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11.9.26

Melenchon propone borrar de un plumazo el 20% de la deuda pública de Francia... Los titulares de la prensa económica hablan de "terror" y "catástrofe". Pero la realidad es que el coste sería de CERO euros... Francia le debe dinero a un organismo que puede crear euros ilimitadamente y sin coste alguno. Pregunta obvia: ¿tiene algún sentido que Francia tenga que devolver esos euros al BCE? Eso es exactamente lo que pregunta Mélenchon. Y su respuesta es no. Propone cancelar esa deuda: borrón y cuenta nueva. El BCE tendría "pérdidas contables", sí, pero el BCE crea euros. No puede quebrar. Una pérdida en euros para quien fabrica los euros no es una pérdida real. Es un apunte contable... El efecto inmediato: la deuda pública de Francia bajaría del 117% a menos del 100% del PIB de golpe. Sin recortes. Sin subir impuestos. Sin empobrecer a nadie. Para los obsesionados con reducir la deuda pública, esta es la forma más rápida, limpia e indolora de hacerlo. Y la rechazan. ¿Por qué la rechazan? Si se cancela esa deuda, se pone en evidencia que durante décadas nos mintieron. Desde el Tratado de Maastricht de 1992 nos dijeron que los bancos centrales no podían financiar a los estados. Que crear dinero para políticas públicas era hiperinflación segura. Pero bien que crearon 5 billones de euros para dárselos a fondos de inversión privados (y no apareció la inflación, por cierto). (Eduardo Garzón) Los ciudadanos están descubriendo, algunos de ellos con consternación, que casi el 25% de la deuda pública europea está ahora en manos de su banco central. Nos debemos el 25% de nuestra deuda a nosotros mismos. Si devolvemos este dinero, tendremos que encontrarlo en algún lado, ya sea volviendo a pedir prestado para refinanciar la deuda en lugar de pedir prestado para invertir, ya sea subiendo los impuestos o recortando el gasto... contamos con la suerte de tener un acreedor que no teme perder su dinero: el BCE. Por tanto, nuestra propuesta es sencilla: hagamos un contrato entre los Estados europeos y el BCE. Este último se compromete a condonar las deudas públicas que posee (o a transformarlas en deudas perpetuas sin intereses), mientras que los Estados se comprometen a invertir las mismas cantidades en la reconstrucción ecológica y social. La anulación de las deudas públicas que tiene, a cambio de inversiones de los Estados, sería un primer signo fuerte de que Europa está recuperando su destino (Thomas Piketty)

Eduardo Garzón @edugaresp

El líder de la izquierda francesa, @JLMelenchon, propone borrar de un plumazo casi el 20% de esa deuda de Francia, que está actualmente en el 117%. Los titulares de la prensa económica hablan de "terror" y "catástrofe". Pero la realidad es que el coste sería de CERO euros. Lo explico

Para entender la propuesta hay que entender primero cómo funciona la deuda pública. Un Estado emite bonos. Un inversor —banco, fondo de pensiones— compra ese bono y le presta dinero al Estado. A cambio, el Estado le paga intereses periódicos y al vencimiento le devuelve el principal. Hasta aquí, todo claro.

 ¿Qué pasó a partir de 2015? Que el BCE comenzó a crear euros de la nada y se los dio a esos inversores privados a cambio de sus bonos públicos (expansión cuantitativa). El BCE adquirió los bonos. Los fondos de inversión recibieron el dinero antes de tiempo. Y el Estado pasó a deberle al BCE.

 ¿Cuánto dinero creó el BCE? En 2016 ya había creado 1 billón de euros. En 2020, casi 3 billones. Tras la pandemia, llegó a casi 5 billones. Para hacerse una idea: desde el año 0 de nuestra era hasta el año 32.000 no habrán pasado ni un billón de segundos. El BCE creó 5 veces eso en apenas 7 años.

 Y ese dinero, ¿a quién fue? No a la gente. No a financiar servicios públicos. Fue a fondos de inversión privados, que lo metieron en inmobiliario, en tecnología, en Bitcoin, en oro. De aquellos polvos vienen estos lodos: la burbuja de vivienda, la burbuja de IA, la burbuja de activos financieros...

 Resultado: el 19% de toda la deuda pública de Francia está ahora en manos del BCE. Es decir, Francia le debe dinero a un organismo que puede crear euros ilimitadamente y sin coste alguno. Pregunta obvia: ¿tiene algún sentido que Francia tenga que devolver esos euros al BCE?

 Eso es exactamente lo que pregunta Mélenchon. Y su respuesta es no. Propone cancelar esa deuda: borrón y cuenta nueva. El BCE tendría "pérdidas contables", sí. Pero el BCE crea euros. No puede quebrar. Una pérdida en euros para quien fabrica los euros no es una pérdida real. Es un apunte contable.

 El efecto inmediato: la deuda pública de Francia bajaría del 117% a menos del 100% del PIB de golpe. Sin recortes. Sin subir impuestos. Sin empobrecer a nadie. Para los obsesionados con reducir la deuda pública, esta es la forma más rápida, limpia e indolora de hacerlo. Y la rechazan.

 ¿Por qué la rechazan? El argumento oficial es el "riesgo moral": si les perdonamos la deuda, los estados gastarán sin control esperando otro perdón futuro. Pero ese riesgo se puede gestionar de mil maneras. Es una excusa, no una razón.

 La razón real es otra. Si se cancela esa deuda, se pone en evidencia que durante décadas nos mintieron. Desde el Tratado de Maastricht de 1992 nos dijeron que los bancos centrales no podían financiar a los estados. Que crear dinero para políticas públicas era hiperinflación segura.

 Pero bien que crearon 5 billones de euros para dárselos a fondos de inversión privados. Lo hicieron por la puerta de atrás, respetando la forma pero violando el espíritu de la norma (y no apareció la inflación, por cierto). Cancelar la deuda ahora significaría reconocer que el teatro duró décadas.

 No es una propuesta radical ni nueva. Thomas Piketty, Nacho Álvarez y Cristina Almeida firmaron hace años un artículo en El País proponiendo exactamente esto: anular la deuda con el BCE e invertir ese margen liberado en política pública. Una propuesta pragmática de gente que no es precisamente antisistema.

 Resumen: el BCE creó billones de euros para los fondos de inversión. Esos fondos inflaron burbujas. Los estados se quedaron debiendo ese dinero al BCE. Ahora el BCE pide que se lo devuelvan. En euros que él mismo crea. Y cuando alguien propone cancelar esa deuda absurda, le llaman irresponsable. Éste es nuestro mundo...

 Desarrollo todo esto en vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=s68vbYotSTY

 12:42 p. m. · 11 sept. 2026 ·2.314 Visualizaciones

 

 "Anular la deuda pública mantenida por el BCE para que nuestro destino vuelva a estar en nuestras manos. En la zona euro nos debemos el 25% de nuestro endeudamiento a nosotros mismos. Su cancelación a cambio de inversiones de los Estados sería un primer signo fuerte de que el continente está recuperando su destino

 El debate sobre la anulación de las deudas en manos del BCE se ha desarrollado en Francia, pero también en Italia, Luxemburgo y Bélgica, en los pasillos de las instituciones europeas, entre los representantes del propio BCE y los distintos ministerios de finanzas de la zona euro.

Este debate es positivo y útil. Por primera vez desde hace mucho tiempo, las cuestiones monetarias se plantean como discusión pública. El dinero deja de ser por un momento este tema, sustraído a la deliberación colectiva y confiado a un banco central independiente de los poderes políticos, aunque dependiente de los mercados financieros. Los ciudadanos están descubriendo, algunos de ellos con consternación, que casi el 25% de la deuda pública europea está ahora en manos de su banco central.

Nos debemos el 25% de nuestra deuda a nosotros mismos. Si devolvemos este dinero, tendremos que encontrarlo en algún lado, ya sea volviendo a pedir prestado para refinanciar la deuda en lugar de pedir prestado para invertir, ya sea subiendo los impuestos o recortando el gasto.

Hay otra manera. Como economistas, dirigentes y ciudadanos comprometidos de varios países, nos toca advertir que el BCE podría ofrecer hoy a los Estados europeos los medios para su reconstrucción ecológica, pero también para reparar los daños sociales, económicos y culturales causados por la terrible crisis sanitaria que sufrimos.

Esto no significa que los Estados miembros no hayan actuado, ya que se han adoptado medidas de protección. Pero siguen siendo muy insuficientes. El plan de rescate europeo, con una dotación de apenas 300.000 millones de euros en subvenciones durante tres años, está muy lejos de los dos billones de euros solicitados por el Parlamento Europeo. ¿Hace falta recordar que, antes de la crisis sanitaria, el Tribunal de Cuentas Europeo ya indicaba en 2018 una necesidad mínima de entre 300.000 y 400.000 millones de euros de inversión adicional al año para financiar la transición ecológica en Europa? Estamos muy lejos de esto, sobre todo con la crisis sanitaria.

No consideramos que la cancelación de la deuda pública, aunque esté retenida por el BCE, sea un hecho insignificante. Sabemos que las cancelaciones de deuda son momentos decisivos. Así ocurrió en la Conferencia de Londres de 1953, cuando Alemania se benefició de la condonación de dos tercios de su deuda pública, lo que le permitió volver a la prosperidad y afianzar su futuro en el espacio europeo. Pero, ¿no está Europa atravesando hoy una crisis de proporciones excepcionales que exigiría medidas igualmente excepcionales?

Por otro lado, contamos con la suerte de tener un acreedor que no teme perder su dinero: el BCE. Por tanto, nuestra propuesta es sencilla: hagamos un contrato entre los Estados europeos y el BCE. Este último se compromete a condonar las deudas públicas que posee (o a transformarlas en deudas perpetuas sin intereses), mientras que los Estados se comprometen a invertir las mismas cantidades en la reconstrucción ecológica y social. Estas cantidades alcanzan ya casi 2.500.000 millones de euros para toda Europa. Esta cantidad es suficiente para satisfacer las expectativas del Parlamento Europeo y, sobre todo, para salvaguardar el interés general.

Sin duda, el BCE puede permitírselo. Como reconoce un gran número de economistas, incluso entre los que se oponen a esta solución, un banco central puede operar con capital propio negativo sin dificultad. Puede incluso crear dinero para compensar estas pérdidas: así lo establece el Protocolo nº 4 anejo al Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. En segundo lugar, jurídicamente, en contra de lo que afirman algunos responsables de instituciones europeas, en particular el BCE, la anulación no está explícitamente prohibida por los tratados europeos. Por un lado, todas las instituciones financieras del mundo pueden renunciar a sus créditos y el BCE no es una excepción. En cambio, la palabra “cancelación” no aparece ni en el Tratado ni en el Protocolo sobre el Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC). Tal vez sería “contrario al espíritu del Tratado”, pero ¿no era también el caso del quantitative easing de Mario Draghi? En este asunto, solo cuenta la voluntad política: la historia nos ha demostrado muchas veces que las dificultades jurídicas se ven superadas por los acuerdos políticos.

Por último, queremos aclarar un malentendido: queda claro que la cancelación de la deuda pública por parte del BCE, aunque esté condicionada a su reinversión, no puede ser el alfa y el omega de cualquier política económica. En primer lugar, el BCE sólo intervendría para liberar el margen fiscal de los Estados miembros y, obviamente, no invertiría por sí mismo. Algunos piensan que las tasas de interés bajas o negativas en toda Europa son suficientes para empujar a los Estados a endeudarse para invertir. Esto no es lo que muestra la reducción constante del nivel medio de deuda pública en la Unión Europea entre 2015, cuando aparecieron las tasas negativas, y el inicio de la crisis sanitaria. Muchos Estados han reducido su nivel de endeudamiento en lugar de pedir préstamos para invertir, aunque las tasas sean negativas. ¿Por qué cambiaría esto? El pacto suscrito entre los Estados y el BCE impedirá esta estrategia de escape de responsabilidad. Pero, por supuesto, no será suficiente: hay que tomar otras medidas en materia de reforma de los criterios de deuda y déficit, de proteccionismo ecológico y solidario, de reformas fiscales destinadas a reducir el nivel de desigualdad… También hay que implementar una nueva gobernanza europea, en particular mediante la transición al voto por mayoría cualificada en asuntos fiscales.

Europa ya no puede permitirse el lujo de verse sistemáticamente bloqueada por sus propias normas. Otros Estados del mundo utilizan al máximo su política monetaria, en apoyo de la política fiscal, como China, Japón o Estados Unidos. El Banco de Japón utiliza su poder de creación monetaria para comprar acciones directamente en el mercado a través de fondos cotizados (ETF), convirtiéndose así en el mayor inversor del país. También deberíamos considerar la posibilidad de utilizar el poder de creación monetaria del BCE para financiar la reconstrucción ecológica y social bajo control democrático. La anulación de las deudas públicas que tiene, a cambio de inversiones de los Estados, sería un primer signo fuerte de que Europa está recuperando su destino.

Thomas Piketty es director de investigación en la École des Hautes Études en Sciences Sociales. Cristina Narbona es vocal de la junta directiva de Economistas Frente a la Crisis. Nacho Álvarez es secretario de Estado de Derechos Sociales y secretario de Economía de Podemos. Steve Keen es profesor de Economía y Finanzas en la Universidad de Kingston. Firman además este texto: (...)"

(Thomas Piketty. Cristina Narbona, Nacho Álvarez , El País, 05/02/21) 

2.11.25

Jean Luc Mélenchon: Francia en crisis... Una derecha dividida, un centro dividido y una izquierda dividida... estamos al final del macronismo, y, en su desesperación, se está aliando con la extrema derecha... porque en Francia hay un clima pre-revolucionario... hubo protestas masivas que tuvieron lugar en 2005 y 2023... eran las respuestas de las personas al impacto del neoliberalismo en su existencia concreta... Esta situación es lo que ha preocupado a Macron y al establishment... El ochenta y cinco por ciento de las nuevas leyes en un año son patrocinadas o apoyadas por Le Pen... Creemos que este mundo está llegando a su fin, y que solo son posibles dos resultados: el colectivismo o la ley del más fuerte... Observamos la aparición de un nuevo mundo: un pueblo urbano, organizado en redes. Esta nueva Francia ya existe en sí misma, su gente definida por su conflicto de intereses con la oligarquía... La ley del más fuerte se expresa cuando ya no hay una lógica de progreso colectivo en Francia. Cuando uno de cada dos franceses es obeso o tiene sobrepeso, cuando la mortalidad infantil ha aumentado durante 10 años, cuando una de cada cuatro madres cría a sus hijos sola. Cuando las fortunas de los multimillonarios se han duplicado desde que Macron se convirtió en presidente. El colectivismo no es una utopía, sino una necesidad

 "Walden Bello entrevista a Jean-Luc Mélenchon y al liderazgo de La France Insoumise sobre la profundización de la crisis política en Francia y sus implicaciones para la izquierda y la alternativa al antiguo régimen.

En los nueve años desde su fundación en 2016, La France Insoumise (LFI) se ha convertido en la principal formación de izquierda en Francia, con su actual representación parlamentaria de 71, por delante de los partidos tradicionales de izquierda, el Partido Socialista y el Partido Comunista. La personalidad más identificada con ella es Jean Luc Mélenchon, quien se ha postulado para la presidencia tres veces, la última en 2022, cuando obtuvo el 21.9 por ciento de los votos, terminando en tercer lugar después de la segunda clasificada Marine Le Pen del Rally Nacional y Emmanuel Macron. La France Insoumise describe su orientación como socialista democrática y ecosocialista.

Lo siguiente es una entrevista compuesta. Cuando visitó París en julio de 2025, Walden Bello entrevistó a algunos de los líderes de LFI, incluyendo a Nadege Abomangoli, vicepresidenta de la Asamblea Nacional; Aurelie Trouve, presidenta del Comité de Asuntos Económicos de la Asamblea; y a los miembros del parlamento Arnaud Le Gall, Aurelien Tache y Aurelien Saintoul. Esto fue seguido en septiembre de 2025 por una entrevista por correo electrónico con el líder de LFI, Jean Luc Melenchon (JLM).
La crisis del macronismo

Walden Bello: ¿Puedes darme tu evaluación de la situación política actual en Francia?

La France Insoumise: En términos de la situación estratégica, estamos al final del macronismo. Los macronistas están muy divididos y, en su desesperación, se están aliando con la extrema derecha.

Empecemos señalando que el año pasado, cuando el Rally Nacional ganó las elecciones al Parlamento Europeo, Macron estaba dispuesto a hacer un trato con ellos. Iba a nombrar a un primer ministro del Rally Nacional. Ese era el plan.

Eso no sucedió. Pero incluso si no lo hizo, la realidad es que el macronismo ya ha absorbido gran parte de la ideología y los eslóganes de la extrema derecha. Los macronistas están en una alianza con la extrema derecha en el gobierno actual. Los Republicanos, el partido tradicional de la derecha, ya se ha posicionado, más que nunca, al lado de la extrema derecha. El nuevo líder de este partido, un hombre llamado Bruno Retailleau, es ahora ministro del interior, y por lo tanto de la policía. En una reunión, dijo: "Abajo el velo." Como saben, este es un lema de la extrema derecha. Además, como probablemente sepas, durante la guerra colonial en Argelia, la comunidad colonial francesa también gritaba: "Abajo el velo", dirigiéndose a las mujeres musulmanas. Así que esto es algo muy antiguo pero al mismo tiempo muy preocupante dada la situación actual. La islamofobia representa una amenaza muy real en la medida en que proporciona el pegamento ideológico de todas las fuerzas de derecha en nuestro país.

Protestas Populares y la Izquierda

WB: ¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta la izquierda en este momento?

Jean Luc Melenchon: Los capitalistas apoyan a la extrema derecha. ¿Sabes por qué? Porque hay una movilización social intensa contra las decisiones que provienen del programa neoliberal. En Francia hay un clima pre-revolucionario, según la admisión de analistas que son ellos mismos favorables a los que están en el poder. De hecho, en todo el mundo, desde hace muchos años, ha habido situaciones revolucionarias. Llamamos a estos eventos "revoluciones ciudadanas." En mi libro Ahora el Pueblo, trato de analizarlas, incluyendo las condiciones que las producen. Esta situación es lo que ha preocupado a Macron y al establishment.

En Francia, hubo un movimiento de los chalecos amarillos. Al principio, la izquierda tradicional no los apoyó. Dijeron que los chalecos amarillos eran fascistas. Solo 10 días después de que comenzara, la izquierda, los sindicatos y el movimiento alter-globalización hicieron una declaración diciendo que los apoyaban. Lo que estaba sucediendo era que estaba surgiendo una nueva línea de conflicto: no izquierda contra derecha, sino la oligarquía contra el pueblo.

Como sabes, hubo protestas masivas que tuvieron lugar en 2005 y 2023. El carácter de las dos protestas fue diferente. Las de 2005 tuvieron lugar en los suburbios de las grandes ciudades. Los de 2023 también fueron en ciudades más pequeñas. Eran personas muy jóvenes. Algunos sociólogos dijeron que las protestas de 2005 y 2023 tenían las mismas causas, pero nosotros pensamos que las protestas de 2023 fueron diferentes. Las personas que participaron en ellas eran muy jóvenes, y sentían muy profundamente lo que estaban rechazando, incluyendo el derecho de la policía a matarlos, la licencia para matar, especialmente a los jóvenes hombres árabes.

No había portavoz, pero estaba claro contra qué era. Fue una reacción a una ejecución extrajudicial. Y la polarización fue más aguda en 2023, en parte debido a las redes sociales. Hubo una explosión de ira por parte de la derecha en reacción a las protestas, con algunas personas expresando que era correcto que la policía matara a estos jóvenes árabes y negros.
Capitalismo y Racismo

WB: ¿Estuvieron las protestas de 2023 también vinculadas a cuestiones económicas?

LFI: Sí, lo estaban, y señalamos que los eventos fueron causados por políticas neoliberales.

Estas eran las respuestas de las personas al impacto del neoliberalismo en su existencia concreta. Todos los demás partidos los llamaron disturbios. Nosotros no. El término utilizado fue muy importante para nosotros. Aquellos que son víctimas del racismo también deben ser vistos como víctimas del capitalismo. Son las personas que también son totalmente explotadas por el capitalismo. Entonces, contrariamente a la posición del líder del Partido Comunista y algunos en el Partido Socialista, no se puede separar la lucha contra el racismo de la lucha contra el capitalismo.

Necesitamos enfatizar esto, que el racismo no es solo un problema moral. Está vinculado a la economía. Por ejemplo, dicen que solo tenemos una cantidad limitada de riqueza para compartir, y compartirla con los migrantes perjudicará a nuestra propia gente. Entonces, esto sirve para dividir a la gente. Empiezas con los migrantes, luego dices que los pobres blancos también deben ser excluidos, y así sucesivamente. Entonces, los macronistas están tratando de normalizar esta división promovida por la extrema derecha. Lo consideran deseable enmarcarlo de esta manera. Eso es lo que han empezado a hacer en Mayotte, destruir los derechos de los migrantes, y después de Mayotte, llevarán esta idea a Francia. Entonces, Mayotte y otros territorios de ultramar de Francia están sirviendo como laboratorios. Pero también hay tales esfuerzos en muchos lugares, como los suburbios alrededor de Marsella, donde el partido de Marine Le Pen, ejerce cierta influencia. Están creando muchos estados de excepción. Por ejemplo, ahora hay un proyecto de ley, presentado por el Rally Nacional, para encarcelar a cualquier extranjero arrestado durante al menos 200 días si ha sido previamente condenado y sentenciado. Eso es una clara violación de los derechos básicos: no se puede encarcelar a nadie si no ha sido condenado y sentenciado. El ochenta y cinco por ciento de las nuevas leyes en un año son patrocinadas o apoyadas por el Rally Nacional.

Nos gustaría añadir que también estamos tratando de crear un nuevo antirracismo. Un problema que hemos enfrentado es que en el pasado, el antirracismo fue utilizado como un arma por los socialistas cuando estaban en el poder para atacar a sus enemigos. Entonces, la gente ahora es muy, muy sospechosa del antirracismo, especialmente si quienes lo defienden son líderes que son hombres blancos con agendas políticas.

También estamos combatiendo nuevas formas de racismo, como la acusación de que las personas no blancas están infiltrándose en la sociedad y el gobierno para llegar a altos cargos, y lo están haciendo a través de ventajas especiales proporcionadas por el gobierno. Esto es extraño porque en el pasado, su crítica era que los musulmanes no quieren integrarse. Pero ahora, cuando algunas personas no blancas llegan a altos cargos, como la camarada Nadege, que es vicepresidenta de la Asamblea Nacional, dicen que es por los beneficios especiales que disfrutan.

WB: Entonces, por lo que puedo entender de lo que estás diciendo, ¿no crees que otras secciones de la izquierda son comprensivas o realmente entienden la difícil situación de los migrantes?

LFI: Sí, pero esto no es nuevo para los líderes comunistas porque hace 40 años ya decían que había un problema con los inmigrantes. Pero nuestras diferencias con el Partido Comunista van más allá de simplemente etiquetar las protestas como disturbios, sino que se extienden a diferentes visiones de la sociedad. Se trata de quién forma parte del pueblo, y esto es algo que evoluciona con el tiempo. El Partido Comunista está muerto porque se aferra a una visión obsoleta de quiénes son las "personas revolucionarias". La clase trabajadora ha evolucionado de tal manera que los árabes y otras comunidades no blancas son ahora la mayoría en muchos sectores de la clase trabajadora. Puedes ver esto en los hospitales, donde incluso la mayoría de los médicos no son blancos. Entonces, es muy importante luchar contra el racismo, porque si no lo haces, permites que la gente y la clase trabajadora se dividan.

La Izquierda Dividida

WB: Cambiando a un tema relacionado, ¿puedes decirme cuál es el estado de la izquierda en Francia?

LFI: Puedes decir que sin Francia Insumisa ya no habría una izquierda viable en Francia. Por supuesto, hay otros partidos, como el Partido Socialista. Pero el Partido Socialista no enfrenta los muchos desafíos en el país. No luchan contra el racismo con la fuerza que deberían. Específicamente, el Partido Socialista está dividido. No tienen agenda, no tienen programa. Y la única pregunta para ellos es saber cómo ganar escaños electos y si deben aliarse con LFI o no. Es una situación difícil, pero debemos avanzar aunque nos acusen de divisivos. En términos de la situación estratégica, nos enfrentamos al macronismo, que está muy dividido porque es el fin del macronismo, y está la extrema derecha. Por supuesto, como en muchos otros países, tienes los medios de comunicación, que están dominados por multimillonarios que favorecen mucho una victoria de la extrema derecha.

WB: Entonces, cuando hablas de los Socialistas, ¿estás diciendo que no quieren una alianza con LFI?

LFI: Los socialistas están divididos en dos grupos. Un grupo no quiere una alianza con nosotros bajo ninguna circunstancia. El otro grupo no quiere una alianza, pero la aceptaría en ciertas situaciones. Sin embargo, están enfocados en obtener el apoyo de los votantes que apoyan a Macron en las próximas elecciones, y como creen que una alianza alienaría a estos votantes, estas personas no quieren una alianza con nosotros en este momento. Pero no se preguntan si los votantes seguirían votándolos en la segunda vuelta de las elecciones. Su estrategia es típica del deseo de volver a colocar al pueblo bajo la autoridad de la pequeña burguesía por miedo a la extrema derecha.

Para nosotros, la búsqueda de los votantes macronistas por parte de los socialistas es una ilusión, ya que los partidarios de Macron son principalmente conservadores y no apoyarían a los socialistas o socialdemócratas, incluso si algunos medios agrupan a los socialistas y a los macronistas en el mismo bloque. Pero dado su proyecto, los socialistas hacen todo lo posible por distinguirse de nosotros. Por ejemplo, en lo que respecta a la situación en Gaza, todavía no quieren usar la palabra "genocidio." Luego dicen que estamos apoyando a Hamás y al terrorismo. ¿Qué más puede pedir la extrema derecha? Es un regalo para ellos. El partido de derecha establecido, los republicanos, de hecho, han solicitado una investigación parlamentaria sobre nuestros supuestos vínculos con grupos terroristas. Estamos enfrentando una verdadera demonización. Tienen esta etiqueta para nosotros, llamándonos "Islamo-Marxistas." Estas personas usan estas etiquetas para asustar a la gente y dividirla frente a la crisis del neoliberalismo. Pero por ahora, son los más desacreditados en la opinión pública. Su oportunismo repugna a la gente común.

El Centro Dividido y la Derecha Dividida

WB: Habrá elecciones presidenciales en 2027 y elecciones generales en 2029. ¿Crees que la izquierda podrá unirse para disputar efectivamente estas elecciones?

LFI: En otras circunstancias, las cosas serían favorables para la izquierda. Los macronistas están muy divididos. Si miras a aquellos que votaron por Macron en 2017 y a los que lo hicieron en 2023, verás una gran diferencia. En 2017, sus votos provinieron principalmente de votantes mayores y centristas. En 2023, provinieron de votantes más jóvenes que no se pueden describir tanto como centristas, sino como personas interesadas en modernizar el conservadurismo. Ya no tienes a nadie que pueda unir a estos dos grupos. Macron tiene prohibido por ley volver a presentarse. Ahora está claro que el macronismo fue un fenómeno de una sola vez. La mayoría de los macronistas ahora están a favor de aliarse con la extrema derecha, como dijimos antes.

En cuanto a la derecha y la extrema derecha, también están divididas. Está Bruno Retailleau, el líder de Los Republicanos, el partido conservador tradicional. Luego está el Rally Nacional de Marine Le Pen. Debido a que ha sido condenada por malversación junto con otros líderes de su partido, se le ha prohibido postularse para un cargo público. Su protegido, Jordan Bardella, se presentará en su lugar. Pero Bardella no es creíble, tiene un bajo nivel cultural, es muy joven, bastante perezoso y es muy inexperto en comparación con Retailleau, quien ha ocupado muchos cargos y ha estado repitiendo la misma retórica durante los últimos 40 años. Entre Bardella y Retailleau, es probable que el Gran Capital favorezca a Retailleau.

Como dijimos antes, en otras circunstancias, la situación sería favorable para la izquierda. Estamos abiertos a hablar con los socialistas, pero los socialistas están persiguiendo a los macronistas, lo cual, como dijimos antes, es una ilusión, ya que los macronistas preferirían aliarse con la extrema derecha. Los Verdes, los Socialistas y los Comunistas están hablando de una alianza electoral entre ellos, y lo único que los une es evitar hablar con Francia Insumisa. Pero dado que cada uno de ellos solo está interesado en aumentar su número de escaños, lo cual solo puede hacerse a expensas de los demás, estas conversaciones no llegarán muy lejos.

Colectivismo: El Programa y la Visión de La France Insoumise

WB: Suponiendo que usted, camarada Mélenchon, se postule para presidente en 2027, ¿cuáles serían los elementos clave de su programa?

JLM: Sí, habrá una candidatura de La Francia Insumisa. Tendremos un candidato que lleve nuestro programa "L'Avenir en commun" (El Futuro en Común). El programa proviene de la sociedad misma: asociaciones, sindicatos, colectivos, científicos. Hay 831 medidas para construir una Nueva Francia, rompiendo con el orden capitalista. Estas medidas se actualizan constantemente, se presupuestan y se detallan en folletos de programa. Proponen partir de las necesidades de la propia sociedad, para dar lugar a un nuevo pueblo.

Para romper con el maltrato neoliberal y alejarnos del productivismo, estableceremos la "regla verde": no tomar de la naturaleza más de lo que ella es capaz de regenerar por sí misma. Proponemos proteger los comunes y lo que llamamos los derechos de las especies. El derecho al silencio, a la comida saludable, a respirar aire limpio y a beber agua que no envenene. Estas medidas están en el corazón de nuestro programa, para transformar profundamente la sociedad y construir armonía entre los seres humanos y con la naturaleza. También tienen una aplicación concreta para guiar la economía, reemplazando las lógicas del mercado por las de la planificación ecológica. Este método permitirá implementar grandes proyectos en vivienda, energía, agricultura e industria. Se crearán miles de empleos.

"L'Avenir en commun", nuestro programa, también es una ruptura con el plan de acción del gobierno y la monarquía presidencial. Por eso pasaremos a la Sexta República, con medidas que permitan la intervención popular, como el referéndum de revocación para cualquier funcionario electo o el referéndum de iniciativa ciudadana. En los últimos años, nuestro país ha estado marcado por poderosas expresiones del autoritarismo de la Quinta República, como fue el caso del aumento de la edad de jubilación a 64 años, sin una votación en la Asamblea Nacional y a pesar de una movilización popular histórica en la historia de nuestro país. Restauraremos la jubilación a los 60 años, para que todos puedan recuperar el control sobre su tiempo libre.

WB: Compañero Mélenchon, ¿puede describir el tipo de socialismo que propone para Francia?

JLM: Prefiero hablar de colectivismo. No se trata solo de resolver la cuestión social, sino también de abordar la cuestión del interés humano general y los derechos de los seres vivos, que forman un colectivo sistémico.

Observamos la aparición de un nuevo mundo: un pueblo urbano, organizado en redes. Esta nueva Francia ya existe en sí misma, su gente definida por su conflicto de intereses con la oligarquía. Esta última se ha apropiado de las redes colectivas de las que depende la vida cotidiana. Creemos que este mundo está llegando a su fin, y que solo son posibles dos resultados: el colectivismo o la ley del más fuerte.

Tomemos el caso del cambio climático, que es inevitable e irreversible. ¿Cómo nos recuperamos, cómo proponemos soluciones colectivistas? La elección del individualismo, de la ley del más fuerte, significa dejar que miles de personas sean envenenadas por productos químicos eternos solo para mantener el ciclo del dinero girando. Significa no planificar para prevenir que los mega-incendios lo quemen todo, porque se han recortado los presupuestos para los aviones Canadair.

La ley del más fuerte se expresa cuando ya no hay una lógica de progreso colectivo en Francia. Cuando uno de cada dos franceses es obeso o tiene sobrepeso, cuando la mortalidad infantil ha aumentado durante 10 años, cuando una de cada cuatro madres cría a sus hijos sola. Cuando las fortunas de los multimillonarios se han duplicado desde que Macron se convirtió en presidente.

El colectivismo no es una utopía, sino una necesidad. Entender el momento significa llevar la realidad con nosotros, hacernos dueños de la situación. El callejón sin salida del sistema capitalista puede ser una buena noticia, una oportunidad para paralizarlo, para llevarlo al límite. Cada uno de nosotros es responsable del resultado que le daremos a esta ruptura." 

(Entrevista a ,   Znetwork, 27/10/25, traducción Quillbot, 

22.10.25

“No puedo soportar ver en mi teléfono a tantos niños muertos, a tantas niñas sin piernas, tanto escombro, tanto horror… Tenemos que hacer algo”... Elon Musk dijo que la debilidad fundamental de Occidente es la empatía. Tiene razón. El escollo crucial para el proyecto del fascismo del fin de los tiempos, que él nombra como proyecto de Occidente, es el amor... Los cuerpos frágiles, agotados y hambrientos de la población gazatí despiertan la responsabilidad para hacernos cargo de las y los otros, una expresión de amor... La pedagogía de la crueldad se resquebraja ante la consciencia de la violencia atroz encarnada en cuerpos concretos que sufren. No ha sido la admiración ante la heroicidad numantina del pueblo palestino, sino la resistencia de respirar trabajosamente, de buscar cada día comida y agua, de continuar escapando cuando parecería más fácil simplemente morir. La heroicidad humilde del querer existir. La capacidad de sufrir con el sufrimiento de otros y de complacernos con su alegría es el principal escollo que encuentra este proyecto de muerte... dice Mélenchon, que “en las condiciones de nuestro siglo, la percepción de la existencia de bienes comunes inalienables produce una motivación colectivista muy fuerte"... insiste en que la emancipación de las clases populares debe ser obra de las mismas clases populares. Me parece, la verdad, más inteligente retomar y trabajar políticamente la idea de que el pueblo salva al pueblo, y no insistir de forma algo pobretona y machacona en que son los servicios públicos quienes lo salvan, como si fuesen un ovni y no una consecuencia de las luchas de la gente organizada. Creo sinceramente que no hay forma de frenar esta ofensiva sin organización y atención (Yayo Herrero)

 "Querida comunidad de CTXT:

Recientemente estuve en Argentina. Tuve ocasión de mantener encuentros con personas de diferentes ciudades y escuché mucho sobre la situación que atraviesa el país y sobre las formas en las que afecta a las personas, a las mismas personas que me lo contaban.

Milei ha puesto en marcha el proyecto político que anunció con claridad y sin tapujos, que fue respaldado por las élites económicas y por una parte significativa de sectores populares hartos y desafectos de la alternancia política de las derechas y los progresismos de unas izquierdas cada vez más deshilachadas.

Las políticas de Javier Milei constituyen una declaración de guerra contra su propio pueblo. Todo es carísimo y cualquier recurso público que sirviese para paliar desigualdades o cubrir necesidades ha sido eliminado. Bien claro dijo que la justicia social es una aberración que debe ser abolida. El resultado económico, en términos de economía convencional, ha sido lamentable, y si bien la inflación bajó, lo hizo por puro desplome del consumo de todo, también de los bienes básicos necesarios para sostener la vida. El resultado de su propósito de barrenar la justicia social, sin embargo, es bastante exitoso y coherente con sus concepciones sobre lo que es justo.

La capacidad de la sociedad argentina para organizarse es increíble. Ahora una parte importante de la resistencia se centra en la pura supervivencia. Es impresionante cómo se dan las luchas en todos los ámbitos y bajo una fortísima represión.

La cantidad de gente de izquierdas que en diferentes lugares me dijo “no lo vimos venir” me ha hecho pensar mucho. Quizás no previeron que Milei se fuese a atrever a empuñar la motosierra con esa saña, que se recortasen derechos a esa velocidad, que fuese a contar con la complicidad de la derecha del arco parlamentario que no parecía tan ultraderecha, que los progresismos exhibieran tanta impotencia.

Una parte de los sectores populares organizados sí que lo vieron venir. Dicen que mucha gente votó desde la rabia, desde un “ya no más” que nacía de la experiencia de crueldad política en la que ya vivían. Estaban saturados de corrupción y agotados de promesas y discursos vacíos.

En noviembre de 2024 Donald Trump ganó por segunda vez, no consecutiva, las elecciones presidenciales en los Estados Unidos. También allí se viven momentos propios de una película distópica. Aranceles como amenaza, personas migrantes en jaulas, deportaciones de gente encadenada, expulsiones de las universidades.

Las medidas económicas y los discursos exhiben una dureza inusitada. Trump se ha erigido como caudillo en torno al cual se aglutinan el nacionalismo cristiano, la extrema derecha de la Alt Right y un grupo de multimillonarios influyentes del sector tecnológico, que ejercen un poder político descomunal. Ven en Trump alguien capaz de intensificar el estado policial y militar, de acabar con el Estado administrativo y social y de aniquilar “La Catedral”, que es como denominan al conjunto de instituciones culturales y universitarias que, según ellos, expanden un pensamiento que bautizan como marxismo cultural e ideología woke.

Al votante que no cabe en sus cápsulas salvadoras se le ofrece la nostalgia de un pasado que probablemente nunca existió y el desfogue de ejercer poder y castigo sobre un conjunto cada vez más amplio de otros seres deshumanizados y señalados.

Tampoco se comprende el re-ascenso de Trump si no es por la práctica desaparición de un Partido Demócrata del cual amplios sectores de la sociedad no quieren saber nada más. Las encuestas realizadas en EEUU muestran el rechazo de más de la mitad de la población a la política migratoria, arancelaria y económica de Trump, y, a la vez, una percepción generalizada de que las políticas de Biden fueron dañinas y perjudiciales.

 Para comprender la fuerza con la que ha emergido la ultraderecha en tantos lugares a la vez, es preciso reconocer en toda su gravedad la naturaleza compleja e interconectada de la policrisis que atravesamos. Y es también preciso analizar críticamente y sin autoengaños las respuestas de la mayor parte de los gobiernos progresistas que se enfrentan a la contradicción entre “el realismo” de favorecer la acumulación en sus territorios y la necesidad de conseguir legitimidad política. Bajo esa tensión surgen políticas desconcertantes y contradictorias y la política se reduce a la disputa mediática. Las crisis de legitimidad son cada vez más intensas. Salvo escasas excepciones, los gobiernos no nombran ni atajan la cuestión central, el conflicto entre el capitalismo y la vida en un contexto de contracción material. Al no hacerlo, le allanan el camino al fascismo. Lo que se vive en Argentina o Estados Unidos muestran que este recorrido tiene límites evidentes.

Margaret Atwood en 1985 anticipó, en El Cuento de la Criada algo parecido a lo que vivimos. Merece la pena recordar cómo la protagonista relata en la novela la llegada a la República de Gilead:

“Fue después de la catástrofe, cuando le dispararon al presidente y ametrallaron el Congreso, y el ejército declaró el estado de emergencia. En aquel momento culparon a los fanáticos islámicos.

Yo estaba anonadada. Como todo el mundo, ya lo sé. Era difícil de creer. El gobierno entero desaparecido de ese modo. ¿Cómo lo lograron, cómo ocurrió?

Fue entonces cuando suspendieron la Constitución. Dijeron que sería algo transitorio. Ni siquiera había disturbios callejeros. Por la noche la gente se quedaba en su casa mirando la televisión y esperando instrucciones. Ni siquiera existía un enemigo al cual denunciar.

(…) Los periódicos fueron sometidos a censura y algunos quedaron clausurados, según dijeron por razones de seguridad. Empezaron a levantarse barricadas y a aparecer los pases de identificación. Todo el mundo lo aprobó, dado que resultaba obvio que ninguna precaución era excesiva. Dijeron que se celebrarían nuevas elecciones, pero que llevaría algún tiempo prepararlas. Lo que hay que hacer, declararon, es continuar como de costumbre.

Por supuesto se organizaron marchas de montones de mujeres y algunos hombres. Pero fueron menos importantes de lo que cualquiera podría pensar. Creo que la gente sentía pánico. Y cuando se supo que la policía, o el ejército, o quien fuera, abriría fuego apenas empezara una sola de esas marchas, éstas se irrumpieron. Volaron dos o tres edificios, oficinas de correos y estaciones de metro. Pero uno ni siquiera podía estar seguro de quién estaba haciendo todo eso. Podría haber sido el ejército, para justificar los registros por computadora y los otros, puerta por puerta”.

Resulta inquietante la cercanía de lo que cuenta Atwood en su novela.

¿Quién podía imaginar que pudieran echar de la universidad y deportar a una estudiante turca por haber firmado un manifiesto pro Palestina? ¿Quién puede creer que hay quien tiene que abandonar su país porque la familia ha sido amenazada por sus trabajos académicos de crítica al fascismo? ¿Quién puede imaginar a un país masacrando, echando abajo las casas, reduciendo a escombros, matando de hambre, a plena luz, con apoyos explícitos o con vergonzosas complicidades? ¿Quién podía imaginar a las fuerzas de seguridad tiroteando a migrantes que intentaban alcanzar a nado la costa?

Solo la desmemoria y la falta de mirada crítica sobre nuestra propia historia hace inimaginable este horror. No está tan lejos el macartismo en Estados Unidos, ni la dictadura de Videla en Argentina, ni la de Franco en España. No ha pasado tanto tiempo desde el Holocausto contra las personas judías. Ni del lanzamiento de las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Son relativamente recientes la Nakba y la Naksa contra el pueblo palestino. No hace demasiado de la Gran Redada contra el pueblo gitano y para los pueblos indígenas la lógica de violencia y despojo que comenzó hace cinco siglos aún está brutalmente vigente. En términos históricos, quizás haya que reconocer que lo que sucede ahora no es tan excepcional, aunque suceda en el contexto del mundo extraño que nombra Latour.

El temor fundado a que cuando lleguen las ultraderechas autoritarias de nuevo cuño usen las motosierras, y hagan de sus promesas una realidad, hace que muchas de las cuestiones que se atisban se callen. Se dice que ahora no toca. No toca advertir y denunciar. No toca hablar y repudiar la corrupción que se da también en las izquierdas, no toca llamar la atención sobre la pugna por el extractivismo de los recursos y minerales estratégicos declinantes, ni toca hablar contra la guerra, el rearme o el comercio con Israel en pleno genocidio. No toca hablar de precariedad y pobreza, ni de un proletariado joven sin garantía de futuro estable. No toca hablar de una ley de extranjería que convierte a muchas personas migrantes en mano de obra barata y disponible a la que se enfrenta con trabajadores precarios de sectores mal pagados cuyas condiciones laborales también se ven precarizadas. No toca hablar de hacia dónde conduce la superación de los límites biofísicos. No toca hablar de lucha de clases.

Hace unos días se publicó en El Salto un artículo de extraordinario interés sobre la forma de trabajo político que está siguiendo La France Insoumise (LFI) en Francia. Los autores, Eloi Gummà y Roc Solà, explican cuáles son las claves que han hecho que LFI se haya convertido, con 450.000 militantes –militantes, no solo seguidores de una red social– inscritos, en la fuerza más dinámica de la izquierda europea. Si bien LFI se inspira y reconoce en la experiencia del movimiento obrero y la lucha por el socialismo de los siglos XIX y XX, considera, en palabras de Mélenchon, que “en las condiciones de nuestro siglo, la percepción de la existencia de bienes comunes inalienables produce una motivación colectivista muy fuerte que puede contribuir más al ensanchamiento de una conciencia anticapitalista”.

El artículo advierte de que “pese a que los medios macronistas se empeñen en ver beneficios para la extrema derecha detrás de toda agitación popular, lo cierto es que los hechos, tanto de los últimos meses como del calendario por venir, tienen en gran parte que ver con el rol jugado en la política nacional por LFI”.

LFI defiende que la construcción de un pueblo revolucionario no es solo una cuestión de relato para invocar al pueblo o la nación, sino que implica un gran esfuerzo militante para construir un movimiento de masas que se active mediante campañas compartidas, momentos y espacios, puerta-a-puertas, sin atajos. Conciben la propia acción como “un gran movimiento de educación popular”. No se presentan como un partido de vanguardia, sino como un movimiento político que pretende estimular la autoorganización. Insisten en que la emancipación de las clases populares debe ser obra de las mismas clases populares. Me parece, la verdad, más inteligente retomar y trabajar políticamente la idea de que el pueblo salva al pueblo, y no insistir de forma algo pobretona y machacona en que son los servicios públicos quienes lo salvan, como si fuesen un ovni y no una consecuencia de las luchas de la gente organizada.

Creo sinceramente que no hay forma de frenar esta ofensiva sin organización y atención. En este sentido, la lucha contra el genocidio contra el pueblo palestino es de nuevo emblema. Llevamos dos años de protestas. En algunos lugares muy fuertes. En otros, como en España al principio, posiblemente por tener un gobierno que discursivamente era muy crítico con las masacres cometidas por Israel, fueron menos masivas e intensas de lo que era esperable. Luego, según las dimensiones del horror fueron siendo más conocidas, gracias al trabajo de muchos y muchas periodistas locales masacradas y de algunos periodistas y medios de comunicación en nuestros países. Para mí ha sido fundamental el trabajo de Olga Rodríguez y también el de CTXT, que hicieron una importante labor de poner a disposición de las y los lectores traducciones de medios israelíes y análisis que no eran fáciles de encontrar.

Sin embargo, creo que las movilizaciones en torno a la Vuelta Ciclista a España han sido el detonante que han llevado la movilización a un cambio de escala.

La Vuelta, coincidente con la Marea Palestina en educación y el viaje de la Global Sumud Flotilla han logrado romper el bloqueo mediático. La brutalidad del genocidio se ha vuelto incontenible y ha pulverizado los algoritmos que la escondían. “No puedo soportar ver en mi teléfono a tantos niños muertos, a tantas niñas sin piernas, tanto escombro, tanto horror… Tenemos que hacer algo”, afirmaba un joven en un post.

El 8 de marzo de 2025, Elon Musk dijo que la debilidad fundamental de Occidente es la empatía. Tiene razón. El escollo crucial para el proyecto del fascismo del fin de los tiempos, que él nombra como proyecto de Occidente, es el amor.

Los cuerpos frágiles, agotados y hambrientos de la población gazatí despiertan la responsabilidad para hacernos cargo de las y los otros, una expresión de amor. No se puede, sencillamente no se puede, no hacer nada.

La pedagogía de la crueldad se resquebraja ante la consciencia de la violencia atroz encarnada en cuerpos concretos que sufren. No ha sido la admiración ante la heroicidad numantina del pueblo palestino, sino la resistencia de respirar trabajosamente, de buscar cada día comida y agua, de continuar escapando cuando parecería más fácil simplemente morir. La heroicidad humilde del querer existir.

La capacidad de sufrir con el sufrimiento de otros y de complacernos con su alegría es el principal escollo que encuentra este proyecto de muerte. En este sentido, el precario alto el fuego es una pequeñísima e insuficiente victoria. Podían haber seguido masacrando y haber terminado el trabajo sin necesidad de hacer paripés, pero la gente en la calle, atenta y activa ante la masacre, y la furia que generan la injusticia y la violencia atroz son un peligro. Por eso, Trump tiene que bajar por unos instantes del podio de la dueñidad, como dice Rita Segato, y se autopresenta como factótum de un proceso de paz que él sabe que no lo es, pero que se ve obligado a presentar como tal. Es la primera vez en meses que se ve forzado a hacer algo. Es peligroso tener a gente atenta en la calle, que una vez se organiza, aprende y se pregunta cómo se llegó aquí, conecta éste con otros dramas, con otras vulnerabilidades hasta llegar a la suya propia y, entonces, quizás ya no es tan fácil meterlos en casa ni engañarlos. Hay que desactivar la explosión de decencia y humanidad cuanto antes.

Toca seguir y no consentir que se llame proceso de paz a lo que, tal y como señala Olga Rodríguez, es un intento de normalización del genocidio israelí, con el fin de rescatar la imagen de Israel, detener la presión social internacional y garantizar la ocupación y el apartheid en Palestina. Toca decir a nuestro Gobierno que es una vergüenza que rinda pleitesía a Donald Trump, que se transija con una operación de lavado de imagen a Israel y un ejercicio de impunidad ante dos años de atrocidades, despojo y brutalidad que se unen a los de decenios anteriores.

Toca trabajar para dar respuestas firmes, sólidas, organizadas y masivas que se apuntalen en esa justicia que les parece aberrante, esa paz que no suma en el PIB y esa empatía que nos recuerda que somos seres humanos. Solo se hará si la calle y la sociedad fuerzan a ello. No esperemos nada si no lo forzamos entre todas.

El Cuento de la Criada no es la historia disciplinadora de una distopía; lo que Margaret Atwood cuenta es el inicio de una resistencia.

“Es por falta de amor por lo que morimos (…) Creo en la resistencia del mismo modo que creo que no puede haber luz sin sombra o, mejor dicho, no hay sombra a menos que también haya luz”."                              (Yayo Herrero , CTXT, 20/10/25)

5.9.25

Simple y llanamente, la cuestión de confianza del primer ministro François Bayrou es un acto suicida de un Gobierno que, confrontado a la prueba de fuego que supone aprobar los presupuestos, ha tenido que rendirse a la evidencia, no lo conseguirá sin importantes concesiones a cambio... El volumen de la deuda ha sido el pretexto... proponiendo un primer recorte de al menos 44.000 millones de euros, pero negándose a gravar los beneficios de las grandes empresas y las fortunas más importantes del país. Es un presupuesto de austeridad... Esto significa cargar esta fórmula sin precedentes sobre las espaldas de las capas medias, los jubilados, los asalariados, suprimiendo incluso la cobertura de dos días no laborables... La situación de la deuda francesa, (de 3,3 billones de euros, es decir, el 113 % del PIB), no es “catastrófica”. Se encuentra más o menos en la media de los países europeos... además, los mercados seguirán confiando en la garantía del Estado francés si lleva a cabo una estrategia progresiva de reducción. Las valoraciones de las grandes agencias internacionales aseguradoras son todas, sin excepción, positivas. ¿Por qué, entonces, este repentino catastrofismo del primer ministro? Quiere abandonar lo antes posible este barco que se hunde inexorablemente. Y prefiere caer con una imagen de defensor del rigor presupuestario, perfil siempre bien valorado por los grupos financieros dirigentes, y abandona a Macron, que vuelve al callejón sin salida que él mismo desencadenó al negarse a elegir un gobierno dirigido por el Nuevo Frente Popular, ganador de las elecciones. Ahora, si nombra a un primer ministro fuera de la mayoría de las izquierdas en el Parlamento, no será más que un Sísifo condenado a una nueva e inevitable derrota. Las manifestaciones sociales previstas para este mes de septiembre lo demostrarán una vez más: la verdadera crisis de gobernabilidad en Francia no es financiera, es política (Sami Naïr)

 "Simple y llanamente, la cuestión de confianza que el primer ministro François Bayrou plantea este próximo lunes en el seno de la Asamblea Nacional francesa equivale a poner su propia cabeza bajo la guillotina. Es un acto suicida de un Gobierno que, confrontado a la prueba de fuego que supone aprobar los presupuestos generales antes de fines de diciembre, ha tenido que rendirse a la evidencia: no lo conseguirá sin importantes concesiones a cambio.

El volumen de la deuda ha sido el pretexto utilizado por Bayrou para proponer, a comienzo de las vacaciones de verano, un primer recorte de al menos 44.000 millones de euros, pero negándose a gravar los beneficios de las grandes empresas y las fortunas más importantes del país. Es un presupuesto de austeridad que el primer ministro esgrime, además, como un dictado, exigiendo a la oposición aceptarlo sin rechistar. Esto significa, sin signos de rubor, imponer más dosis de injusticia fiscal y social, y cargar esta fórmula sin precedentes sobre las espaldas de las capas medias, los jubilados, los asalariados, suprimiendo incluso la cobertura de dos días no laborables.

La mayoría de las fuerzas políticas, desde Francia Insumisa hasta la extrema derecha, pasando por el Partido Socialista y los Verdes, se ha rebelado firmemente tanto contra este formato presupuestario austericida, como contra la actitud de soberbia del primer ministro minoritario en el Parlamento, que ha gobernado durante nueve meses gracias a la abstención cómplice de la Agrupación Nacional de Marine Le Pen y, en ocasiones, de los socialistas, en las no pocas mociones de censura presentadas contra su política.

En realidad, para la deuda no era preciso someter la cuestión de confianza al Parlamento. Sin desacuerdo en la necesidad de moderarla, el debate sobre los presupuestos se centraría en determinar el volumen anual de las partidas objeto de recorte y el tiempo necesario para reducir su entidad. Si hubiera manifestado voluntad política de diálogo, y menos intransigencia, François Bayrou habría encontrado probablemente respaldo ante una izquierda desunida, ya que el Partido Socialista se había declarado dispuesto a colaborar. Pero ha preferido extrañamente hacer de su plan una opción no negociable. La situación de la deuda francesa, (de 3,3 billones de euros, es decir, el 113 % del PIB), agravada por la crisis de la covid-19, ya se conocía hace varios años. Aunque importante, no es, como sostiene el jefe del Gobierno, “catastrófica”. Se encuentra más o menos en la media de los países europeos y, además, los mercados seguirán confiando en la garantía del Estado francés si lleva a cabo una estrategia progresiva de reducción. Las valoraciones de las grandes agencias internacionales aseguradoras son todas, sin excepción, positivas. ¿Por qué, entonces, este repentino catastrofismo del primer ministro?

En realidad, detrás de esta dramatización, hay otras razones, esencialmente tácticas y políticas. Basta señalar, por una parte, que el telón de apoyo que ha alimentado al Gobierno durante nueve meses se vuelve cada vez más débil. Como todas las demás fuerzas políticas, la extrema derecha de Marine Le Pen comienza ahora la campaña para las presidenciales de 2027 y necesitará distanciarse de un Gobierno al que ha salvado en varias ocasiones. Por otra parte, es probable que el mismo Bayrou esté pensando, dada la crisis profunda de dirección de las élites políticas de derecha, en presentarse a estos comicios. Pero es consciente de que, al igual que el presidente Macron, sufre un fuerte rechazo en las encuestas de opinión. Por eso quiere abandonar lo antes posible este barco que se hunde inexorablemente. Y prefiere caer con una imagen de defensor del rigor presupuestario, perfil siempre bien valorado por los grupos financieros dirigentes.

Las consecuencias políticas de esta huida disfrazada de martirio son enormes e imprevisibles. Exponen a Emmanuel Macron a dilemas arriesgados: disolver la Asamblea Nacional y convocar nuevas elecciones podría desembocar en otro fracaso; elegir a un primer ministro —o ministra— de la cantera del Partido Socialista no encontraría el mínimo respaldo por parte de Francia Insumisa, el mayor partido de izquierdas en el Parlamento, y sería, asimismo, combatido por la extrema derecha. Otra alternativa sería designar a una “personalidad independiente”, pero sin la certeza de las fuerzas políticas que la apoyarían. O bien, por fin, le queda la dimisión y la llamada anticipada de elecciones presidenciales, pero recientemente ha descartado esta solución. Así que no hay buena solución. ¡Bayrou, que se había impuesto como primer ministro a Macron, lo abandona hoy, sin pedirle permiso! Su decisión vuelve a colocarlo en el callejón sin salida que él mismo desencadenó al disolver el Parlamento en abril de 2024 y, lo que es aún más grave, al negarse a elegir un gobierno dirigido por el Nuevo Frente Popular, ganador de las elecciones. Ahora, si nombra a un primer ministro fuera de la mayoría de las izquierdas en el Parlamento, no será más que un Sísifo condenado a una nueva e inevitable derrota. Las manifestaciones sociales previstas para este mes de septiembre lo demostrarán una vez más: la verdadera crisis de gobernabilidad en Francia no es financiera, es política."                 (Sami Naïr , El País, 04/09/25) 

6.12.24

El Gobierno de Michel Barnier ha llegado a un punto final. Es una derrota anunciada. La idea de un gobierno implícitamente codirigido por la derecha y la extrema derecha no ha funcionado. Así que Macron ha vuelto a la escena tras el eclipse de censura de Barnier... la justicia le está pisando los talones a Le Pen... Las elecciones presidenciales son, pues, vitales para su supervivencia política. No ofrecerá a nadie el regalo de la pérdida de su inmunidad hasta 2027... Mélenchon sabe que la relación de fuerzas en la izquierda está cambiando... también está dispuesto a adelantar elecciones... Mientras, la situación en Francia sigue deteriorándose, la deuda es colosal (supera el billón de euros), el clima social es un barril de pólvora, aumentan las reivindicaciones de agricultores, funcionarios, pensionistas y asalariados frente a una inflación que desciende solo en apariencia. Nadie puede garantizar que el edificio institucional y político resista la presión combinada de la extrema derecha, principal fuerza que aglutina por sí sola a 11 millones de votantes, y de un régimen político tan fallido como imprevisible. El fracaso de Emmanuel Macron es rotundo (Sami Naïr)

 "El Gobierno de Michel Barnier ha llegado a un punto final. Es una derrota anunciada. Atrapado entre dos fuerzas políticas contrapuestas —la coalición de la izquierda del Nuevo Frente Popular y la extrema derecha de Reagrupamiento Nacional—, este mandato en minoría tenía los días contados desde la disolución de la Asamblea Nacional en junio de 2024. Todos sabían que caería en cuanto el primer ministro osara sacar de la chistera el artículo 49.3 de la Constitución, que permitiría aprobar los presupuestos generales limitando la potestad legislativa del Parlamento. Así que el primer ministro Barnier quedó tocado y hundido tras una moción de censura: un contratiempo de esta envergadura no había ocurrido desde 1962. Es un sonoro revés. Y el descalabro de su líder, Emmanuel Macron, después de provocar la disolución de las Cortes, una decisión que lo convirtió, dada la árida polarización política del país, en el blanco de sus adversarios, enfrentados entre sí, pero de acuerdo entre ellos para derrotarle. Reincidió en el error de nombrar a un primer ministro en minoría que comulga con una política cada vez más escorada a la derecha y aún más confusa que la suya. La idea de un gobierno implícitamente codirigido por la derecha y la extrema derecha no ha funcionado. Así que Macron ha vuelto a la escena tras el eclipse de censura de Barnier.

Macron t iene tres opciones: no hacer nada y esperar hasta julio de 2025, fecha en la que podrá disolver de nuevo la Asamblea Nacional y buscar una nueva mayoría. Mientras tanto, Michel Barnier continuaría gestionando, con un gobierno técnico, los asuntos corrientes utilizando el presupuesto de 2024, pero con graves repercusiones para la economía del país. La segunda alternativa sería la de nombrar un nuevo primer ministro con un perfil más adecuado a los ojos de Marine Le Pen y su partido, como el actual ministro de Defensa, Sébastien Lecornu, o el presidente del partido centrista Modem, François Bayrou, y mantenerse con ese formato agónico hasta 2027, salvo nueva moción de censura. O, finalmente, mediante un gesto de honor y de responsabilidad, podría aceptar la cohabitación con la izquierda y sus aliados para que gobiernen en coalición, o bien dimitir y permitir al electorado sacar a Francia del atolladero en el que la ha metido.

Sin embargo, cualesquiera que sean las hipótesis que se barajen en este escenario, no pueden desviar la atención respecto de otras coordenadas que sirven para entender mejor el actual tablero político. Porque lo que está realmente en juego es algo más que una batalla ante unas posibles elecciones generales en junio de 2025. La actitud del Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen, que ha sometido a Michel Barnier al albur de sus caprichos, haciendo y deshaciendo, y secundando, después, una moción de censura contra él, no busca sino forzar la dimisión de Macron y convocar elecciones presidenciales anticipadas lo antes posible.

Son tres las razones que la mueven: el electorado de Le Pen quiere poner fin al régimen macroniano, que tacha de antinacional; ella misma se afirma como única candidata, idónea y preparada para vencer en los próximos comicios, y los sondeos no desmienten esta convicción. Por último, pero no menos importante, la justicia le está pisando los talones a Le Pen. Se enfrenta a una posible inhabilitación para el ejercicio del sufragio activo por estar involucrada en un caso de corrupción por parte de parlamentarios europeos vinculados a su partido. Las elecciones presidenciales son, pues, vitales para su supervivencia política. No ofrecerá a nadie el regalo de la pérdida de su inmunidad hasta 2027.

Desde el otro lado de la rivalidad, la urgencia de Jean-Luc Mélenchon por lograr la dimisión del presidente es igual de vehemente. Sabe que la relación de fuerzas en la izquierda está cambiando. La coalición anti-Francia Insumisa, que reúne a socialistas disidentes con los que François Hollande podría finalmente confluir para regresar a la carrera presidencial, la actitud ambigua de los Verdes, el acoso mediático que sufre el partido, entre otras razones por su apoyo a los palestinos, y, finalmente, la inexistencia de una alternativa real en la izquierda, empujan a Mélenchon a hacer todo lo posible para adelantar elecciones presidenciales. Está tan dispuesto como Marine Le Pen.

Mientras, la situación en Francia sigue deteriorándose, la deuda es colosal (supera el billón de euros), el clima social es un barril de pólvora, aumentan las reivindicaciones de agricultores, funcionarios, pensionistas y asalariados frente a una inflación que desciende solo en apariencia. Nadie puede garantizar que el edificio institucional y político resista la presión combinada de la extrema derecha, principal fuerza que aglutina por sí sola a 11 millones de votantes, y de un régimen político tan fallido como imprevisible. El fracaso de Emmanuel Macron es rotundo."                             ( Sami Naïr , El País, 04/12/24)

10.9.24

Macron da un auténtico golpe de estado contra la voluntad popular... La intención de la coalición de izquierdas de derogar la reforma de las pensiones y la subida del salario mínimo han sido los argumentos que ha utilizado Macron para saltarse la regla no escrita de aceptar la propuesta de la coalición ganadora de las legislativas... El Frente Republicano salta por los aires con esta decisión, que implica de facto la incorporación de la extrema derecha en la gobernabilidad de la V Republica... Se agudiza la crisis de régimen de la V República francesa, que ahora se expresa en la propia crisis del Macronismo... si Le Pen consigue ganar las próximas presidenciales, la V República será un zombi, que puede que no termine de morir, sino que podamos asistir a una resurrección aún más autoritaria, una suerte de gaullismo xenófobo atravesado por las neurosis identitarias... Solo el nuevo Frente Popular parece capaz de parar esta deriva (Miguel Urbán)

Miguel Urbán Crespo @MiguelUrban

Macron da un auténtico golpe de estado contra la voluntad popular. El presidente francés nombra al derechista Michel Bernier como nuevo primer ministro francés en contra de lo expresado en la urnas en las pasadas legislativas Hilo con algunos apuntes sobre la decisión y la coyuntura que se abre en Francia 

¿Quien es Barnier?: Veterano político de la derecha francesa (los Republicanos) exministro, excomisario europeo y negociador del Brexit. Uno de los políticos del extremo centro francés que se negó a pedir el voto al Nuevo Frente Popular para parar a la extrema derecha. 

 Lo mas importante: una figura del establishment francés asumible por la Agrupación Nacional de Le Pen.

Una decisión inédita: El nombramiento de Barnier se da casi dos meses después de las elecciones y tras el rechazo explícito de Macron a la candidata del Nuevo Frente Popular, Lucie Castets, que fue la coalición más votada en las pasadas elecciones legislativas. La intención de la coalición de izquierdas de derogar la reforma de las pensiones y la subida del salario mínimo han sido los argumentos que ha utilizado Macron para saltarse la regla no escrita de aceptar la propuesta de la coalición ganadora de las legislativas

 Los límites democráticos de la V Republica: No sabemos si la decisión de Macron favorecerá una nueva implosion del sistema político francés. Lo que está fuera de toda duda es que este nombramiento agudiza el autoritarismo del que el gaullismo impregnó la política de la V República, y que el mismo Mitterrand llegó a calificar como un golpe de Estado permanente.

 Todo con el apoyo de Le Pen: El nombramiento de Barnier sólo puede mantenerse gracias a un acuerdo tácito con la extrema derecha: no apoyar una posible moción de censura de la izquierda. Macron ha abierto los los candados del cordón sanitario a Rassemblement National que ya actúa como n el partido  hegemónico de la derecha nacional, acercándo a Le Pen aún más al Palacio del Elíseo x.com/mlp_officiel/s

 El Frente Republicano salta por los aires: La concentración del voto contra la extrema derecha en el llamado “frente republicano”. Un “cordón sanitario” que ha funcionado desde las presidenciales de 2002 y que ha dejado históricamente sin poder institucional. Ha saltado por los aires con esta decisión, que implica de facto la incorporación de la extrema derecha en la gobernabilidad de la V Republica.

 Adiós a las caretas “antifascistas”: Al menos servirá para quitar todas las caretas del establishment francés representado en la figura de Macron y su extremo centro, demostrando que siempre preferirán a una racista autoritaria que cuestione la democracia antes que a una candidatura que cuestione sus privilegios de clase.

  Se agudiza la crisis de régimen: El nombramiento de Barnier suma un capítulo más a la crisis larvada que vive el régimen de la V República francesa; la duda es si este será su epílogo final. Una crisis que se ha mostrado con toda su crudeza en la descomposición de los dos partidos, democristianos y socialistas, que tradicionalmente habían ostentado el poder después de la II Guerra Mundial. Y ahora se expresa en la propia crisis del Macronismo.

 Todo las miradas puestas en las presidenciales del 2027: El sociólogo Ulrich Beck consideraba “instituciones zombis” a aquellas entidades muertas –que ya no representan los intereses colectivos o los intereses para los que nacieron–, pero aún vivas. Preguntándose si su resurrección, aun en una nueva forma o encarnación, es factible, o, si no lo es, cómo disponer su sepultura. Si finalmente Le Pen consigue ganar las próximas presidenciales, el zombi de la V República puede que no termine de morir como muchos analistas apuntan, sino que, por el contrario, podamos asistir a una resurrección aún más autoritaria, una suerte de gaullismo xenófobo atravesado por las neurosis identitarias.  Solo el nuevo Frente Popular parece capaz de enterrar el zombie  autoritario de la V Republica. Para ello es fundamental construir comités plurales y unitarios que favorezcan la construcción de un movimiento más allá de lo electoral, que apueste por el desborde popular, elabore un programa de impugnación ecosocialista y cambie el guion previsto: la victoria de la ultraderecha en las próximas presidenciales.

7:04 p. m. · 5 sept. 2024 443,8 mil Reproducciones

28.8.24

Elecciones pisoteadas... Le Monde informa de que «para Emmanuel Macron y sus seguidores, es sencillamente impensable nombrar un gobierno que ponga en cuestión la “madre de todas las reformas”, la de las pensiones»... no existe un cordón sanitario para la extrema derecha, sino todo lo contrario... la repulsa hacia LFI no es una cuestión de estilo, es un problema de fondo. Y este problema de fondo no tiene nada que ver con el «laicismo» o «la explosión del gasto público» (que es tan grande bajo Macron que Francia ha sido sometida al procedimiento de déficit excesivo por Bruselas), sino con la cuestión de los impuestos... el Nuevo Frente Popular pondría en peligro una evasión fiscal cada vez mayor y cada vez más legal por parte de los ricos, la supresión del impuesto sobre el patrimonio y la reforma de las pensiones, que redujo el gasto público en seguridad social y aumentó el gasto en ayudas a las empresas privadas

 "(...) Volvamos a Francia: no existe un cordón sanitario para la extrema derecha, sino todo lo contrario. El Presidente de la República decidió convocar elecciones legislativas en un momento en que la extrema derecha estaba en su apogeo. La mayoría de los medios de comunicación calificaron inmediatamente su victoria de inevitable, con la ayuda de sondeos que resultaron todos completamente engañosos. Al final de una campaña electoral que vio una alianza sin precedentes entre la izquierda y una gran movilización de los ciudadanos, las elecciones colocaron a la Asamblea Nacional en una situación comparable a la de la mayoría de los parlamentos de Europa: ningún grupo o alianza tiene mayoría absoluta, pero un grupo está realmente a la cabeza, el Nuevo Frente Popular. Todo el mundo se equivocaba, empezando por el Presidente, que quería a RN en el poder, pero también todos los institutos de sondeos y los editorialistas.

    «La Constitución no estipula que el Presidente deba nombrar Primer Ministro al grupo que haya quedado en cabeza. Sí, pero hasta ahora, eso es lo que ocurría siempre, es lo que ocurre en todos los regímenes llamados democráticos en el resto del mundo, y es lo más legítimo desde el punto de vista democrático

Pero desde entonces... no ha ocurrido nada como en otros sistemas políticos europeos. En primer lugar, todos los grandes medios de comunicación y la clase política dominante han desacreditado la idea de que deba ser el grupo dirigente el que intente formar gobierno. En segundo lugar, el Presidente no nombró a nadie, argumentando que los Juegos Olímpicos eran primordiales. Luego inició una serie de reuniones al estilo de las «entrevistas de trabajo» para encontrar al candidato adecuado, haciendo caso omiso de los resultados electorales.

Los principales medios de comunicación encubren esta negación de la democracia con argumentos fáciles de rebatir:

    «La Constitución no estipula que el Presidente deba nombrar a un Primer Ministro del grupo que haya resultado vencedor, así que puede hacer lo que quiera». Sí, pero hasta ahora siempre ha sido así, es lo que ocurre en todos los regímenes llamados democráticos del resto del mundo, y es lo más legítimo desde el punto de vista democrático. En las últimas semanas, el entorno de Macron ha invocado posibles candidatos de la derecha, a pesar de que el partido Les Républicains es el gran perdedor de las elecciones, con 41 diputados.

Macron y su entorno dijeron que rechazaron a la candidata del PFN -Lucie Castets- porque el riesgo de censura (que una mayoría de diputados votara en contra del Gobierno y lo derribara) era demasiado grande... Pero lo mismo ocurre con cualquier otro grupo político, ninguno de los cuales cuenta con la mayoría absoluta -más de la mitad de los diputados- que le protegería de una moción de censura de la oposición.

    El último argumento no tiene nada que ver con la legalidad y menos aún con la democracia: consiste en decir que France Insoumise, miembro del sindicato PFN, es un partido no republicano, porque es «ultrajante» y «antisemita». Tras varios años de apaleamiento contra el partido menos compatible con la burguesía de la izquierda institucional, este tipo de insulto y de mentira se ha convertido casi en una verdad establecida, que un político puede pronunciar en un plató de televisión sin ser corregido por un periodista. Pero al final se vuelve al mismo tipo de razonamiento que el «cordón sanitario» belga: hay partidos políticos e ideas que deben ser excluidos de cualquier sistema político. Y, en el caso francés, aunque esto contradiga la soberanía popular expresada en las elecciones. 

Este último argumento no es más que un pretexto, un seguro de vida retórico puesto en marcha por la clase dominante para protegerse de cualquier medida social en las próximas décadas, y Jean-Luc Mélenchon lo demostró el fin de semana: propuso que Lucie Castets montara un gobierno sin un ministro del Insoumis. Retirándose de la ecuación, quitó el viento de las velas a todos aquellos que veían en la presencia «no republicana» de LFI la única razón de la negación de la democracia sufrida por los votantes del PFN: el argumento ya no existe.

La respuesta de la clase política burguesa no se hizo esperar: «¿Quién puede dejarse engañar por semejante manipulación?», exclamó el diputado macronista por el rico distrito 16 de París, Benjamin Haddad. Un gobierno sometido a los mandatos de Jean-Luc Mélenchon, que aplicará el programa del NFP-LFI, explosión de los impuestos y del gasto público, dirigismo económico, complicidad con los regímenes autoritarios, puesta en tela de juicio del laicismo: eso es evidentemente un no».

Le Monde informa de que «para Emmanuel Macron y sus seguidores, es sencillamente impensable nombrar un gobierno que ponga en cuestión la “madre de todas las reformas”, la de las pensiones».

Todas las reacciones son del mismo orden y revelan la misma realidad: la repulsa hacia LFI no es una cuestión de estilo, es un problema de fondo. Y este problema de fondo no tiene nada que ver con el «laicismo», la «complicidad» o cualquier otra cosa con los regímenes autoritarios (a los que Macron no es ajeno, como todos sus predecesores), o «la explosión del gasto público» (que es tan grande bajo Macron que Francia ha sido sometida al procedimiento de déficit excesivo por Bruselas), sino con la cuestión de los impuestos.

Un cordón burgués contra todas las medidas sociales

 Tras las intervenciones de Lucie Castets, la muy suave candidata del NFP a Primera Ministra, entendemos que fue llamada para intentar presentar un programa mínimo, que su escasa mayoría en el Parlamento podría haberle permitido aplicar: medidas de lucha contra el fraude fiscal, tema para el que está especialmente cualificada, restablecimiento y refuerzo del Impuesto de Solidaridad Patrimonial (ISF), tema central de la lucha de los Chalecos Amarillos de 2018, y derogación de la reforma de las pensiones de 2023, motivo de las mayores protestas que ha vivido el país. En resumen, como mínimo, la primera ministra Lucie Castets podría haber arrebatado a la burguesía tres grandes victorias conseguidas a costa de los ciudadanos:

 -  En primer lugar, una evasión fiscal cada vez mayor y cada vez más legal por parte de los ricos, gracias sobre todo a la multiplicación de los nichos fiscales, como el de los armadores, que permite al nuevo patrón de BFM TV, Rodolphe Saadé, pagar muy pocos impuestos por su naviera mundial -no se sorprenda de la postura tan anti-NFP de su cadena-.

 -  Y la supresión del impuesto sobre el patrimonio, que ahorró millones de euros a todo el mundo.

-  Luego vino la reforma de las pensiones, que redujo el gasto público en seguridad social y aumentó el gasto en ayudas a las empresas privadas: llegamos a 200.000 millones de euros anuales pagados a patronos y accionistas sin contrapartida alguna, un mecanismo que el CCN en el poder podría reducir (si no cuestionar por completo, no soñemos demasiado).

La situación es la siguiente: el Presidente de la República no respeta las elecciones que él mismo convocó, porque esperaba un resultado diferente. La mayoría de las fuerzas políticas y todos los grandes medios de comunicación encubren esta maniobra a lo Vladimir Putin con argumentos jurídicos o políticos de paliza que no se sostienen más de 30 segundos.

    Es el cordón burgués: un sistema político y mediático tácito, instintivamente compartido por miembros y submiembros de la clase dominante, cuyo objetivo es impedir que llegue al poder cualquier opción contraria a sus intereses, incluso cuando esa opción es moderada.

 Las cosas están ahora muy claras: el sistema político francés y su clase dirigente han ideado un sistema aparentemente democrático en el que sólo se puede elegir entre las opciones que uno prefiera. En la actualidad: la derecha antisocial y colonialista o la extrema derecha antisocial y racista. Cualquier otra opción que ponga en cuestión las condiciones de prosperidad de los propietarios -regímenes fiscales preferenciales y malversación de dinero público, en el caso actual- debe ser tachada del menú. Este es el cordón burgués: un sistema político y mediático tácito, instintivamente compartido por los miembros y sub-miembros de la clase dominante, cuyo objetivo es impedir la llegada al poder de cualquier opción contraria a sus intereses, incluso cuando esa opción es moderada.

 Frente al cordón burgués, no hay victoria electoral posible. El cordón burgués -que también se construye a nivel de las instituciones europeas- ya actuó contra nuestros votos en 2005 -cuando franceses, holandeses e irlandeses votaron contra el Tratado Constitucional Europeo y sus parlamentos ratificaron posteriormente el mismo tratado- y en 2015 -cuando los griegos eligieron un gobierno de izquierda radical y aprobaron su enfrentamiento con la Troika (las instituciones europeas e internacionales que supervisan la deuda griega) en un referéndum-, desde entonces completamente pisoteado. El cordón burgués suele actuar antes de las elecciones, neutralizando cualquier deseo real de cambio dentro de los partidos de izquierda. La izquierda que ya ha ganado las elecciones en Francia lleva mucho tiempo infiltrada por los ideales burgueses: el PS de Mitterrand fingió luchar antes de embarcarse en una política liberal extremadamente rentable para el capitalismo, y el PS de Hollande declaró rotundamente antes de las elecciones que no tenía ninguna intención de hacerlo (porque aunque el «enemigo» de Hollande eran «las finanzas», no tenía «ni cara, ni nombre, ni dirección»).

    El cordón burgués suele actuar antes de las elecciones, neutralizando cualquier voluntad real de cambio en el seno de los partidos de izquierda.

La izquierda que ya ha ganado las elecciones en Francia lleva mucho tiempo infiltrada por los ideales burgueses: el PS de Mitterrand fingió luchar antes de embarcarse en una política liberal extremadamente rentable para el capitalismo, y el PS de Hollande declaró rotundamente antes de las elecciones que no tenía ninguna intención de hacerlo (porque aunque el «enemigo» de Hollande eran «las finanzas», no tenía «ni cara, ni nombre, ni dirección»).

Frente al cordón burgués, de nada sirve ser «creíble», cortés o suave: Lucie Castets lo fue, y no funcionó.

Miembro ella misma de la clase dominante, jugando a fondo el juego de la respetabilidad burguesa, fue destituida sin contemplaciones tras haber tenido que jugar hasta el final el juego del buen alumno. La claridad y la credibilidad de las exposiciones de su programa económico bastaron para tranquilizar a los empresarios y a los altos funcionarios. Pero no fue suficiente. Es un poco duro escuchar a los miembros del CCN expresar su satisfacción tras su encuentro con Macron, el embaucador en jefe: «Los elegidos de la izquierda dan cuenta de un diálogo “sincero”, “respetuoso”, “franco” y “cordial”, dice Le Monde. «Fue limpio», resume un parlamentario. Emmanuel Macron «pareció tomar nota de que los franceses habían pedido un cambio de rumbo político» y eso es «un inmenso progreso», dijo una positiva Lucie Castets el viernes por la noche en Montpellier, en el relanzamiento político del PCF.»

Frente al cordón burgués, tenemos que dejar de ser ingenuos y creer que vivimos en un sistema democrático.

«Tienes que dejar de subestimarnos ya», le habría dicho a Macron Marine Tondelier, secretaria general del Parti écologiste, según Le Monde.  Desgraciadamente, el presidente tiene razón al subestimar al CCN: frente a la instauración del cordón burgués -que no es una primicia en nuestra Historia, como hemos dicho-, esperar clemencia y respeto a las elecciones por parte del líder de los banqueros y accionistas es una pérdida de tiempo y una terrible demostración de debilidad. 

El cordón burgués sólo teme a la fuerza que se le opondrá.

Y, ay, ganar unas elecciones no proporciona fuerza suficiente, sobre todo cuando el que es «garante de las instituciones» es Macron y los que comentan la jugada son nuestros grandes medios multimillonarios -y nuestros medios públicos de trapo-. En términos de comentario de gran mala fe de una cierta eficacia, el relevo, por todos los grandes medios, de un sondeo que daba a Gabriel Attal como Primer Ministro favorito de los franceses fue particularmente inflado. Sobre todo si se tiene en cuenta que ningún instituto demoscópico había pronosticado el resultado de las elecciones del 7 de julio. Oponiendo la palabra de 1.083 personas encuestadas en Internet (a cambio de vales, así es como los institutos reclutan a sus paneles) a la expresión de 28 millones de electores, había que hacerlo. Pero el cordón burgués no se detendrá ante nada.

    El cordón burgués es tan fuerte como sus oponentes. Y, por desgracia, ganar unas elecciones no da la fuerza suficiente, sobre todo cuando el que es «garante de las instituciones» es Macron y los que comentan la jugada son nuestros grandes medios multimillonarios -y nuestros medios públicos de trapo-.

¿Cómo podemos romper el cordón burgués y obtener medidas sociales?

¿Dónde encuentran la fuerza para oponerse al cordón burgués?

Al consagrar todas sus energías al proceso electoral y no a la organización concreta de la sociedad (a través de redes de ayuda mutua, actividades de ocio, mecanismos que den coherencia y fuerza a las clases dominadas), los partidos políticos de izquierda son incapaces de lanzar un movimiento social capaz de actuar sobre otras palancas -la producción económica, las redes de transporte, etc.- que no forman parte de la izquierda. En el reparto de tareas que los sindicatos y los partidos de izquierda se dieron a lo largo del siglo XX, correspondía a los primeros realizar este trabajo.
Son los burgueses quienes comentan las elecciones e interpretan los resultados a su antojo.

Desgraciadamente, en Francia, el cordón burgués también ha neutralizado definitivamente el poder de los sindicatos. Hacia arriba, criminalizando la acción sindical y haciendo que el sindicalismo sea agotador e inofensivo en las empresas. Hacia abajo, integrando en su mundo a una parte de los dirigentes sindicales (los dirigentes de la CFDT son sistemáticamente recompensados con puestos en la buena sociedad una vez finalizado su mandato). Más vale tarde que nunca, Sophie Binet (CGT) ha anunciado una movilización nacional para septiembre-octubre. Es un comienzo, algunas fechas en nuestras agendas, pero sabemos que no será suficiente.

    Si ya no podemos contar con las elecciones para lograr cambios, y si los responsables sindicales sólo nos permiten realizar inofensivas demostraciones de fuerza, vamos a tener que cambiar de táctica si queremos conseguir algo más que desprecio, decepción y violencia social.

Entonces, ¿qué hacemos? Para ejercer la fuerza, necesitamos, como hemos dicho aquí en muchas ocasiones, crear estructuras que puedan, a escala local y nacional, organizar a la población para conseguir victorias. Ya hemos mencionado las redes locales de resistencia a la extrema derecha, muy abiertas, muy accesibles, muy flexibles en su funcionamiento y que no rehúyen ninguna forma de acción (ayuda mutua, acción directa, debates y acciones en el lugar de trabajo, etc.). Parece que convendría ampliar su campo de acción. Si ya no podemos contar con las elecciones para cambiar las cosas y si los marcos sindicales sólo nos permiten inofensivas demostraciones de fuerza, tendremos que cambiar de táctica si queremos conseguir algo más que desprecio, decepción y violencia social. "                    (Frustration, 26/08/24, traducción DEEPL) 

18.7.24

Ignacio Ramonet: “Melénchon es un líder auténticamente de izquierdas, y ha pensado mucho la teoría y la práctica... No es una persona dogmática, ha sabido combinar la tradición de izquierdas con un discurso ecológico muy rico, y a día de hoy es el único político que es popular en las banlieue, en las barriadas periféricas de las grandes ciudades. ¿Cómo lo ha conseguido? Yendo. ¿La pregunta es por qué nadie había ido antes? Había muchos prejuicios en la izquierda. Se daban por perdidas, por un territorio dominado por los predicadores del islam y los vendedores de droga... Lo que ha hecho La Francia Insumisa es tratar a los habitantes de las periferias como personas normales con problemas normales: vivienda, empleo, servicios públicos… Es el único político que conecta con las banlieue y eso asusta mucho. Por eso se inventan cosas como que es un antisemita... Melénchon es un republicano muy exigente que ha ampliado su idea de republicanismo incorporando las grandes fechas de la historia revolucionaria francesa, pero también los procesos de descolonización de los que viene mucha población francesa. El resultado es una idea diversa y multicultural de nación, porque la nueva realidad social francesa es el mestizaje... Europa envejece y necesita millones de inmigrantes. Eso es una constatación técnica, pero también hay un choque cultural que hay que acompañar. Decir que todos los migrantes pueden venir es irresponsable, pero decir que se pueden cerrar las fronteras es falso ¿Qué va a pasar? El discurso de Macron es sobran los Insumisos de Melénchon. Las maniobras macronistas buscan una coalición del centro y lo que ellos llaman la “izquierda razonable”. Hay una gran campaña mediática contra Melénchon para excluirlo del espacio republicano

 "Ignacio Ramonet (Redondela, Galicia, 1943), profesor jubilado de la Sorbona y ex director de Le Monde Diplomatique, es una de las grandes figuras del periodismo de izquierdas europeo. Autor de varios libros sobre comunicación, geopolítica o conversaciones con Fidel Castro y Hugo Chávez, a principios del siglo XXI jugó un papel clave en el impulso del movimiento altermundista, los foros sociales y ATTAC, la asociación internacional por un impuesto a los movimientos de capitales. Invitado por la Asociación Lázaro Cárdenas, ha estado estos días en Asturies participando en varios actos con la Semana Negra e IU Oviedo/Uviéu. El miércoles presentó su último libro, “La era del conspiracionismo”, en la librería La Llocura en un acto organizado junto a Amigos de Mieres.

¿Qué va a pasar en Francia?

El Nuevo Frente Popular pudo lograr un acuerdo electoral en 24 horas y un programa en 48, pero están teniendo muchas tensiones internas para poder nombrar primer ministro. Se habían dado una semana de plaza y no lo han podido cumplir. ¿Qué va a pasar? El discurso de Macron es sobran los Insumisos de Melénchon. Las maniobras macronistas buscan una coalición del centro y lo que ellos llaman la “izquierda razonable”. Hay una gran campaña mediática contra Jean Luc Melénchon y los líderes de La Francia Insumisa para excluirlos del espacio republicano y presentar a Le Pen y Melénchon como dos extremos simétricos. Eso es totalmente falso porque La Francia Insumisa es un partido republicano. Tratan de hacer lo mismo que se hizo en la Guerra Fría con el Partido Comunista Francés, que ahora mismo es una fuerza muy pequeña.

¿Qué opina de Melénchon?

Es un líder auténticamente de izquierdas, y ha pensado mucho la teoría y la práctica, cosa que no abunda en la izquierda. Ha observado mucho a América Latina, a AMLO, a Lula, a Correa… Habla español muy bien. No es una persona dogmática, ha sabido combinar la tradición de izquierdas con un discurso ecológico muy rico, y a día de hoy es el único político que es popular en las banlieue, en las barriadas periféricas de las grandes ciudades.

¿Cómo lo ha conseguido?

Yendo. ¿La pregunta es por qué nadie había ido antes? Había muchos prejuicios en la izquierda. Se daban por perdidas, por un territorio dominado por los predicadores del islam y los vendedores de droga… Lo que ha hecho La Francia Insumisa es tratar a los habitantes de las periferias como personas normales con problemas normales: vivienda, empleo, servicios públicos… Es el único político que conecta con las banlieue y eso asusta mucho. Por eso se inventan cosas como que es un antisemita.

En Francia hay un debate muy fuerte sobre el multiculturalismo y el republicanismo: ¿Cómo se posiciona en él La Francia Insumisa?

Lo combina de una manera muy tranquilo. Melénchon es un republicano muy exigente que ha ampliado su idea de republicanismo incorporando las grandes fechas de la historia revolucionaria francesa: las revoluciones liberales de 1789, 1830, 1848, La Comuna de París de 1871, el Frente Popular de 1936 y la liberación del fascismo en 1944, pero también los procesos de descolonización de los que viene mucha población francesa. El resultado es una idea diversa y multicultural de nación, porque la nueva realidad social francesa es el mestizaje.

También hay críticas internas muy fuertes

Como está muy demonizado cualquier crítica interna se destaca en los medios y se glorifica a cualquiera que se mete con él. Hay gente en La Francia Insumisa que se prestó a ese juego, pero son muy pocos y se han ido con los ecologistas, que están muy de capa caída.

También hay críticas estratégicas. François Ruffin, su antagonista en La Francia Insumisa dice que la izquierda no puede concentrarse en las grandes ciudades y abandonar a la derecha la Francia interior.

Tiene razón en eso, pero Ruffin es un tipo que es un independiente con mucha aspiración personal. Él ha salido gracias a los votos de Macron, que pidió retirar al candidato de su circunscripción para favorecerlo. Es un enemigo de Melénchon y por eso le han apoyado. En otras partes los macronistas no se retiraron a pesar de que Melénchon dio la instrucción de retirar candidatos insumisos para favorecer el voto anti-Le Pen.

¿Cómo queda Le Pen?

Pues han ganado su apuesta a pesar de todo. Ha pasado de 90 diputados a 143. Con el sistema electoral de Reino Unido tendría 400 y mayoría absoluta. Por ahora se les ha frenado, pero la pregunta es: ¿Por cuánto tiempo? La gente vota extrema derecha no por ideología sino por unas condiciones de vida que son las que hay que contestar.

A Le Pen le vota gente de todas las clases sociales. También de clase alta y de clase media.

La clase media se está desclasando. Le cuesta cada vez más llegar a final de mes. Fue un producto del keynesianismo y sus hijos no tienen ya el nivel de vida de sus padres. Milei, Bolsonaro, Trump… son la expresión del derrumbe de la clase media con la globalización.

Hace una década también había globalización y esa clase media estaba votando a Podemos, La Francia Insumisa, Corbyn…

Fue efímero. La extrema derecha sabido capitalizar con más profundidad esa clima social y el temor a la inmigración.

¿Qué debería proponer la izquierda con respecto a la inmigración?

Europa envejece y necesita millones de inmigrantes. Eso es una constatación técnica, pero también hay un choque cultural que hay que acompañar. Decir que todos los migrantes pueden venir es irresponsable, pero decir que se pueden cerrar las fronteras es falso. Fíjate que el fascismo de los años 30 soñaba con expandirse y conquistar, y ahora sueña con encerrarse en sus fronteras. Ya no sale a patrullar con uniformes. Se han adaptado a la sociedad de hoy y sus enfermedades.

¿Qué fue de aquella Tasa Tobin a las transacciones financieras que se convirtió en bandera del altermundismo a principios del siglo XXI?

En cierta medida se ha introducido en la UE. No se ha aplicado al mercado de cambio de divisas, pero sí a las transacciones financieras. Ahora toca además plantear un impuesto a los súper ricos. En estos cuarenta años de globalización las desigualdades sociales han crecido como nunca en la historia. Ni entre el faraón y el último de sus súbditos había tantas diferencias. Recortar lo público es recortar la riqueza de la gente común. Cuando alguien no tiene nada, le queda el hospital, la educación o la playa… En los últimos años se ha recortado hasta el espacio público. En la Costa Azul hasta la playa es privada. Si los laboristas han ganado las elecciones en Gran Bretaña es precisamente porque han capitalizado el rechazo al deterioro de los servicios.

¿Cómo se ve desde la izquierda francesa el Gobierno PSOE-Sumar?

Sánchez ha conseguido preservar el país de la extrema derecha. Ha crecido el discurso de odio político, y es muy preocupante en un país con una guerra civil en el siglo XX y otras tres en el XIX, pero a pesar de ello el PP y Vox no han logrado ganar las elecciones. El modelo español de negociación y de concesiones mutuas entre los socios podría ser muy interesante para Francia. Las mayorías absolutas son cómodas para gobernar, pero generan ecosistemas muy artificiales. Ahora, con el parlamento muy dividido, la clase política francesa está redescubriendo la negociación y la democracia.

Ucrania

Estamos entrando en un punto muy peligroso. La guerra de Ucrania puede derivar en el uso de armas nucleares, así que hay que ir lo antes posible a un acuerdo de paz. Biden por ahora no ha querido porque parece buscar una guerra que desangre a Rusia, que es el gran aliado de China, el enemigo estratégico de los EEUU para la segunda mitad del siglo XXI. Si gana Trump las cosas pueden cambiar porque podría inclinarse por negociar y limitar el apoyo militar a Ucrania.

¿En qué consistiría esa negociación?

Ucrania entra en la UE, y a cambio renuncia a los territorios de habla rusa y a ingresar en la OTAN. El mercado y los fondos europeos de reconstrucción serían la recompensa por las otras cesiones.

Gaza

Es una tragedia. En la actualidad hay dos guiones.

El primero

EEUU y la UE permiten a la extrema derecha supremacista israelí crear el gran Israel.

¿Y el segundo?

Una derrota política de Netanyahu dentro de Israel, un acuerdo de paz y dos estados, Israel y Palestina, con dos territorios, Gaza y Cisjordania. El primer escenario sería una fábrica de terrorismo porque cada superviviente palestino va a querer vengarse de Israel. El segundo sería llegar a un acuerdo de paz al estilo Oslo."            (Diego Díaz, Nortes, 18/07/24)