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24.4.23

El Gobierno de Meloni ha planteado la vergüenza del estado de emergencia. Se trata de un acto de pura demagogia, únicamente dirigido a exhibir la ferocidad del Gobierno ante el electorado de derechas, para satisfacer sus instintos xenófobos... Semejante criminalización de la virtud y de la solidaridad está produciendo, además de las muertes en el mar, un daño gravísimo a las bases sociales e ideales de nuestra democracia, que es la quiebra masiva del sentido moral... Sin esta corrupción del sentido moral operada mediante la exhibición de la inmoralidad en los vértices del Estado no se entendería el consenso masivo de que gozaron el fascismo y el nazismo, y del que han disfrutado y disfrutan autócratas como Trump y Bolsonaro, Orbán y Erdogan... Estas políticas crueles han envenenado y pervertido a nuestras sociedades... Han desacreditado la práctica elemental de socorrer a aquel cuya vida peligra y, con ella, los normales sentimientos de humanidad que constituyen el presupuesto fundamental de la democracia. En síntesis, están fascistizando el sentido común y reconstruyendo las bases ideológicas del racismo... Por otra parte, las políticas xenófobas del Gobierno italiano son compartidas por todos los países europeos... La UE había nacido contra los racismos y los nacionalismos, contra los genocidios y los campos de concentración, los muros, el alambre de espino, las opresiones y las discriminaciones raciales. Hoy esta identidad está en quiebra... los derechos fundamentales, que son universales e indivisibles o no son, pronto no podrán seguir siendo proclamados con decencia como los “valores de Occidente” mientras son violados... Un análisis racional consideraría la llegada de trabajadores como un remedio ante el envejecimiento demográfico... Aunque irrealista en el corto plazo, el proyecto de un constitucionalismo internacional basado en la igualdad de todos los seres humanos representa, a largo plazo, la única alternativa realista al futuro de guerras, destrucciones ecológicas, fundamentalismos, racismos, conflictos interétnicos, atentados terroristas y crecimiento del hambre y la miseria a que daría lugar su fracaso

 "El Gobierno de extrema derecha de Giorgia Meloni ha planteado sus políticas en materia de migrantes bajo la enseña de la inhumanidad. Empezando por la vergüenza del estado de emergencia, que permitirá a la presidenta del Gobierno italiano emitir órdenes ministeriales sin debatirlas en el Consejo de Ministros y mucho menos en el Parlamento. Órdenes que, antes de ser objeto de improbables impugnaciones por parte de los migrantes ante la justicia administrativa, podrán muy bien violar derechos y principios constitucionales. Se trata de un acto de pura demagogia, únicamente dirigido a exhibir la ferocidad del Gobierno ante el electorado de derechas, para satisfacer sus instintos xenófobos.

 Además del estado de emergencia, las políticas del Gobierno de Meloni tienen expresión en otras dos órdenes de disposiciones. La primera es un decreto-ley de 23 de febrero de 2023, dirigido a sabotear lo más posible las operaciones de salvamento de los migrantes en el mar. Este texto normativo condiciona la habilitación de los barcos de las organizaciones no gubernamentales para salvar a las personas que están naufragando a variados e insensatos requisitos burocráticos; introduce obstáculos absurdos a los llamados “salvamentos múltiples”, autorizando a cada nave a realizar un solo salvamento antes de atracar en los puertos, y prevé, para la violación de estas prescripciones, sanciones administrativas de 10.000 a 50.000 euros, la inmovilización durante dos meses y, en caso de reincidencia, la confiscación de la nave utilizada.

La segunda disposición es una medida tan insensata como cruel. Consiste en la abolición de la llamada protección especial que hasta hoy había permitido la acogida, la integración y, en muchos casos, el acceso a un empleo a millares de inmigrantes sin asilo político y en condiciones de grave penuria y de vulnerabilidad. Privar a estas personas de tal clase de protección equivale a convertirlas en irregulares y clandestinas y, por consiguiente, a impulsarlas a la ilegalidad, entregándolas al control de las mafias, acentuando desigualdades y opresiones y, al mismo tiempo, el odio hacia nuestra sociedad y nuestras instituciones.

No hay duda de que, en todos estos aspectos, la política del Gobierno de Meloni expresa y satisface el racismo latente en su electorado. Constreñido por la crisis económica a abandonar los proyectos antieuropeístas proclamados en la campaña electoral, este Gobierno hace ostentación de su identidad autoritaria y parafascista ensañándose con los más débiles: aboliendo o, al menos, reduciendo la modesta renta de ciudadanía introducida por el precedente Gobierno de Conte, que había salvado del hambre y de la pobreza absoluta a millones de personas, y, sobre todo, exhibiendo indiferencia y desprecio por los migrantes, vistos todos como enemigos potenciales.

 En estas políticas contra los migrantes se manifiesta una inversión perversa y paradójica de las formas del propio populismo en materia de seguridad. El viejo populismo penal se apoyaba en el miedo a la criminalidad callejera, es decir, a fenómenos sobredimensionados, si bien ciertamente ilegales, con objeto de generar temor y obtener consenso para medidas inútiles y demagógicas, aunque jurídicamente legítimas, como la exasperación de las penas. Por el contrario, el nuevo populismo xenófobo se apoya en la instigación al odio, en la difamación y en la criminalización de conductas, no solo lícitas, sino moralmente virtuosas, como el salvamento de vidas humanas en el mar o las formas espontáneas de acogida por parte de ciudadanos comunes, todo con el fin de alimentar miedos y racismos y obtener la aprobación social de medidas en sí mismas ilegales, tales como el cierre de los puertos más próximos, las impuestas omisiones de socorro, los secuestros de las personas salvadas y, en general, las lesiones de los derechos humanos de los migrantes.

 Semejante criminalización de la virtud y de la solidaridad está produciendo, además de las muertes en el mar, un daño gravísimo a las bases sociales e ideales de nuestra democracia, que es la quiebra masiva del sentido moral. Cuando la inhumanidad, la inmoralidad y la indiferencia ante los sufrimientos y las muertes en el mar se practican y ostentan por las instituciones no solo resultan legitimadas, sino también secundadas y alimentadas. Se convierten en contagiosas y se normalizan. Sin esta corrupción del sentido moral operada mediante la exhibición de la inmoralidad en los vértices del Estado no se entendería el consenso masivo de que gozaron el fascismo y el nazismo, y del que han disfrutado y disfrutan, en sus países, autócratas como Trump y Bolsonaro, Orbán y Erdogan. Estas políticas crueles han envenenado y pervertido a nuestras sociedades. Han sembrado el miedo y el odio hacia los diferentes. Han desacreditado la práctica elemental consistente en socorrer a aquel cuya vida peligra y, con ella, los normales sentimientos de humanidad que constituyen el presupuesto fundamental de la democracia. En síntesis, están fascistizando el sentido común y reconstruyendo las bases ideológicas del racismo.

 Por otra parte, las políticas xenófobas contra los migrantes, más allá de la propaganda parafascista utilizada en su apoyo por el Gobierno italiano, son sustancialmente compartidas, en distintas formas y medidas, por todos los países europeos, unidos por una guerra cruel contra los migrantes. La Unión Europea había nacido contra los racismos y los nacionalismos, contra los genocidios y los campos de concentración, los muros, el alambre de espino, las opresiones y las discriminaciones raciales. Hoy esta identidad está en quiebra junto con los “nunca más” proclamados hace 70 años contra los horrores del pasado. En toda Europa está manifestándose una estridente contradicción entre los principios constitucionales de libertad e igualdad que informan nuestras democracias y nuestras políticas de exclusión que son la clamorosa negación de tales principios. Es una contradicción que, de no resolverse, hará impronunciables los derechos fundamentales, que son universales e indivisibles o no son, y que pronto no podrán seguir siendo proclamados con decencia como los “valores de Occidente” mientras son violados en perjuicio de gran parte del género humano.

 No se olvide que el mismo derecho a emigrar es un derecho fundamental vigente, establecido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966 y por el artículo 35 de la Constitución italiana. Es también el más antiguo de los derechos humanos, al haber sido formulado en el siglo XVI por Francisco de Vitoria en apoyo de la conquista del “nuevo mundo” y después reivindicado por John Locke, que lo puso en la base del derecho a la supervivencia garantizada a todos —escribió— por la posibilidad de emigrar “en las tierras salvajes de América”, al haber “en el mundo tierra suficiente para abastecer al doble de sus habitantes”. A partir de entonces, el derecho a emigrar se convirtió en una norma fundamental del derecho internacional consuetudinario en apoyo de las colonizaciones. Entonces eran los europeos quienes podían ejercerlo, para invadir y depredar el resto del planeta, gracias también al derecho de promover la guerra contra cualquiera que se opusiese a su legítimo ejercicio. Algo que se llevó a cabo con la destrucción de las civilizaciones precolombinas y la masacre de decenas de millones de indígenas. Hoy, cuando se ha invertido la asimetría, y ya no son los europeos quienes ejercen el derecho a emigrar, sino los que huyen de los países empobrecidos por nuestras políticas depredadoras, este derecho se ha transformado en delito y se le reprime con la misma dureza con la que fue blandido en los orígenes de la edad moderna con fines de conquista, rapiña y colonización.

 Por eso la necesidad de denunciar esta contradicción entre nuestras políticas contra los migrantes y nuestra propia tradición. Porque, en el asunto de los migrantes, se juega la identidad democrática no solo de Italia, sino también de Europa y de todos los países ricos de Occidente; porque estas políticas inhumanas ponen en cuestión, junto con el derecho a la vida y la dignidad de los náufragos, también la dignidad y la credibilidad democrática de nuestros países y de toda Europa. En efecto, pues las leyes y las prácticas contra los migrantes son responsables de la silenciosa masacre producida por los rechazos en las fronteras y por las prohibiciones de desembarco. Son muchos los millares de víctimas cuya única culpa es haber nacido en países antes depredados por nuestras colonizaciones y después por nuestra globalización. Sus muertos, sus discriminaciones, sus opresiones son la negación de todos nuestros proclamados valores. Y, mientras sigan produciéndose, habrán de pesar sobre nuestras conciencias como una vergüenza intolerable.

Una política racional y antirracista debería partir, con realismo, de la evidencia de que los flujos migratorios son fenómenos estructurales e irreversibles, fruto de la actual globalización salvaje que ni las leyes ni los muros ni las policías de fronteras podrán detener, sino solo forzar a la clandestinidad y dramatizar, condenando a los migrantes a la represión, la marginación y la explotación. Una política racional tendría que aceptar incluso el fenómeno migratorio como un remedio benéfico del declive demográfico de los países ricos, donde los jóvenes son cada vez menos y los viejos siempre más. Por eso, debería hacer exactamente lo contrario de lo que hacen hoy, no solo en Italia, casi todas las fuerzas políticas: en vez de cabalgar y alimentar racismos y miedos, propiciar la inserción en el sentido común de la idea de que el fenómeno migratorio es hoy el auténtico hecho constituyente —y el pueblo de los migrantes, el auténtico sujeto constituyente— de un futuro orden mundial que finalmente reúna a los pueblos divididos por las fronteras, por las leyes racistas y por los nacionalismos, armados unos contra otros, en un único pueblo de la Tierra, mestizo y diferenciado, pero unido por la igualdad efectiva de todos los seres humanos, por el respeto asociado de todas sus diferencias y por la eliminación o reducción de sus desigualdades.

 Obviamente, la perspectiva de una superación de las fronteras y de una efectiva universalización de los derechos fundamentales puede parecer hoy una utopía. Sin embargo, hay que reconocer que la historia de la civilidad es también una historia de utopías (bien o mal) realizadas, mientras que, por el contrario, las fronteras, los muros y los alambres de espino son tan solo frágiles e inútiles signos de nuestra inseguridad, con los que nos hacemos la ilusión de parar un fenómeno indetenible y de proteger nuestras privilegiadas condiciones de vida, separándonos del resto del mundo y evitando afrontar las causas de la emigración masiva, provocada en gran parte por nuestras propias políticas.

En la actualidad, la hipótesis menos realista es la de que las desigualdades y la pobreza puedan seguir creciendo ilimitadamente, y que nuestras ricas democracias puedan a la larga continuar basando sus desaprensivos tenores de vida sobre el hambre y la miseria del resto del mundo. Todo esto es inverosímil. Aunque irrealista en el corto plazo, el proyecto de un constitucionalismo internacional basado en la igualdad de todos los seres humanos, ya normativamente instaurado en las diversas cartas internacionales de derechos, representa, a largo plazo, la única alternativa realista al futuro de guerras, destrucciones ecológicas, fundamentalismos, racismos, conflictos interétnicos, atentados terroristas y crecimiento del hambre y la miseria a que daría lugar su fracaso."                    

(Luigi Ferrajoli (Florencia, 82 años) es catedrático emérito de Teoría y Filosofía del Derecho. El País, 23/04/23)

16.2.18

El fascismo nacionalista italiano de la Liga... del 4% al 30%, en el norte. La lepenización, ahora en Italia

"Matteo Salvini, el líder de la Liga, ha compartido plaza con los fascistas en más de una ocasión. Cuando en 2015 se lanzó a la conquista de Roma con la primera gran manifestación de la Liga Norte en la capital, acudieron cientos de simpatizantes de Casa Pound, un movimiento social que defiende el legado de Mussolini.

 Tras pasar la juventud ligado a movimientos comunistas, el rostro renovado de la Liga es de los que dicen que las ideologías están superadas. Primero se distanció de los históricos de su partido y abandonó el independentismo padano, pero a la hora de introducir un cambio de paradigma este milanés que en unos días cumplirá los 45 ha sido fiel al santo y seña de los suyos: identificar al enemigo y lanzarse a su yugular. 


Roma ladrona[uno de los eslóganes preferidos por el partido] ya no le roba tanto a la Liga. Ahora los grandes enemigos son los inmigrantes, que han “invadido” Italia, y Europa, que le ha cercenado su soberanía. Y mejor si ambos pueden confluir en un cóctel: el Gobierno italiano ha permitido la entrada de cientos de miles de migrantes y la Unión Europea no sólo no ha hecho nada para impedirlo, sino que ha dejado que el país asuma toda la carga. 

En los cinco años que lleva al frente del partido, estos dos temas se han convertido en los mejores fantasmas con los que buscar el origen de la depresión colectiva italiana, que en realidad antecede a la oleada migratoria y la gran crisis económica. 


El caso es que a Salvini le funciona la melodía. Según un sondeo de la agencia Ixè, la llegada de unos 600.000 migrantes en los últimos cinco años ha provocado que sólo un 35% de los jóvenes sea partidario de una plena integración, mientras que el 60% de los mayores de 35 tiene una percepción negativa del fenómeno. 

Ni siquiera el votante de izquierdas, de acuerdo con este estudio, demanda una política inclusiva para los recién llegados. Así que todo sirve para arrimar el ascua a su sardina. 


El pasado 3 de febrero, un ex candidato municipal de la Liga Norte de reconocida tendencia fascista salió a las calles del municipio de Macerata enfundado en una bandera italiana dispuesto a disparar a negros. Hirió a seis y, lejos de arrepentirse, se vanaglorió de su cruzada. Un intento de vengar el asesinato de una joven de 18 años –de la que encontraron sus restos mutilados metidos en una maleta en la misma localidad– por el que habían arrestado a un nigeriano como principal sospechoso. 


El relato invitaría a pensar en una postura firme de los partidos condenando la xenofobia, pero lo que ocurrió fue justo lo contrario. El líder de la Liga aseguró pocas horas después que el agresor no era más que un descerebrado, un caso aislado. Pero él, que da “por cerrada” la historia del fascismo en Italia, sí que encontró una motivación a lo ocurrido. 

“Quienes han permitido la llegada descontrolada de clandestinos son responsables de los choques sociales”, dijo. Así, Salvini puso de nuevo en el primer plano el debate migratorio, que en los primeros días de campaña había quedado sepultado entre complicadas propuestas económicas, y desde entonces no ha soltado su presa. Una de sus últimas frases lapidarias es que “el islam no encaja con la Constitución italiana”. 

Tanto impacto tuvo la impertinente salida que su socio electoral Silvio Berlusconi le copió el mensaje. El ex Cavaliere ha reiterado desde entonces que los inmigrantes ilegales “son una verdadera bomba social” y que habría que expulsarlos de inmediato. (...)

Para él, “que ningún partido se atreva a mostrar posiciones más favorables a la inmigración” supone la primera victoria para la Liga Norte. “Matteo Salvini está tocando temas muy sensibles y todos han bajado a su terreno. Si en Francia se hablaba de una lepenización del espíritu, en Italia se podría decir que hay una salvinización”, apunta. 

En las antípodas de la contención política, el político milanés espera refrendar en las urnas la tendencia plagiando precisamente a su alma máter francesa. Gracias a estos asuntos y a una sobreexposición mediática ha conseguido que la Liga vuelva a nacer. Tras las elecciones generales de 2013, en las que lograron un 4% de los votos, Matteo Salvini sustituyó como secretario federal del partido a su fundador, Umberto Bossi. Las arengas de ultratumba de este último resultaban ya anacrónicas, por lo que su pensamiento debía quedar enterrado junto a su figura. 


La Padania, una región imaginaria que se extendería en toda la franja norte de Italia, y cuya independencia Bossi llegó a proclamar, ha quedado guardada para otro momento, aunque algunos dirigentes históricos y gobernantes de las regiones del norte han utilizado el efecto Cataluña para reavivar el fantasma, ante el disgusto de su líder. En octubre del año pasado, Véneto y Lombardía convocaron sendos referendos para exigir más autonomía al Gobierno. Salvini se desmarcó enseguida afirmando que nada tenían que ver estos casos con el de Cataluña. 

La Liga Norte mantiene oficialmente sus postulados federalistas, pero en esta ocasión ha renunciado incluso a su histórico nombre para reforzar la figura de su líder y presentarse con un cartel en el que se lee: “Lega, Salvini premier”. 

La nueva estrategia va encaminada a cruzar los Apeninos y convertir a esta formación en una opción factible también en el sur del país, donde “todavía encuentra muchas resistencias”, aprecia Antonio Noto. La tradición impuesta por el antiguo eslogan “el norte primero” todavía pesa demasiado: “Nadie pensaba hace cinco años en una Liga a dos dígitos; seguramente logrará un resultado magnífico, pero tocaría techo”.  (...)

Pero la clave para el devenir de la Liga está efectivamente en el sur. Giovanni Orsina aprecia que “la Italia meridional es la parte más desesperada del país y hasta ahora su voto ha ido al Movimiento 5 Estrellas.

 Sin embargo, sus tesis son bastante confusas y aunque todavía no se han desinflado, si lo hacen el receptor natural sería la Liga”. Pensando a medio plazo, un resultado decente en estas regiones –observa el experto– colocaría al partido como una de las primeras fuerzas políticas nacionales. 

Mientras tanto, será Berlusconi quien escoja al primer ministro en caso de que la coalición consiga mayoría para gobernar.  (...)"                  (Ismael Monzón , Ctxt, 14/02/18)

21.1.10

Para sustituir a negros por eslavos... que no dan tantos problemas... se organiza el progrom... el linchamiento...

"Gioia Tauro, Rosarno, Sinopoli, Seminara, Cittanova, Oppido Mamertina son tierra de clanes tan antiguos como los olivos de la Piana. Aquí a la 'Ndrangheta se la siente por todas partes. (...)

Aquí mandan los Piromalli, los Bellocco, los Pesce, los Mammoliti, los Alvaro, los Crea, gente que, en su enfrentamiento con el Estado, siempre ha preferido el tradicional y prudente mimetismo a la sombra de los poderes legales. (...)

"Rosarno es nuestro, debe ser nuestro, si no, no es de nadie", recordaba en junio de 2009 Umberto Bellocco, hijo de uno de los jefes más despiadados de la zona, uno de los que han hecho fortuna con la tierra sustraída a los viejos propietarios de la Piana. Son ellos los que mandan, la nueva raza de padrinos que antes humillaba a las mujeres y a los campesinos de la Piana y luego empezó a controlar a la mano de obra africana, la que, hasta hace poco, servía para recoger las clementinas. Nadie se había atrevido nunca a protestar. (...)

En Rosarno, cada día al alba, centenares de trabajadores temporeros se presentaban con las botas de goma verde a las puertas del pueblo, esperando que uno de los capataces de paso les invitase, haciéndoles una señal, a subir a las furgonetas para ir a los terrenos donde se cultivan los naranjos. Ganaban 25 euros, de los cuales el conductor que les acompañaba y los capataces que les explotaban se llevaban su parte. Entre 5 y 7 euros por cabeza, sin rechistar, para luego volver a vivir como ratas en chabolas de cartón dentro de fábricas abandonadas o de rediles derruidos, sin agua, sin luz, sin retretes. En febrero de 2009, un enviado de la BBC había mostrado la vergüenza de semejante lager, donde centenares de hombres vivían peor que el ganado porcino. No ya en África, sino en el corazón de Europa. (...)

Son la gente del hambre, son los últimos. Que ahora ya no son necesarios.

En Rosarno, en los últimos dos años, la demanda de mano de obra se ha reducido en un 80%. Y búlgaros y rumanos, ciudadanos europeos, parecen más apetecibles que los africanos: si se les contrata en negro, las posibles multas serán más leves. Pero sobre todo, hoy, recoger naranjas ya no es conveniente. La Unión Europea ha cambiado los criterios de asignación de las contribuciones, destinando los subsidios no ya sobre la base de lo que se recolecte, sino de la extensión del terreno. Se paga por hectáreas y no por kilos, y con las nuevas disposiciones se gana más dejando las naranjas en los árboles o simplemente dejándolas que se marchiten en el suelo. Hasta hace algunos años, las naranjas eran todo un negocio, como el de las facturas hinchadas. (...)

El de Rosarno, sin embargo, no ha sido un rapto de locura. Los indicios de que la rabia estaba subiendo se habían producido en diciembre de 2008, cuando alguien había aludido a una protesta tras resultar heridos dos marfileños en la fábrica-dormitorio de Rosarno. Es una historia que recuerda bastante a la de muchos italianos. A pesar de que tantos la hayan olvidado. Cuando los africanos éramos nosotros, más de una vez nuestros abuelos tuvieron que ser puestos a salvo como los negros de Rosarno, para escapar a los pogromos racistas de Zúrich, de Aigues Mortes o de Nueva Orleans. (...)

La 'Ndrangheta, que ha instigado la revuelta de los extracomunitarios, había decidido eliminar el peonaje rebelde, que no doblaba fácilmente la cabeza y que, además de ser explotado, a veces era utilizado como tiro al blanco por los chulos del pueblo para no aburrirse. Los africanos, como ha sostenido Roberto Saviano, el autor de Gomorra, "han demostrado tener más valor que muchos italianos, defendiendo derechos que en Italia pocos quieren ya defender". Como lo habían demostrado ya en Villa Literno en septiembre de 1989, después del homicidio de un surafricano, y en Castel Volturno en septiembre de 2008, tras la muerte de tres ghaneses, dos togoleses y un liberiano. Quién sabe lo que sucedería si durante un día todos los inmigrantes de Italia decidieran abstenerse de trabajar. Seguramente someterían a una dura prueba al sistema de vida de los italianos. Por desgracia, la barbarie de los pogromos es contagiosa. En Italia, el problema principal para la pacífica convivencia sigue siendo la inmigración clandestina, a pesar de la presencia de mafias capaces de infiltrarse en la política, de contaminar con beneficios de muchos ceros los mercados financieros, desplegando su poder incluso más allá de las fronteras nacionales.

Aun así, también existe otra Calabria donde la intolerancia no convive con el desprecio y donde la diversidad es riqueza. Es el caso de Riace, Caulonia, Stignano, Badolato, realidades que recientemente han sido también objeto de atención internacional gracias a Wim Wenders, el director alemán que decidió hacer una película sobre la Calabria de la tolerancia y de la acogida.

Gracias a ellos, pero también a los movimientos antidelincuencia de Lamezia, a los jóvenes que se rebelaron contra la 'Ndrangheta después del homicidio del vicepresidente del Consejo Regional, Francesco Fortugno, Calabria no es sólo una tierra en poder de clanes mafiosos y de políticos indiferentes, cuando no en colusión, con la criminalidad organizada. Y es una tierra que, a pesar de la vergüenza de Rosarno, trata de pasar página. Aunque no será fácil olvidar a los 1.200 inmigrantes obligados a huir como animales acosados para evitar ser linchados, mudos y encrespados como destellos del sol en el ocaso." (ANTONIO NICASO: Calabria, la mafia y los subsaharianos. El País, ed. Galicia, opinión, 20/01/2010, p. 29 )

18.1.10

Ahora en Europa... "Ha calado la idea estúpida de ser una fortaleza"

"Pero, más allá de los fallos particulares de cada país, Palma quiere subrayar cómo la industria del miedo se ha convertido en una moda política. "Europa está pasando del derecho penal del reo al derecho penal del enemigo. Sobre todo con los inmigrantes. La Liga del Norte lo vio antes que nadie, pero en muchos sitios se impone ese mismo discurso demagógico que acaba legitimando el maltrato. La trampa consiste en decir que es más eficaz y barato encerrar a una persona que reinsertarla. Es mentira, el circuito carcelario sólo genera más crimen. Como dijo Poincaré, 'entran cerdos y salen salchichas".

Así y todo, prosigue, "en Europa ha calado la estúpida idea de que debemos ser una fortaleza. La ampliación a seis meses del plazo de retención de los inmigrantes fue una decisión equivocada y, sobre todo, inhumana".

Palma y su equipo han elaborado un informe reservado porque creen que Italia incumple tres exigencias de la Convención Europea de Derechos Humanos. "No sabemos si Roma informa de sus derechos de asilo a los inmigrantes, si toma las decisiones de manera individual, ni si se ocupa de garantizar que Libia no tortura a los sin papeles o los manda a otro país". (MAURO PALMA: "Ha calado la idea estúpida de ser una fortaleza". El País, ed. Galicia, última, 16/01/2010 )

15.1.10

Racismo en el 2009... en Europa... en Italia...

"El mejor ejemplo de ese proceso de degeneración nos llega de Italia. El racismo se encontrará allí como un pez en el agua. Con el soporte de su monopolio de la televisión, la deriva autoritaria impulsada por su primer ministro erosiona uno tras otro los valores democráticos, haciendo evocar más de una vez un pasado no lejano. (...)

Pero el verdadero núcleo fascista del Gobierno italiano es la Liga Norte, un partido xenófobo de fuerza creciente, que anuncia y practica la caza y captura de los inmigrantes por las menores causas. (...)

Lo malo es que la legislación persecutoria de los inmigrantes -uno legal recibe multa de 2.000 euros si olvidó el documento en casa, la ilegalidad es delito grave- se ve acompañada por unos usos sociales donde impera la discriminación más radical, asumida por gentes que hasta hace poco votaban a la izquierda. Fuera negros, rumanos, musulmanes. No a las mezquitas. No a Turquía en Europa.

El racismo institucional y el cotidiano se alimentan recíprocamente. "En Italia el racismo es 'un pensamiento común' y de modo maldito habitual -concluyen las autoras de un reciente Informe sobre el racismo en Italia-. La Italia racista presenta una geografía del odio que especialmente entre fines de 2008 y comienzos de 2009 alcanzó cotas de violencia nunca antes observadas".

Con intensidad por fortuna menor, el panorama de otros países europeos ofrece rasgos similares de rechazo profundo del otro, acumulación de tópicos peyorativos, infravaloración del racismo en encuestas y elecciones, pudiendo servir la tendencia a regular de modo cada vez más estricto la inmigración como coartada para legitimar indirectamente la actitud discriminatoria. Sobran los indicios entre nosotros." (ANTONIO ELORZA: El año del racismo. El País, ed. Galicia, opinión, 31/12/2009, p. 29 )