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16.6.23

La falsa ilusión de tener un médico privado por 20 euros al mes: copago a partir de determinado número de consultas, o para radiografías o analíticas, pero sin acceso a resonancias o biopsias... ni hospitalización

"En las redes sociales se viralizaba esta semana la historia de Laura, una mujer embarazada que había descubierto, a pocos días de dar a luz, que su seguro privado no le cubriría el parto. La factura rondaría los 6.000 euros pese a que ella, explicaba, había estado pagando durante cuatro años 51 euros al mes. “Una bestialidad”. Con una calculadora a mano, las cuentas son bastante clarificadoras: Laura había abonado un total de 2.448 euros desde que recurrió a la aseguradora Asisa. A la sanidad pública, esta intervención le cuesta algo más de 3.500 euros.

El caso de Laura, pese a lo particular, no es único en España. Según los datos de la Organización Médica Colegial, entre el 30% y el 40% de los médicos privados se quejan de que sus pacientes dicen desconocer algo que sus pólizas no les cubría. “Algunos pacientes, genuinamente, no saben qué contratan o cuando contratan el seguro piensan que ya tienen un plan B, pero luego se encuentran con la sorpresa de que tienen copagos o carencias de las que no se habían dado cuenta”, explica el vocal de medicina privada de la OMC, José Luis Alcibar. “Tenemos que dedicar tiempo a explicarles lo que su seguro no les cubre, afrontando además su decepción, como si los culpables fuéramos nosotros”, indica.

La idea de que están aumentando las pólizas low cost, por el momento, se basa en percepciones, tanto de los profesionales como las que arrojan las campañas de promoción de las propias compañías, ante la opacidad del sector. Desde 12, 19 o 28 euros al mes se encuentran pólizas con prestaciones limitadas, que en muchas ocasiones incluyen pagos extra a partir de determinado número de consultas o para pruebas como radiografías o analíticas, mientras excluyen otras más complejas, como resonancias o biopsias.

 Con estas condiciones, de forma indirecta la cuenta va subiendo. “El paciente no se da cuenta de que le saldría más barato ir al especialista de forma privada, sin seguro”, explica Alcibar. Ahórrese el cálculo para una póliza de 20 euros, con una permanencia de un año: 240 euros al año, que pueden incluir media docena de consultas de medicina primaria. Y a partir de ahí, hay que abonar un extra. Por ejemplo, Sanitas, que tiene un seguro a 28 euros al mes, factura cuatro euros por las consultas de la siete a la diez; siete euros de 11 a 15; y 10 euros por asistencia en adelante. Incluye un servicio de urgencia con teleasistencia; ocho euros más. Para las pruebas diagnósticas, el copago es de 12 euros.

“Nunca lo vas a tener que pagar en ninguna clínica. Pasas la tarjeta de Sanitas y al mes siguiente lo ves reflejado en tu prima”, te explica una comercial al otro lado del teléfono. Y este es uno de los problemas que alegan los prestadores del servicio. Esto es, las clínicas privadas. “Durante mucho tiempo, a los médicos no les importaba que las consultas se las pagaran a bajo precio, porque sabían que un porcentaje significativo luego iban a derivar en intervenciones, que es con lo que ganan dinero”, explica el portavoz de la OMC. Pero ahora el escenario ha cambiado: si no tienen seguimiento y actos médicos de más valor se van a la pública, las cuentas no salen. “A veces los pacientes pagan 20 euros de copago y el seguro le paga al médico 18 euros por la primera consulta”, indica Alcibar.

Sobre el caso de Laura, Asisa explicó a esta redacción que “tenía contratado un seguro con coberturas ambulatorias y especialidades, pero que no tiene incluida la hospitalización”. “Este tipo de seguros lo contrata gente más bien joven, que no tiene previsto utilizar su seguro para una hospitalización”, por lo que para tener una “cobertura completa” hay que pagar más.

 El informe Un sistema sanitario en transformación. Los retos del aseguramiento privado en España también apunta a “una tendencia reciente y creciente en los últimos años en el sector de los seguros de salud, como es la promoción y comercialización de pólizas de salud con coberturas limitadas a precios excesivamente bajos, lo que ha permitido la democratización del sistema privado de salud al que está accediendo un mayor número de ciudadanos que hasta ahora no se habían planteado la contratación de un seguro privado”.

El trabajo nace de la Cátedra Extraordinaria Salud Sostenible y Responsable de la Universidad Complutense de Madrid y la Alianza de la Sanidad Privada Española (ASPE). Una de sus responsables, la profesora Sonia Juárez, aclara a elDiario.es que se trata de un informe cualitativo, para el que se han realizado casi una treintena de entrevistas a profesionales del sector, instituciones y empresas de todo tipo: desde las propias aseguradoras hasta centros privados o asociaciones de pacientes.

“Queríamos poner de manifiesto las problemáticas que hay en torno a la atención privada”, explica Juárez. Y una de ellas es clara: “La gente contrata un seguro de salud y cree que ya tiene derecho a una cobertura completa”. “Hay poca trasparencia en las pólizas, el lenguaje es complejo y no se entiende bien y el paciente lo contrata porque tiene una urgencia o ve una oportunidad de que alguien le trate bien”, desarrolla. Preguntada por cuál sería un precio aproximado al que un usuario podría pensar que las coberturas serán completas, la experta responde con una pregunta: “¿Cuánto cuesta la sanidad pública?”.(...)

“Ahora, como tienen más problemas para acceder a la pública, consumen más la privada”, explica Abarca, que señala como principal motivo del incremento de la presión asistencial. La espera para acceder a una consulta de Atención Primaria se ha duplicado en los últimos cuatro años y en algunas comunidades la media se ha disparado. En Catalunya, los ciudadanos dicen esperar 11,6 días desde que piden una cita hasta que son vistos por su médico o médica de familia, según los datos del barómetro sanitario del Ministerio de Sanidad. En la Comunitat Valenciana son 10 días y en Canarias, Andalucía, Balears y Madrid superan los 9, por encima de la media de 8,8. con una pregunta: “¿Cuánto cuesta la sanidad pública?”.  (...)

El doctor Alcibar pone un ejemplo para aclarar las dudas: “Si estás pagando 20 euros al mes, ¿qué esperas? Si pagas un menú del día, no puedes coger la carta”.                (David Noriega, eldiario.es, 27/05/23)

16.2.23

Medicina privada norteamericana: el parto de mi hija, CON SEGURO, nos costó $6000 de nuestro bolsillo. Y es un buen seguro, con un límite de copago de solo 3000 por paciente... Fue una cesárea. La factura sin seguro hubiera rondando los $40.000... Y las cifras de mortalidad en el parto son delirantes... En Estados Unidos, la madre muere en 17,4 de cada 100.000 partos. En España, la madre muere en 1,9 de cada 100.000 partos. El PIB por cápita de Estados Unidos es más del DOBLE que el de España (Senserrich)

Roger “4freedoms.substack.com” Senserrich @Egocrata

Un artículo aterrador en el NYT, y un buen ejemplo de qué es el racismo: la mortalidad infantil para familias blancas pobres es MENOR que para familias negras ricas.

"Childbirth Is Deadlier for Black Families Even When They’re Rich, Expansive Study Finds An analysis of two million births in California, the first research of its size to include both race and income. For a wealthy country, the United States is a dangerous place to be a newborn. But it is not equally risky for all babies."        (New York Times)

Esto es en California, pero lo ves en todo el país. Y las cifras de mortalidad en el parto son delirantes. Este país es a veces incomprensible del todo. (Nota: España está en 1,9. Nuestra sanidad es sensacional en este aspecto. https://statista.com/statistics/1240400/maternal-mortality-rates-worldwide-by-country/)

Dejadme insistir en este punto: En Estados Unidos, la madre muere en 17,4 de cada 100.000 partos. En España, la madre muere en 1,9 de cada 100.000 partos. El PIB por cápita de Estados Unidos es más del DOBLE que el de España.

Escribiré algo luego, porque merece un artículo, pero no es una sola causa. Son muchas. Una de ellas: el parto de mi hija, CON SEGURO, nos costó $6000 de nuestro bolsillo. Y es un buen seguro, con un límite de copago de solo 3000 por paciente.

La niña recién nacida tenía un copago separado, por supuesto, desde el momento de nacer. El parto fue con cesárea, y afortunadamente habíamos ahorrado dinero en previsión.

Fue una cesárea. La factura sin seguro hubiera rondando los $40.000.

3:58 p. m. · 12 feb. 2023·
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23.6.22

"Yo no quiero pagar impuestos para Sanidad. Un seguro privado, me saldría más barato." ¿Sí? ¿Seguro? Esto ya existe, se llama modelo Bismarck y existe en países como Alemania. ¿Es realmente mejor y más barato para ti que el modelo Beveridge de España? Vamos a verlo... Un joven de entre 20 y 30 años puede pagar una media de 200 euros mensuales en un seguro médico privado, mientras que una persona mayor, en la compra del mismo seguro, pagará unos 1500 euros mensuales... los pacientes privados son pacientes más atractivos que los pacientes con seguro público, ya que terminan pagando más en muchas ocasiones. Reciben citas médicas mucho más rápidos, cuartos privados automáticamente y son tratados con más médicos... no es una sanidad donde haya igualdad entre los ciudadanos. Sino que hay diferencias de base entre seguro público y privado... lo que lleva a sindicalistas y partidos de izquierda, socialdemócratas y ecologistas a hablar aquí en tono crítico de la existencia de “dos clases de sistemas de salud”

Dra. Elena Casado Pineda @Medicilio

"Yo no quiero pagar impuestos para Sanidad. Un seguro privado, me saldría más barato." Sí? Seguro? Esto ya existe, se llama modelo Bismarck y existe en países como Alemania. Es realmente mejor y más barato para ti que el modelo Beveridge de España? Vamos a verlo. #hilo 1/36

Lleváis toda la semana repitiendo en bucle que si la sanidad la gestionarán entidades privadas aunque fuera pública os saldría más barata. O que preferiríais un seguro privado y punto. Pues bien, esto ya se hace en algunos países y vamos a ver qué tal funciona y lo que vale. 2/36

En Europa conviven los Servicios Nacionales de Salud o modelo Beveridge y los Sistemas de Seguros Sociales, también conocidos por modelo Bismarck. 3/36

Hasta once estados se rigen por el modelo Beveridge, entre los que destaca España, Portugal, Gran Bretaña o Finlandia, mientras que el sistema Bismarck es utilizado por los 17 países restantes, como Alemania, Francia, Holanda, o Grecia, entre otros. 4/36

El modelo Beveridge es donde a través de impuestos existe un sistema público de salud en el que no has de pagar nada más, es el nuestro y lo conocemos bien. El modelo Bismarck se basa en que los ciudadanos disfrutan de atención sanitaria a través de organizaciones privadas. 5/36

Para ello, tanto empresarios como trabajadores pagan cuotas que van directamente a las empresas que gestionan los servicios médicos. Es un sistema donde los centros suelen ser privados y donde existen copagos como ambulancias, medicamentos o asistencia hospitalaria. 6/36

El modelo Bismarck es el que sigue operando en Alemania pero también lo han incorporado Bélgica, Suiza, Austria, Grecia, Luxemburgo y Países Bajos. En cuanto a los profesionales, su remuneración se fundamenta en el pago por servicio y el pago proveniente de los fondos. 7/36

Como se creó en Alemania vamos a ver cómo ejemplo cómo está funcionando allí actualmente. Para empezar las cuotas son obligatorias, no puedes no tener seguro (salvo casos muy concretos de situaciones de dependencia) a las que se suman copagos que veremos luego. 8/36

Los empleados están atados inicialmente al seguro público, y sólo pueden cambiar al seguro de salud privado si superan un sueldo anual bruto de 60.750 € (2019). Este límite cambia cada año. 9/36

Esta restricción se debe básicamente a que el Estado no considera la protección de estas personas como una necesidad legal. A partir de este límite, corresponde a estas personas individualmente y bajo su propia responsabilidad protegerse. 10/36

Ojo, que para Alemania necesitar protección del estado por tu situación económica es que cobras hasta 60.000€ anuales. En España el sueldo de un médico son aproximadamente 45000 anuales en la comunidad valenciana. 11/36

Si optan por una entidad privada y luego cambian de idea y deciden pasarse al seguro de enfermedad público tendrán que cumplir con una serie de requisitos muy estrictos para poder darse de alta en él. 12/36

La cantidad a pagar depende de cuánto ganas. El empleado y el empleador contribuyen con un 50% cada uno para cubrir el monto mensual del seguro. La cuota mensual de los empleados varía entre los 200-300€ (no pagas eso aquí al mes para sanidad ni de casualidad). 13/36

Las cotizaciones varían con arreglo al nivel de ingresos. Si cobra entre 400 € y 800 €, la cotización será del 4 %. Dicho tipo va en aumento proporcional conforme los ingresos sean superiores. A partir de 800 € es del 14,6% (desde 2015), sufragado a partes iguales. 14/36

Por ejemplo, se te retendría una cotización calculada al tipo del 7,3 % sobre tu salario. Pon que ganas 1900 € mensuales. Todos los meses pagarías 138,7€ solo de tu parte (más 138,7€ tu empleador). Según cobres más, pagas más. 15/36

El valor del privado varía según ciertos factores, como la edad del asegurado, historial médico (estado de salud), profesión, entre otros. El seguro médico privado es más barato que el público cuando el asegurado es joven y mucho más caro cuando el asegurado envejece. 16/36

Un joven de entre 20 y 30 años puede pagar una media de 200 euros mensuales en un seguro médico privado, mientras que una persona mayor, en la compra del mismo seguro, pagará unos 1500 euros mensuales. Nos va sonando esto? 17/36

Ahora vamos a ver algunos de los copagos del seguro PÚBLICO: Las consultas con el médico generalista y otros facultativos las paga directamente la caja del seguro de enfermedad. Se aplica una franquicia de 10 € por trimestre en la primera consulta al médico. 18/36

Los medicamentos recetados están cubiertos pero se solicitará un copago consistente en el 10 % del precio de venta (con un mínimo de 5 € y un máximo de 10 €). 19/36

La hospitalización se solicita al paciente un copago de 10 € por día, durante un período máximo de 28 días por año natural. 20/36

Los asegurados privados pagan primero las facturas directamente cuando van al médico y tramitan más tarde con la compañía aseguradora la devolución de esos importes. Los asegurados públicos, sólo muestran su tarjeta sanitaria cuando van al médico. 21/36

El principal punto negativo diría que es esta sociedad de dos clases en el mundo médico. Las diferencias notorias entre las personas con seguro médico público y privado. 22/36

La mayor diferencia entre los seguros privados y estatales es el tiempo de espera para la atención, ya que en los seguros privados la atención se brinda de acuerdo a las necesidades del paciente, a diferencia de los seguros públicos, donde la espera es más larga. 23/36

El seguro público está basado en el principio de distribución. Es decir, todos los trabajadores, sobre todo los jóvenes profesionales sanos, financian a las personas mayores enfermas. Parecido a nuestra sanidad pública. 24/36

El seguro privado en Alemania, por su parte, se basa en el principio de cobertura de capital. Quiere decir que cada asegurado, cada grupo de personas, paga según su perfil . Por eso, las primas a pagar suben cada cierto tiempo. 25/36

El caso del seguro público: los hospitales, las consultas médicas, son remunerados directamente por las compañías aseguradoras. Pagan primas fijas, sin tener en cuenta complicaciones o variantes. En el caso del seguro privado, las primas o copagos los va pagar el paciente. 26/36

Por todo esto los pacientes privados son pacientes más atractivos que los pacientes con seguro público, ya que terminan pagando más en muchas ocasiones. Reciben citas médicas mucho más rápidos, cuartos privados automáticamente y son tratados con más médicos. 27/36

La existencia de seguros públicos y privados es lo que lleva a sindicalistas y partidos de izquierda, socialdemócratas y ecologistas a hablar aquí en tono crítico de la existencia de “dos clases de sistemas de salud”. 28/36

Es decir, no es una sanidad donde haya igualdad entre los ciudadanos. Sino que hay diferencias de base entre seguro público y privado. 29/36

OJO CUIDAO

Que en España aunque no sea en el papel así, los funcionarios con seguros privados o las diferencias entre CCAA hacen que no haya tampoco igualdad real entre todos los usuarios de la sanidad pública. Esto ya no tendría que existir PARA AYER. 30/36

“En el sistema alemán confluyen la economía y la medicina”, dice Florian Blank, investigador de la Fundación Hans-Bockler, una organización dedicada al análisis de la realidad laboral germana. 31/36

11:59 a. m. · 12 jun. 2022
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25.5.22

Si tienes un accidente o la mala suerte de enfermar en Estados Unidos, te puedes sacar un seguro médico individual por $500 mensuales o uno familiar por $1.500 al mes... Por supuesto, los servicios se pagan, aunque tengas uno de los mejores seguros médicos, que llegan a cubrir hasta un 80% de los gastos, el 20% restante te va a suponer en caso de que tengas que pasar por quirófano para una operación complicada, unos $100.000 a toca teja... El 65% de la gente que se arruina en EEUU, es por pagar facturas médicas

GUILLERMO FESSER @guillermofesser

El gran pulso interno que vivimos hoy en EEUU se produce entre quienes desean que esto siga siendo un país y quienes prefieren terminar de convertirlo definitivamente en un parque de atracciones. Y, a día de hoy, van ganando estos últimos.

Para entrar al parque solo necesitas pagar la entrada (cada vez más cara) y gozar de liquidez suficiente para disfrutar de las impresionantes atracciones que en él se ofrecen (las más espectaculares del planeta) Nadie te pregunta quién eres ni cómo has hecho fortuna. (...)

Una vez dentro del parque, puedes distinguir pegados a la valla los rostros de quienes se han quedado con las ganas de entrar. Igual hasta te dan pena; pero, ciertamente no es tu problema.

Un parque temático de la LIBERTAD donde, con dinero en el bolsillo, puedes hacer lo que te venga en gana.(...)

(...) Si tienes un accidente o la mala suerte de enfermar (...), te puedes sacar un seguro médico individual por $500 mensuales (precio medio de EEUU) o uno familiar por $1.500 al mes. La mayoría llevan fórmula co-pago y tienes que cubrir tú los primeros $5.000.

Por supuesto, los servicios se pagan, aunque tengas uno de los mejores seguros médicos (que llegan a cubrir hasta un 80% de los gastos) el 20% restante te va a suponer en caso de que tengas que pasar por quirófano para una operación complicada unos $100.000 a toca teja.

Ahora, date la vuelta un instante y vuelve a mirar a la gente que no pudo entrar al parque y se quedaron afuera pegados a la valla. Muchos de ellos no son vagos: es sólo que les visitó el cáncer. El 65% de la gente que se arruina en EEUU, es por pagar facturas médicas.

Si necesitas hospital, sin seguro, te sale a $2.600 la noche; si tienes suerte de no vivir en California donde la media sube a $3.700 por cama y día. Implante de cadera: $40.000, Córnea: $17.500, Bypass del corazón: $123.000, Cajita de antibióticos: $221

En el gran parque temático de la LIBERTAD los medicamentos genéricos cuestan 2 veces y media más caros que en una media extrapolada de precios en los 32 países del llamado mundo desarrollado. Y los medicamentos de marca valen 3 veces y media más en EEUU que en su vecino Canadá.

Si te fijas bien en los rostros de los de afuera, verás que a bastantes les faltan dientes. En Greensboro, Carolina del Norte, como los negros no pueden permitirse los precios astronómicos de un empaste en el dentista de los blancos, acuden a los centros de extracción rápida donde en lugar de los miles de dólares que cuesta una endodoncia, por $125 te sacan la muela que te duele sin preguntar y te mandan con dos ibuprofenos para casa. 

En el parque es distinto. Acá hay dentistas. Los mejores profesionales del planeta que te hacen escáner en 3D y por $10.000 te sacan las muelas del juicio. O, si prefieres, contratas un viaje al pueblo fronterizo de Yuma (Arizona) al que se acercan decenas de miles cada año para cruzar a Los Algodones (la capital dental mexicana) donde 350 dentistas hacen lo mismo por un puñado de pesos.

Afuera del parque, como ya no existen programas sociales que echen un cable a la clase media, miles de madres en Luisiana tienen que vender su plasma dos veces por semana para conseguir los $400 extra mensuales que les permite dar de comer a sus hijos. (...)

12:35 p. m. · 14 may. 2022
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18.4.22

La mayoría de los ocho millones de estadounidenses con diabetes insulinodependiente se enfrentan a una crisis de costes... hemos sido obligados por las compañías de seguros a utilizar insulina de menor calidad. Muchas personas con diabetes se reúnen en aparcamientos para intercambiar suministros o se matan de hambre para reducir la cantidad de insulina que necesitan. Uno de cada cuatro diabéticos insulinodependientes raciona la insulina, lo que puede provocar complicaciones como cetoacidosis diabética potencialmente mortal, ceguera, amputación y muerte

 "(...) La mayoría de los ocho millones de estadounidenses con diabetes insulinodependiente se enfrentan a una crisis de costes. La diabetes es la enfermedad crónica más cara de Estados Unidos. Hoy en día, un frasco de insulina, cuya fabricación cuesta unos pocos dólares, cuesta alrededor de 300 dólares. A un ritmo muy superior al de la inflación, "los tres grandes" fabricantes de insulina -Eli Lilly, Novo Nordisk y Sanofi- han subido el precio a marchas forzadas, en más de un 1000% en dos décadas. Se trata de una hormona que debemos administrar constantemente y sin la cual moriremos en cuestión de días.

Vivir con esta enfermedad es una existencia precaria. Como personas con T1D, hemos viajado a otros países para conseguir versiones más baratas del medicamento y hemos sido obligados por las compañías de seguros a utilizar insulina de menor calidad. Muchas personas con diabetes se reúnen en aparcamientos para intercambiar suministros o se matan de hambre para reducir la cantidad de insulina que necesitan. Uno de cada cuatro diabéticos insulinodependientes raciona la insulina, lo que puede provocar complicaciones como cetoacidosis diabética potencialmente mortal, ceguera, amputación y muerte.

En este sistema roto, los únicos actores con poder para bajar los precios de lista son los fabricantes de insulina que los fijan. Sin embargo, las organizaciones sin ánimo de lucro dedicadas a la diabetes que se asocian con los fabricantes de insulina rara vez los llaman por su nombre en sus publicaciones, sino que se centran en las insulinas de nueva generación y en otras partes de la cadena de suministro, como el gestor de beneficios de farmacia y el sistema de reembolsos. Pero cualquier avance en ese ámbito seguiría dejando atrás al creciente número de personas dependientes de la insulina sin seguro, los más vulnerables de entre nosotros. (...)

Las principales organizaciones sin ánimo de lucro dedicadas a la diabetes han apoyado medidas graduales, pero han guardado silencio sobre una reforma más significativa. La JDRF y la ADA, por ejemplo, apoyaron el límite de precios de la insulina en el proyecto de ley Build Back Better, así como la Ley de Asequibilidad de la Insulina, recientemente aprobada por la Cámara de Representantes, que limitaría el coste de la insulina a 35 dólares al mes. A pesar de sus nombres -y de la retórica del presidente Joe Biden, que se refirió a los topes de precios en su discurso sobre el estado de la Unión- las propuestas no limitan los precios, sino los copagos. (Los topes de copago atan nuestra supervivencia al statu quo de la sanidad porque cualquiera corre el riesgo de perder su seguro, permiten que las tres grandes sigan lucrándose con la insulina de 300 dólares el vial y, en nuestra opinión, dan la falsa impresión de que el problema se está resolviendo). (...)

Mientras tanto, estos grupos se mantuvieron al margen cuando las empresas farmacéuticas demandaron a Minnesota para bloquear la Ley de Asequibilidad de la Insulina Alec Smith, que les habría obligado a asumir más costes. Para Laura Marston, una destacada defensora de #Insulin4All que en 2010 fue rechazada de una gala de la JDRF tras filmar un testimonio para el grupo en el que se censuraban sus dificultades para conseguir insulina sin seguro, entender estos conflictos de intereses es crucial.

"Todo el mundo está trabajando en contra nuestra", nos dijo a través de Zoom. "Todas estas organizaciones pueden llamar a los miembros del Congreso cuando quieran. ¿Por qué están [apoyando] los topes de copago sólo para los asegurados?" (...)

Pero a medida que avanzaba la crisis de la insulina, veía a los amigos que había conocido a nivel popular luchando para poder pagar su insulina. En una reunión de la junta directiva, dice que preguntó por qué la organización estaba tan orientada al futuro cuando una cuarta parte de los estadounidenses estaba racionando su insulina. Nueve meses después, dice, la despidieron debido a la "reestructuración de la empresa" y perdió el acceso a sus suministros para la diabetes. "Su eslogan era 'Mejorar vidas y curar la diabetes'. Me arruinaron la vida". (...)

El pasado mes de abril, BT1 fue un paso más allá: junto con Eli Lilly, presentó silenciosamente un testimonio en contra de un proyecto de ley que permitiría a los pacientes de Maine recibir un suministro anual garantizado de insulina de emergencia para treinta días, alegando que el proyecto duplicaría Getinsulin.org. Muchos activistas fueron bloqueados en las redes sociales por BT1 por exigir una explicación, y sólo después de semanas de presión la organización sin ánimo de lucro cambió su postura. El proyecto de ley fue aprobado. (...)

La crisis de la insulina ha dejado al descubierto que las necesidades más urgentes e inmediatas de la comunidad no están siendo atendidas por los defensores patrocinados por las empresas. Y cuando estos grupos obstaculizan los esfuerzos reales para mejorar la situación, nos queda el implacable sentimiento de responsabilidad de mantenernos vivos. (...)

Es la crudeza de nuestra lucha por la supervivencia. Nadie va a hacer esto si no lo hacemos nosotros mismos. Una vez que lo ves, no puedes dejar de verlo. Una vez que lo sientes, no puedes dejar de sentirlo. Sabemos cuando estamos siendo explotados. Quizá no puedas expresarlo con palabras, pero lo sabes cuando lo sientes. (...)"                    

(Annalisa van den Bergh  , Robin Cressman  , JACOBIN, 14/04/22; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

17.9.21

El sistema de salud americano tiene unos costes descomunales, pero hay días en que sospecho que incluso estas cifras son optimistas, ya que ocultan el purgatorio inacabable de facturas, llamadas, y búsquedas infructuosas de información de todo aquel que tiene que sufrirlo... el hecho es de que esto de hacer montañas de papeleo a los americanos les parece normal. No importa cuántas veces les cuentes que tener la mesa del comedor cubierta de facturas médicas y estar al teléfono con aseguradoras es una cosa completamente evitable, no parecen procesar que eso es un coste tremendo que están pagando los enfermos y sus familias

"La sanidad americana es increíblemente complicada. No es algo nuevo; tengo por aquí un par de artículos que deben sumar unas 5.000 palabritas sólo para describir sus características más básicas. Cada vez que me toca trabajar en alguna reforma o ley estatal sobre el tema, además, descubro alguna parte nueva del sistema. La complejidad es casi infinita.(...)

La tiranía del papeleo

Siempre se hace hincapié, al hablar del coste de la sanidad en Estados Unidos, en las monumentales facturas médicas que un paciente puede comerse si no está asegurado o tiene la desgracia de enfermar y que su tratamiento caiga, sin saberlo, fuera de los confines de su póliza médica. También se comenta el extendido, radical uso de copagos (que, por cierto, no reducen el gasto en sanidad; es más, pueden aumentarlo) o franquicias, ese bonito sistema en el que tu póliza exige que pagues de tu bolsillo todos tus gastos médicos antes de alcanzar una determinada cantidad ($5.000 o más) antes de que el seguro cubra nada.

A este puñado de horrores y absurdos se le debe añadir otro: el papeleo. Ir al médico en Estados Unidos puede llegar a exigir una cantidad cómica de trámites burocráticos, muchos de ellos por parte del paciente.

Una historia sobre médicos

Pongamos, por ejemplo, un dolor en la pierna. El año pasado me hice daño en la espalda (seguramente haciendo el mandril en el parque con mi hija), y anduve con molestias varias semanas. Fui aplazando ir al médico porque me daba una pereza enorme ponerme a hacer los trámites necesarios para lo que era obvio que necesitaba, hasta que acabé con unos pinchazos tales en mis piernas que apenas podía andar. Bueno, me dije. Hora de ir al médico.

Era obvio que tenía que ir a un fisioterapeuta, porque bueno, era un dolor muscular claro; un pinzamiento de un nervio. Pero mi aseguradora no me permitía llamar a un fisio, sino que tenía que llamar antes a mi médico de cabecera, un tipo seco y hosco (a mí los médicos me gustan autoritarios) que tiene una consulta a un kilómetro de casa.

Les llamo, y me dan una cita al cabo de dos semanas (ugh), cosa que no es ni práctica ni tolerable, pero la medicina es así en este país. Me sugieren que vaya a una clínica ambulatoria de urgencias, donde me atenderían de inmediato, en teoría, pero donde el copago sería unas 10 veces mayor (de $200 no baja). Me resigno a esa alternativa, pero que me llamen si se les abre un hueco… y en un golpe de suerte, me llaman al cabo de un rato diciendo que al día siguiente puedo ir, que les han cancelado una visita.

Así que voy al médico, aunque el doctor no está; me ve una de las enfermeras, otra práctica habitual en este país. Me examina cinco minutos, intenta hacer que levante la pierna, aúllo de dolor, y me da una referral (recomendación) para que vaya a un médico especializado en medicina física.

Ahora empieza la diversión. La visita al médico tiene copago, que no pagaré ahora, sino que me llegará una factura al cabo de un par de semanas, después que el medical coder de la consulta (un tipo que tiene como única ocupación enviar informes de lo que hacen a las aseguradoras, con un código específico describiendo lo que me han hecho) se haya puesto de acuerdo con mi seguro sobre qué nivel de copago me toca. La cantidad es distinta si es medicina preventiva, diagnóstico o tratamiento, así que lo que pagaré es a menudo un misterio.

El referral, además, no es un papelito con una cita con un especialista, sino que es, simplemente, una nota que informa a mi aseguradora que el médico cree que necesito un especialista. Lo que tengo que hacer al volver a casa es ir a la página de internet de la aseguradora, subir el PDF del documento que ha dado la enfermera si el sistema electrónico de la consulta que lo envía automáticamente no lo ha hecho (nunca lo hace, en mi caso), y buscar en la lista de médicos en mi región que aceptan mi póliza. Por supuesto, no tengo ni idea quién es buen médico y quién no lo es; la gente deja “críticas” en los perfiles, pero a saber. Acabo llamando a cinco y voy al que me da una cita más pronto que los demás, al cabo de cinco días.

Finalmente voy al especialista, que me recomienda antiinflamatorios y me receta un par de variedades potentes. Me da una segunda cita para diez días después, para ver cómo evoluciona, etcétera. Otro copago misterioso para negociar con mi aseguradora, y un tercero cuando voy para la segunda cita. La pierna duele menos, por fortuna, pero me recomienda que vaya a una clínica a hacer fisioterapia. De nuevo, no me dice dónde, sino me da otro referral. Al menos este funciona y no necesito tener que llamar a la aseguradora jurándoles que sí, el médico me ha dicho que haga esto. Pero de nuevo me toca buscar un médico, y otra vez pelearme con facturas aleatorias con copagos.

La primera factura está mal y quieren cobrarme más de $1000, así que tengo que llamar a la aseguradora y…

Bueno, os hacéis una idea. Mi dolencia era obvia; me dolía la pierna, y necesitaba un fisioterapeuta. Pero para llegar hasta allí necesité tres visitas a médicos, una docena de llamadas a consultas variadas, cuatro facturas separadas con la aseguradora, una reclamación airada ante una cantidad errónea, y varias búsquedas en internet sobre “mejores médicos en New Haven County” que nunca me daban información relevante. En total, acabé dedicando varias horas de mi vida a hacer gestiones, descifrar pólizas, y hacer papeleo. Aunque el coste total de toda esta aventura no fue excesivo (sumando todos los copagos, quizás $300, más $100 en medicación) y ya no me duele la pierna, el coste en tiempo fue considerable.

Y esto era para una dolencia minúscula. Imaginad este papeleo con una enfermedad seria y con un familiar en el hospital.

El coste de perder el tiempo

Un estudio reciente de Austin Frakt y Michael Anne Kyle habla, precisamente, de estos costes medio invisibles que infestan la sanidad en Estados Unidos.

Sus conclusiones son dignas de repetir. Tres cuartas partes de los americanos se han tenido que comer trámites administrativos de esta clase en el último año. Una cuarta parte de los encuestados dicen (como un servidor) que han retrasado o decidido no ir al médico para ahorrarse papeleo. Esta cifra, por cierto, es casi idéntica a la del número de pacientes que no van al médico porque no pueden pagarlo, así que los costes burocráticos tienen un impacto real.

El estudio, además, señala que los costes administrativos son mayores como más seria es la situación médica del paciente. Como todo en Estados Unidos, la gente con menos ingresos, latinos, y negros suelen tener que afrontar más papeleo, ya que suelen tener seguros menos generosos y las aseguradoras suelen cometer “errores” más a menudo con ellos.
No es sólo cuestión del sector privado

Medicare, el seguro médico para mayores de 65 años, es extraordinariamente complicado. En teoría, Medicare es un sistema sencillo; un sistema de single payer, con el gobierno federal como aseguradora y listos. A la práctica, los jubilados tienen que pagar primas según sus ingresos (que el gobierno cobra directamente de las pensiones), y el sistema tiene copagos, exclusiones, gastos mínimos, y un galimatías sobre qué está cubierto y que no que tira de espaldas. En uno de esos alardes de barroquismo burocrático, Medicare está compuesto de varios seguros distintos: uno para medicina general (Medicare B), otro para hospitalización (A), otro para medicamentos (D), Medigap (que reduce el coste de la poliza), y Advantage, que es un plan adicional privado que cubre los copagos de los otros tres, y que sirve sobre todo para que las aseguradoras privadas y hospitales se pongan las botas.

¿Por qué todas estas piezas móviles? En parte por azares históricos, ya que el congreso ha ido ampliando lo que cubre el programa, añadiéndole pegotes variados. Por encima de todo, sin embargo, creo que es también el resultado del descomunal desbarajuste derivado del mercado de seguros privado, y el hecho de que esto de hacer montañas de papeleo a los americanos les parece normal. No importa cuántas veces les cuentes que tener la mesa del comedor cubierta de facturas médicas y estar al teléfono con aseguradoras es una cosa completamente evitable, no parecen procesar que eso es un coste tremendo que están pagando los enfermos y sus familias.

Hace unos meses Annie Lowrey escribía un artículo estupendo en el Atlantic sobre la “Time Tax”, el impuesto del tiempo derivado de los enormes costes burocráticos en montones de programas estatales y federales. He hablado alguna vez de mis desventuras ayudando a otra gente a hacer papeleo para programas sociales (el único artículo bueno que he sacado en esta vida), pero es una realidad constante en el país. El sistema de salud americano tiene unos costes descomunales, pero hay días en que sospecho que incluso estas cifras son optimistas, ya que ocultan el purgatorio inacabable de facturas, llamadas, y búsquedas infructuosas de información de todo aquel que tiene que sufrirlo.

Si eres alguien con un trabajo estable, estudios, y que resulta que te dedicas en tu trabajo a intentar mejorar la sanidad de este bendito país (sin conseguirlo, pero ese es otro tema), una orgía de papeleo es un incordio, pero no una barrera insuperable. Si eres una madre soltera con dos empleos a tiempo parcial que te dan miedo los hospitales y no tienes ni idea sobre qué es un copago, una prima, una franquicia, un formulario, o la madre que los parió a todos, pues… no vas al médico, y cuando vas, quizás sea demasiado tarde.

Lo más desesperante, por cierto, es que cuando hablas sobre reformas, el papeleo siempre está lejos de ser prioritario. A los legisladores, que entienden el sistema (y son casi todos abogados), les cuesta entender que esto es un problema. Cosa que es casi un alivio, porque arreglar esto es muy difícil.

Ya sabéis, eso de que es más fácil gastar dinero que cambiar instituciones."               (Roger Senserrich, Four Freedom, 14/09/21)

11.11.20

El sistema de Atención Primaria en la década de los 80 produjo resultados sorprendentemente positivos, que sin embargo determinaron su muerte prematura... reducía el tiempo de ingreso y consultas y, ¡el gasto farmacéutico!. De hecho, el ahorro en farmacia fue muy superior a los mayores gastos de personal que el nuevo modelo incorporaba... las presiones de la industria farmacéutica y las de la sanidad privada, que veían reducirse su negocio, consiguieron pararla

 "(...) la eficacia de los servicios de salud depende de su capacidad para abordar los problemas sanitarios desde una perspectiva integral que, si bien se sintetiza en cada ser humano, hunde sus raíces en las condiciones generales en las que se desarrolla la vida de cada colectividad. La perspectiva miope de un funcionamiento basado exclusivamente en la consulta individual se parece a quien intenta apagar un enorme incendio a cubos de agua.

Este enfoque integral, insisto, el único que se fundamenta en la evidencia científica, se basa en el diagnóstico de salud, es decir en la identificación detallada de las principales causas de enfermedad y muerte en cada población, correlacionándolas con las condiciones concretas de vida y se continúa con la elaboración de programas de promoción de la salud, prevención de la enfermedad y diagnóstico precoz. 

 Para llevarlo a cabo es necesario un funcionamiento articulado de la totalidad del sistema sanitario, pero la Atención Primaria es su principal instrumento. El pilar, es el Equipo de Atención Primaria (EAP), multidisciplinar (personal médico, de enfermería, psicología, trabajo social, medio ambiente, etc) y cuyo tiempo de trabajo debe ir destinado preferentemente a la realización de programas preventivos, en el Centro de Salud y sobre todo en la comunidad.

Sobre esa base se diseñó la reforma de la Atención Primaria en la década de los 80. El conocimiento directo de la comunidad sobre la que actúa el EAP permitió, por ejemplo, el descubrimiento de talleres de aerografía textil clandestinos que produjeron la muerte de seis jóvenes y enfermedades pulmonares graves a más de un centenar. Esos talleres no tenían existencia legal y eran desconocidos, excepto para el EAP de Alcoy que los identificó y pudo relacionar las patologías con las lesiones respiratorias.

 Aún con muchas insuficiencias, la nueva andadura de los EAP produjo resultados sorprendentemente positivos, que sin embargo determinaron su muerte prematura. Este funcionamiento a lo largo del tiempo iba resolviendo problemas antes de llegar al hospital, reducía el tiempo de ingreso y consultas a especialistas mediante un funcionamiento integrado de los diferentes niveles asistenciales y, en definitiva, mejoraba la salud de la población. También, ¡Ay!, sin proponérselo, redujo considerablemente el gasto farmacéutico. De hecho, el ahorro en farmacia fue muy superior a los mayores gastos de personal que el nuevo modelo incorporaba.  (...)

Aquella prometedora reforma se abortó sin que pudiera esgrimirse argumento alguno sobre su excesivo coste. Al contrario, el gasto empezaba a reducirse, sobre todo el farmacéutico, y la racionalidad en el uso de los recursos se iba abriendo camino. Pero fueron las presiones de la industria farmacéutica y las de la sanidad privada, que veían reducirse sus expectativas de negocio, las que consiguieron sus objetivos. Relativamente pocos equipos realizaron su diagnóstico de salud (al que les obligaba y obliga el Real Decreto[3] aún en vigor) , que, obviamente, debía actualizarse periódicamente y medir - y reconducir - en función de los resultados, la eficacia de la labor sanitaria.

La vuelta atrás, la actividad centrada exclusivamente en la consulta médica a demanda del paciente, cuando los síntomas son ya evidentes, se fue imponiendo. Los recortes de personal y la hegemonía de la perspectiva estrictamente curativa hicieron su trabajo. La ideología de la individualización carece de base científica y es profundamente ineficaz en términos de salud, pero es el "fundamento" de la privatización de los servicios sanitarios basados en el hospitalocentrismo y en los que se vende como reclamo el acceso directo al especialista.

En resumen, cuando se toca fondo y nuestro sistema sanitario público agoniza, es importante que las reivindicaciones estén bien construidas. Desgraciadamente, la ideología dominante, la del capital, lleva a muchos médicos y médicas, desesperadas por una práctica agotadora, ineficaz e insatisfactoria, a concluir que el problema es que la población utiliza mal los recursos sanitarios, consume tiempo de consulta con patologías poco importantes, acude a los servicios de urgencia de forma injustificada o reclama medicamentos innecesarios.

Esa línea de razonamiento, inteligentemente inducida por los directivos de las administraciones sanitarias - responsables de los recortes y colaboradores necesarios en el negocio de la privada - es la que lleva a una parte importante del personal sanitario a dirigir su ira y su frustración hacia la población. Por ese camino se llega directamente a reivindicar el pago por el servicio ("si pagaran por ello no vendrían tanto") con la lógica de que ante las joyerías o las peleterías no se observan colas.

De hecho, el copago farmacéutico para los pensionistas ha determinado que cerca del 20% de quienes tienen menos recursos no acudan a la farmacia a retirar los medicamentos prescritos[4]. Hay pocas dudas acerca del desastre que ello supone, a no ser que la muerte prematura de las personas mayores pobres sea, de hecho, el objetivo buscado.

Así como el Covid 19 ha servido para desvelar la conciencia de clase, que con tanto celo habían enterrado los postmodernos, también la estructura de los servicios sanitarios está profundamente penetrada de ideología y de intereses, también de clase. Es hora de que el conocimiento científico, la eficacia en el funcionamiento del sistema sanitario y la solidaridad humana, profundamente interpenetrados en lo que a la salud se refiere, se abran camino en la reivindicación de cambios estructurales en el sistema sanitario público.

Es evidente que la calidad y la universalidad de la atención sanitaria exige expulsar a las empresas y a la lógica del beneficio económico de la sanidad, que también, por cierto, incluye la precarización progresiva de las condiciones laborales del personal sanitario. Pero no basta con ello. Hay que eliminar también la base ideológica y organizativa sobre la que se estructura la privatización. Y eso, también, es una cuestión de lucha de clases."                          (Ángeles Maestro, Público, 04/11/20)

19.3.18

Las razones de los pensionistas: "No se puede vivir contando céntimos"

"Pilar sabe lo que es "vivir contando céntimos" y cambiar una panadería por otra porque la barra sale por unos pocos menos. "Y de pobreza energética también sé", dice la mujer, miembro de los Yayoflautas.  (...)

Las últimas marchas de pensionistas han clamado contra la subida anual del 0,25%, las "pensiones de miseria", la reforma unilateral del Gobierno del año 2013 y sus temores a un futuro sistema público de pensiones debilitado gracias a estos cambios.   (...)

"No hay dinero para los pensionistas, pero para rescatar autopistas y bancos sí. ¿Por qué?", pregunta Amparo Grolimund, pensionista de 74 años.



Cuatro personas, pensionistas o a las puertas de la jubilación, han explicado a eldiario.es por qué creen que tiene sentido continuar reivindicando en la calle un aumento de las pensiones y cómo viven con sus prestaciones.

 

Pilar Malasaña*


Pilar tiene 65 años, cumplidos en octubre, y está esperando que llegue abril para empezar a cobrar la pensión de jubilación. En su caso, según las consultas que ya ha hecho en la Seguridad Social, será de "unos 638 euros, la mínima". La mujer, una 'yaya' como reivindica por formar parte del colectivo de Yayoflautas, ha trabajado en el pasado en varias cadenas de radio, en inmobiliarias de pisos y en numerosos oficios, "en muchos sin que las empresas cotizaran por mí", denuncia. 

En los últimos años ha estado cobrando la renta mínima de inserción (RMI) y no tiene un piso en propiedad. "Ni yo ni muchos otros, al contrario de lo que dice el gobernador del Banco de España", subraya.

La 'yaya' considera que la lucha en la calle está más que justificada. "La pensión mínima debería ser de 1.000 euros y aún así no daría acceso a una vida digna". En su caso, recuerda uno de los últimos alquileres que tuvo que afrontar era de "unos 600 euros y si a eso le tienes que sumar los gastos de consumo, es que no llegas, no se puede", afirma. 

La mujer considera que muchas personas "se están cayendo ahora de la burra" y están comprobando "la precariedad en la que vivimos, aunque ya llevamos muchos años". En su opinión, las pensiones deberían garantizar una vida digna a las personas de avanzada edad. "Sé perfectamente lo que es la pobreza energética. El no poderse calentar, no poder tener teléfono fijo... Vivir al mínimo. No se puede vivir contando los céntimos", denuncia. 

Para Rajoy y los que defienden que no hay dinero para pagar las pensiones, Pilar pide que se recorte de otras partidas menos necesarias. "Se puede sacar de quitar las diputaciones, por ejemplo, que son una estupidez. O de los barcos de guerra".

 

Amparo Grolimund

 

 Amparo, de 74 años, es otra yayoflauta y volverá a la calle este sábado para reclamar que las pensiones se revaloricen con los precios. Su prestación asciende a "unos 950 euros" al mes, aunque en su caso solo con la cuantía de la pensión se vería en dificultades para llegar a fin de mes. 

 La mujer tampoco tiene un piso en propiedad y paga de alquiler unos 700 euros, "así que me las vería y desearía para vivir solo con la pensión, gracias a que tengo ahorros de la herencia de mis padres", explica. Amparo ha sido una de las muchas abuelas que han tenido que apoyar a sus hijos en los años más duros de la crisis. "Con la universidad de algún nieto y algunos gastos así sí he colaborado".

La mujer considera injustificable la subida del 0,25% aprobada por el Gobierno, en virtud de su reforma de 2013, y llama la atención sobre el rescate a la banca, a las autopistas o el gasto en Defensa para aquellos que defienden que no hay dinero para incrementar las prestaciones según el IPC. "¿Acaso estamos en guerra?", pregunta sobre el presupuesto militar.(...)

 La pensionista además protestará en las marchas del sábado contra "la utilización" de los jubilados por parte del Gobierno para sacar adelante los Presupuestos: "Lo que ha hecho Rajoy es una extorsión, obligar al resto de la oposión a apoyar los Presupuestos, con los que a lo mejor no están de acuerdo, para aprobar las medidas de pensiones".

 

Leopoldo Pelayo


 (...) El jubilado, antiguo maestro de 67 años, pide que la causa de los pensionista no se individualice y se lea como una exigencia de un sistema justo, que garantice "una vida digna" para los mayores. En su caso, cuenta con una prestación de jubilación situada "en la media". En la actualidad está situada en los 1.077 euros al mes. Esa cantidad, explica, puede ser suficiente para unas personas y escasa para otras que tengan más cargos a sus espaldas, como un alquiler.
 
"Nosotros pensamos que hay solución al sistema de las pensiones, pero evidentemente el Gobierno no lo hace porque pretende favorecer los bancos privados de pensiones", denuncia. Sobre las medidas anunciadas –aunque no concretadas– por el presidente del Gobierno, el hombre cree que el futuro del sistema requiere "una solución integral, no queremos parches". 

Leopoldo considera que, a la reforma de las pensiones, hay que añadir la protesta contra otras políticas del PP, como el copago sanitario. "Han calculado que el copago supone unos 120 euros al año, si tienes una pensión de 600 euros, es una cantidad significativa". 

En su opinión, cuando se sitúa el problema como un tema intergeneracional, se está puntando hacia los pensionistas en un problema que reside en los empresarios y las reformas laborales del Gobierno, entre otras. "No se pueden decir que porque haya pensiones de más de 1.500 euros, estos jubilados son los culpables de que haya jóvenes que cobren salarios de miseria".

 

Juan Vicioso


 (...) tiene 62 años y se retiró el pasado año "con una pensión de invalidez permanente, porque tengo un problema de reuma bastante grave", explica. Cobra "701 euros" y llama la atención, al igual que el sindicato UPTA, de las pensiones más reducidas de los trabajadores por cuenta propia. "Los pensionistas RETA son los que peores condiciones tienen con una pensión media de 649 euros", advierte la organización, que llama a movilizarse este 17 de marzo.

El hombre reconoce que su situación "no es para tirar cohetes" aunque los gastos los afronta gracias a que su mujer y un hijo están trabajando y que viven en la casa de sus suegros. Aun así, llama la atención sobre el copago farmacéutico que sufren, como él, muchos pensionistas. 

"Yo he dejado de tomar las medicinas por su precio. Es así. Por ejemplo el Almax, que ya no lo cubren, o analgésicos que han triplicado su precio. Pregunta en la farmacia por los jubilados que no cogen todas las medicias al mes, o a los enfermos crónicos".  (....)"         (Laura Olías, eldiario.es, 16/03/18)

25.1.18

La mitad de los fármacos se encarecieron desde que son de pago

"Más de mitad de los medicamentos que el sistema público de salud dejó de financiar en 2012 se han encarecido en los cinco años de aplicación del medicamentazo y uno de cada cinco ha duplicado, y triplicado en algunos casos, su precio.

La medida, uno de los recortes del actual Gobierno que mayor rechazo social y político provocó por tener en los pensionistas a uno de los grupos más afectados, supuso la exclusión por completo del sistema público de 320 fármacos, cuyo precio pasaba a correr a costa del usuario.

La lista inicial incluía 417, aunque 97 de ellos siguieron siendo financiados en casos de enfermedades crónicas, oncológicas y de carácter degenerativo.

Cinco años después, el precio de 175 de esos 320 fármacos ha aumentado, en 65 casos hasta duplicarse e incluso triplicarse, mientras que solo uno ha bajado, el de 138 se ha mantenido y otros seis han desaparecido de la lista, en la que han entrado cinco que antes no figuraban, según consta en una respuesta del Gobierno al diputado del PSOE Miguel Ángel Heredia.

El gasto farmacéutico sigue subiendo


La medida tenía como objetivo declarado reducir el gasto farmacéutico, algo que la Administración solo logró a medias y durante un tiempo. La factura de 12.296 millones de euros del sistema público en 2011 se fue reduciendo hasta los 10.391 de 2014 para comenzar a crecer y alcanzar los 15.640 millones el año pasado. (...)

“Una pensionista malagueña me explicaba hace poco que un simple resfriado le cuesta ahora cincuenta de los 600 euros que cobra de pensión”, explica Heredia, que remite a “informes que hablan de que 2,8 millones de españoles que no tienen hoy dinero para pagar sus medicinas, y que un 20% de nuestros mayores tuvieron que abandonar sus tratamientos durante los años más duros de la crisis para ayudar a sus hijos y a sus nietos”.           (Eduardo Bayona, Público, 22/01/18)

16.11.17

El copago farmacéutico se ceba con las rentas bajas... y encima no ha reducido el gasto público en farmacia

"En estos tiempos en los que los problemas sociales han sido sepultados por el procés catalán, la realidad para muchos colectivos de españoles es cada vez más compleja y dura. Hace ya cinco años, junio 2012, el PP alumbró una serie de medidas para ahorrar dinero público, aumentando, de facto, la presión sobre las maltrechas arcas de muchos hogares.

 Una de estas medidas fue hacer pagar más a los activos y pensionistas por el consumo de fármacos, haciendo creer dos ideas que se han demostrado falsas. La primera es que en España los ciudadanos contribuyen poco con la financiación de la sanidad, y mucho menos que nuestros vecinos, y la segunda es que las medidas puestas en marcha cumplen con las reglas de progresividad, es decir que son las rentas más altas las que más contribuyen a la cofinanciación de la sanidad pública. 

Para poder contestar a estas dos preguntas son necesarias estadísticas comparadas que, menos mal, la OCDE publica regularmente (Health Statistics, OECD), pero también otras nacionales, como la Encuesta de Presupuestos Familiares que elabora anualmente el INE. Con ésta, podemos saber en qué gastamos nuestra renta a nivel nacional, pero también a nivel autonómico.

La primera cuestión referida es aquella que hace referencia a la cuantía de gasto que soportan los españoles de su bolsilla en cofinanciar la sanidad pública. La propaganda más liberal del país, tanto en medios, como a nivel académico, siempre aduce que aquí la sanidad es cuasi gratuita para los hogares, y que por eso vienen tantos extranjeros a operarse o a que es receten medicamentos


En el gráfico 1 se puede observar cómo España es uno de los países en el que los hogares aportan de su bolsillo más fondos a la financiación de la sanidad, por delante de Alemania, Francia u Holanda, y ligeramente por debajo de Suecia. De facto, en 2016, cada español aportó algo más de 772 $ (ajustados por poder de compra y en términos corrientes) para financiar la sanidad, de cuya cantidad la farmacia supone un porcentaje muy relevante.

 Por el contrario, Francia mantiene una cantidad  muy inferior y estable a lo largo de los últimos años. Todo esto en un contexto en el que la renta de los hogares españoles es muy inferior a la de los países comparados, lo que da idea del esfuerzo que hacemos los españoles en esta materia, y que como luego se mostrará, es muy superior entre las rentas más bajas.

 Pero todavía es más sangrante, si comparamos la cantidad aportada individualmente en porcentaje del gasto en salud total. Aquí, la diferencia es todavía más llamativa y revela el enorme esfuerzo que hacen los hogares españoles en el sostenimiento de la sanidad pública.


Como se puede apreciar, España es el país en el que mayor porcentaje de gasto en salud es financiado por los ciudadanos, hasta un 24% del total en 2016, frente a un 6,8% en Francia o un 14,9% en Suecia y un 12,4% en Alemania.

En segundo lugar, es también muy relevante cómo se distribuye dicho gasto por percentiles de renta. Para realizar este análisis se ha utilizado la Encuesta de Presupuestos Familiares de 2011, previa a la entrada en vigor del RD 16/2012 que consagró el copago farmacéutico para colectivos como los pensionistas, y también los datos del gasto por receta médica que publica el Ministerio de Sanidad, así como la Encuesta de Presupuestos Familiares de 2015. 

Con esto se trababa de ver cómo ha cambiado el gasto individual en farmacia después de la medida impuesta por la mayoría del PP en 2012. Para ello se elaboró el indicador de carga sobre capacidad de pago (porcentaje de la renta de subsistencia que dedicamos al pago de medicamentos) y el de carga económica (porcentaje de gasto sobre renta total). Y estos indicadores se analizarán por percentiles de renta para ver si el impacto es progresivo o no.

Antes de introducirse el nuevo sistema de financiación de las prestaciones farmacéuticas, el 20% más rico destinaba una proporción de su ingreso efectivo de no subsistencia a compra de medicamentos muy por debajo de la media (0,58%) e idéntica a la proporción observada en el 20% más pobre.

El 20% más rico en España soporta una carga financiera del copago simétrica a la del 20% más pobre, lo cual es sinónimo de empeoramiento relativo para las clases más pobres

Con el nuevo sistema, la carga del Quintil más rico (0.70%) está incluso por debajo de la cargas del Quintil 1 (0.72%). Si se mide la carga sobre la renta total del hogar, el 20% más rico asume una carga que es más baja (0,71%) que la asumida por los quintiles 2, 3 y 4, aunque mayor que la del Quintil 1 (0,56%). 

Además, el incremento de la pérdida de bienestar asociada al sacrificio del copago se distribuye regresivamente y es muy superior en los grupos situados al principio de la distribución. Para el conjunto de España, la carga del gasto farmacéutico sobre la capacidad financiera o de pago de los hogares pasa del 0.70% al 0.86%.

En resumen, no es cierto que en España el ciudadano aporta poco a las arcas públicas para financiar la sanidad, sino todo lo contrario. Y por otro lado, la brillante idea del copago farmacéutico afecta negativamente más a las rentas más bajas que a las rentas altas, y encima no se ha reducido el gasto público en farmacia. Es decir, todo un despropósito económico y social. Sorprende que tantos pensionistas sigan votando a quien diseña este tipo de medidas."               (Alejandro Inurrieta, Vox Populi, 30/10/17)

5.6.17

May quiere confiscar las pensiones: Copago sanitario a abonar por los jubilados. Deberán pagar su atención sanitaria con su dinero, Hasta que les quede un máximo de 100.000 libras. Si disponen de vivienda y no de dinero, deben venderla

"(...) Si a los desheredados encima se les engaña, en ocasiones se rebelan. Es lo que sucede en la campaña electoral británica. Y es lo que rebaja la expectativa de una amplísima victoria de la primera ministra y lideresa conservadora, Theresa May.


Los pensionistas, los más y los menos acomodados, echan fuego por los ojos a cuenta del demencial impuesto a la demencia propuesto (y luego a medias retirado, pero siempre vivo), por la jefa tory en su manifiesto electoral para el próximo día 8. Desde que lo hizo público, el 17 de mayo, no logra recuperar su gran ventaja inicial. Al revés, sigue reduciéndose.

El impuesto a la demencia, así bautizado por el líder vétero laborista Jeremy Corbyn, ocupa dos líneas del manifiesto, redactadas personalmente por la propia May. Consiste en un copago sanitario a abonar por los jubilados. Deberán pechar su atención sociosanitaria con sus recursos, hasta que les quede un máximo de 100.000 libras. Y si disponen de vivienda y no de cash (dinero en efectivo), deben venderla.

Al formarse la escandalera hace diez días, May banalizó su idea, asegurando que nadie perdería su hogar. Pero lo harían luego los herederos de padres así endeudados con el Servicio Nacional de Salud.

Para más inri, el copago resultaría asimétrico, según el tipo de enfermedad: los aquejados de demencia o artritis grave y atendidos en sus domicilios afrontarían más costes que las víctimas de cáncer tratadas en los hospitales públicos. De ahí el apelativo de “impuesto a la demencia”.

A diferencia de otras reformas anteriores, maceradas y discutidas con profesionales y usuarios, ésta fue decidida unipersonalmente, se improvisó en el último minuto y en su formulación inicial solo duró 96 horas. Por eso la tarjeta de presentación de May como encarnación de un liderazgo “fuerte y estable” ha sido públicamente ridiculizada por la prensa como “débil y tambaleante”.

¿Por qué, pese a la rectificación, este revés continúa deteriorando la credibilidad tory?
Porque ha tenido el efecto de una caída de máscara. (...)

Y porque la memoria colectiva no es tan flaca. Margaret Thatcher, la dama de hierro y matrona del neoliberalismo, tropezó también con su instinto social reaccionario al proponer un impuesto de capitación, la poll tax, para unificar los gravámenes locales.

Era un impuesto a pagar por cada individuo sin considerar su nivel de riqueza: antiproporcional, antiprogresivo, antirredistributivo. Las plazas británicas desbordaron de protestas. Sus protegidos la empujaron a dimitir, para escapar, ellos, de la tormenta. Era 1990. Anteayer."               (Xavier Vidal-foch, El País, 02/06/17)

5.4.17

Con el copago, el 30% de los pensionistas no iniciaba nunca el tratamiento prescrito, y de los que comenzaban, un 16% lo abandonaba después...

"En el comedor, junto a un cuantioso fajo de facturas abrochadas con un clip –recibos del gas, la luz, el agua o el teléfono– se amontonan los tiques de la compra. Cantidades que Carmen, de 76 años, reúne con exactitud en una libreta y suma, resta, divide... 

No por afición a las fracciones, sino estrujando su pensión; la paga familiar más estable. Desde el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, los dos hijos de esta jubilada del sector industrial entran y salen del mercado laboral, razón por la cual todos viven bajo el mismo techo dependientes de igual haber. 

En el peor julio para el empleo durante toda la crisis entraba en vigor el Real Decreto-ley 16/2012, una reforma estructural del Sistema Nacional de Salud que modificó la participación de la prestación farmacéutica ampliando el copago ya existente. Desde entonces, aunque necesite reponer medicinas antes, Carmen solo acude al médico a comienzos de mes.

Su retribución está por encima de la media de jubilación, situada, a enero de este año, en 1054 euros al mes. La media del sistema, que incluye las pensiones por incapacidad o viudedad, es más baja, 913. Con todo, a Carmen le cuesta pagar el 10% de sus medicamentos, hasta un límite mensual de 18 euros, como establece la nueva norma.

 Las cargas hacen mella. “Estirando bien cada euro, ese dinero me valdría para comer cinco días”, asegura. Recientemente, la revista británica Heart, del grupo British Medical Journal, publicó un trabajo acometido por la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica (Fisabio), dependiente de la Comunidad Valenciana, que estudia los efectos del copago sobre la adherencia –o cumplimiento– al tratamiento esencial en pacientes con patologías cardíacas. La observación concluye un efecto negativo inmediato en los pensionistas a quienes se prescribió medicación de mayor coste.

“Como las recetas caducan a los diez días, solo voy al médico si sé que podré pagarlas”, arguye Carmen, cuando su mirada baja recorre la cenefa del suelo. “No he abandonado las medicinas para la tensión ocular o los problemas respiratorios, pero es cierto que, por épocas, si las cajas se terminaban a mediados de mes, me saltaba dosis hasta llegar el día uno, cobrar y poder pagarlas”. 

La investigación de Fisabio aborda estos paréntesis examinando el cumplimiento de los tratamientos en cuatro medicamentos diferentes para combatir el síndrome coronario agudo, en relación a tres grupos de población distintos: activos de rentas bajas (hasta 18.000 euros), activos de rentas medio-altas (más de 18.000 euros) y jubilados. Estos dos últimos sectores, afectados por el cambio en política sanitaria, modificaron sus pautas por motivos económicos tras julio de 2012.

 “El copago tiene como objetivo reducir el consumo innecesario de fármacos, pero estamos viendo que también puede afectar al consumo necesario, como se deduce del estudio”, advierte Juan Oliva, economista de la Salud, profesor en la Universidad de Castilla-La Mancha y una de las firmas del ensayo. 

“Se trata de pacientes infartados, de alto riesgo, crónicos, y un deterioro de la continuidad en su tratamiento es muy peligroso”, prosigue. Mediante la técnica de diferencias en diferencias, el instituto valenciano compara el seguimiento del fármaco que un mismo grupo realiza 18 meses antes del copago y 18 meses después.

 La investigación, confeccionada sobre una cohorte de más de 10.500 pacientes, evaluados desde el alta hospitalaria –en el periodo de 2009 a 2011– hasta diciembre de 2013, muestra evidencia de interrupciones del tratamiento en los dos medicamentos más caros: un 7% de los jubilados usuarios de estatinas; el 8% en el caso de quienes toman IECA. 

La adherencia a estatinas también empeoró en los activos de rentas medio-altas, reduciéndose un 8%. El consumo de los otros dos fármacos, más baratos, no experimentó cambio alguno. “No puede ser que las medicinas que debes tomar hasta que San Pedro te abra las puertas valgan lo mismo que las demás”, zozobra Carmen. Todos los medicamentos crónicos no están incluidos en la lista del Ministerio de Sanidad para el pago máximo de cuatro euros por receta.

 Casi cinco años después de la puesta en marcha del real decreto-ley, el gobierno no ha cuantificado el ahorro que supondría. A pesar de todo, el trabajo con sello de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria apunta en una dirección clara. 

El primer año y medio se generó un efecto escalón; la caída del consumo. Más tarde, tras un cierto periodo de adaptación, las pautas describieron una tendencia progresiva a recuperar los valores iniciales.

 “Incluso desde un punto de vista de contracción del gasto”, anota Oliva, “el copago no es la panacea. Tiene efectos limitados en el tiempo”. Así lo evidencia también la evolución del gasto público farmacéutico. Tras una bajada del 12%, cuando se puso en marcha la reforma, no ha dejado de aumentar, hasta sumar 83 millones de euros a los datos de 2013. (...)

“Yo no me quejo de la pensión que tengo, la gané después de toda una vida pegada a la cadena de montaje, apretando tuercas, como quien dice”, sostiene Carmen. “El problema”, continúa, “es que mi familia se descalabró y ahora me necesitan”. 

Sus hijos volvían a los cuartos que habitaron en la adolescencia. Los tres necesitaron asistencia psicológica para superar la culpabilidad y desazón del retorno. Ante la extensión de situaciones límite provocadas por la crisis, en diciembre de 2015 la Generalitat Valenciana articuló subvenciones propias que suprimían el copago sanitario.

Carmen Montón, consellera de Sanidad Universal y Salud Pública, explica, en declaraciones a este medio: “Nos encontramos con que el registro informático de la receta revelaba que el 30% de los pensionistas no iniciaba nunca el tratamiento prescrito.

 De los que comenzaban, un 16% lo abandonaba después. En el caso de la diversidad funcional, los números eran aún más alarmantes: el 43% jamás empezaba con la medicación recomendada por el facultativo y el 17% la aparcaba más tarde”. Tomaron medidas que paliaran los efectos del copago. (...)

Carmen baja con vacilación y cojera las escaleras para despedirse en el rellano. “Es la artrosis de la rodilla, que me mata”, dice frunciendo el ceño. Admite que la controversia sobre el copago se le escapa y, al momento, recuerda unas palabras: “Hace años, un médico de mi centro dijo que yo tenía derecho a la salud”, recuerda. “No se me olvida. Me agarro a ello todos los días”."              (Miguel Ezquiaga, CTXT, 28/03/17)