que me preocupa es que no puedas ingerir el líquido porque tienes problemas de deglución. Y ya no es solamente el atragantamiento que tienes, sino que te cuesta mucho trabajo, te entra fatiga cada vez que ingieres algo. Esa es la única preocupación que tengo. Pero quieres seguir adelante, ¿no?
María José. Sí.
Ángel. Pues lo preparo todo. Te voy a dar lo que con mucho esfuerzo, cuando todavía podías un poco manejar tus manos, conseguiste a través de Internet. El pentobarbital sódico, que lo tenemos ahí guardado. Y eso es lo que te voy a aplicar. Esperemos que no sea un fraude, porque como lo tuviste que pedir por Internet… Bueno, lo veremos enseguida. Entonces ¿lo dejamos aquí?

María José asiente con la cabeza.

Ángel. Mañana.

Ella vuelve a asentir. Esta vez, también verbalmente: Sí.

Ángel. Vale, pues nada más que esto.

El marido de Carrasco apaga la cámara. Un día después, vuelve a encenderla. Vuelve a preguntarle a su mujer si está convencida y quiere seguir adelante.

Ángel. Bueno, María José, ha llegado el momento, el que tanto deseabas.
Ella asiente con una media sonrisa.
Ángel. Yo te voy a prestar mis manos, eso que tú no puedes. Yo te voy a prestar mis manos. Primero vamos a probar con un poquito de agua porque no sé si puedes tragar. Si vemos que no puedes tragar, lo abortamos, porque…

Ella bebe agua con una pajita.

Ángel. ¿Qué crees?
María José. Que sí.
Ángel. Te lo doy entonces. No es mucho, pero puede que sepa mal, o sea, que tienes que soportarlo. ¿Estás decidida?
María José. Sí.
Ángel. Pues adelante.

EL PAÍS ha decidido no emitir las imágenes en las que María José Carrasco ingiere el líquido.
"A ver, dame la mano que quiero notar la ausencia definitiva de tu sufrimiento. Tranquila, ahora te dormirás enseguida", le dice Ángel Hernández a su esposa."                 (El País, 04/03/19)

19.12.18

¿Qué quieres, Maru? “Morirme”

"Con una pamela clara y abrigo a juego, María José Chamizo posa, ojos y boca despiertos, a punto de subir a un coche en la boda de su hermano. Va sola. Su novio está en la mili. 

Muchos años después, Santiago Sánchez y María José, Maru, acercan sus cabezas desde algún lugar de vacaciones. "Sería un viaje del Imserso", observa él ante la fotografía. Ella luce pelo corto con un suave tinte naranja. Tienen dos hijas, cuatro nietos y años de jubilación por delante.

11 de diciembre de 2018. Cuando despierta de la niebla de la morfina, los ojos de Maru siguen ahí, expresivos. Firmes. Todo lo demás lo ha cambiado la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad que paraliza progresivamente los músculos hasta la muerte. 

Dos tubos le nacen del brazo y el vientre en un cuerpo desmadejado que no representa los 67 años que tiene. La grisura se clava en el cabello y la mirada. El temblor de la barbilla indica que desea agua (es decir, que se la pulvericen en los labios, no puede tragar) o que la recoloquen en el sillón articulado.

—¿Quieres vivir?

Santiago se sienta frente a ella. Sostiene un tablero electrónico con letras agrupadas en fondos de colores. Maru dirige la mirada y él trata de adivinar el signo al que su esposa está apuntando. Escribe en una pantalla:

—No.

—¿Qué quieres?

—Quiero morirme.

La e final parpadea en la pantalla azul. Oscurece el pequeño piso de Aluche, un barrio popular de Madrid, donde hay niños guapos que miran desde todas las paredes. Maru sonríe solo cuando vienen los nietos. "Lo que quiere es que aprueben la ley de eutanasia para poder irse", explica Santiago
—¿Por qué quieres morirte?

Maru mueve la cabeza y encoge un poco los hombros. Los ojos se posan en la manta que la cubre, los brazos que se escurren. Es decir, en la desolación que la rodea. "Porque no quiero sufrir", traduce el aparato. "Vivir así no es vivir".


La crueldad de la enfermedad hace que hasta un 30% de afectados pidan acabar con su vida
El 15 de diciembre, María José Chamizo falleció en un hospital de Madrid al agravarse su situación respiratoria, sin cumplir su deseo de que le practicasen la eutanasia. El proyecto de ley que pretende despenalizarla se tramita en el Congreso. "Murió sin sufrir, pero no la ayudaron. Ella quería haberse ido mucho antes", decía ayer su marido.

Cuando empezó a trabarse al hablar, era una jubilada inquieta que había dado de comer a cientos de niños en un colegio público de Leganés, una ciudad al sur de Madrid. Nadaba varios días a la semana. No paraba de viajar con el marido, ya retirado de su trabajo de capataz de mantenimiento. De eso hace cuatro años.

El pasado martes, cuatro días antes de morir, el sonido de su respiración se hacía presente, imperiosa. Santiago sacó una jeringa de una bolsa de plástico transparente con varias cánulas preparadas y clavó su contenido en la vía subcutánea que le infundía morfina las 24 horas. En marzo, entró en una residencia (en su casa estaban instalando un ascensor) con una muleta. Tres meses después, salió en silla de ruedas. 

Últimamente pasaba los días viendo telenovelas, a ratos agitada. Muda.
Desde el diagnóstico, deseó morir. "Al principio quiso no comer, como medio de irse, pero los médicos dijeron que iba a ser un sufrimiento inútil y dejó que le pusieran la gastrostomía [un tubo conectado al estómago para alimentarla]. Más que eso ella no quiere". Santiago la miraba a los ojos. Ella afirmaba con la cabeza. Se negó a usar respirador y a la traqueostomía.




La crueldad de esta dolencia que construye una cárcel donde antes había un cuerpo, hace que entre un 20% y un 30% de pacientes solicite el suicidio asistido por médicos o la aplicación de fármacos para causar la muerte, frente a un 5% de los afectados por cáncer. según algunos estudios en Holanda, uno de los países donde la eutanasia es legal, Fernando Marín, vicepresidente de Derecho a Morir Dignamente, asegura que a la asociación llaman muchos enfermos de ELA, teniendo en cuenta lo poco frecuente que es (unos 4.000 casos en España).

 "Es la enfermedad más paradigmática, en la que el afectado no quiere llegar hasta el final porque sabe que el deterioro y la muerte son inevitables. Desea informarse antes de que no sea capaz de moverse y necesite ayuda para suicidarse".

La familia planteó a los médicos de paliativos a domicilio el deseo de Maru. "Te dicen que no pueden hacer nada. Lo entendemos, pero no lo compartimos", afirmaba rotundo Santiago. "Cuando se asfixie, la tendrán que sedar para que termine. Yo he llegado a pensar muchas veces en subir la morfina, en ayudarla".

Maru se llamaba a sí misma abuelastra, pero malcrió a esos nietos que le hacían dibujar en la boca casi inútil una sonrisa. Quizá recordaba, con su mente intacta y lúcida, las vacaciones junto a ellos en La Herradura. La cantidad de manteles y cortinas que cosió para las hijas. Los fines de semana en el pueblo.

Por la noche, cuando Santiago dormía, sentía miedo.




“Señores políticos, estas situaciones que se dan hay que solucionarlas. Me gustaría ver a Pablo Casado [el líder del PP dijo que la eutanasia en España no era un problema] con un familiar así, a ver qué hacían”, se indigna Santiago Sánchez, el marido y cuidador de Maru Chamizo, enferma de ELA que deseaba morir.

La Ley de Eutanasia, la norma de mayor trascendencia social del Ejecutivo del PSOE, cuenta con apoyos suficientes para salir adelante en el Congreso, pero necesita que Ciudadanos la desbloquee en la Mesa. Algo que peligra por una enmienda socialista a la norma de cuidados paliativos impulsada por la formación naranja.

La sombra de un adelanto electoral amenaza también la consecución de un derecho que la inmensa mayoría de los españoles apoya. Un apoyo que crece con el tiempo. En 2011, el 77,5% de ciudadanos se mostraba de acuerdo con regular la muerte digna (CIS). En una de las encuestas más recientes (Metroscopia, 2017) el respaldo subía hasta el 84%."                 (Ana Alfageme, El País, 17/12/18)

11.4.17

“Me indigna tener que morir en clandestinidad”. José Antonio Arrabal, que tenía ELA, se suicidó porque quería decidir cuándo dejar de vivir




"Con torpeza, pero decidido, José Antonio Arrabal toma dos frascos de medicación que sorbe con una pajita. “Está muy malo, joder, cómo está”, es su comentario a cámara en el vídeo que ha grabado en soledad y al que ha tenido acceso EL PAÍS. 

Es la puesta en práctica de lo que lleva meses planeando, desde que la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que le diagnosticaron en agosto de 2015 acelerara el proceso de deterioro que padece: el 2 de abril de 2017, por la mañana, cuando su familia le dejó solo, se quitó la vida.

Lo tiene todo preparado. En la mesa del cuarto de estar del piso de Alcobendas (Madrid) en el que vive desde hace más de 30 años, este electricista que nació en Riocabado (Ávila) hace 58 años ha dispuesto meticulosamente los documentos importantes para lo que va a hacer: su DNI, su historia clínica, su testamento, una carta al juez, un papel en el que hace donación de su cerebro y una hoja que solo dice: “No reanimación”.

Viendo la dificultad con la que se mueve, su mano izquierda ya inutilizada, es fácil imaginar el esfuerzo de tanto preparativo. La misma minuciosidad del manitas que afirma que es —que era antes de la enfermedad, quiere decir—, como demuestran los muebles construidos por él y la enorme pajarera que tiene un periquito y una pareja de vistosos diamantes de Gould que acaban de perder su última nidada.

 Es el mismo cuidado con el que ha colocado, sobre la mesita del salón, los frascos de medicamentos comprados por Internet que, primero, le dejarán dormido y, después, le provocarán una parada cardiorrespiratoria.

Nada ha dejado Arrabal para la improvisación. Ha preparado lo que quiere leer mientras espera el efecto de la medicación. “Durante este tiempo he leído los dos primeros de la Trilogía del Baztan de Dolores Redondo”, dice con una voz que en el mes y medio que ha pasado entre las dos entrevistas que ha mantenido con EL PAÍS se ha hecho más cansada. “En el tercero voy por el 24%. No me va a dar tiempo a acabarlo”, asume con ironía.

El sillón es casi la única concesión que ha hecho en el día a día de su casa a la enfermedad. No ha habido obras de adaptación en el baño ni en otras dependencias. “Total, iban a ser unos meses y me tenía que gastar un dinero que así queda para mi familia”, explica. Por eso mismo no ha ido a Suiza, país que permite el suicidio asistido. “Eran 12.000 euros”.

Lo tuvo claro desde que le dieron el diagnóstico de ELA. “Me informé un poco y vi lo que me esperaba: acabar vegetal”, añadía el 10 de febrero, cuando ya solo apuraba el tiempo que la movilidad de la mano derecha le iba a permitir retrasar el suicidio. 

Aún en su último día, la mueve compulsivamente, como para comprobar que todavía va a servirle para tomarse, solo, la medicación.

En octubre del año pasado notó que el deterioro se aceleraba. Tuvo que dejar de pintar y debió cambiar el modelo de libro electrónico por uno con menos botones y más sencillo, ante la progresiva torpeza de su mano. Pero la falta de capacidad motora ha ido a más.

 “Ya necesito ayuda para darme la vuelta en la cama, para vestirme, para desnudarme, para comer, para limpiarme. Solo puedo beber con una pajita en una taza de plástico, porque no puedo con un vaso de cristal”, relata en el vídeo que ha dejado. También necesita ayuda para respirar, “sobre todo por la noche”.

“Lo que me queda es un deterioro hasta acabar siendo un vegetal. Y yo he sido siempre muy independiente. No quiero que mi mujer y mis dos hijos hipotequen lo que me queda de vida en cuidarme para nada”, explica. Todo lo ha hecho pensando en ellos. Ha elegido el día para suicidarse porque esa mañana su mujer y uno de sus hijos van a la piscina. 

El otro chaval se ha ido a pasar el fin de semana a casa de un amigo. “Les he dicho que tarden en volver, para que ya haya pasado todo”. También por ellos, sobre todo, quiere grabar el proceso. “Así nadie podrá acusarles de colaboración con el suicidio”, afirma.

Arrabal lo tiene claro: si hubiera una ley de suicidio asistido y eutanasia como la que ha pedido en Change.org y que aún se mantiene activa con más de 9.000 firmas, “podría retrasar” la decisión. “Habría aguantado más tiempo. Pero quiero poder decidir el final.

 Y la situación actual no me lo garantiza”, explica con una indignación pausada, no se sabe si por su carácter o porque los problemas para respirar le frenan. “La verdad es que es triste que no haya una ley que regule estos actos. Así me la estoy jugando. He tenido que comprar los medicamentos por Internet, lo que no da ninguna garantía”.

Que no se piense que no ha querido luchar. Antes del diagnóstico de ELA había superado una hipereosinofilia, una grave enfermedad de los glóbulos blancos de la sangre. Luego se ofreció en el hospital Carlos III de Madrid, un centro de referencia en la esclerosis lateral, a participar en un ensayo clínico. “Servir para algo”, dice. 

Pero las secuelas de su anterior dolencia le convertían en no apto para el estudio. “No me voy por cobarde ni porque esté solo y piense que me van a cuidar mal. Al contrario. Tengo una mujer y unos hijos que sé que se van a desvivir por mí”, subraya como para prevenir que haya acusaciones en este sentido."                   (Emilio de Benito, El País, 07/04/17)

21.12.16

Eutanasia: ¿qué es y quién la demanda?

"Quiero ir a un sitio especial, en donde la lava se une al mar. Ese es el lugar en donde quiero estar”. Así es como Marieke Vervoort visualiza su muerte. Campeona paralímpica de 37 años, está postrada en una silla de ruedas por una enfermedad rara, la tetraplejia progresiva, que le produce un dolor creciente e insoportable. 

En 2008 pensó en suicidarse. Ahora, 8 años después tiene todos los papeles en regla -los informes de tres médicos diferentes y de un psiquiatra- para poder morir en paz. Marieke es belga, y en su país la eutanasia está legalizada. EL PAIS informó de este caso con ocasión de los juegos paralímpicos de Río.

Pero si Marieke se llamase María y fuese española, ya sabemos que su expectativa de futuro sería hoy muy, pero que muy diferente. Desde hace tiempo España se merece un debate abierto y, ojalá, concluyente, que permitiera la discusión de una ley sobre la despenalización de la eutanasia en las Cortes Generales.

 Para que este debate fuese enriquecedor para todos -sea cual sea el resultado legislativo del mismo- debería sustentarse, no solo en aspectos médicos, sociales, jurídicos y en valores morales y éticos, sino en datos reales y actuales de lo que está ocurriendo en los países occidentales cuyos ciudadanos tienen acceso legal a la eutanasia.

La eutanasia es la muerte provocada -generalmente por un médico- en una persona competente que así lo haya solicitado. Muy diferente es el suicidio asistido por un médico que prescribe o provee fármacos con acción letal a una persona que así se lo ha solicitado; la persona acabará autoadministrándose esos fármacos que le provocarán la muerte. La eutanasia es legal en Bélgica, Holanda, Luxemburgo y Canadá. El suicidio asistido por un médico está regulado en estos países y, además, en Suiza y en cinco estados de los EEUU.

Un tema que siempre surge cuando se habla de la eutanasia es si la persona debe disponer de un diagnóstico médico concreto para poder solicitarla. La verdad es que solo Bélgica, para el caso de los niños, exige que sea un paciente en estado terminal. En los países mencionados, a los adultos (y también a los adolescentes a partir de los 12 años en Holanda) no se les requiere un diagnóstico médico para solicitar la eutanasia.

 En Suiza, el suicidio asistido por un médico no necesita de diagnóstico médico; por el contrario, el solicitante debe estar en una situación clínica terminal, con una esperanza de vida inferior a 6 meses en 4 de los 5 estados de los EEUU.

¿Cuál es el porcentaje de la población que está a favor de legalizar la eutanasia? En la mayoría de los países de Europa occidental, entre 1999 y 2008, ha aumentado el apoyo de la opinión pública a la eutanasia. En 2008, España era, por detrás de Bélgica, Holanda y Francia, y por delante de Alemania y Reino Unido, el país de Europa occidental en el que un mayor número de habitantes opinaban que la eutanasia está justificada en pacientes con una enfermedad incurable.

¿Cuántas personas mueren por eutanasia y por muerte asistida por un médico y cuáles son sus características? Según los datos disponibles, el 3% y el 5% de los certificados de defunción de Holanda y Bélgica, respectivamente, contienen la palabra “eutanasia”. La mayoría de los casos -tres de cada cuatro- se produce en pacientes con cáncer, mientras la mayor parte del resto de casos presentaban enfermedades mentales o neurodegenerativas. 

El 65% y el 81% tenían 65 o más años en Holanda y Bélgica, respectivamente. Las preocupaciones más frecuentes de las personas que fallecen por eutanasia son la pérdida de la dignidad y carecer de perspectivas de mejoría clínica. Como ocurre con Mariake, la falta de control del dolor es la razón de eutanasia en la mitad de los casos en Bélgica. La depresión está detrás de una solicitud de eutanasia en aproximadamente el 10% de los casos en Bélgica y Holanda; sin embargo, la presencia de depresión reduce sustancialmente las posibilidades de que la muerte por eutanasia se autorice.

En cuanto a la muerte asistida por un médico, los datos de Oregón y Washington indican que menos del 0,4% de las muertes se producen por esta causa, aunque ha habido un incremento sostenido a lo largo de los años. Alrededor del 75% de los casos eran pacientes terminales de cáncer, y un 10% padecía enfermedades neurodegenerativas; 7 de cada 10 habían cumplido los 65 años de edad.

 El paciente tipo que solicita la muerte asistida por un médico se encuentra en la tercera edad, es de raza blanca y tiene una buena educación académica. Las preocupaciones más frecuentes de estas personas son las pérdidas de la autonomía y de la dignidad, no ser capaces de realizar actividades que les permitan disfrutar de la vida, la pérdida del control de las funciones corporales y la carga que suponen para familiares y cuidadores. El dolor solo se menciona en aproximadamente un 30% de los casos.

Las Cortes no deben permitir que transcurra mucho más tiempo sin debatir una ley sobre la despenalización de la eutanasia y la muerte asistida por un médico. Una ley que, de aprobarse, no obligará A nadie, pero que permitirá que si una persona decidiese poner fin a sus días pueda hacerlo de manera reglada y adecuada."               (Rafael Dal-Ré, El País, 21/11/16)

4.11.14

Brittany Maynard pone fin a su vida: 'Adiós, mundo. Difundid buena energía?

"Brittany Maynard, la joven de 29 años enferma de cáncer terminal que conmocionó a Estados Unidos al anunciar su suicidio asistido para el 1 de noviembre aunque luego anunció que lo posponía, decidió finalmente cumplir el plan inicial: el sábado 1 de noviembre puso fin a su vida, informó la organización no gubernamntal Compassion & Choices.  (...)

Compassion Choices no precisó la fecha del fallecimiento de la joven, que había anunciado su suicidio asistido para el 1 de noviembre, si bien el pasado jueves señaló que había pospuesto su decisión para disfrutar más tiempo con sus seres queridos.
Según la revista People, la chica acabó con su vida este sábado en su casa de Portland, en el estado de Oregón (EEUU), tras publicar un mensaje de despedida en la red social Facebook.  (...)

"Adiós a todos mis queridos amigos y a la familia que amo. Hoy es el día que he elegido para morir con dignidad ante mi enfermedad terminal, este cáncer cerebral terrible que me ha quitado tanto, pero que me habría quitado mucho más", escribió Maynard.

"El mundo —agregó— es un lugar maravilloso, viajar ha sido mi gran maestro, mis amigos íntimos y demás son los más generosos. Incluso tengo un grupo apoyándome mientras escribo. Adiós, mundo. Difundid buena energía. ¡Transmitidla!".  (...)

El suicidio asistido es legal en sólo cinco estados, por lo que la joven, residente de Oakland (California), se trasladó junto a su familia al vecino estado de Oregón, que sí permite esta práctica.

Además, Maynard creó el Fondo Brittany Maynard, en cuya página de internet colgó el pasado jueves un vídeo con el objetivo de promover el "derecho a una muerte digna" en todo el país.

"Cuando la gente me critica porque no espero más tiempo o porque no sigo lo que ellos han decidido que es mejor para mí, me duele. Porque yo me arriesgo cada día, cada día por la mañana al levantarme", comentó la joven.

El pasado enero, poco más de un año después de casarse, Maynard acudió al médico a causa de los fuertes dolores de cabeza que sentía, y le fue diagnosticado un grave tumor cerebral.

El cáncer avanzó rápidamente y los especialistas informaron a la joven de que sólo le quedaban unos meses de vida, al tiempo que le explicaron el desarrollo previsto de la enfermedad, que le causaría un gran y prolongado dolor antes de terminar con su vida.

Ante esta situación, la joven decidió trasladarse junto a su familia a Oregón, donde la ley del estado le permitía que los médicos le proveyesen de un fármaco que terminaría con su vida sin causarle dolor, si ella decidía ingerirlo."            (Público, 03/11/2014)


"(...)  La ley de muerte digna de Oregón entró en vigor en 1997. 

Desde entonces hasta enero de este año, casi 1.200 personas han recibido los medicamentos para quitarse la vida. De ellas, los han utilizado más de 750. La edad media de estos pacientes es de 71 años, según las cifras oficiales, y la causa más comúnmente citada para solicitar el suicidio asistido es la pérdida de autonomía personal.

La campaña, difundida a través de la organización Compassion&Choices, estuvo compuesta de varios vídeos donde Maynard contaba su evolución desde que el 1 de enero de este año le fue diagnosticado un glioblastoma, una forma de cáncer en el cerebro agresivo e incurable.

 Los médicos le dijeron que no llegaría a vivir un año más. Se había casado en 2012 y estaba intentando quedarse embarazada. Maynard decía sentirse debilitada y deformada por los tratamientos contra el cáncer. En abril canceló todos sus planes y puso fecha para morir sin sufrimiento. En junio se mudó a Oregón con su familia para logarlo. Era hija única.

Maynard anunció la fecha de su muerte en el primer vídeo de la campaña. Se suicidaría el 1 de noviembre rodeada de su familia. En su lista de cosas que hacer antes de esa fecha estaba visitar el Gran Cañón del Colorado y celebrar el cumpleaños de su marido, la semana pasada.

 El 21 de octubre publicó sus fotos en el Parque Nacional del Gran Cañón. El pasado jueves, en un vídeo publicado solo dos días antes de la fecha elegida, Maynard expresaba dudas. Se sentía bien para seguir viviendo, decía, y dejaba la puerta abierta a postergar su decisión, pero al mismo tiempo era consciente de que algún día no sería capaz de tomarla.

La página web de la campaña ya no mostraba en la tarde del domingo ningún nuevo mensaje de Brittany Maynard, sino un obituario. Comienza con esta frase: “Un día, tu vida pasará en un instante ante tus ojos. Asegúrate de que vale la pena verla”.         (   , El País, Los Ángeles 3 NOV 2014)

17.2.14

La intervención pública permitiendo la muerte asistida por personal sanitario se está extendiendo a lo largo de EEUU.

"Muchos somos los que hemos visto a personas muy queridas que, debido a la enfermedad que tenían, tuvieron una muerte larga, penosa, dolorosa y humillante. 

Y era la propia persona que se estaba muriendo la que deseaba morir lo más pronto posible, irse sin pena y sin dolor, y sobre todo, con dignidad. Y, en cambio, era muy poco lo que el enfermo y sus familiares podían hacer para ayudarle. La ley no lo permite.

La mayor razón de ello es un prejuicio religioso que, como en el caso del aborto, habla de la santidad de la vida, sin ser sensible al significado y calidad de dicha vida. Está, como todo sentimiento religioso, basado en fe, en creencias, y escapa a cualquier raciocinio. Y es un indicador más del enorme poder que tiene la Iglesia y de su influencia negativa en la cultura popular que tal posibilidad ni siquiera haya sido considerada por los llamados representantes de la población.

Ni que decir tiene que es un tema complejo, pues puede dar pie a abusos, es decir, que este derecho fuera utilizado por los familiares o personas próximas al enfermo como manera de aliviar su propia incomodidad, añadiendo presión al enfermo para que firmara y diera su consentimiento para que le ayudasen a morir. 

Pero hay mecanismos y regulaciones que pueden disminuir la posibilidad de este abuso, adquiriendo, por ejemplo, la autorización en un momento de mayor normalidad en el que el paciente pueda decidir en una situación menos estresante, o incluso cuando no estuviera enfermo en fase terminal.

Así se está haciendo en cuatro Estados de EEUU: Oregón, Washington, Vermont y Montana. Y la popularidad de dicha medida explica que otros Estados estén considerando aprobar leyes semejantes. 

La intervención pública permitiendo la muerte asistida por personal sanitario se llama Death with Dignity Act (ley del derecho a morir con dignidad), y se está extendiendo a lo largo de EEUU.

 Ello es un indicador de la pérdida de influencia de las religiones en la sociedad. En realidad, ha sido la constante de las religiones, y muy en particular de las iglesias cristianas (y más concretamente de la Iglesia Católica) el valorar el dolor como instrumento de redención y purificación, concepción que adquiere mayor contundencia en el proceso del final de la vida, camino –según dichas religiones– hacia el otro mundo, donde se desarrolla la plena realización de aquel ser. 

Tal creencia tiene que respetarse por mera coherencia democrática. Cualquier ciudadano tiene el derecho a practicar su religión, según los cánones que marque su iglesia. Ahora bien, este mismo ciudadano no puede imponer sus creencias al resto de la sociedad, tal como las iglesias desean, y muy en particular la Iglesia Católica española, que tradicionalmente ha tenido una relación privilegiada con el Estado español, tanto durante los periodos dictatoriales como en los escasos periodos democráticos que España ha tenido en su historia. (...)

 Negar el derecho a morir sin dolor y con dignidad a las personas como consecuencia de un mandato de su Dios, es delegar la gobernanza de un país a un poder terrenal no democrático que utiliza un poder supuestamente divino (que nadie ha elegido) para controlar a la población. 

Han sido un error grave el excesivo respeto y docilidad mostrados por las izquierdas a las imposiciones de un poder fáctico que ha dañado tanto y continúa dañando a la población, y todo ello en nombre de su Dios."             (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 31 de diciembre de 2013, en www.vnavarro.org, 31/12/2014)

12.1.14

El atleta belga más veterano se somete a una eutanasia


"Emiel Pauwels, considerado el atleta más anciano de Bélgica, se sometió el día 7 una eutanasia a sus 95 años de edad tras compartir unas copas de champán de despedida con sus familiares y amigos, según informó la cadena de televisión belga RTL.

Los medios de la región de Flandes han dedicado un gran espacio en sus ediciones a la decisión de Pauwels, quien explicó el lunes que «no lamenta» dejar este mundo y que «no tiene ningún miedo a la muerte».

«¿Quién no quisiera terminar con un vaso de champán y en la compañía de todos sus seres queridos?», preguntó Pauwels al ser fotografiado en su despedida un día antes de someterse a la eutanasia.

Las fotografías publicadas le muestran sonriente, a punto de brindar con los miembros de su familia, sus amigos y los compañeros de su club de atletismo, todos reunidos en su domicilio. «Está siendo la fiesta más bonita de mi vida», declaró, según recogió hoy la cadena RTL.

Pauwels, que tenía un cáncer de estómago en fase terminal, recibió la inyección mortal en su domicilio de la ciudad de Brujas. En sus últimos momentos estaba a su lado su hijo Eddy, quien dijo respetar la voluntad de su padre, pero encontrar «difícil pensar que es la última vez que estamos juntos».

El deportista belga pasó los últimos meses en cama debido al cáncer que sufría y su estado de salud empeoró después de su último triunfo deportivo: ganó el título de campeón de Europa de los veteranos en los 60 metros lisos en pista cubierta en marzo del 2013.

Bélgica siguió el ejemplo de Holanda al ser el segundo país en despenalizar parcialmente la eutanasia. La ley, que entró en vigor el 22 de septiembre del 2002, permite a los médicos aplicar la eutanasia en casos de enfermos que lo soliciten y estén afectados de dolencias incurables que les provoquen «sufrimientos físicos o psíquicos constantes e insoportables».

El Senado belga decidió recientemente ampliar la eutanasia a los menores con un «mal incurable», pero el texto todavía no ha sido aprobado por los diputados."              (La Voz de Galicia, 08/01/2013)

7.7.10

Holanda amplía la eutanasia para los enfermos inconscientes

"La Asociación Holandesa de Médicos ha elaborado una directriz para despejar las dudas de los facultativos a la hora de aplicar la eutanasia. Incluye específicamente a los enfermos que la pidieron en su día, pero han entrado en un estado de semiinconsciencia que les impide comunicarse. La instrucción, aprobada por los ministerios de Sanidad y Justicia y por la Fiscalía General del Estado, se centra en medir el grado de dolor.

Si se considera insoportable, la eutanasia sigue adelante. Por el contrario, si el especialista duda acerca de la intensidad del padecimiento o el paciente está en coma, la medida es descartada. La guía ha sido discutida durante casi cuatro años y no modifica la Ley de Eutanasia, aprobada en 2001. Por eso no ha sido necesario remitirla al Parlamento para su aprobación.

La eutanasia induce a veces a confusión. Incluso en Holanda, donde la apoya cerca del 85% de la población. Su práctica continúa penalizada hasta con 12 años de cárcel de no cumplirse estos requisitos: el enfermo debe padecer sufrimientos insoportables y sin mejoría posible; pedirla con énfasis y de forma repetida; el médico tiene que pedir una segunda opinión e informar a una de las cinco comisiones regionales que analizan los casos. Con todo, muchos médicos creen que ante una pérdida de consciencia del paciente la situación cambia.

Que a pesar de haber acordado que le ayudarían a morir cuando podía hablar, la ley no les amparará. "La guía pretende clarificar y distinguir las diferentes formas de consciencia para orientarles y despejar estas dudas penales", señala la asociación colegial. Como la familia no tiene poder de decisión en los casos de eutanasia adulta -entre 12 y 16 años deben consentir los padres, y entre 16 y 17 forman parte de la toma de decisión- la medición de dolor resulta esencial.

El modelo escogido es la denominada Escala de Coma de Glasgow, usada normalmente para evaluar el nivel de consciencia en traumatismos craneoencefálicos. Incluye una tabla de valores entre el 3 y el 15. Una puntuación derivada de la respuesta dada por el enfermo a estímulos externos. Se mide desde el grado de apertura ocular y respuesta motora o verbal a la reacción ante un pinchazo.

"Con seis o menos puntos, se deduce que apenas nota el dolor [porque está en coma]. No hay lugar para la eutanasia. A partir de siete, el dolor puede ser insoportable. El médico decidirá si los cuidados paliativos bastarán para contenerlo, o bien seguir adelante con la eutanasia", añade la documentación de la Asociación de Médicos. (...)

Conceptos

- Eutanasia. En Holanda y Bélgica, donde está permitida, se define como prestar ayuda farmacológica a un enfermo terminal que está pasando grandes dolores o sufrimiento psicológico para morir. El requisito clave es que el afectado haya manifestado sin lugar a dudas que está de acuerdo.

- Cesación de medidas extraordinarias. Es lo que antes se llamaba eutanasia pasiva. Consiste en no proporcionar (o dejar de hacerlo) tratamiento o medidas de soporte vital a una persona que no tiene expectativas de curación. Se considera una buena práctica médica, y hasta la Iglesia católica la acepta." (El País, ed. Galicia, sociedad, 19/06/2010, p. 36)