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30.12.24

La Alemania que conocíamos ya no existe... El país económicamente próspero, socialmente cohesionado y políticamente estable ha desaparecido... Alemania está a punto de registrar su segundo año consecutivo de recesión. Sus empresas emblemáticas están pasando apuros... Alemania, antaño la economía más destacada de Europa, ha pasado de líder a rezagada... Algunas empresas han tomado decisiones claramente equivocadas, pero el gobierno tampoco las ha apoyado. En general, el gobierno es culpable de invertir poco no solo en industrias clave, sino también en escuelas, ferrocarriles y carreteras. En conjunto, el panorama es sombrío. Mientras tanto, se ha estado gestando un debate tóxico sobre la migración... la frustración con el gobierno es generalizada, sus partidos gozan de una antipatía generalizada... Alemania podría ser el canario en la mina de carbón para las sociedades occidentales. La mayoría de nuestros vecinos y amigos se enfrentan a los mismos problemas: los costos de transformar las economías basadas en el carbono, los peligros de responder a los nuevos retos geopolíticos, las dificultades para lograr la cohesión social. Si Alemania, la zona más templada de la política mundial, no puede hacerlo, ¿quién podrá? (Anna Sauerbrey)

 "Cuando hace poco busqué un coche de alquiler en Las Vegas —estaba en Estados Unidos para cubrir las elecciones—, el agente del mostrador insistió en “ascenderme” a un BMW. “Para que te sientas como en casa”, me dijo mientras miraba mi carné de conducir alemán y sonreía. Tomé las llaves e hice una nota mental: afuera de Alemania, Alemania sigue intacta.

Cuando viajo, esto me ocurre a menudo. Afuera de Alemania, Alemania sigue siendo un país de automóviles, hogar de una economía floreciente. Afuera de Alemania, Alemania sigue siendo un país próspero, donde todo el mundo conduce un BMW o similar. Afuera de Alemania, Alemania sigue siendo un país ordenado, un lugar agradable tanto política como socialmente. Le sonreí al agente. Pero por dentro, hice una mueca de dolor. Porque en Alemania, Alemania ya no parece Alemania.

El lunes, el canciller Olaf Scholz perdió un voto de confianza en el Bundestag, el parlamento alemán, poniendo fin oficialmente a su gobierno. Era una formalidad: la coalición tripartita había caído a principios de noviembre, cuando Scholz destituyó al ministro de Finanzas, Christian Lindner, lo que llevó a sus Demócratas Libres a abandonar el gobierno. La medida dejó a Scholz, socialdemócrata, con un gobierno en minoría junto a los Verdes. En vez de seguir tambaleándose, decidió convocar elecciones anticipadas que se celebrarán el 23 de febrero. La moción de censura fue un último trámite.

A primera vista, la historia de la ruptura del gobierno parece una serie de suspenso político como House of Cards pero bastante aburrida, centrada en una lucha presupuestaria. Sin embargo, bajo el ruido mediático hay una crisis existencial. El país económicamente próspero, socialmente cohesionado y políticamente estable ha desaparecido. Y este gobierno, desgarrado ideológicamente y sacudido por crisis externas, ha sido incapaz de hacerle frente. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

En otoño de 2021, las cosas parecían muy distintas. Después de que Angela Merkel decidiera no volver a postularse tras pasar 16 años en el cargo, Scholz derrotó a su sucesor democristiano y formó el primer gobierno tripartito de la historia reciente de Alemania. Entraron políticos más jóvenes como Annalena Baerbock, ministra de Asuntos Exteriores, y Lindner. Era la primera vez que los Verdes, un partido de tendencia económica de izquierdas enraizado en el movimiento ecologista de los años ochenta, compartían el poder a escala nacional con los Demócratas Libres, un partido favorable a las libertades civiles y a la empresa.

En entrevistas para un libro que estaba escribiendo, muchos de esos políticos más jóvenes hablaron de superar sus barreras ideológicas para modernizar Alemania tras el largo reinado de Merkel, a la que veían excesivamente apegada al statu quo. Hablaban con entusiasmo de digitalizar el país y fomentar las industrias ecológicas. La energía parecía auténtica. Dirigido por el firme y moderado Scholz, el gobierno parecía bien preparado para afrontar los retos del país.

Pero los problemas no tardaron en acumularse. El primero fue la invasión de Ucrania por Vladimir Putin, que lanzó al nuevo gobierno al modo de gestión de crisis: comprando frenéticamente gas en los mercados internacionales para sustituir la energía rusa, tratando de proteger a los consumidores y a las empresas de la subida de los precios y organizando entregas de armas a Ucrania. Después de que Scholz anunciara una Zeitenwende, un punto de inflexión en la política exterior, el gobierno destinó 100.000 millones de euros a reconstruir el ejército alemán.

Todo eso se produjo mientras la economía se tambaleaba. Mientras otros países del Grupo de los 7 están creciendo, Alemania está a punto de registrar su segundo año consecutivo de recesión. Sus empresas emblemáticas están pasando apuros. Volkswagen, que emplea a unas 300.000 personas en Alemania, tiene previsto cerrar fábricas y despedir a miles de trabajadores. Ford, Audi y Tesla también han anunciado despidos, al igual que ThyssenKrupp, un importante fabricante de acero. Alemania, antaño la economía más destacada de Europa, ha pasado de líder a rezagada.

Las razones de la recesión son complejas. El abrupto final del gas ruso barato es un factor importante, por supuesto, pero también lo es la agenda de reformas ecológicas del gobierno, que —al eliminar gradualmente el carbón y depender más de las energías renovables— han exacerbado el costo de la energía. Esto no ha ayudado a los fabricantes de automóviles alemanes, a quienes les cuesta competir con sus homólogos chinos. Algunas empresas han tomado decisiones claramente equivocadas, pero el gobierno tampoco las ha apoyado. En general, el gobierno es culpable de invertir poco no solo en industrias clave, sino también en escuelas, ferrocarriles y carreteras. En conjunto, el panorama es sombrío.

Mientras tanto, se ha estado gestando un debate tóxico sobre la migración. Desde 2015, millones de personas han llegado a Alemania, entre ellas, más recientemente, cerca de un millón de ucranianos. La actitud del país ha sido bipolar. Por un lado, el hecho de que Alemania sea una sociedad multiétnica y multirreligiosa está ampliamente aceptado. Pero, por otro, existe un descontento latente —que periódicamente se convierte en oleadas de ira— sobre la inmigración. El gobierno ha ofrecido una respuesta igualmente ambivalente, facilitando a la vez la inmigración de trabajadores cualificados e imponiendo estrictos controles fronterizos, con medidas de asilo más duras y más expulsiones. El planteamiento no ha complacido a nadie.

Estas dificultades se han combinado con un efecto político devastador. Ante tantas dificultades, cada vez es más difícil gobernar. El público no ha sido comprensivo: la frustración con el gobierno es generalizada, sus partidos gozan de una antipatía generalizada. En este ambiente febril, un partido prorruso de reciente creación, la Alianza Sahra Wagenknecht, ha prosperado y la ultraderechista Alternativa para Alemania se ha consolidado como el segundo partido más popular del país. Si la coalición a tres bandas era un experimento para enfrentar la fragmentación política del país, ha fracasado. El momento, con el ascenso de Donald Trump y la confusión de Europa, no podía ser peor.

Sin embargo, no todo está perdido. La crisis de Alemania es real, pero se trata tanto de una crisis de confianza como de cualquier otra cosa. El desempleo puede crecer, pero sigue siendo mínimo. Nuestras restricciones presupuestarias, lejos de ser una fuerza de la naturaleza, pueden superarse con voluntad política. El sistema de partidos se está fracturando, pero incluso los estados más divididos han sido capaces de formar gobiernos: el año que viene es muy posible que volvamos a ver una coalición estable entre democristianos y socialdemócratas. Tras haber integrado a generaciones y generaciones de inmigrantes, no hay razón para que no podamos volver a hacerlo.

Sin embargo, vale la pena prestar mucha atención. Alemania podría ser el canario en la mina de carbón para las sociedades occidentales. La mayoría de nuestros vecinos y amigos se enfrentan a los mismos problemas: los costos de transformar las economías basadas en el carbono, los peligros de responder a los nuevos retos geopolíticos, las dificultades para lograr la cohesión social. Si Alemania, la zona más templada de la política mundial, no puede hacerlo, ¿quién podrá?"

( escritora en el semanario alemán Die Zeit,

26.2.24

Se acabó. El modelo de crecimiento económico seguido por Alemania y Holanda en las últimas tres décadas ha terminado, ha colapsado. ¿Se acuerdan de su arrogancia despectiva hacia nosotros, especialmente de los holandeses? Sí, nos denominaban los manirrotos países “pig” del sur de Europa. Lo siento, pero, sí, debo reconocer que me importa un comino su actual situación... Nos infligieron un daño innecesario, aumentando de manera exponencial la pobreza de nuestros conciudadanos... La guerra de Ucrania ha puesto de manifiesto los pies de barro del gigante teutón, tanto a nivel económico, como a nivel geopolítico... han vivido las últimas tres décadas de las rentas que extrajeron de la antigua RDA, especialmente de sus familias y trabajadores, y, sobretodo, del Sur de Europa, así como de unas relaciones privilegiadas con la Rusia exsoviética... el sur, desde la creación del Euro, ha financiado al norte de Europa... la industria germana ha dejado de ser competitiva. Sus costes no laborales, básicamente energéticos, se han disparado. No tenían alternativa al barato gas ruso. Y ahora, todo se ha ido al garete... Su modelo basado en el sector exterior se ha agotado... Frente a ello, el Sur de Europa, crece. Si no llega a ser por Portugal y España la Unión Europea ya habría entrado en recesión. España ha sido la economía de la Unión Europea que más ha crecido en 2023, al igual que en 2022... espero que Sánchez y sus asesores lo tengan claro, no les hemos de permitir ni una. Ni reglas fiscales, ni más restricción monetaria (Juan Laborda)

 "Se acabó. El modelo de crecimiento económico seguido por Alemania y Holanda en las últimas tres décadas ha terminado, ha colapsado. ¿Se acuerdan de su arrogancia despectiva hacia nosotros, especialmente de los holandeses? Sí, nos denominaban los manirrotos países “pig” del sur de Europa. Lo siento, pero, sí, debo reconocer que me importa un comino su actual situación. 

Ellos nos impusieron una serie de ajustes innecesarios para hacer frente a la crisis de deuda privada de 2008, que en el caso español era consecuencia del modelo de crecimiento económico diseñado por las élites europeas, alemanas y del centro de Europa, con la aquiescencia de las nuestras, tanto políticas como económicas. Hubiese bastado un rescate bancario patrio a costa de acreedores –básicamente bancos alemanes, estadounidenses, franceses, británicos, holandeses…– que no asumieron su defectuoso control de riesgos. 

Pero no, tuvieron que obligarnos a un rescate bancario a costa de nuestros conciudadanos, vía mayor deuda pública, pidiéndonos después, los muy caraduras, un ajuste fiscal (estos tipos desconocían, y desconocen, las balanzas sectoriales de Wynne Godley). Todo ello lo aderezaron además con una devaluación salarial brutal. Nos infligieron un daño innecesario, aumentando de manera exponencial la pobreza de nuestros conciudadanos.

Pero las cosas han cambiado drásticamente. La guerra de Ucrania ha puesto de manifiesto los pies de barro del gigante teutón, tanto a nivel económico, como a nivel geopolítico. Desde un punto de vista económico han vivido las últimas tres décadas de las rentas que extrajeron de la antigua RDA, especialmente de sus familias y trabajadores, y, sobretodo, del Sur de Europa, así como de unas relaciones privilegiadas con la Rusia exsoviética. La situación empeora todavía más cuando, desde un punto de vista geopolítico, el actual gobierno de coalición muestra una ausencia de visión germana propia del mundo, siguiendo a pies y puntillas el dictado anglosajón. Como consecuencia, la industria germana ha dejado de ser competitiva. Sus costes no laborales, básicamente energéticos, se han disparado. No tenían alternativa al barato gas ruso. Y ahora, todo se ha ido al garete. Pero vayamos por partes.

Nunca entendí la actitud de genuflexión, adornada con un sentimiento de inferioridad, de nuestra clase política ante los comentarios vertidos por Mark Rutte o el otrora Jeroem Dijsselbloem, o la misma Ángela Merkel. Como señalaba el economista Paul De Gruawe, “Todos y cada uno de estos políticos mantienen prejuicios antiespañoles, antiitalianos y, en general, contra los países latinos y periféricos. Están convencidos de que con su ahorro financian la fiesta española y el desmadre italiano”. Lo peor es ver que en nuestro país la derecha política y mediática asumió este dictado sin tan siquiera analizar someramente lo que dicen. Porque la realidad es bien distinta: el sur, desde la creación del Euro, ha financiado al norte de Europa.

El economista Richard Koo, a mediados del 2012, publicó una excelente nota, “The entire crisis in Europe started with a big ECB bailout of Germany”. Tal como describe Koo, acertadamente, el denominado “problema de competitividad” de los países del sur de Europa fue consecuencia de una política monetaria excesivamente expansiva del BCE allá por el 2002. Ésta tenía como objetivo último estimular la economía con el fin de que Alemania no tuviera que expandir su crecimiento vía política fiscal. Sin embargo, el impacto sobre la demanda interna de Alemania fue nulo, al encontrarse en recesión de balances. Por el contrario, aceleró e infló hasta límites insospechados las burbujas en la periferia, especialmente la inmobiliaria, lo que impulsó las importaciones alemanas, rescatando al país teutón de los miedos provocados por el estallido de la burbuja tecnológica, de la que apenas se beneficiaron los países europeos del sur. El problema de competitividad en 2007 sólo era atribuible al límite del 3% del Tratado sobre el déficit fiscal.

El problema de fondo de la Unión Europea es más profundo, su diseño, desde sus orígenes, se hizo a medida de Alemania. Por un lado, la entrada del sur de Europa en el Euro, con el consentimiento de sus élites, acabó destrozando nuestro sector industrial que no estaba preparado para el libre mercado (véanse los análisis del profesor Ha-Joon Chang sobre los mitos del capitalismo contemporáneo). Pero no solo eso. Alemania no quiso reducir sus superávits por cuenta corriente mediante políticas que facilitaran un mayor consumo de sus familias. Tampoco quiso asumir las consecuencias del riesgo precio de las inversiones de sus bancos. Ahora tendrán que comerse sus palabras. No les va a quedar más remedio que soportar un aumento del déficit y de la deuda pública, lo cual en sí mismo no es negativo, en un contexto de continuado ahorro privado aderezado, en este caso, una menor demanda exterior de los productos alemanes. Su modelo basado en el sector exterior se ha agotado. Además, el cambio en favor de otro modelo basado más en consumo requiere pasar por una recesión –vean los estudios de Michael Pettis–.

Frente a ello, el Sur de Europa, crece. Si no llega a ser por Portugal y España la Unión Europea ya habría entrado en recesión. España ha sido la economía de la Unión Europea que más ha crecido en 2023, al igual que en 2022, y lo volverá a ser en 2024, salvo que el Banco Central Europeo y/o Bruselas vuelvan a las andadas. Por eso, y en eso espero que Sánchez y sus asesores lo tengan claro, no les hemos de permitir ni una. Ni reglas fiscales, ni más restricción monetaria."                  (Juan Laborda  , eldiario.es,25/02/24)

23.2.24

¿Qué significan las crisis de Alemania para la Unión Europea? Alemania con su hegemonía en la UE está obligando a la Unión a adoptar sus políticas suicidas... la verdad no cuenta mucho en Alemania. La rusofobia y la islamofobia dictan el discurso... una mayoría alemana respalda el genocidio de Israel o, atemorizada, mira hacia otro lado y permanece en silencio... la deriva de Alemania hacia el fascismo no es sólo una cuestión de política exterior, sino una expresión de las crisis actuales de la política y la economía que están salpicando a la UE... entre un cuarto y un tercio de la población alemana alberga sentimientos ultraderechistas... Las políticas se venden al mejor postor. Esto no sólo afecta a Alemania, sino también a la UE... los grupos de presión tienen pocas dificultades para obtener votos suficientes para bloquear la aprobación de la legislación... Alemania es la gran economía con peores resultados del mundo... Alemania también ha sido el principal defensor en la UE de los altos tipos de interés, lo que ha frenado aún más la inversión... Al mismo tiempo, sigue una intransigente política de austeridad, que deprimirá aún más la economía, como ya ha hecho en el pasado... los grupos de renta baja tienen que decidir entre comer o calentarse... estas políticas que la corrupta clase política de la UE parece feliz de seguir (Mathew D. Rose, periodista especializado en crimen político en Alemania)

 "Cada año, en febrero, los alemanes celebran su Carnaval. Es una ocasión en la que los alemanes abandonan muchas de sus inhibiciones y simplemente celebran. Es una época en la que se supone que la "gente pequeña" marca la agenda, incluida su percepción política. En cuanto a la política, se supone que es ligeramente irreverente hacia el establishment. Por otro lado, toma el pulso a la nación. Los dos últimos días del carnaval se celebran desfiles multitudinarios con carrozas, que personifican la forma en que los alemanes ven el mundo. Aquí algunas de las más populares:

Que yo sepa, no había ninguna carroza sobre el genocidio de Israel en Gaza, ni sobre el hecho de que Alemania sea hasta ahora la única nación que apoya la demanda de Israel contra Sudáfrica por este genocidio en el Tribunal Internacional de Justicia.

Tampoco se ha dicho nada sobre los recortes en el presupuesto alemán para apoyar la guerra perdida en Ucrania, las decenas de miles de soldados ucranianos muertos en el pasado y en el presente en una guerra por poderes en la que ya no tienen nada que ganar y sí mucho que perder.

Y Putin nunca ha dicho que planeara conquistar toda Ucrania, y mucho menos ningún Estado miembro de la OTAN.

 Hoy en día, la verdad no cuenta mucho en Alemania. La rusofobia y la islamofobia dictan el discurso. Estas carrozas transmiten fielmente la propaganda masiva con la que se bombardea actualmente a los alemanes. En el fascismo, la verdad es irrelevante y las opiniones contrarias son aplastadas. Bertrand Russell dijo una vez: "Primero, fascinan a los tontos. Luego, amordazan a los inteligentes". Esto ocurre en Alemania desde hace años. En Internet no he podido encontrar ninguna crítica a estas carrozas. Los alemanes afirmarán que cualquiera puede expresar libremente su opinión en Alemania. No cuando viven con miedo de hacerlo, como bien saben los estudiosos del fascismo. Tampoco fue el caso de Hadas Weiss, judía, que fue detenida en Berlín una semana después del carnaval por llevar esta pancarta en una manifestación propalestina (supuestamente los judíos de Alemania representan el 1% de su población, pero el 37% de los detenidos por delitos antisemitas desde el 7 de octubre). Como escribió Hannah Arendt sobre los alemanes y lo que permitió su genocidio: "...la convicción de que nada menos que ir más allá de la llamada del deber será suficiente".

 Dos de las figuras que mejor personifican esta evolución en Alemania son la ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Ambas han apoyado a ultranza el genocidio de Israel, refiriéndose a él eufemísticamente como "el derecho a defenderse". Ambas han estado al frente del apoyo a la guerra por poderes en Ucrania. Ambos son vehementes defensores del aumento masivo del gasto en armamento, tanto en Alemania como en la UE. Ambos han llevado a Alemania y a la UE a la irrelevancia geopolítica. Como resultado, los diplomáticos alemanes y de la UE han lamentado la pérdida de toda credibilidad moral en el Sur Global.

 Von der Leyen, continúa con su belicoso juggernaut. Ella misma fue un completo fracaso como ministra de Defensa alemana, más preocupada por ordeñar la red de corrupción del ministerio que por crear una potente disuasión militar, y recientemente pidió la creación de una autoridad de la UE para incentivar a la industria de defensa europea, que actualmente disfruta de enormes beneficios, a aumentar la producción y promover la consolidación. Esto supondría reorientar fondos de otros ámbitos políticos, como ocurrió a principios de este mes cuando los Estados de la UE acordaron aportar 1.500 millones de euros más a un fondo de defensa, en parte recortando el gasto en sanidad e investigación. Sin embargo, supondría mucho dinero para Bruselas y la Comisión. El leopardo no cambia de manchas. Sin embargo, debido a las esperanzas de ser reelegida presidenta de la Comisión Europea, Von der Leyen ha silenciado su apoyo al genocidio de Israel, especialmente tras las duras críticas de los países de la UE por sus imprudentes declaraciones genocidas no autorizadas.

La política de la carnicera Baerbock ha sido un calco de la estadounidense. La política exterior alemana carece de diplomacia. El castigo a través de la muerte y la destrucción son su imperativo. Su lema es dar lecciones de moral y democracia a los líderes mundiales. Con sus posturas morales juega con sus clientes: La clase media metropolitana de Alemania. Max Weber diría: "Está practicando la ética de la convicción desde un caballo alto en lugar de la ética de la responsabilidad. Y en lugar de la realpolitik".

Como ya se ha mencionado, Alemania no sólo es actualmente la única nación que apoya a Israel en la CIJ, sino que, después de Estados Unidos, es el segundo mayor proveedor de armas a Israel -y también a Ucrania-. Alemania ha proporcionado 28.000 millones de euros en ayuda a Ucrania, con otros 7.000 millones de euros en proyecto este año. Sus acciones no sólo son censurables, sino también insensatas desde el punto de vista geopolítico. Su objetivo no es servir a los intereses del pueblo alemán, de la UE o de la humanidad, sino demostrar la lealtad de Alemania a Estados Unidos, un error que muchos han cometido antes que ella.

Pero la deriva de Alemania hacia el fascismo no es sólo una cuestión de política exterior, sino una expresión de las crisis actuales de la política y la economía que están salpicando a la UE. Teniendo en cuenta que Alemania es el país hegemónico y pagador de la UE, esto ya está teniendo importantes consecuencias.

 El actual gobierno alemán es el más impopular de la posguerra. La llamada coalición de las señales de tráfico, formada por socialdemócratas, verdes y liberales, llegó al poder con el 52% del voto popular. Actualmente ronda el 30%. No es de extrañar, ya que ha fracasado colosalmente en todos los frentes. Su tan anunciado Programa Climático está hecho trizas, ya que intentó utilizar políticas neoliberales para financiarlo. Al igual que Macron había aprendido con el movimiento Gilletes Jaunes, esto puede dar lugar a un rechazo masivo. Y así fue. Este mismo enfoque se trasladó a la política de la UE, dando lugar a protestas de los agricultores de toda Europa. Los agricultores franceses fueron capaces de detener el acuerdo comercial Mercosur, más conocido como "aranceles bajos para los coches alemanes a cambio de importaciones agrícolas baratas a Europa", incluyendo permitir a los agricultores sudamericanos utilizar pesticidas tóxicos menos caros en los productos destinados a la UE que están prohibidos en Europa.

 Nunca olvidaremos los momentos en que los políticos alemanes, encabezados por la  carnicera Baerbock, declararon que Putin (no Rusia) se vería obligado a arrodillarse, si no asesinado por su propio pueblo, con la introducción de sanciones. Mientras la economía rusa florece, la alemana entra en recesión. Además, ha sufrido la humillación de que Estados Unidos haya hecho explotar el gasoducto alemán Nordstream. Ucrania está perdiendo la guerra a pesar de todos los Wunderwaffen entregados por Alemania, los EE.UU., y las otras naciones de la OTAN. Alemania está siendo llevada ante la Corte Internacional de Justicia como cómplice del genocidio en curso de Israel. La lista continúa.

 La impopularidad resultante está teniendo consecuencias terribles para Alemania y la UE. Los liberales (FDP) han llegado a un nadir en el que su existencia está amenazada. En estos momentos, el FDP no tendría votos suficientes para volver a entrar en el Bundestag. Lo mismo ocurre en los parlamentos de los estados federados. Los liberales alemanes, desde hace décadas el partido de la corrupción, saben que el tren de la fortuna podría estar llegando a su fin. Han pasado al modo de liquidación por pánico. Las políticas se venden al mejor postor. Esto no sólo afecta a Alemania, sino también a la UE. Dado que debe haber consenso entre la coalición alemana en relación con las leyes de la UE que se someten a consideración en el Consejo Europeo, el FDP se opone ahora erráticamente a muchas de ellas, incluso a algunas que Alemania había apoyado hasta ahora, lo que se traduce en una abstención. Según las normas de la UE, el Consejo sólo puede aprobar legislación si votan a favor Estados que representen el 65% de una cuota de población de la UE. Alemania, como mayor nación de la UE, cuenta con el 19% de esos votos. Muchas naciones de Europa del Este son tan comprables como el FDP, de modo que los grupos de presión tienen pocas dificultades para obtener votos suficientes para bloquear la aprobación de la legislación. Lo estamos viendo actualmente con la nueva ley de la UE sobre la cadena de suministro, la normativa para reducir las emisiones de los vehículos pesados y la reciente derrota de la Directiva sobre el trabajo en plataformas. Y aún hay más.

 Aunque los socialdemócratas y los Verdes deploran esta situación, no hay mucho que puedan hacer. No pueden amenazar al FDP con nuevas elecciones, ya que a ellos también les iría mal. Según los últimos sondeos, los socialdemócratas sólo obtendrían en torno al 15 por ciento de los votos, una pérdida del 40 por ciento en comparación con las elecciones anteriores, y su trayectoria actual en a la baja. Puede que a los Verdes les vaya mejor en las encuestas, pero normalmente, cuando llega el momento de votar de verdad, reciben muchos menos votos de los que pronosticaban estos sondeos.

Pero no sólo los partidos de coalición tienen problemas. Las encuestas de la Democracia Cristiana no han aumentado tanto como cabría esperar con la coalición contra las cuerdas. Esto tiene que ver con su impopular líder Friedrich Merz. Otro es el ascenso de la ultraderechista AfD, según los sondeos el segundo partido más fuerte después de los democristianos, con alrededor del 20%. Va camino de ganar tres elecciones estatales en septiembre.

 La reciente creación del "partido de la paz" BSW en torno a la izquierdista Sarah Wagenknecht se acerca ya al 10%. A esto hay que añadir un nuevo partido de extrema derecha, la Unión de Valores (Werte Union), formada por democristianos ultraconservadores descontentos con la política centrista de su partido y de Merz. Puede que no tenga el éxito del BSW, pero podría costar a los democristianos unos valiosos puntos porcentuales, por no hablar de donantes. En otras palabras, la política alemana es fluida como no lo había sido desde la guerra.

Esto se hará visible en las próximas elecciones parlamentarias de la UE, en junio. Estas elecciones suelen verse como un medio de protesta contra los partidos establecidos, ya que a la mayoría de los alemanes no les importa la UE (la participación electoral fue de solo el 60 por ciento en 2019), ni saben, como la mayoría de los europeos, lo que hace. En las elecciones de 2019, partidos políticos minúsculos como el Partido Protector de los Animales (1), los Piratas (1) o el humor "El Partido" (2), obtuvieron nueve de los 96 escaños. La AfD podría alcanzar por este motivo el 25 por ciento. Incluso podríamos encontrarnos con que el conjunto de los partidos políticos alemanes tradicionales no llegaría ni al 50 por ciento de los votos emitidos .

 Luego está la ultraderechista AfD. Las dimensiones de esta carroza de carnaval, que dan a entender que una gran mayoría está en contra de la extrema derecha, probablemente no sean correctas.

Se puede suponer que entre un cuarto y un tercio de la población alemana alberga sentimientos ultraderechistas y hay muchos oportunistas esperando entre bastidores. Sin embargo, no son la única amenaza para el sistema político alemán. Entre el racismo endémico y la euforia por la guerra de Ucrania y el genocidio en Gaza, que han provocado un recorte radical del derecho democrático básico a la libertad de expresión, ha surgido un nuevo movimiento fascista, especialmente en el partido de Los Verdes. Se define por el miedo, el pánico, el autoengaño y la reacción. Muchos olvidan que Hitler también era vegetariano, amaba a los animales y apoyaba el genocidio. Tras frenar la libertad de expresión, muchos de ellos piden ahora la prohibición de la AfD. Legalmente cuestionable, prohibir el segundo partido más fuerte de Alemania con un apoyo tan fuerte requeriría un régimen extremadamente represivo, pero los fascistas no conocen límites morales, legales ni democráticos como estamos viendo en las acciones de Israel en Gaza y Cisjordania.

 A pesar de esta fragmentación política que algunos comparan con el periodo de Weimar, nunca he visto a la sociedad alemana tan unificada, desde la izquierda radical hasta la extrema derecha, en su apoyo a las horribles atrocidades de Israel. Que se trata de un fenómeno atávico fue señalado recientemente por el antropólogo libanés-australiano Ghassan Hage, él mismo despedido este mes del Instituto Max Planck alemán por lo que los nietos de Hitler han determinado que son declaraciones y publicaciones antisemitas. Hage escribió recientemente en twitter: "Cuando transfieres este afecto político de la categoría 'judío' a la categoría 'antisemita', por increíble que sea este tour de force histórico, no estás tratando críticamente tu pasado fascista, estás preservando uno de sus componentes afectivos clave".

 Algunos intelectuales alemanes se están poniendo nerviosos, al darse cuenta de que su fanatismo no es compartido por gran parte del mundo, ni siquiera en los países de la OTAN. Su creciente aislamiento debido a los acontecimientos en el Tribunal Internacional de Justicia es preocupante. "Strike Germany" (un llamamiento al boicot de las instituciones culturales alemanas debido a su apoyo al genocidio de Israel en Gaza y a la discriminación de los artistas e intelectuales palestinos y favorables al alto el fuego) es otro acontecimiento incómodo para estos alemanes que siempre quieren ser vistos como "buenos". Aún así, en las manifestaciones regulares de los sábados en apoyo a Palestina en Berlín, de los dos o tres mil participantes quizá cien tienen la piel blanca y muchos de los que la tienen no hablan alemán entre ellos. En resumen, una mayoría alemana respalda el genocidio de Israel o, atemorizada, mira hacia otro lado y permanece en silencio.

 Otro elemento que causa gran descontento en Alemania es la gestión de la economía por parte de la clase política, dictada por un firme compromiso neoliberal. Según el muy respetado grupo de reflexión DIW, la guerra de Ucrania ya ha costado a la nación unos 250.000 millones de euros, con importantes consecuencias para la economía. Alemania es la gran economía con peores resultados del mundo. Sin embargo, los principales medios de comunicación alemanes le dan un giro encantador, proclamando que Alemania está reduciendo su consumo de energía y sus emisiones de CO2. Esto no es realmente sorprendente, ya que el país está en recesión por su propia culpa y gran parte de su desindustrialización se produce en sectores que utilizan grandes cantidades de energía y petróleo. La importante reducción de los ingresos reales per cápita como consecuencia del aumento de los precios de la energía y los alimentos ha afectado especialmente a los grupos de renta baja, que tienen que decidir entre comer o calentarse. Muchos de ellos han sufrido, además, la atroz avaricia inflacionista de Alemania, que ha sido especialmente virulenta con los precios de los alimentos.

En cuanto a la productividad y la inversión, muchas empresas alemanas están invirtiendo en EE.UU. para sacar provecho de las subvenciones del IRA o en naciones con precios energéticos más baratos, no en Alemania. Alemania también ha sido el principal defensor en la UE de los altos tipos de interés, lo que ha frenado aún más la inversión. 

 Al mismo tiempo, sigue una intransigente política de austeridad, que deprimirá aún más la economía, como ya ha hecho en el pasado, dejando a Alemania con unas infraestructuras en ruinas, unos elevados costes energéticos, una débil digitalización, el hundimiento de la demanda interna, por no hablar de la caída récord de los precios de la vivienda y de los inmuebles comerciales. No hace ni un año que el canciller alemán, Olaf Scholz, prometió a los alemanes un segundo Wirtschsaftswunder. Tal vez se pueda mantener a los alemanes dulces con la rusofobia y la islamofobia, una "Guerra Total" en Ucrania, así como con el genocidio israelí, la limpieza étnica y el apartheid en Gaza y Cisjordania. El tiempo lo dirá.

Quizá cuando los nazis tomaron el poder en Alemania hace casi exactamente 91 años no fue una experiencia traumática para la mayoría de los alemanes, como nos han hecho creer, sino una catarsis.

Para el resto de la Unión Europea es otra cosa. Alemania, con su hegemonía, está obligando a la Unión a adoptar estas mismas políticas de autolesión, algo que la mayor parte de la corrupta clase política de la UE parece feliz de seguir.

Pero entonces muchos hicieron lo mismo después de que la Alemania nazi conquistara Europa."               

(Mathew D. Rose es periodista de investigación especializado en crimen político organizado en Alemania, Brave new Europe, 22/02/24; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor DeepL.com)

3.2.24

Thomas Fazi: La tambaleante Alemania es el futuro de Europa... Las protestas de los agricultores dejan al descubierto la debilidad de Berlín... Esto resulta especialmente sorprendente si se tiene en cuenta que Alemania se ha enorgullecido durante mucho tiempo de su modelo no conflictivo de relaciones laborales... El problema es que la paz social de Alemania se basaba en un modelo económico que está prácticamente en quiebra... como dijo Hans-Jürgen Völz, economista jefe de la BVMV, "a veces oímos hablar de una 'desindustrialización progresiva', pero ya no es tan progresiva"... el éxito de las exportaciones alemanas tras el euro no se basó en la mayor productividad o eficiencia de la economía alemana, sino en una serie de "reformas estructurales" neoliberales... una drástica compresión salarial y una infravaloración estructural del "euro alemán", permitió a Alemania consolidar su política hegemónica de dominación en el escenario europeo... Pero también tuvo un alto coste social y económico: una demanda interna rezagada, una falta de inversión crónica, unas infraestructuras en crisis y una redistribución masiva de la renta nacional de los salarios a los beneficios, con una creciente subclase de trabajadores precarios... para Alemania se trata de una crisis existencial... el éxito económico de Alemania era una especie de destino manifiesto. Pero la caída en desgracia geopolítica del país, de 'Cuarto Reich' a vasallo en jefe de Estados Unidos bajo Scholz, ha hecho añicos esa creencia... En medio de la creciente popularidad de los partidos populistas de derecha en todo el continente, Europa haría bien en vigilar de cerca a su antiguo eje

 "Durante gran parte de la era Merkel, Alemania se erigió en una isla de estabilidad económica y política en medio de las siempre tormentosas aguas de Europa. Sin embargo, esos días parecen un recuerdo lejano. Europa sigue en crisis, pero ahora Alemania es el epicentro. Es, una vez más, el enfermo de Europa.

Las manifestaciones antigubernamentales son raras en Alemania. Por eso, cuando a mediados de diciembre cientos de agricultores enfurecidos y sus tractores llegaron a Berlín para protestar contra el recorte previsto de las subvenciones al gasóleo y las exenciones fiscales a los vehículos agrícolas como parte de una nueva oleada de medidas de austeridad, estaba claro que algo estaba en marcha. El Gobierno, evidentemente preocupado, dio marcha atrás de inmediato y anunció que el descuento se mantendría y que la subvención al gasóleo se eliminaría progresivamente a lo largo de varios años, en lugar de suprimirse de inmediato. Los agricultores, sin embargo, dijeron que no era suficiente y amenazaron con intensificar las protestas a menos que el gobierno se reservara completamente sus planes.

Cumplieron su palabra: en las semanas siguientes, miles de agricultores protagonizaron protestas masivas, no sólo en Berlín, sino en varias ciudades, bloqueando incluso las autopistas arteriales y paralizando el país. El gobierno, por su parte, recurrió a uno de los trucos más viejos y eficaces de la política: afirmar que la extrema derecha estaba detrás de las protestas en un intento de deslegitimar a los agricultores y ahuyentar a la gente. Pero esta vez no funcionó. Las protestas no sólo continuaron, sino que crecieron y atrajeron a trabajadores de otros sectores (pesca, logística, hostelería, transporte por carretera, supermercados) y a ciudadanos de a pie.

Como resultado, lo que empezó como una protesta por las subvenciones al gasóleo se ha convertido en una revuelta mucho más amplia contra el gobierno alemán. Uno de los lemas más comunes en las manifestaciones es: "¡El semáforo debe desaparecer!", una referencia a la coalición de gobierno formada por los socialdemócratas, los demócratas libres y los verdes. Y, al igual que los Gilets Jaunes en 2018, cuyas propias protestas fueron desencadenadas por los precios del combustible, los agricultores han dado voz a un conjunto mucho mayor de ira política.

Como dijo uno de ellos al Washington Post: "En un principio, esperábamos que se revocaran los recortes de las subvenciones agrícolas. Pero... creo que está claro que esta protesta va mucho más allá. No sólo estamos descontentos los agricultores, sino también otros sectores. Porque lo que sale de Berlín perjudica a nuestro condado, sobre todo a la economía". Incluso esto se acerca al eufemismo: el aumento vertiginoso del coste de la vida, la caída en picado de los salarios reales, los despidos masivos y una crisis inmobiliaria cada vez más grave han llevado los índices de aprobación del gobierno de Scholz a mínimos históricos, y los alemanes se están inquietando.

Aparte de las protestas de los agricultores, en el último mes el país se ha visto acosado por algunas de las mayores huelgas de las últimas décadas: conductores de tren, trabajadores del transporte público local, personal de seguridad aeroportuaria, médicos y trabajadores del comercio minorista, todos exigiendo salarios más altos y mejores condiciones laborales. Se esperan nuevas huelgas en las próximas semanas. Esto resulta especialmente sorprendente si se tiene en cuenta que Alemania se ha enorgullecido durante mucho tiempo de su modelo no conflictivo de relaciones laborales, que históricamente ha hecho hincapié en la cooperación entre sindicatos y federaciones patronales.

El problema es que la paz social de Alemania se basaba en un modelo económico -el antaño aclamado Modell Deutschland- que está prácticamente en quiebra. Su éxito económico en el siglo XXI se basó en dos pilares: importaciones baratas de materias primas y energía (especialmente de Rusia) y una gran demanda en el resto del mundo. Sin embargo, en los últimos años, gracias a la desaceleración mundial y a la guerra de Ucrania, ambos se han venido abajo. Alemania fue la gran economía del mundo con peores resultados el año pasado, según el FMI, y el país se tambalea ahora al borde de la recesión. La producción industrial ha caído cinco meses seguidos: como dijo Hans-Jürgen Völz (economista jefe de la BVMV, que presiona en nombre de las pequeñas y medianas empresas) el pasado julio: A veces oímos hablar de una "desindustrialización progresiva", pero ya no es tan progresiva".

Lo sorprendente es que los dirigentes alemanes han provocado en gran medida esta crisis. Primero, se subieron al carro antirruso y se desvincularon de su principal fuente de energía; y luego agravaron la crisis con dos de las obsesiones favoritas de la clase dirigente alemana, las políticas ecológicas y la austeridad. La propuesta de suprimir las subvenciones a los carburantes es un ejemplo perfecto. Surgió a raíz de una sentencia judicial que declaraba inconstitucional el intento del Gobierno de saltarse sus propias normas fiscales al destinar 60.000 millones de euros inicialmente previstos para ayudas de Covid a medidas destinadas a combatir el cambio climático. La decisión de recortar las ayudas fue presentada por el Gobierno como la única forma de cumplir sus objetivos fiscales y climáticos. El mensaje fue uno al que ya nos hemos acostumbrado: "es gibt keine Alternative [No hay alternativa]".

Pero, por supuesto, ambos objetivos son autoimpuestos. Son el resultado de decisiones políticas, no leyes de la naturaleza, algo de lo que los alemanes de a pie son más que conscientes. Ya no están dispuestos a aceptar una política mediada por esos falsos binarios, una táctica utilizada con demasiada frecuencia para aislar las políticas impopulares de la contestación política. De hecho, los manifestantes ya están dando la vuelta a esa lógica. Como declaró a FAZ Martin Häusling, agricultor ecológico y miembro del Partido Verde alemán (que, inusualmente, ha apoyado las protestas de los agricultores): "Para los agricultores no hay alternativa a conducir un tractor diésel. Todavía no hay tractores eléctricos".

También crecen las voces que cuestionan el llamado "freno a la deuda" de Alemania, una ley consagrada en su Constitución en 2009 para restringir los déficits presupuestarios. Cada vez es más evidente que estas normas de austeridad autoimpuestas están impidiendo al Gobierno realizar inversiones muy necesarias en infraestructuras públicas, desde escuelas y administraciones públicas hasta ferrocarriles y redes energéticas, además de obstaculizar, paradójicamente, las inversiones necesarias para cumplir los objetivos de reducción de emisiones del propio Gobierno. En palabras de Monika Schnitzer, directora del Consejo Alemán de Expertos Económicos: "Nadie pensó hasta el final en lo que [estas normas] podrían significar en una crisis grave, que no hay suficiente margen de maniobra".

En conjunto, pues, el modelo alemán parece derrumbarse bajo el peso de sus propias contradicciones internas. Pero éstas se han ido acumulando durante mucho tiempo. Contrariamente a la creencia popular, el éxito de las exportaciones alemanas tras el euro no se basó en la mayor productividad o eficiencia de la economía alemana, sino en una serie de "reformas estructurales" neoliberales aplicadas a principios de la década de 2000 que permitieron a las empresas llevar a cabo . Esto, unido a la infravaloración estructural del "euro alemán", permitió a Alemania aumentar drásticamente su competitividad frente a sus socios comerciales europeos, y consolidar su política hegemónica de dominación en el escenario europeo.

Pero también tuvo un alto coste social y económico: una demanda interna rezagada, una falta de inversión crónica, unas infraestructuras en crisis y, lo que es más importante por sus consecuencias políticas, una redistribución masiva de la renta nacional de los salarios a los beneficios, lo que dio lugar a una creciente subclase de trabajadores precarios y mal pagados. Como escribí hace una década: "El modelo alemán basado en las exportaciones no es simplemente insostenible a largo plazo: ha estado fracasando todo el tiempo".

Sin embargo, mientras la economía creciera -y Angela Merkel estuviera allí para proporcionar su severa pero maternal guía al país, al tiempo que proyectaba el poder alemán en la escena europea y mundial-, todo esto podía barrerse bajo la alfombra. Hasta que dejó de serlo.

Es importante señalar que para Alemania no se trata sólo de una crisis económica, sino de una crisis existencial. La autopercepción de Alemania como potencia económica y geopolítica forma parte de su identidad nacional, lo que Hans Kundnani denominó "nacionalismo exportador", basado en la creencia de que el éxito económico de Alemania era una especie de destino manifiesto. Pero la caída en desgracia geopolítica del país -de un "Cuarto Reich", como decía un polémico editorial de Der Spiegel de 2015, a vasallo en jefe de Estados Unidos bajo Scholz- también ha hecho añicos esa creencia.

Esto es evidente en el auge de los partidos "populistas" antiestablishment tanto en la derecha como en la izquierda. La AfD lleva tiempo cosechando éxitos, y las últimas encuestas la sitúan en segundo lugar a escala nacional. Pero también están surgiendo nuevos partidos que rompen el espectro hasta ahora estable. El grupo nacional-conservador Unión de Valores anunció recientemente su intención de fundar un nuevo partido político, mientras que la respuesta populista de izquierda de Sahra Wagenknecht a la AfD también está obteniendo buenos resultados en las encuestas. Aunque estos partidos se guían por filosofías diferentes, en mayor o menor medida todos tratan de sacar provecho de la frustración generalizada en torno a la economía, la inmigración, la Unión Europea y el envío de armas a Ucrania, así como de la creciente hostilidad general hacia la coalición gobernante.

La clase dirigente alemana, pero también los alemanes de tendencia más moderada, están reaccionando al último levantamiento populista de la manera típicamente indignada. Tras las informaciones de que altos cargos de la AfD discutieron un "plan maestro" para la deportación masiva de solicitantes de asilo alemanes y ciudadanos de origen extranjero durante una reunión a finales del año pasado, las protestas masivas contra la AfD se han extendido por todo el país, aunque esto no parece haber mermado el apoyo al partido.

También ha habido llamamientos de políticos y medios de comunicación para prohibir la AfD, una medida que aparentemente apoya casi la mitad de los ciudadanos alemanes. Ni que decir tiene que intentar ilegalizar el segundo partido más popular del país no solo sería terrible desde una perspectiva democrática, sino que también tendría consecuencias inesperadas y de gran alcance, pudiendo llevar al país de una situación política tensa a un estado de violencia cívica.

En medio de la creciente popularidad de los partidos populistas de derecha en todo el continente, Europa haría bien en vigilar de cerca a su antiguo eje. Como dice el refrán, cuando Alemania estornuda, Europa se resfría, y es poco probable que este mal político se cure pronto."               

( , UnHerd, 02/02/24; traducción DEEPL; enlaces en el original)

18.10.23

Los alemanes que se dan pena... merece la pena abrir bien los ojos. Uno encontrará trenes que no llegan y salarios que ya no dan para irse a Mallorca como un rey, pero también mucha autocompasión... Las dificultades económicas y los problemas de gestión sirven de excusa para hacer crecer el sentimiento de agravio en el electorado... Uno de cada cinco alemanes votaría a la extrema derecha si hubiese elecciones hoy... El cordón sanitario en torno a la ultraderecha se deshilacha

 "Uno de cada cinco alemanes votaría a la extrema derecha si hubiese elecciones hoy. Aunque ocurre lo mismo en 15 de los 27 países de la UE, incluidos los más poblados salvo España, por la historia y por las dolencias económicas de Alemania, merece la pena abrir bien los ojos. Uno encontrará escuelas donde se habla poco alemán, trenes que no llegan y salarios que ya no dan para irse a Mallorca como un rey, pero también mucha autocompasión.

Alternativa por Alemania (AfD) es ahora la segunda fuerza política en todos los Estados de la antigua Alemania comunista y los partidos tradicionales se tiran de los pelos. El cordón sanitario, en pie desde hace una década, se deshilacha. En Turingia se acaba de aprobar una rebaja fiscal con los votos de los conservadores, los liberales y AfD, lo que ha desatado el debate sobre si el cordón es ya seda dental: ideal, pero insuficiente. Las cosas no pintan bien para las elecciones europeas del año que viene. En el parlamento de Berlín, AfD ocupa 78 de los 736 escaños. ¿Es culebra o es víbora?

Alemania será la única economía del G-7 que no crezca este año y hay una bolsa de población lista para levantar el índice acusador. Sus pancartas dejan claro lo que odian (la transición ecológica, la inmigración, las políticas de género, los kebabs), pero estos partidos crecen con el miedo y, como los jacintos o las buganvillas, se apagan cuando no les da la luz. Si uno destila sus mensajes, queda a menudo un poso de pena por uno mismo, un sufrimiento injusto e ignorado por los demás, que es la definición de autocompasión.

En la AfD hay muchos alemanes que se creen relegados, empobrecidos, apretados al fondo ante oleadas de inmigrantes, primero los afganos, luego los sirios y ahora los ucranianos. Sin embargo, esta Selbstmitleid tiene componentes que no quedan del todo claros en una traducción al español y explican en parte la discordia política.

Su economía parece especialmente vulnerable a la guerra prolongada en Ucrania, la inflación y los desaires con China, pero Alemania tiene una proverbial capacidad para sorprender a los analistas. Cuando se pensaba que no se expandiría más al este, reclamó un trozo más de Polonia. Cuando se contaba con que, bajo una economía amputada, penitenciase durante décadas, se produjo el Wunder alemán. Cuando se barruntaba que la reunificación lastraría su motor económico, se colocó a la cabeza del euro. Cuando se le descosían las costuras del desempleo, plaf, otro milagro, el Jobwunder de los años 2010. Cuando no aparecía en ninguna quiniela, ganó su cuarto Mundial de fútbol en Brasil.

Lo conveniente sería dejar de quejarse. La Selbstmitleid remolca connotaciones negativas. Se busca convencer a los demás para superar el aislamiento, como tirando de la ropa del otro en la tormenta para no irme sola al fondo. Supone la sensación de no recibir lo que me merezco, de envidiar al que es capaz de vivir más alegremente.

Más del 60% de los votantes de la AfD son hombres, en algunos Estados esta cifra incluso duplica a la de mujeres: son sobre todo ellos los que echan de menos la sociedad patriarcal.

Cuatro quintos de la población europea viven actualmente bajo gobiernos influenciados o controlados por partidos de extrema derecha y hay quien defiende que es necesario dejarles gobernar para bajar la fiebre social ante la realidad de la gestión, que una dosis de datos los modera o los fragmenta. Ahora bien: en Alemania, los experimentos políticos se deben hacer siempre con gaseosa.

Un sentimiento que podría tener su utilidad como llamada a la acción es denostado como embotamiento en una sociedad que se jacta de trabajar, de remangarse. Existe un movimiento en el campo de la psicología que argumenta que las emociones denostadas se expresan con metáforas negativas (la incapacidad de pasar página, el anclarse) para avergonzar a un grupo de personas por tener sentimientos indeseados, poco prácticos para la sociedad.

Hannah Arendt, una de las mentes políticas más valoradas del pensamiento alemán y que destripó como nadie el fascismo, argumenta que una de las señales del mal radical es no disponer de la imaginación mínima necesaria para empatizar, incluso con uno mismo.

Digamos entonces que esa llamada de atención a los demás para que se pongan en mi piel tiene su utilidad como hotel, pero no como residencia; lamerse las heridas hasta envenenarse con el pus, hasta vomitar luego ese pus por las tuberías con la esperanza de que se envenenen los demás.

Quizá ha llegado el momento de debatir. El aislamiento, el desprecio y el insulto de la última década no han funcionado. La parálisis que los grandes partidos se inyectan entre ellos tampoco ayuda. Pero el debate no funcionará si estos alemanes no generan menos Selbstmitleid y más Selbstmitgefühl. Menos autocompasión y más empatía."            (Begoña Quesada, El País, 19/09/23)

4.9.23

El 40 por ciento de los alemanes tiene problemas para costearse la vivienda

 "Un 40,5 por ciento de los alemanes "apenas" consigue hacer frente a los costes de la vivienda, según una encuesta en línea realizada por Yougov por encargo del banco Postbank.

Además, un 7,4 por ciento afirma no poder permitirse este gasto. Por el contrario, el 46,3 por ciento de los participantes no tenía dificultades para hacer frente a los gastos de alquiler o propiedad de una vivienda.

Con unos ingresos familiares netos inferiores a 2.500 euros al mes (unos 2.700 dólares), casi dos tercios (un 62,4 por ciento) consideran que los costes son demasiado elevados. El 50,8 por ciento afirma que apenas puede permitirse su vivienda y otro 11,6 por ciento se considera ya sobrecargado.

"Esto, unido al fuerte aumento del coste de vida, está llevando a muchas personas a un punto de ruptura financiera", afirma Manuel Beermann, experto inmobiliario del Postbank.

Según la encuesta representativa, realizada en agosto a 2.051 personas, los inquilinos están más descontentos con la situación de su vivienda y su entorno vital que los propietarios. Como resultado, casi la mitad (46,3 por ciento) de los inquilinos preferiría vivir en vivienda propia.

Los obstáculos para comprar la vivienda son la falta de capital propio (55,1 por ciento), los elevados costes de financiación y compra (42,7 por ciento y 40,9 por ciento), así como la falta de oferta (16,9 por ciento)."                 (EuropaPress, 02/09/23)

1.9.23

Existe la posibilidad de que surja otro Partido de Izquierda, que se centre específicamente en la guerra entre Rusia y Ucrania, un partido de izquierdas que esté en contra de la OTAN y de la entrega de armas a Ucrania. Esto cuenta con un gran apoyo en Alemania. El país está realmente dividido al respecto... los votantes están viendo las repercusiones de esa política -en los precios de la energía, en la división de la economía mundial, en la creación de una especie de nueva situación de Guerra Fría con Rusia y China- y creen que no merece la pena... Existe la sensación de que el Gobierno está haciendo algo irracional al apoyar a Ucrania... La AfD recoge mucho de eso, y un partido de izquierda que recoja eso aparecía en las encuestas con un potencial del 20% del electorado... podría suceder que un líder se oponga a los Estados Unidos,y diga: "Seamos pragmáticos. Volvamos a ser amigos de Rusia. Volvamos a ser amigos de China. Preocupémonos primero por nuestra economía y nuestros precios de la energía y nuestros núcleos industriales, y dejemos a un lado las aventuras internacionales" (Wolfgang Münchau)

 "(...) FS: ¿Qué puede pasar ahora? Porque todo el orden mundial al que hemos estado acostumbrados durante todas estas décadas se basa en que países como Alemania desempeñen estas funciones.

WS: La ironía de la situación es que cuanto más fuerte se hace la AfD, más difícil lo tienen los gobiernos, porque en los sistemas de representación proporcional es difícil para los partidos centristas formar coaliciones clásicas de izquierda o derecha. Nadie iría nunca en coalición con la AfD. Así que está la derecha dura, y también está el Partido de Izquierda, que podría desaparecer. Pero existe la posibilidad de que surja otro Partido de Izquierda, que se centre específicamente en la guerra entre Rusia y Ucrania, un partido de izquierdas que esté en contra de la OTAN y de la entrega de armas a Ucrania. Esto cuenta con un gran apoyo en Alemania. El país está realmente dividido al respecto.

FS: ¿Tiene una idea de qué proporción de la población comparte esas dudas sobre la política en Ucrania?

WM: Creo que más o menos la mitad. Hubo una encuesta reciente en la que se preguntaba sobre la siguiente fase armamentística, la entrega de misiles de crucero, y había una gran mayoría en contra. Esa es una pregunta específica. Las otras encuestas que he visto estaban en la zona del 50/50 y debilitándose. Un poco como en Estados Unidos, que empezó con un apoyo muy fuerte, y el apoyo sigue ahí, pero se está debilitando, aunque no se ha volcado completamente. Pero cuanto más tiempo pase, más difícil será.

S: ¿No se podría argumentar de forma similar que los votantes están viendo las repercusiones de esa política -en los precios de la energía, en la división de la economía mundial, en la creación de una especie de nueva situación de Guerra Fría con Rusia y China- y creen que no merece la pena?

WM: Oh, absolutamente, esa es exactamente la razón. Están estableciendo la conexión entre el apoyo a Ucrania y el hecho de que saben que Alemania depende de China, Japón y Rusia. Y ven que se trata de una política, o de un cambio en el entorno mundial, que no favorece a Alemania. Los votantes no son del todo estúpidos. Cuando votan a la AfD o a partidos que se oponen a esto, puede que dependan de esa vieja estructura, o puede que no conozcan otra cosa. Existe la sensación de que esto se interrumpe ahora, y se interrumpe debido a la política, y el Gobierno está haciendo algo irracional al apoyar a Ucrania.

FS: Así que es racional, estés o no de acuerdo con ello.

WM: La AfD recoge mucho de eso. Pero puede que pronto haya un partido en la izquierda liderado por Sahra Wagenknecht, una política muy inconformista, que ha abandonado o que está a punto de abandonar el Partido de la Izquierda, que puede estar formando un nuevo partido de izquierda. Y ese partido también aparecía en las encuestas con un potencial del 20% del electorado.

FS: ¿Qué programa podría ofrecer un nuevo partido que pudiera captar un apoyo más amplio?

WM: Creo que el programa menos probable es el que yo sugeriría, que es: estamos atravesando una transición y va a ser dura. Tenemos que remediar la falta de inversión en tecnologías modernas y deberíamos aceptar que el futuro no está en las máquinas herramienta. Así que deberíamos desregular nuestra burocracia y dejar que las empresas sean empresas, y desregular sus impuestos, y aunque no las subvencionemos, sin duda las dejaremos prosperar. Y el país tiene suficiente talento, así que deberían ser capaces de resolverlo. Lo que estoy sugiriendo es muy aburrido en muchos sentidos; creo que funcionaría, pero no va a suceder.

Pero si hubiera un personaje parecido a Trump con un enfoque de "Alemania primero" en política industrial, algo así como lo que fue Gerhard Schröder. Siempre pensé en él y en Berlusconi como los primeros populistas europeos. Eran centristas y no había nada extremo en ellos en cuanto a sus opiniones políticas. Simplemente eran muy pro-empresariales. Y creo que algunos personajes así podrían resurgir, para decir: "Esto ha sido un error, el apoyo a Ucrania, nuestro apoyo a los Estados Unidos." Creo que empezaría por volverse más escéptico con Estados Unidos.

 Los alemanes odiaban tanto a Trump que pensaban que cualquiera que viniera después de él era bueno. Y no se dieron cuenta de lo peligroso que sería para ellos Biden. En primer lugar, está la política antichina que realmente no beneficia a los intereses económicos de Alemania. Se trata de un programa masivo de subvenciones para que las empresas abandonen lugares como Europa para instalarse en Estados Unidos. Un programa como éste está causando enormes dificultades a las empresas alemanas. Volkswagen, en lugar de invertir en una enorme fábrica en Alemania, como habían planeado, ahora lo están haciendo en Estados Unidos. Están ocurriendo muchas cosas así.

Lo que podría ver que suceda es que un personaje se oponga a los Estados Unidos, y creo que probablemente ese sería el enfoque, en decir: "No somos una nación geopolítica, no somos buenos en estas cosas. Hagamos comercio, hagamos lo que siempre hemos hecho, y seamos amigos de nuestras empresas y dejemos que las necesidades de nuestra industria dicten nuestra posición política." Una visión pragmática. Y si la guerra termina, no es asunto nuestro quién dirija Rusia o China.

FS: Eso tendría enormes ramificaciones para el mundo, si en Alemania se hiciera popular un partido que dijera explícitamente: "Seamos pragmáticos. Volvamos a ser amigos de Rusia. Volvamos a ser amigos de China. Preocupémonos primero por nuestra economía y nuestros precios de la energía y nuestros núcleos industriales, y dejemos a un lado las aventuras internacionales".

Exactamente. Creo que probablemente lo expresarían como tú, no en el lenguaje de Trump. Sería básicamente lo que hizo Merkel. No es fundamentalmente diferente. Merkel incursionó en la geopolítica, pero en última instancia, esa fue la política que desplegó. Su gran defecto, por el que será recordada históricamente más que por cualquier otra cosa, es el hecho de que este declive económico que Alemania está viendo ahora tiene su raíz en políticas que ella emprendió pero que no tuvieron consecuencias inmediatas. Durante la crisis de la eurozona, siempre hablamos de dar patadas a la lata, y utilizamos metáforas de ese tipo. Pero eso es exactamente lo que ocurrió. Todo lo que hicieron no resolvió ninguno de los problemas. Siempre hubo un largo calendario para todo. (...)" 

(Entrevista a Wolfgang Münchau, , UnHerd, 26/08/23; traducción DEEPL)

30.8.23

Si la AfD pasó del 10% al 20% en toda Alemania significa que tuvo que hacerlo extremadamente bien en Alemania Oriental, y en algunas partes de Alemania Oriental es ahora el partido más grande... Alemania Oriental es el paralelo alemán de los centros industriales que han sufrido en las últimas décadas en lugares como Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países, y el rendimiento económico de Alemania es débil en este momento... por eso la AfD está ganando apoyo. Además, las políticas energéticas la están impulsando... La situación empeoró a principios de año, cuando el Gobierno introdujo la ley de calefacción doméstica, con el paso de los sistemas tradicionales de calefacción y calefacción de gas a las bombas de calor... la ley inicial obligaría a todos los propietarios de viviendas a instalar una bomba de calor a partir de enero del año que viene, ¿cuánto cuesta cambiar el sistema de calefacción de una casa? Entre 20.000 y 50.000 libras, pagadas por el propietario... en Alemania del Este el valor de la vivienda no puede ser muy superior a 50.000 libras... El ascenso de la AfD se produjo en oleadas, y esta fue la última oleada: la mala gestión. De ahí pasó del 15% o 16% de apoyo a cerca del 20% (Wolfgang Münchau)

 "Durante décadas, Alemania fue un faro de estabilidad política centrista. Durante sus 16 años de liderazgo, Angela Merkel dirigió una sucesión de grandes coaliciones que neutralizaron los extremos políticos y condujeron a su país a través de una era de crecimiento económico constante.

Hoy, ese acuerdo político se ha disuelto. La dependencia alemana del gas ruso ha devastado su economía industrial, mientras que la tranquilidad superficial de la era Merkel es un recuerdo lejano. Alternative für Deutschland, un partido populista de extrema derecha, ha sido el beneficiario de este caos, subiendo en las encuestas hasta convertirse en el segundo partido más popular de Alemania.

 Para entender este cambio de suerte y lo que significa para Europa y el mundo, Freddie Sayers habló con Wolfgang Munchau, antiguo coeditor de FT Deutschland y fundador y codirector de Eurointelligence. A continuación ofrecemos una transcripción editada.

 Freddie Sayers: ¿El ascenso de la AfD representa una vuelta al pasado de la extrema derecha alemana?

 Wolfgang Munchau: Si nos fijamos en los partidos europeos de extrema derecha, la AfD es bastante especial. La mayoría de los partidos de extrema derecha están dirigidos por líderes fuertes: Le Pen, Meloni, Geert Wilders en Holanda. Están formados a imagen y semejanza de sus líderes. No es el caso de la AfD. Así que si quisieras establecer algún paralelismo histórico con los nazis en particular, son muy diferentes en ese aspecto. A menudo olvido los nombres de los líderes -tienen jefes de partido conjuntos- y cambian continuamente. Hay muchas rebeliones internas contra ellos. Es un partido que ha sido muy insurreccional contra sus propios líderes.

Pero son de extrema derecha: tienen objetivos que yo consideraría incompatibles con el derecho constitucional. Por ejemplo, uno de los objetivos que pronunciaron recientemente era no sólo la salida de Alemania de la UE (que es legal), sino la disolución de la UE, que obviamente no es algo que pueda hacer un país. Algunos miembros del partido han sido abiertamente antisemitas. Yo no llamaría al partido oficialmente antisemita; no es que se trate de una plataforma antisemita. Pero tiene neonazis.

 FS: Los partidos marginales siempre atraen a figuras marginales. ¿Es justo juzgar a todo un partido -o, en el caso de la AfD, al 20% de la población general que dice que podría apoyarles- sólo por esos pocos personajes?

 WM: No, no creo que se pueda. No es útil caracterizar a ningún partido con una palabra o adjetivo. Están en la extrema derecha, eso está claro. No son un partido conservador. ¿Los llamaría fascistas? No, y tampoco llamo fascista a Meloni. Obviamente tiene raíces en la extrema derecha, en el movimiento fascista italiano. Pero se ha alejado y por lo que vemos gobierna desde el centro-derecha. La AfD es diferente en el sentido de que sus políticas son muy distintas de las de alguien como Meloni, si tomamos a Meloni como el otro partido de extrema derecha, el que realmente consiguió llegar al gobierno. Quieren que Alemania abandone la OTAN, quieren que Alemania abandone la UE y el euro, por supuesto.

FS: La energía original de la AfD surgió de la cuestión de la inmigración, en particular en 2015, cuando Angela Merkel aceptó a más de un millón de refugiados. ¿Cómo ha evolucionado el apoyo al partido desde entonces?

 WM: 2015 fue el momento en que su apoyo creció por primera vez. Pero para las elecciones de 2021 ya había disminuido y el partido estaba ocupado sobre todo con luchas internas y luchas de poder entre sus miembros. Sólo alcanzó el 10% en las elecciones de 2021, hace sólo dos años. Lo que ocurrió entre 2021 y hoy es que el partido duplicó su voto, no mucho en Alemania Occidental, pero sí de forma espectacular en Alemania Oriental. Pasar del 10% al 20% en toda Alemania significa que tuvo que hacerlo extremadamente bien en Alemania Oriental, y en algunas partes de Alemania Oriental es ahora el partido más grande. Ha ganado sus primeras elecciones municipales. Ha ganado sus primeras elecciones regionales. Antes, con un sistema de representación proporcional, cuando tienes un 20% y nadie quiere formar coaliciones contigo, puedes tener un montón de diputados y concejales, pero nunca estás en el poder. Esto está empezando a cambiar: ya tienen a sus primeras personas en el cargo.

FS: Usted ha escrito anteriormente que Alemania Oriental es el paralelo alemán de la "flyover country", los centros industriales que han sufrido en las últimas décadas en lugares como Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países. Eso sugiere que la economía es una parte importante del atractivo de la AfD.

 WM: Esta es la razón por la que la AfD está ganando apoyo. El rendimiento económico de Alemania es débil en este momento, por razones que tienen que ver con el modelo económico alemán. La historia general es que a Alemania le iba muy bien hasta hace poco y ahora le va muy mal. Pero las raíces de esto se remontan a mucho tiempo atrás. Alemania se hizo dependiente del gas ruso y, como consecuencia, también se hizo dependiente de la industria, porque era su sector más fuerte. Alemania tuvo durante muchos años un superávit por cuenta corriente del 8% del PIB, lo que para un gran país industrial es alucinantemente grande.

FS: ¿Es justo decir que eso fue posible gracias a la Unión Europea?

 WM: Así es. Tenemos un mercado interior, y la moneda también ayuda a Alemania, porque lo que siempre hace Alemania cuando está en una unión monetaria con otros es intentar obtener una ventaja competitiva reduciendo los salarios, para que los costes en relación con los demás sean más bajos, y no pueden ajustarse porque el tipo de cambio es fijo. Para Alemania, los tipos de cambio fijos siempre han funcionado a las mil maravillas. Otro gran factor fue que era el apogeo del coche de combustible, del coche diésel, el apogeo de los calentadores de aceite, y todas las cosas que Alemania hacía bien. Y también era la época de la globalización masiva, cuando países como China y otros países en desarrollo necesitaban equipos, maquinaria y máquinas herramienta. Y se las compraban a Alemania. Ahora que se encuentran en una fase mucho más madura de su desarrollo económico, los necesitan menos. China ha invertido por primera vez la balanza comercial a su favor.

FS: Ha mencionado la energía. Obviamente, Alemania se ha acostumbrado al gas ruso y, mientras tanto, ha ido reduciendo completamente su energía nuclear. ¿En qué medida estas políticas energéticas están impulsando la AfD y la inestabilidad política?

 WM: Sin duda es un factor. Los Verdes insistieron en el abandono progresivo de la energía nuclear, y los demás partidos aceptaron que no era algo contra lo que quisieran luchar, porque en Alemania se tiende a perder este tipo de peleas. Tanto Merkel como el SPD estaban a favor del abandono progresivo de la energía nuclear, y así ha ocurrido este año. La última central se apagó en abril. Y no tiene sentido. Porque ahora todo el gas ruso se ha ido y la energía nuclear se ha apagado y Alemania ha aumentado la proporción de electricidad procedente del carbón -especialmente del lignito, que es una versión increíblemente sucia- y las emisiones de CO2 están subiendo de nuevo.

FS: Por tanto, los votantes pueden estar legítimamente enfadados.

WM: La situación empeoró a principios de año, cuando el Gobierno introdujo la ley de calefacción doméstica. En el Reino Unido va a ocurrir lo mismo: el paso de los sistemas tradicionales de calefacción y calefacción de gas a las bombas de calor. Y las bombas de calor funcionan de forma muy distinta a las calefacciones de gas. Se parecen más a los sistemas de aire acondicionado en cuanto a tecnología y forma de fabricación. Y el Gobierno introdujo una ley inicial que obligaría a todos los propietarios de viviendas a instalar una bomba de calor a partir de enero del año que viene. Creo que había un plazo hasta 2030 para las viviendas existentes, el plazo del año que viene era sólo para las viviendas nuevas. Desde entonces lo han suavizado un poco, pero aún así, ¿cuánto cuesta cambiar el sistema de calefacción de tu casa? Dependiendo de la casa, entre 20.000 y 50.000 libras, pagadas por el propietario.

FS: ¿Quién tiene entre 20.000 y 50.000 libras?

WM: Bastante, especialmente los alemanes del Este, cuyo valor de la vivienda no puede ser muy superior a 50.000 libras. El gobierno manejó esto terriblemente. Y el ascenso de la AfD se produjo en oleadas, y esta fue la última oleada: la mala gestión. De ahí pasó del 15% o 16% de apoyo a cerca del 20%. (...)"

(Entrevista a Wolfgang Münchau, , UnHerd, 26/08/23; traducción DEEPL)

29.8.23

Un millón de pensionistas alemanes, laboralmente activos, algunos de ellos con los 85 cumplidos, tratan de complementar su jubilación a través de los llamados 'mini jobs' o empleos de baja remuneración

 "Los tiempos en que se identificaba a los jubilados alemanes con turismo de la tercera edad o residentes fijos del litoral español empezaron a quedar atrás. Cada vez son más los que con 67 años o más siguen trabajando, en un país donde no hay restricciones para hacerlo una vez alcanzada la edad para acceder a la jubilación. A los pensionistas actuales, al menos los que pasaron recientemente al retiro, se les ve ejerciendo de cajeros de supermercado, guardas de seguridad o servicios de limpieza, pero también como conductores de autobús

Cifras recientes del gobierno situaban en más de un millón el número de jubilados laboralmente activos, sin contar los profesionales autónomos, lo que significa un incremento de 200.000 respecto a 2015. Es una cifra en ascenso continuado, en un país del que se estima que llegará en 2035 a tener veinte millones de pensionistas –del total de 84,4 millones de ciudadanos de Alemania--. Las rentas se van equiparando año a año, pero quedan por debajo del nivel de inflación.

La pensión media que percibe un jubilado que haya cotizado un mínimo de 45 años está en 1.543 euros, lo que en el caso de las mujeres del este del país baja a 865 euros. Es decir, aproximadamente mil euros menos del sueldo medio neto de un trabajador. El gobierno del socialdemócrata Olaf Scholz ha implantado mejoras en las jubilaciones más bajas, de manera que quienes perciban menos del mínimo denominado existencial –450 euros al mes-- pueden solicitar complementos en forma de ayuda al pago del alquiler o por otros conceptos.

El caso es que ese millón de pensionistas laboralmente activos -algunos de ellos con los 85 cumplidos-, tratan de complementar su jubilación a través de los llamados 'mini jobs' o empleos de baja remuneración. Es una fórmula establecida en 2003 bajo el canciller socialdemócrata Gerhard Schröder que tras sucesivas revisiones permite trabajar hasta 43,3 horas al mes por un máximo de 520 euros. 

 Son más de seis millones de personas las empleadas en 'mini jobs' en Alemania. Para los más jóvenes, es una vía para acceder al mercado laboral; para los jubilados, una manera de mejorar su renta. Son, respectivamente, las dos franjas de población a las que reporta ciertas ventajas. Sin embargo, a los trabajadores con edades en torno a los 40 años el régimen de subempleo les condena a futuras pensiones de miseria.

 Los dos grupos de población predestinados al 'mini job' no logran, sin embargo, subsanar la falta de personal que, como otros países europeos, sufre Alemania. (...)"    (Marina Ferrer, El Periódico, 25/08/23)

6.7.23

Alemania: No es país para viejos blancos enfadados... la ultraderechista AfD ha avanzado hasta el segundo puesto en las encuestas, por delante de los socialdemócratas... Uno de los elementos más probablemente responsables de este repunte del apoyo a la AfD son los viejos blancos enfadados... las elecciones alemanas no las deciden los ciudadanos que votan a favor de un partido, sino los que votan en contra. Por supuesto, el SPD ha sido tan decepcionante para los viejos blancos enfadados como la CDU, ya que las políticas neoliberales siguen siendo políticas neoliberales, sea cual sea el partido que las inicie... están resentidos por tener que pagar por la guerra en Ucrania... Muchas familias tuvieron que unirse para financiar la calefacción de abuelos, padres, tíos y tías jubilados. Por otra parte, la actual coalición de socialdemócratas, verdes y liberales rechazó un impuesto extraordinario para las empresas energéticas... Los Verdes no tienen ninguna consideración por la justicia social. Todos sus planes para combatir el cambio climático imponen la misma carga financiera a todos los individuos, ricos o pobres... Hubo un levantamiento general cuando la actual coalición gobernante intentó recientemente obligar a los ciudadanos a convertirse rápidamente a bombas de calor sin tener ni idea de cómo iban a financiarlo los que tenían menos ingresos. Los alemanes orientales tienen un extraordinario sentido de la justicia y no lo toleran. Esto ha galvanizado a la AfD, no sólo en Alemania del Este... La AfD es el único partido que reclama una paz negociada en Ucrania y que despotrica contra los refugiados ucranios (Mathew D. Rose)

 "Los "bárbaros políticos" vuelven a moverse. En Alemania, la ultraderechista AfD ha avanzado hasta el segundo puesto por delante de los socialdemócratas del canciller Olaf Scholz en las encuestas nacionales. Y, una vez más, los partidos autoritarios liberales y los principales medios de comunicación utilizan a la AfD para distraer la atención de su actual falta de liderazgo, de la responsabilidad de sus brutales políticas neoliberales de las últimas décadas y de su inexorablemente decreciente popularidad: si no nos votáis, los neonazis se harán con el control de la nación. Como era de esperar, este argumento está perdiendo fuerza. Además, la situación es mucho más compleja que esta propagada descripción del bien contra el mal tan esencial en la política actual.

Hasta ahora, los partidarios de la AfD no eran ni viejos ni pobres. Eran especialmente fuertes en el grupo de edad de 25 a 59 años, con ingresos medios o superiores, en su mayoría hombres, trabajadores. Tenían muchos menos votantes en paro que los socialdemócratas y más o menos los mismos que los democristianos (CDU). Esto parece estar cambiando rápidamente.

Uno de los elementos más probablemente responsables de este repunte del apoyo a la AfD son los viejos blancos enfadados. Ellos decidieron las anteriores elecciones al Bundestag en 2021. Estos votantes tradicionalmente conservadores estaban tan enfadados porque las políticas de los democristianos de centro-derecha de Merkel eran demasiado liberales que dieron un vuelco a las elecciones votando a los socialdemócratas de centro-derecha (SPD). Cabe preguntarse cuál es la lógica política de esta situación. Esto también puede atribuirse al conservadurismo. Tradicionalmente, los electores decepcionados por los democristianos votaban a los socialdemócratas y viceversa. Como siempre señalo, las elecciones alemanas no las deciden los ciudadanos que votan a favor de un partido, sino los que votan en contra. Por supuesto, el SPD ha sido tan decepcionante para los viejos blancos enfadados como la CDU, ya que las políticas neoliberales siguen siendo políticas neoliberales, sea cual sea el partido que las inicie.

 Estaba claro para la CDU y su desafortunado líder, Friedrich Merz (uno de los políticos más impopulares de Alemania), que estos votantes volverían -como siempre- al redil. Para favorecer el proceso, Merz hizo públicamente algunos comentarios racistas y de extrema derecha. Pero estas expectativas no se han cumplido. Parece que muchos viejos blancos enfadados han optado en cambio por apoyar a la AfD. Esto bien podría explicar por qué la CDU apenas sube en las encuestas y la AfD ha duplicado su apoyo. Cinco millones de ciudadanos más afirman que piensan votar a la AfD, cuyos resultados en las elecciones al Bundestag de 2021 han bajado notablemente. Sin embargo, muchos de estos nuevos partidarios de la AfD no son únicamente los cuatro millones de votantes que abandonaron a la CDU en las anteriores elecciones al Bundestag. Hay mucho más.

Según otros sondeos, la AfD ganará las próximas elecciones estatales en cuatro, si no en todos, los cinco antiguos estados de la Alemania Oriental comunista (RDA), literalmente su corazón. Allí obtienen entre un 24% y un 29%. La AfD no es tan débil en los estados de Alemania Occidental, ya que se sitúa entre el seis y el quince por ciento, y es mucho más fuerte que los liberales (FDP) en todos los estados de Alemania Occidental e incluso por delante de los Verdes en unos pocos.

 Al igual que otras naciones del antiguo bloque del Este, los ciudadanos alemanes del Este tuvieron una socialización completamente diferente a la de los alemanes del Oeste. En muchos aspectos son más conservadores. A esto se añade una desconfianza fundamental hacia la clase política, que, con la excepción del partido de izquierdas Links, participó en el saqueo de la antigua Alemania del Este, en detrimento de lo que ahora son ciudadanos mayores. Puede que la mayoría haya estabilizado su existencia, pero siente una sana desconfianza de que la élite política alemana venga a por más, aumentando la desigualdad a medida que continúa su transferencia neoliberal de riqueza de las clases baja y media a los ricos, forzando a muchos a la precariedad.

 Y así ha sido. Muchos alemanes están resentidos por tener que pagar por la guerra en Ucrania. El aumento de los costes de calefacción y electricidad este invierno fue enorme, pero los pensionistas (los antiguos estados de Alemania del Este tienen el porcentaje más alto) recibieron del gobierno un mísero pago único de 300 euros por la explosión de las facturas de energía. Muchas familias tuvieron que unirse para financiar la calefacción de abuelos, padres, tíos y tías jubilados. Por otra parte, la actual coalición de socialdemócratas, verdes y liberales rechazó un impuesto extraordinario para las empresas energéticas.

 Los Verdes, al igual que sus socios de coalición del FDP, no tienen ninguna consideración por la justicia social. Todos sus planes para combatir el cambio climático imponen la misma carga financiera a todos los individuos, ricos o pobres. Los alemanes ricos pueden permitirse seguir calentando sus chalés como antes a pesar del aumento de los precios. Muchos alemanes con ingresos limitados tienen que reducir radicalmente. Se supone que el mercado regula el CO2. Lo hace, pero sólo para los menos pudientes. Dado que son los ricos quienes producen la mayor parte de las emisiones de carbono, y no tienen necesidad de reducirlas, los escasos avances de Alemania en el frente climático se producen a costa de los económicamente débiles. Hubo un levantamiento general cuando la actual coalición gobernante intentó recientemente obligar a los ciudadanos a convertirse rápidamente a bombas de calor sin tener ni idea de cómo iban a financiarlo los que tenían menos ingresos. Los alemanes orientales tienen un extraordinario sentido de la justicia y no lo toleran. Esto ha galvanizado a la AfD, no sólo en Alemania del Este, y ha hecho que la coalición se apresure a arreglar el desaguisado.

A diferencia de otras naciones de Europa del Este, muchos alemanes orientales no sienten un odio virulento hacia los rusos. Ven Ucrania como una guerra inútil que Alemania está apoyando, empujando a muchos de ellos a apuros financieros, mientras observan también cómo Alemania está apoyando a los refugiados ucranianos. Una vez más, su sentido de la justicia no lo acepta. Tampoco son tan estúpidos como para reconciliarse con la falta de voluntad de sus gobiernos para investigar el ataque a su infraestructura nacional, el gasoducto Nordstream. La AfD es el único partido que reclama una paz negociada en Ucrania y que despotrica contra los refugiados, que fue lo que les llevó a la escena política en primer lugar.

 La economía también se ha convertido en un problema, ya que Alemania ha entrado en recesión y tiene grandes dificultades para controlar la inflación. Esto ha golpeado duramente a los más desfavorecidos y a la clase media baja. Cualquier ambición de acceder a la vivienda se ha disipado debido a los altos tipos de interés y a la inseguridad sobre el coste de las nuevas leyes de calefacción para los propietarios. Muchos alemanes están llegando a la conclusión de que los partidos de la coalición del semáforo (SPD, Verdes y Liberales) no están dispuestos ni son competentes para abordar sus problemas. En su lugar, están preparando a la nación para otra ronda de austeridad. Tampoco los otros dos partidos, Demócrata-Cristianos y Enlaces de izquierda, parecen preocuparse por su difícil situación.

Los partidos tradicionales de Alemania que gobiernan con su tópico "No hay alternativa" y sus posturas morales no son vistos como líderes o solucionadores de problemas, sino como la fuente de los mismos. El respeto de la élite política liberal autoritaria por la democracia quedó mejor resumido por la ministra de Asuntos Exteriores de los Verdes, Annalena Baerbock, al explicar su guerra contra Rusia: "No me importa lo que piensen mis votantes alemanes. Estamos con Ucrania. Y esto significa que con cada paso que doy tengo que dejar claro que esto continuará mientras Ucrania me necesite". A la estridente élite metropolitana le puede gustar esto, a la mayoría de los alemanes no.

Además de los aspectos sociales y políticos del auge de la AfD, también hay un elemento cultural. Alemania ha cambiado radicalmente en los últimos 20 años. Ya no es la Alemania en la que crecieron tantos alemanes mayores. Este es probablemente el destino de cada generación a medida que avanza en la vida. Tomemos por ejemplo a los hombres alemanes mayores. Su identidad era su coche. Cuanto más grande y caro, más respeto recibías y sentías que merecías. Ahora se encuentran en una sociedad en la que muchos ven los coches grandes y a sus propietarios como algo negativo. El racismo siempre estuvo de moda en Alemania. Ahora hay leyes contra él. La política identitaria ha barrido cualquier pretensión de unidad social y solidaridad dentro de la sociedad alemana. Incluso la selección nacional de fútbol parecía más preocupada por los derechos de las personas LGBQT que por ganar el Campeonato Mundial. El único lugar en el que la sociedad alemana sigue disfrutando de un sentido de consenso es en los aviones que se dirigen a destinos vacacionales: allí no se habla sin sentido del cambio climático.

¿Es esta deriva actual hacia la AfD parte de un movimiento político general hacia la derecha en Europa o simplemente parte de una tradición electoral de votar contra el establishment político? Seguramente veremos resultados sorprendentes en las elecciones parlamentarias de la UE del año que viene, que en Alemania, donde nadie tiene ni idea de lo que hace el Parlamento de la UE ni de quiénes son los candidatos, son un acontecimiento de protesta. Las elecciones al Bundestag son algo diferente.

 Actualmente no hay ninguna posibilidad real de que la AfD entre en un gobierno nacional, ya que no hay ningún partido, tal vez con la excepción del FDP, que esté dispuesto a unirse a ellos en una coalición, por lo que su actual auge no es realmente una amenaza para la política alemana, sólo molesta a los habituales festivales de propaganda disfrazados de política alemana. En los estados de Alemania del Este podría ser diferente. Un pacto de tolerancia podría ser el primer paso. (...)

La clase política alemana y los principales medios de comunicación se retuercen las manos y advierten de la amenaza que supone la AfD para la democracia. Ignoran que la democracia en Alemania ha sido vaciada por sus políticas serviles a los intereses corporativos, permitiendo el aumento de la desigualdad en Alemania, la hipocresía, las mentiras y la demonización de la disidencia como fascista o al servicio de Putin. No cabe esperar autocrítica ni cambio de políticas. En toda Europa, el liberalismo autoritario está agotado y no ofrece soluciones a los desafíos actuales. Por ello, muchos europeos se vuelven hacia la extrema derecha bajo el lema "Cualquier cosa es mejor que esto".

Sólo hay un problema, como hemos visto tras la elección de la extrema derecha en Italia, las naciones de la UE han perdido su soberanía. Aparte de un poco de política de identidad racista propia o políticas neoliberales aún más fuertes, hay poco espacio para cambios que la UE no bloquee. Así, los viejos blancos enfadados de Alemania se verán obligados a cambiar constantemente el partido político al que votan con la satisfacción imaginaria de haber enseñado a la élite política un par de cosas. No habrá ningún cambio real."         

(Mathew D. Rose es periodista de investigación especializado en delincuencia política organizada en Alemania, Brave New europe, 02/07/23; traducción DEEPL)

10.4.23

En Alemania no todos descorchan el champán mientras el país se remilitariza... Aunque la estridente élite metropolitana alemana quiere la guerra en Ucrania, siempre que no tengan que participar soldados alemanes, gran parte de la población está en contra de esto

 "A finales de marzo, el ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, anunció que Alemania había completado la entrega de 18 carros de combate Leopard 2 A6 a Ucrania. Además, según informó Reuters el 2 de abril, el contratista de defensa alemán Rheinmetall establecerá un "centro logístico y de mantenimiento militar" en Satu Mare (Rumanía). Lo que algunos podrían ver razonablemente como un importante alejamiento de la postura exterior y de defensa alemana de posguerra es también el cumplimiento de una promesa que el canciller alemán Olaf Scholz hizo en su discurso sobre el cambio de paradigma Zeitenwende ("Punto de inflexión") del 27 de febrero de 2022.

Hablando en la cámara del Bundestag, Scholz proclamó: "Vivimos una época decisiva. Y eso significa que el mundo de después ya no será el mismo que el de antes. La cuestión central es... si somos capaces de mantener a raya a belicistas como Putin. Eso requiere nuestra propia fuerza".

Scholz prometió además 100.000 millones de euros para "un fondo especial para la Bundeswehr" y para cumplir el hasta ahora misteriosamente inalcanzable objetivo del dos por ciento del PIB alemán en gasto de defensa. (...)

la transformación de los Verdes en los miembros más militantes y servilmente atlantistas de la clase política alemana es una de las transformaciones más notables de la reciente historia política europea y una de las que más se comentaron en las conversaciones que mantuve con parlamentarios, empleados y activistas de la izquierda, la derecha y el centro del espectro político en Berlín en marzo.

El líder adjunto de Die Linke, Sevim Dagdelen, MdB, me dijo que "Los Verdes fueron una vez el partido de la paz y la desmilitarización, pero ahora son los belicistas más fuertes de Alemania... muy vinculados a la comunidad transatlántica".

El poder que los Verdes tienen ahora en Berlín se debe en parte a la influencia de una red de think tanks transatlánticos que muchos observadores con los que hablé creen que sirven como una especie de cabeza de playa para el establishment de seguridad nacional estadounidense. En opinión de Dagdelen, "el panorama de los medios de comunicación en Alemania está muy influido por los think tanks transatlánticos. La mayoría de los editores ejecutivos, redactores jefe, son miembros de think tanks de la asociación transatlántica, como el Atlantic Council, el Atlantic Bridge, el German Marshall Fund". Y como para demostrar su punto de vista, justo a tiempo, el neoconservador Atlantic Council publicó un artículo quejándose de que Scholz "rutinariamente ha errado el tiro y se ha interpuesto en el camino de su propia gran idea".

¿Zeitenwende u Ostpolitik?

Un parlamentario del SPD que se encontraba en el hemiciclo cuando Scholz pronunció su discurso sobre Zeitenwende me dijo que él y sus colegas estaban conmocionados, no tanto por el contenido del discurso como por la reacción militante, incluso alegre, de los miembros conservadores de la CDU/CSU ante el aparente repudio de Scholz de la política exterior alemana desde 1945.

Ostensiblemente, la Zeitenwende es un giro de 180 grados (no de 360, como opinaba recientemente la Sra. Baerbock) con respecto a la Ostpolitik, la "Política Oriental" de normalización de relaciones con los países del bloque comunista elaborada por el canciller Willy Brandt y su asesor Egon Bahr a finales de la década de 1960.  (...)

El profesor Hajo Funke, catedrático de Política y Cultura en el Instituto Otto Suhr de Ciencias Políticas de la Universidad Libre de Berlín, me dijo que, en su opinión, "formalmente, al menos, el SPD está unido siendo Scholz, pero hay indicios de una división interna, el jefe de la facción del SPD en el Bundestag, Rolf Mutzenich, es partidario de la Ostpolitik. Scholz mismo está vacilando, siendo muy cauteloso no sólo por la ola pública de apoyo a Ucrania, sino también porque sus socios de coalición, los Verdes y los Demócratas Libres, lo están presionando, por lo que es un acto de equilibrio, y en esta situación se encuentra en algún lugar entre Biden y Macron."

Otros en los extremos izquierdo y derecho del espectro político tienen una visión más crítica.

Dagdelen, de Die Linke, coincide con Funke en que Scholz está "bajo presión desde distintos frentes, especialmente por parte de sus socios de coalición, los Verdes y los Liberales". Sin embargo, cree que al decidir implicarse más en el esfuerzo bélico, Scholz ha "dado totalmente la espalda al legado de la Ostpolitik de Willy Brandt".

Para Dagdelen, "la decisión del gobierno alemán de entregar carros de combate Leopard 2, tomada en respuesta a la presión masiva de Estados Unidos, allana el camino para convertir a Alemania cada vez más en parte del conflicto y enviarla a la línea de fuego contra Rusia. El Gobierno alemán está actuando como un vasallo voluntario de la administración estadounidense y plegándose a la estrategia de Estados Unidos de abrir una brecha entre Alemania y Rusia".

Sin embargo, sería un error considerar la Zeitenwende como el entierro definitivo de la Ostpolitik. De hecho, en los últimos meses se ha producido una oleada de descontento popular por la creciente implicación de Alemania en la guerra.

En febrero, a instancias de la activista feminista Alice Schwarzer y de Sarah Wagenkneckt, una destacada diputada de Die Linke en el Bundestag, se publicó un "Manifiesto por la Paz" en el que se pedía a Scholz que "detenga la escalada de entregas de armas, ¡inmediatamente!". Además, el Manifiesto pedía a Scholz que "lidere una fuerte alianza para un alto el fuego y negociaciones de paz tanto a nivel alemán como europeo". El Manifiesto dio lugar, en las semanas siguientes, a una manifestación que congregó a 50.000 personas en el centro de Berlín.

El profesor Funke, uno de los firmantes originales del Manifiesto, me contó que, cuando se publicó, los firmantes se enfrentaron a lo que describió como una serie de "difamaciones macartistas" por parte de los medios de comunicación. Sin embargo, la marea empezó a cambiar a medida que la popularidad del Manifiesto crecía hasta alcanzar los cientos de miles de firmas (en el momento de redactar este artículo ha reunido más de 775.000). Una señal positiva que señaló Funke es el apoyo a las negociaciones por parte de Wolfgang Ischinger, antiguo embajador en EE.UU. que presidió la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2008 a 2022. Funke afirma que "la opinión pública puede estar cambiando e Ischinger es un buen indicio de ello como importante intelectual público alemán". A principios de abril se publicó en Alemania un llamamiento a la paz encabezado por el historiador Peter Brandt, hijo del difunto Canciller.

Así pues, aunque está claro que la clase política alemana sigue, por ahora, firmemente sometida al establishment de seguridad nacional de Estados Unidos, la opinión pública alemana es un asunto totalmente distinto, y puede estar en un "punto de inflexión" propio."        
         

(James W. Carden fue asesor sobre Rusia del Representante Especial para Asuntos Intergubernamentales Mundiales del Departamento de Estado. Brave New europe, 06/04/23; traducción DEEPL)                      

11.12.22

Los alemanes, al borde de un ataque de nervios... El hecho de que muchos crean seriamente que los improbables conspiradores de esta semana podrían haber derribado la democracia es un signo del delicado estado de ánimo de la nación... Los expertos alemanes en terrorismo advierten de que la combinación de la pandemia de COVID, la guerra en Ucrania y la crisis energética europea ha puesto al país en vilo (POLITICO)... o sea, por una vez son ellos los que están al borde de un ataque de nervios

 "Alemania está en vilo.

A primera hora del miércoles, miles de policías alemanes ataviados con pasamontañas se desplegaron por todo el país, detuvieron a 25 personas y confiscaron armas para acabar con lo que las autoridades describieron como un diabólico complot para derrocar al gobierno del país y reinstaurar la monarquía. El "brazo militar" del grupo estaba construyendo subrepticiamente "un nuevo ejército alemán", dijo el fiscal principal del caso.  

Sin embargo, un día después, el caso parece más el guión de un episodio de los Monty Python que una secuela del Día del Chacal.

El presunto cabecilla era el príncipe Heinrich XIII Reuß, el vástago de pelo largo de una línea aristocrática de 800 años de antigüedad, que según la policía organizaba reuniones conspirativas en la cima de su castillo en la Turingia rural.

El príncipe, de 71 años, y sus presuntos cómplices, algunos de ellos jubilados, reunieron un formidable arsenal que, según la policía, incluía al menos una ballesta, un tirachinas, espadas, así como rifles de caza de época poco clara y pistolas.

No era Al Qaeda.

El hecho de que muchos alemanes teman lo contrario revela más sobre el frágil estado de la psique nacional en este momento que sobre la estabilidad de las instituciones democráticas del país. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, los alemanes han vivido según el lema "wehret den Anfängen" (resiste los comienzos), tomándoselo, como hacen con muchas otras cosas, muy al pie de la letra.

Alemania no es ajena a los terroristas serios. A principios de la década de 1970, un grupo terrorista de izquierdas conocido como la Facción del Ejército Rojo mató a más de 30 personas. En el año 2000, un grupo neonazi autodenominado Clandestinidad Nacionalsocialista (NSU, por sus siglas en alemán) protagonizó una oleada de asesinatos que se prolongó durante años y se saldó con nueve muertos.

Mohamed Atta, el cabecilla del atentado aéreo del 11 de septiembre contra el World Trade Center de Nueva York en 2001, reunió a su banda en Hamburgo, donde pasó muchos años como estudiante.

Aunque no cabe duda de que un grupo como el que presuntamente reunió el príncipe Heinrich podría haber acabado matando gente, la sugerencia de que podría haber amenazado la estabilidad del país más poblado de la UE es absurda. Sólo la estructura federal de Alemania, impuesta al país después de la Segunda Guerra Mundial para impedir la centralización del poder (cada uno de los 16 estados alemanes tiene su propio departamento de policía, por ejemplo), haría difícil incluso para una fuerza bien organizada derrocar al gobierno, por no hablar de una colección de lo que podría llamarse educadamente chiflados.

El variopinto grupo de Reuß incluía a un ex diputado del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania y a un comandante retirado de las fuerzas especiales alemanas (que dejó el servicio en 1996 y nunca llegó a entrar en combate), así como a un cantante de ópera (tenor), un techador y un cocinero gourmet. Tras derrocar al gobierno (en un momento dado el grupo consideró hacer de la muerte de la reina Isabel el día del detonante, pero no estaban preparados cuando falleció) los conspiradores planearon establecer un "consejo" político para dirigir el país bajo el príncipe Heinrich.

Muchos de los integrantes del grupo son seguidores de un movimiento marginal conocido como Reichsbürger, que sostienen que la república alemana es un Estado ilegítimo y exigen el retorno de la monarquía. Las autoridades cifran en unos 20.000 el número total de Reichsbürger, que suelen ser detenidos por no pagar impuestos y tienen antecedentes de disparar contra agentes de policía, en Alemania.

Otros integrantes de la supuesta conspiración tienen sus raíces en el movimiento antivax de Alemania, los llamados Querdenker o "pensadores laterales".

No está claro cómo este grupo de desarrapados ha podido hacerse con el control de las instituciones centrales de un país de más de 80 millones de habitantes, excepto para la radiotelevisión pública alemana, que interrumpió su programación habitual para ofrecer una cobertura general de la supuesta casi muerte de la democracia alemana.

"Cualquiera que se ría de esto está cometiendo un error", advirtió Michael Götschenberg, corresponsal de la cadena de televisión ARD.

Improbable.

Un principio central de la difusa narrativa de los Reichsbürgers es que Alemania se ha convertido en vasallo de Estados Unidos, un peón en el tablero de ajedrez del colonialismo norteamericano. Como era de esperar, los miembros del grupo, incluido el príncipe Heinrich, también son prorrusos.

Junto con su novia rusa, también detenida e identificada únicamente como Vitalia B., el príncipe Heinrich se puso en contacto con la embajada rusa en Berlín para tratar de conseguir apoyo para su complot, según las autoridades.

Sin embargo, la supuesta conspiración era incluso demasiado descabellada para los rusos, que parecen haber rechazado la oferta de colaboración.

Los expertos alemanes en terrorismo advierten de que la combinación de la pandemia de COVID, la guerra en Ucrania y la crisis energética europea ha puesto al país en vilo.

"Vamos a ver más sucesos como éste", declaró a la radio alemana Peter Neumann, profesor del King's College de Londres. "De las protestas contra las políticas de la pandemia de coronavirus ha surgido una ciénaga bien conectada y ahora esta escena se ha radicalizado".

Por el lado bueno, al menos a los alemanes no se les acabarán pronto las cosas de las que preocuparse."

Matthew Karnitschnig  POLITICO, 08/12/22; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)