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1.4.25

Controversia Papa Francisco/Vance: "Ama a tu prójimo"... Vance dijo esto: «Amas a tu familia, y luego amas a tu prójimo, y luego amas a tu comunidad, y luego amas a tus conciudadanos en tu propio país, y luego de eso puedes enfocarte y priorizar el resto del mundo»... el Papa Francisco respondió enérgicamente a esta escandalosa distorsión de las enseñanzas de Jesús, explicando: Con caridad y claridad todos estamos llamados a vivir en solidaridad y fraternidad, a construir puentes que nos acerquen cada vez más, a evitar muros de ignominia y a aprender a dar la vida como Jesucristo dio la suya por la salvación de todos... El verdadero ordo amoris que hay que promover es el que descubrimos meditando constantemente la parábola del «buen samaritano» (cf. Lc 10, 25-37), es decir, meditando el amor que construye una fraternidad abierta a todos, sin excepción. «Preocuparse por la identidad personal, comunitaria o nacional, al margen de estas consideraciones, introduce fácilmente un criterio ideológico que distorsiona la vida social e impone la voluntad del más fuerte como criterio de verdad. Exhorto a todos los fieles de la Iglesia católica, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a no ceder a narrativas que discriminan y causan sufrimientos innecesarios a nuestros hermanos y hermanas migrantes y refugiados"... Vance habla de un enfoque de «círculos concéntricos» para amar a los demás... Ayuda a profundizar nuestra comprensión de lo que está motivando a él, Trump, Musk y otros líderes MAGA hambrientos de poder... Debemos aferrarnos a la visión de un mundo en el que, sí, «haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti» sea un principio rector de cómo se organizan las sociedades humanas (Ted Glick)

 "Noticias recientes me han llamado la atención sobre algo que se me escapó por completo cuando ocurrió por primera vez hace casi dos meses: JD Vance opinando ignorante y peligrosamente sobre las enseñanzas de Jesús de Nazaret sobre «hacer a los demás lo que querrías que te hicieran a ti». A menos de un mes del régimen Trump/Musk/MAGA, Vance dijo esto:

«Amas a tu familia, y luego amas a tu prójimo, y luego amas a tu comunidad, y luego amas a tus conciudadanos en tu propio país, y luego de eso puedes enfocarte y priorizar el resto del mundo», dijo Vance.

Dos semanas más tarde, en una carta a los obispos católicos estadounidenses, el Papa Francisco respondió enérgicamente a esta escandalosa distorsión de las enseñanzas de Jesús, explicando:

«El amor cristiano no es una expansión concéntrica de intereses que poco a poco se extienden a otras personas y grupos. . . La persona humana es un sujeto con dignidad que, a través de la relación constitutiva con todos, especialmente con los más pobres, puede madurar gradualmente en su identidad y vocación. El verdadero ordo amoris que hay que promover es el que descubrimos meditando constantemente la parábola del «buen samaritano» (cf. Lc 10, 25-37), es decir, meditando el amor que construye una fraternidad abierta a todos, sin excepción.

«Preocuparse por la identidad personal, comunitaria o nacional, al margen de estas consideraciones, introduce fácilmente un criterio ideológico que distorsiona la vida social e impone la voluntad del más fuerte como criterio de verdad.

 Exhorto a todos los fieles de la Iglesia católica, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a no ceder a narrativas que discriminan y causan sufrimientos innecesarios a nuestros hermanos y hermanas migrantes y refugiados. Con caridad y claridad todos estamos llamados a vivir en solidaridad y fraternidad, a construir puentes que nos acerquen cada vez más, a evitar muros de ignominia y a aprender a dar la vida como Jesucristo dio la suya por la salvación de todos.»

No hace falta ser cristiano ni religioso, ni siquiera partidario del Papa Francisco, para apreciar su voluntad de decir la verdad al poder, y sus esfuerzos para que los obispos católicos estadounidenses hagan lo mismo. En este asunto, el Papa demostró un liderazgo moral oportuno e importante.

A medida que he ido avanzando en la vida, he llegado a considerar cada vez más esta enseñanza concreta de Jesús de Nazaret como un ideal por el que debería esforzarme a diario y de forma muy consciente, así como un enfoque necesario cuando se trata de crear organizaciones y movimientos que persiguen un cambio político, económico y social sistémico.

 En mi libro La revolución del siglo XXI decía lo siguiente «Hay muchos aspectos de una estrategia ganadora, pero el que he llegado a creer que es más fundamental, el que es el eslabón clave del proceso de transformación social que tan urgentemente se necesita, es éste: construir y profundizar en una forma de trabajar juntos y de desarrollar organizaciones que sea colaborativa, respetuosa, democrática hasta la médula y que, como resultado, sea verdaderamente transformadora, construida para durar.» (pp. 22-23)

En otras palabras, necesitamos una forma de trabajar que ponga el amor a los demás en el centro. Y esto es cierto para cada uno de nosotros en la forma en que llevamos a cabo nuestra labor organizativa, ya seamos cristianos, religiosos de alguna otra forma, agnósticos o ateos.

Sin embargo, el hecho de que Vance hable de su enfoque de «círculos concéntricos» para amar a los demás es valioso. Ayuda a profundizar nuestra comprensión de lo que está motivando a él, Trump, Musk y otros líderes MAGA, con la corrupción y la deshonestidad a niveles obscenos entre los multimillonarios y los políticos hambrientos de poder que lideran este movimiento retrógrado.

 Afortunadamente, no todos los que votaron por los MAGA en 2024 están tan lejos. Las encuestas y otros acontecimientos, como la reciente victoria de un candidato demócrata al Senado Estatal en el condado de Lancaster, Pensilvania, en un distrito en manos de los republicanos desde 1889 (¡!), son pruebas concretas de cierta desilusión MAGA. Nuestro trabajo como organizadores progresistas es hacer la construcción visible y activista del movimiento y el alcance en este momento para mantener este impulso. Lo siguiente para todos nosotros debería ser participar en la acción masiva y extensa del 5 de abril Hands Off este sábado.  

Debemos aferrarnos a la visión de un mundo en el que, sí, «haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti» sea un principio rector de cómo se organizan las sociedades humanas. Sólo llegaremos allí si vivimos nuestras vidas en consecuencia."

(

21.2.25

Los recortes de Trump a la ayuda humanitaria provocan una discusión sobre valores cristianos... El vicepresidente JD Vance y el papa Francisco entran en conflicto, mientras los grupos religiosos caritativos sufren una crisis existencial... Trump ha dejado a los grupos humanitarios de carácter religioso con enormes déficits de financiación, programas cerrados precipitadamente y despidos en ciernes... mientras el vicepresidente Vance sugirió que los obispos católicos cuya labor apoya a los inmigrantes podrían estar priorizando sus ganancias en lugar de a la ayuda humanitaria... Vance dijo que “Amas a tu familia, y luego amas a tu prójimo, y luego amas a tu comunidad, y luego amas a tus conciudadanos en tu propio país, y después de eso, puedes centrarte y dar prioridad al resto del mundo”... El papa Francisco pareció corregir el martes la teología de Vance en una carta abierta a los obispos católicos estadounidenses. El verdadero ordo amoris se encuentra en la parábola del buen samaritano, dijo, “meditando en el amor que construye una fraternidad abierta a todos, sin excepción”. “El amor cristiano no es una expansión concéntrica de intereses que poco a poco se amplían a otras personas y grupos” (Elizabeth Dias, The New York Times)

 "Desde la Segunda Guerra Mundial, cuando los refugiados huían de Europa, los grupos caritativos cristianos han distribuido vital ayuda estadounidense por todo el mundo.

Catholic Relief Services ha alimentado a aquellos que sufren durante las hambrunas. World Vision, un grupo evangélico, ha dado acceso al agua potable a decenas de millones de personas y ha encontrado donantes para apadrinar a niños hambrientos. Organizaciones luteranas y episcopales han reasentado a refugiados en Estados Unidos.

A lo largo de las décadas, estos grupos religiosos trabajaron de la mano del gobierno federal. Agencias como el Departamento de Estado, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por su sigla en inglés) y el Departamento de Salud y Servicios Humanos finalmente las financiaron con cientos de millones de dólares cada año. Muchos de estos grupos creían que ayudar a los pobres y a las personas vulnerables expresaba sus valores no solo como cristianos, sino también como estadounidenses.         

Ahora, ese legado —y la supervivencia misma de estas organizaciones y de los valores que representan— ha entrado en una crisis existencial.

En solo unas semanas, el presidente Trump ha congelado la ayuda exterior, ha intentado poner a miles de trabajadores de la USAID en situación de baja administrativa y ha seguido adelante con sus planes de deportación masiva. Elon Musk se jactó de estar “metiendo a la USAID en la trituradora” y afirmó sin pruebas que era una “organización criminal”.

El repentino trastorno ha dejado a los grupos humanitarios de carácter religioso con enormes déficits de financiación, programas cerrados precipitadamente y despidos en ciernes.

La semana pasada, la Conferencia Episcopal de Estados Unidos despidió a 50 personas, aproximadamente un tercio de su oficina de servicios de migración y refugiados. El grupo envió un memorándum a los obispos, informándoles de que los subcontratistas y los grupos locales de Catholic Charities sufrirán retrasos en los pagos hasta nuevo aviso.

Catholic Relief Services prevé despidos y recortes en los programas de hasta el 50 por ciento, según el National Catholic Reporter. El grupo recibió alrededor del 64 por ciento de sus ingresos de casi 1500 millones de dólares de contribuciones del gobierno en 2022.

“Estamos experimentando obstáculos inmediatos y críticos en nuestra capacidad para llevar programas que salvan vidas a todas las áreas de nuestro trabajo”, dijo la organización en una petición en línea de financiación privada.

World Vision, grupo evangélico que trata de aliviar la pobreza, trabaja para mantener vivos sus programas. En 2022, las contribuciones del gobierno representaron alrededor del 44 por ciento de sus ingresos de 1500 millones de dólares.

Ninguna de las dos organizaciones de ayuda concedió entrevistas de sus dirigentes.

En una audiencia realizada el jueves en el Congreso, Andrew Natsios, quien dirigió la USAID durante el gobierno de George W. Bush, dio testimonio de la grave situación de los grupos de ayuda cristianos. Pidió al Congreso que restableciera la financiación de las organizaciones cristianas sin fines de lucro que realizan labores humanitarias, y que las mantuviera al margen de las guerras culturales políticas.

“Todos esos programas ahora están congelados, han despedido al personal”, dijo. “Está perjudicando a la misión de la Iglesia en el mundo”.

Las prioridades de Trump llevan años dividiendo a las iglesias, pues muchos conservadores funden su fe y sus valores religiosos con su misión política.

La promesa de Trump de luchar contra los “prejuicios anticristianos” se ha hecho más visible en su apoyo a los grupos religiosos antiabortistas y a quienes creen que solo hay dos géneros, masculino y femenino.

El vicepresidente JD Vance, quien se convirtió al catolicismo de adulto, ha criticado a algunos grupos humanitarios. En la Cumbre Internacional sobre Libertad Religiosa, celebrada el 5 de febrero, los acusó de “propagar el ateísmo por todo el planeta”. Más tarde sugirió, sin pruebas, que los obispos católicos cuya labor apoya a los inmigrantes podrían estar priorizando sus ganancias en lugar de a la ayuda humanitaria.

Y Vance ha defendido la agenda de Trump con lo que describió como un antiguo principio cristiano.

“Amas a tu familia, y luego amas a tu prójimo, y luego amas a tu comunidad, y luego amas a tus conciudadanos en tu propio país”, dijo en una reciente entrevista en Fox News. “Y después de eso, puedes centrarte y dar prioridad al resto del mundo”.  

Defendió su posición en la red social X: “Basta con buscar en Google ‘ordo amoris’”, escribió, utilizando una frase latina que se traduce como “el orden del amor” o “ el orden de la caridad”.

El papa Francisco pareció corregir el martes la teología de Vance en una carta abierta a los obispos católicos estadounidenses. El verdadero ordo amoris se encuentra en la parábola del buen samaritano, dijo, “meditando en el amor que construye una fraternidad abierta a todos, sin excepción”.  

“El amor cristiano no es una expansión concéntrica de intereses que poco a poco se amplían a otras personas y grupos”, escribió el papa Francisco.

Esta división ha existido en los círculos cristianos conservadores durante casi una década. Cuando Trump ganó la presidencia en 2016, muchos evangélicos que realizaban labores misioneras en el extranjero consideraron que su programa America First y su descripción vulgar de África eran perjudiciales para su causa. Se produjeron incluso algunas divisiones entre los misioneros y sus iglesias patrocinadoras en Estados Unidos, donde muchos fieles se sintieron atraídos por la promesa de Trump de dar poder a los cristianos en su gobierno.

Un grupo religioso de ayuda que parece estar sobreviviendo a los drásticos recortes de Trump es Samaritan’s Purse, la gigantesca organización evangélica de ayuda en caso de catástrofe dirigida por Franklin Graham, defensor de Trump desde hace mucho tiempo. Samaritan’s Purse considera el trabajo humanitario como un proyecto para compartir el Evangelio.

A diferencia de los grupos que se enfrentan a grandes pérdidas, Samaritan’s Purse recibió solo alrededor del 5 por ciento de sus ingresos en 2023 de contribuciones gubernamentales: más de mil millones de dólares procedían de fuentes privadas.

Graham recomienda que los grupos cristianos “busquen financiación en las iglesias, no en el gobierno”.

El dinero del gobierno, dijo, puede corromper la fe de los grupos cristianos.

“Probablemente sea bueno que las cosas se agiten”, dijo Graham sobre los recortes de USAID. “No digo que haya que desecharlo del todo, pero hay que revisarlo”.

Algunas organizaciones cristianas que se fundaron como explícitamente religiosas se han hecho más ecuménicas e interreligiosas a lo largo de las décadas.

Global Refuge, por ejemplo, se conocía antes como Lutheran Immigration and Refugee Service. Empezó como grupo luterano en 1939, ayudando a los refugiados luteranos alemanes que huían del régimen nazi. Hacia 1972, se amplió para convertirse en una organización independiente, centrada en los inmigrantes y separada de los organismos eclesiásticos.

En 2023, casi todos los ingresos de Global Refuge —alrededor del 95 por ciento, o 221 millones de dólares— procedían de fondos públicos.

Pero el trabajo de la organización sin fines de lucro “no podría realizarse sin el apoyo de las congregaciones y los líderes religiosos”, dijo Krish O’Mara Vignarajah, presidente de Global Refuge.

Su grupo financia a grupos más pequeños, explícitamente religiosos, como los Servicios Sociales Luteranos del Área de la Capital Nacional, que ayudan a reasentar a refugiados en la región de Washington DC.

Ese grupo local ha ayudado a acoger a unos 6500 afganos desde la caída de Kabul, y en 2023 prestó asistencia a otros 3000 que huían de la persecución desde 46 países, como Camerún y Siria.

Pero el miércoles había despedido a 42 trabajadores y suspendido a otros 26, lo que supone una cuarta parte de su plantilla.

Kristyn Peck, directora ejecutiva del grupo, dijo que la congelación les dejó a la espera de 2,5 millones de dólares en reembolsos. El viernes no pudieron pagar las nóminas de sus 117 empleados asalariados.

“Estas decisiones”, dijo Peck, universalista unitaria, “parecen estar realmente desconectadas del legado y la herencia de nuestro país”.

( , The New York Times, 16/02/25)

19.2.25

Las congregaciones cristianas se enfrentan a la crueldad, ¿por qué no lo hacen los políticos? ¿Por qué miente Elon Musk sobre los luteranos? Las agencias luteranas de servicios sociales ofrecen asistencia crucial relacionada con la adopción, la acogida, la violencia doméstica y mucho más. También apoyan a inmigrantes y refugiados, a menudo reciben apoyo federal para ofrecer esta ayuda... el activista de derechas Michael Flynn publicó que los contratos federales con las organizaciones de servicios sociales luteranas equivalían a «blanqueo de dinero.»... Musk respondió que estaba «cerrando rápidamente estos pagos ilegales»... Cuando los obispos católicos criticaron un cambio de política que permitía a los agentes de inmigración detener a personas en las iglesias, el vicepresidente J.D. Vance sugirió que los obispos no estaban preocupados por el coste humano de estas políticas, sino por sus propios presupuestos. Desde entonces, nada menos que el propio Papa Francisco ha condenado las deportaciones... Los estadounidenses que se verán perjudicados por estas mentiras merecen algo mejor que esta crueldad sin sentido (Peter Montgomery)

 "He aquí una pregunta extraña: ¿Por qué miente Elon Musk sobre los luteranos?

El hombre más rico de la tierra obligó recientemente a buenas personas de todo el país a interrumpir su trabajo comunitario para responder a sus mentiras y amenazas.

Las agencias luteranas de servicios sociales ofrecen asistencia crucial relacionada con la adopción, la acogida, la violencia doméstica y mucho más. También apoyan a inmigrantes y refugiados, ayudando a los nuevos estadounidenses a aprender inglés, encontrar casa y trabajo, y asentarse en sus nuevas comunidades.

Como muchas organizaciones sin ánimo de lucro, a menudo reciben apoyo federal para ofrecer esta ayuda.

Pero a principios de febrero, mientras el «Departamento de Eficiencia Gubernamental» de Musk se abría paso en el Gobierno, el activista de derechas Michael Flynn publicó en las redes sociales que los contratos federales con las organizaciones de servicios sociales luteranas equivalían a «blanqueo de dinero.»

Musk respondió que el DOGE estaba «cerrando rápidamente estos pagos ilegales».

Ni Flynn ni Musk ofrecieron ninguna prueba contra estos experimentados y reputados proveedores de servicios sociales. En su lugar, difamar a los servicios sociales luteranos fue aparentemente sólo una táctica para justificar los recortes masivos que Musk quiere imponer al gasto social.

Según Lutheran Services in America, la congelación de gastos de la administración ya ha perturbado el trabajo de estas agencias, causando «un daño considerable a las personas que dependen de servicios críticos de vivienda, alimentación y servicios de salud mental, entre otros apoyos sociales».

 Los medios de comunicación de Ohio, Nebraska, Dakota del Sur y otros lugares se mostraron de acuerdo, señalando el buen trabajo que realizan las agencias luteranas de servicios sociales. Pero no creo que a Musk le importe.

Utilizar afirmaciones falsas para justificar un daño generalizado parece ser el principio operativo de la cruel cruzada de Musk. Considere el brutal desmantelamiento de USAID llevado a cabo por Musk con el apoyo del presidente Trump.

USAID ha impulsado la influencia de Estados Unidos en todo el mundo al tiempo que proporciona asistencia humanitaria desesperadamente necesaria para combatir enfermedades, prevenir el hambre y proporcionar un salvavidas a las personas desplazadas por la violencia política.

La agencia disfrutó de apoyo bipartidista para este trabajo durante más de 60 años. Pero Musk y Trump la cerraron repentina (e ilegalmente), privando así a innumerables personas de una ayuda vital. Musk se jactó despiadadamente de «alimentar a USAID en la astilladora de madera».

«En sus términos más simples, la aparente desaparición de USAID es el resultado de que el hombre más rico del mundo ponga fin a un programa que ayuda a millones de personas pobres», escribió el padre James Martin, sacerdote jesuita y editor general de la revista America, una publicación católica. «No hace falta un doctorado en teología moral para ver por qué esto es un mal. Basta con leer las parábolas de Jesús sobre los ricos y los pobres».

Los luteranos no son los únicos creyentes difamados. Cuando los obispos católicos criticaron un cambio de política que permitía a los agentes de inmigración detener a personas en las iglesias, el vicepresidente J.D. Vance sugirió que los obispos no estaban preocupados por el coste humano de estas políticas, sino por sus propios presupuestos.

Desde entonces, nada menos que el propio Papa Francisco ha condenado las deportaciones masivas y la retórica deshumanizadora que las sustenta.

Tristemente, ya no sorprende ver a activistas cristianos conservadores atacar y degradar la fe de otros cristianos que no están de acuerdo con las acciones del equipo de Trump. Cuando la obispa episcopal Mariann Budde pidió respetuosamente al presidente Trump que mostrara misericordia hacia los inmigrantes, las personas LGBTQ y sus familias, se convirtió en el blanco de despiadadas calumnias y amenazas.

La obispa Budde se ha mantenido firme, pero otros no.

La gobernadora de Iowa, Kim Reynolds, en cuyo estado se encuentra la mayor congregación luterana del país, se negó a responder cuando un congresista le preguntó si creía que Lutheran Family Services era una operación de blanqueo de dinero. Reynolds es lo suficientemente inteligente como para saber que no lo es, pero no estaba dispuesta, como muchos funcionarios electos, a decir nada que pudiera invitar a la ira de Trump o Musk.

Los estadounidenses que se verán perjudicados por estas mentiras merecen algo mejor que esta crueldad sin sentido."

(Counter Punch 14/02/25, traducción DEEPL, enlaces en el original)

18.1.23

El capital financiero no contribuye a mejorar la sociedad, sólo hace más ricos a los ricos... las finanzas son un pozo negro de despilfarro que necesita ser frenado por el bien de la humanidad

 "Todos deberíamos reconocer que Sam Bankman-Fried es mucho más inteligente que el resto de nosotros. Después de todo, por fuera parece ser uno de los mayores fraudes de todos los tiempos. A la edad de 30 años amasó una fortuna que empequeñece la de un multimillonario medio. Lo hizo dirigiendo un esquema Ponzi de criptomonedas. Mientras afirmaba que utilizaba su riqueza para apoyar filantropías cuidadosamente seleccionadas para maximizar el bienestar humano, en realidad llevaba un estilo de vida elevado con sus amigos.

Ahora que el Ponzi se ha derrumbado, los inversores que confiaron en él parecen no tener suerte. Y, por supuesto, no hay dinero para las filantropías que él apoyaba, muchas de las cuales se verán ahora en apuros porque no recibirán las contribuciones con las que contaban.

Todo esto parece bastante reprobable, pero tal vez ese es el punto. Sam Bankman-Fried estaba tan comprometido con su filosofía de la filantropía eficaz que estaba dispuesto a aparecer como el epítome de un ser humano despreciable, y a pasar muchos años en prisión, todo para enseñarnos que las finanzas son un pozo negro de despilfarro que necesita ser frenado por el bien de la humanidad. Y el lugar para empezar es su rincón particular del pozo negro: las criptomonedas.

La cuestión aquí es sencilla. Supongamos que el Sr. Bankman-Fried fuera capaz de acumular decenas de miles de millones de dólares gracias a su brillantez, que luego donaría a las causas dignas que ha seleccionado cuidadosamente para tener un impacto máximo en el bienestar humano. Eso beneficiaría sin duda a un cierto número de personas en Estados Unidos y en todo el mundo.

Pero pensemos por un momento en el sector financiero. Se ha expandido enormemente en relación con el tamaño de la economía durante el último medio siglo.

El sector financiero, asegurador e inmobiliario se ha duplicado con creces como porcentaje del PIB en el último medio siglo, pasando del 5,5% del PIB en 1971 al 12,0% en 2021[1] El 6,5% adicional del PIB que se dedicará a las finanzas en 2021 equivale a más de 1,4 billones de dólares absorbidos por el sector. Esto supone más de 11.800 dólares al año para una familia media.

El sector más restringido del comercio de valores y materias primas, junto con los fondos de inversión y los fideicomisos, se ha cuadruplicado con respecto al PIB, pasando del 0,55% del PIB en 1971 al 2,56% en 2021. Este aumento de 2,0 puntos porcentuales del PIB supone más de 500.000 millones de dólares al año en la economía actual, o casi 4.400 dólares al año por familia.

La expansión masiva del tamaño del sector financiero tiene poco que mostrar. Las finanzas son un bien intermedio, como el transporte por carretera. Aunque ambos sectores son esenciales para el funcionamiento de una economía moderna, no aportan directamente valor a las personas como lo hacen los sectores de la vivienda, la alimentación o la sanidad.

Necesitamos estos sectores, pero queremos que desempeñen sus funciones económicas de la forma más eficiente posible. En el caso de las finanzas, esas funciones son facilitar los pagos a los hogares y las empresas y asignar el capital a sus mejores usos.

Está claro que hemos desarrollado mejores mecanismos para pagar nuestras facturas y realizar otras transacciones, pero los mayores avances no son nuevos. El depósito directo de nuestras nóminas y el pago automático de las facturas son grandes innovaciones que ahorran mucho tiempo a ambas partes de las transacciones. Sin embargo, estas innovaciones se remontan a más de cuatro décadas.

Lo mismo ocurre con las tarjetas de crédito y débito. La inmensa mayoría de las transacciones se realizan ahora con estas tarjetas, pero no se trata de una tecnología especialmente nueva. Las tarjetas de crédito ya estaban ampliamente disponibles en 1971, aunque no eran ni de lejos tan omnipresentes como hoy.

Podemos reconocer al sector financiero el mérito del aumento de la comodidad de nuestro sistema de pagos, pero ¿cuánto vale esto? ¿El tiempo que se ahorra al utilizar las tarjetas de crédito o al domiciliar los pagos vale 11.800 dólares al año para usted? Me parece un poco exagerado. Sospecho que si se les diera la opción, la mayoría de la gente preferiría tener 11.800 dólares más en su nómina y que le dieran el cheque en mano en lugar de que se lo depositaran automáticamente en su cuenta bancaria.

 ¿Qué hay de la otra parte de la función del sector financiero, la asignación del capital a sus mejores usos? No hay una manera sencilla de evaluar la eficacia de nuestro sector financiero ampliado en la asignación de capital, principalmente porque no tenemos un contrafactual. No podemos señalar un país con un sector financiero más pequeño durante el último medio siglo. (Steven Cecchetti y Enisse Kharroubbi realizaron un análisis comparativo entre países en el que constataron que un sector financiero más grande impulsaba el crecimiento, pero después de alcanzar un determinado tamaño en relación con la economía, era un lastre para el crecimiento).

Podemos comparar el crecimiento de la productividad en las últimas décadas con el crecimiento de la productividad en las décadas anteriores a que el sector financiero consumiera una parte tan grande de la producción del país. En los años que van desde el inicio de las series de productividad de la Oficina de Estadísticas Laborales en 1947 hasta 1972, el crecimiento de la productividad fue de una media del 2,8 por ciento anual. De 1972 a 2022, el crecimiento de la productividad fue sólo del 1,8% de media.

En todo caso, el crecimiento de la productividad se ha ralentizado aún más a medida que el sector financiero se ha expandido en relación con la economía. Si bien hubo una década de fuerte crecimiento de la productividad entre 1995 y 2005, en los años que van de 2005 a 2019, el crecimiento de la productividad promedió sólo el 1,4 por ciento.

Es posible que la expansión del sector financiero no sea responsable de la ralentización del crecimiento de la productividad, y ciertamente es posible que se hubiera ralentizado aún más sin un sector financiero más grande. Pero no es fácil argumentar que el sector financiero ha propiciado de algún modo un crecimiento más rápido de la productividad.

Pagamos por el despilfarro del sector financiero no sólo a través de las comisiones de las transacciones financieras y de nuestros 401(k)s, y siendo adelantados en nuestras operaciones bursátiles, sino también a través de los precios más altos de la vivienda y de otros artículos. Las finanzas han creado muchas de las grandes fortunas de la economía, no sólo la de Sam Bankman-Fried. Cuando esta gente se gasta el dinero comprando casas más grandes y/o más grandes, hace que la vivienda sea más cara para el resto de nosotros. También contratan a personas como sus sirvientes y demandan trabajadores para una amplia gama de actividades, desde conducir sus coches hasta masajear sus espaldas. Como los ricos atan a tantos trabajadores para satisfacer su consumo de lujo, tenemos menos gente para trabajar en guarderías o como profesores.

Sam Bankman-Fried expone la corrupción en las finanzas

Así que Bankman-Fried, siendo un genio, reconoció el increíble despilfarro y la corrupción en el sector financiero. Sabía que la mejor manera de ayudar a la humanidad es reducir el tamaño del sector financiero. Las ganancias empequeñecerían el impacto de cualquier cosa que pudiera esperar hacer con el dinero que pudiera acumular en sus negocios.

Después de todo, incluso si donara toda su fortuna Ponzi de 15.000 millones de dólares a las mejores causas, esto se vería empequeñecido por el bien que podría hacer reduciendo seriamente el sector financiero. Al fin y al cabo, 15.000 millones de dólares son poco más del 1,0% del aumento de 1,4 billones de dólares en el tamaño relativo del sector financiero durante el último medio siglo. Es sólo el 3,0% del tamaño del aumento del tamaño relativo de los sectores de comercio de valores y materias primas.

Incluso si consiguiera acumular una fortuna del tamaño de la de Elon Musk antes de Twitter, de 200.000 millones de dólares, apenas cambiaría el panorama. Eso es menos del 15% del tamaño de la hinchazón en el sector financiero más grande y sólo el 40% de la hinchazón en el sector más estrecho de valores y materias primas.

Y son cifras anuales. La hinchazón del sector financiero está sacando estas sumas de la economía cada año. Una fortuna del tamaño de Musk, acumulada a lo largo de su vida, equivaldría al 15% del despilfarro de un solo año en el sector financiero.

 Obviamente, Bankman-Fried es consciente de esta situación. Por lo tanto, se da cuenta de que los beneficios para la humanidad de reducir el despilfarro en el sector financiero eclipsarían cualquier beneficio que él pudiera esperar obtener de la riqueza que acumula.

La brillante estrategia de Bankman-Fried

Consciente del enorme despilfarro y corrupción del sector financiero, Bankman-Fried decidió que la mejor manera de atacarlo era situarse en el centro de un escándalo que golpeaba a las finanzas en su punto más vulnerable: la fiebre de las criptomonedas. La mayoría de los sectores de las finanzas implican una mezcla de usos productivos con especulación y despilfarro. Es el caso de los mercados bursátiles y de materias primas, que permiten a las empresas reunir capital y a los productores de bienes primarios fijar precios, aunque la mayor parte del comercio sea de naturaleza especulativa. Incluso las empresas de capital riesgo pueden ocasionalmente dar la vuelta a empresas con problemas, como afirman sus partidarios.

Sin embargo, las criptomonedas no hacen nada por la economía. Si todas las criptomonedas desaparecieran mañana, el único efecto sería que algunas transacciones ilícitas podrían resultar más arriesgadas para las personas que las realizan.

Esto significa que tomar medidas enérgicas contra las criptomonedas no supone ningún riesgo real para la economía, sólo para los especuladores de criptomonedas. Si aplicamos un fuerte impuesto a las transacciones de cripto, tratándolas como el juego que son, podemos recaudar ingresos para el gobierno y reducir enormemente la cantidad de recursos desperdiciados en el comercio de cripto.

Y lo que es aún más importante, puede ser una gran puerta de entrada para una represión más general de las finanzas. Un impuesto sobre el comercio de criptomonedas debería introducir a los responsables políticos en la idea de gravar las transacciones financieras (ya deberían estar familiarizados con los impuestos sobre las transacciones financieras, pero no lo están), e idealmente abriría la puerta a tomar medidas enérgicas contra las finanzas en general.

Los beneficios potenciales son enormes. Si pudiéramos reducir el sector financiero en un 10%, liberaríamos más de 300.000 millones de dólares al año para fines productivos. Eso equivale a más de 2.500 dólares al año para cada familia del país. Como dicen los filántropos eficaces, con 300.000 millones de dólares al año se pueden comprar muchas mosquiteras.

Así pues, Bankman-Fried sabía lo que hacía al dirigir un esquema Ponzi y quedar como una de las personas más despreciables que existen. Puede que pase mucho tiempo en la cárcel y que se le mire con desprecio universal durante el resto de su vida, pero si sus delitos conducen a una represión de las finanzas, habrá prestado un gran servicio a la humanidad.

(Dean Baker, economista senior del Centro de Investigación Económica y Política (CEPR), Brave New Europe, 26/11/22; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

25.11.21

Actualmente hay 2.755 multimillonarios en el mundo, con una riqueza en 13,2 billones de dólares... La búsqueda de contribuciones de multimillonarios se ha convertido en la gran cuestión sobre la financiación para resolver los problemas mundiales a gran escala... Por primera vez en la historia, un pequeño grupo de particulares podría, si así lo decide, influir materialmente en el desarrollo mundial a una escala que hasta ahora ha sido dominio casi exclusivo de los gobiernos... un solo punto porcentual de la riqueza de los multimillonarios sumaría unos 130.000 millones de dólares al año, una cantidad que se aproxima a los 160.000 millones de dólares de ayuda anual comprometida por países... con esos 130.000 millones se podría erradicar la pobreza extrema... Los multimillonarios y su filantropía privada siempre ha tenido menos que ver con la resolución de problemas sociales, y mucho más con la creación de marcas y el cultivo del poder blando entre los superricos del mundo. Este proceso se llama "blanqueo de reputación", y señala la hipocresía básica del esquema del multimillonario como bienhechor... puede que los filántropos privados alcancen un nivel de poder aún no visto, pero eso es un caso para un impuesto global sobre la riqueza y no para una nueva era de feudalismo.

 "A principios de este mes, el director del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, David Beasley, hizo un llamamiento a los superricos del mundo, nombrando específicamente al multimillonario de la tecnología Elon Musk y argumentando que una donación única de 2.000 millones de dólares (que representa sólo el 2% del patrimonio neto actual de Musk) podría resolver la crisis mundial del hambre. 

Musk, que bien podría convertirse en el primer trillonario del mundo, no tardó en dar un golpe de efecto en materia de relaciones públicas con su respuesta: "Si el PMA puede describir en este hilo de Twitter exactamente cómo 6.000 millones de dólares resolverán el hambre en el mundo, venderé las acciones de Tesla ahora mismo y lo haré". Beasley pronto procedió a ofrecer una escalada inútilmente suplicante y deferente.

El incidente es un momento tan bueno como cualquier otro para plantear la crítica habitual, y correcta, a los multimillonarios y a la filantropía privada: a saber, que siempre han tenido menos que ver con la resolución de problemas sociales y mucho más con la creación de marcas y el cultivo del poder blando entre los superricos del mundo. El escritor Anand Giridharadas, que llama a este proceso "blanqueo de reputación", ha señalado implacablemente la hipocresía básica en el corazón de cada esquema multimillonario de bienhechor:

Primero te haces rico con recortes en todos los rincones sociales que puedas: evitas los impuestos si puedes evitarlos, utilizas fideicomisos y cuentas en las Islas Caimán, presionas para. . . políticas que son buenas para ti y tus amigos ricos y malas para la mayoría de la gente, evitas pagar a la gente de forma creativa suprimiendo el salario mínimo, subcontratando a contratistas. . . . Luego, te das la vuelta y empiezas a donar una fracción de ese dinero a diversas formas de bien hacer de la élite -filantropía, responsabilidad social corporativa, empresas sociales con fines de lucro, tal vez algo que involucre a África, incluso si nunca has estado.

En más de un sentido, argumenta, la caridad de las élites se asemeja mucho a la venta de indulgencias papales en la Edad Media, ya que es una forma relativamente sencilla y barata de "situarse aparentemente en el derecho de la justicia, sin tener que alterar los fundamentos de la propia vida".

Sin embargo, en medio del reciente intercambio entre Beasley y Musk, un miembro de la Brookings Institution articuló lo que bien podría convertirse en una nueva y más insidiosa variante del argumento generalmente utilizado en defensa de la filantropía multimillonaria.

En un blog titulado "Elon Musk, los multimillonarios y las Naciones Unidas: The 1% Solution to Global Development", Homi Kharas, de Brookings, defiende que una figura como Musk podría representar al menos una parte importante de la solución a toda una serie de problemas mundiales. 

A lo largo del artículo, Kharas hace una serie de observaciones interesantes, entre ellas, que incluso un solo punto porcentual de la riqueza de los multimillonarios sumaría unos 130.000 millones de dólares al año, una cantidad que se aproxima a los 160.000 millones de dólares de ayuda anual comprometida por países e instituciones multinacionales. Lo que podría hacerse con 130.000 millones de dólares, añade, incluye la erradicación de la pobreza extrema, la reducción del hambre en el mundo y cualquier número de iniciativas medioambientales.

El problema es que estos datos, por muy ilustrativos que sean, no significan realmente lo que Kharas cree que significan. "Hasta hace poco", comienza,

 incluso los individuos más ricos no tenían suficiente dinero para hacer mella en los problemas globales, y mucho menos para "resolverlos". En comparación con el tamaño de las economías nacionales, o los presupuestos de los gobiernos de las economías nacionales, su riqueza parecía pequeña. Esto ya no es así. Actualmente hay 2.755 multimillonarios en el mundo, con una riqueza estimada en 13,2 billones de dólares. . . . La búsqueda de contribuciones de multimillonarios ha pasado de ser una mejora de nicho agradable a convertirse en parte de la conversación sobre la financiación para resolver los problemas mundiales a gran escala. . . . Por primera vez en la historia, un pequeño grupo de particulares podría, si así lo decide, influir materialmente en el desarrollo mundial a una escala que hasta ahora ha sido dominio casi exclusivo de los gobiernos.

Lo que realmente se dice aquí es que la desigualdad global y la concentración de la riqueza se han agudizado tanto que los recursos necesarios para abordarlas (y toda una serie de otros problemas sociales) están ahora en manos de una pequeña clase de plutócratas. Aunque incluye una somera referencia a los impuestos, la evolución que describe Kharas es una que nos invita a celebrar con los ojos bien abiertos, como si el regreso de la desigualdad al nivel de la Edad Dorada representara una nueva y emocionante oportunidad en lugar de la esencia misma de muchos problemas globales.

Puede que tenga razón, por supuesto, en que la escala de concentración de la riqueza global entre un puñado de individuos permitirá, a su vez, que los filántropos privados alcancen un nivel de poder aún no visto, vinculando potencialmente las condiciones materiales cotidianas de millones, o incluso miles de millones, a los caprichos individuales de unos pocos capitalistas. Pero eso es un caso para un impuesto global sobre la riqueza y no para una nueva era de feudalismo."                   

(Luke Savage , JACOBIN, 18/11/21; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

25.10.21

Branko Milanovic: ¿Es Noruega la nueva Compañía de las Indias Orientales? La hipocresía de un país rico... es uno de los principales productores mundiales, y aún más importantes exportadores, de petróleo y gas... que aumenta la producción de un producto que ella misma considera nocivo, y lo vende, como la Compañía de las Indias Orientales hizo con el opio, a extranjeros lejanos mientras mantiene limpio el país. «El dinero no tiene olor»... Noruega, un país con una renta muy alta y distribuida de forma bastente equitativa debería poder renunciar a la producción de su «equivalente al opio»... El comportamiento de Noruega es hipócrita: la señalización de virtudes contrasta manifiestamente con lo que hace el gobierno... Si queremos enfrentarnos realmente al cambio climático deberíamos, en primer lugar, deshacernos de la hipocresía extrema (como ésta), y segundo, diseñar políticas que sean aceptables para la población. Y deberíamos empezar por los países ricos, no sólo porque históricamente han sido los que más han contribuido al cambio climático, sino porque deberían ser capaces de asumir los costes más fácilmente que el resto

 "(...) El gobierno noruego es uno de los gobiernos más activos en destacar la amenaza del cambio climático. Intenta sustituir casi por completo el uso de coches de gas del país por coches eléctricos. Está orgulloso de la disminución de la huella de su consumo. Financia
actividades internacionales que pretenden limitar y revertir la deforestación
en el mundo.

 Pero al mismo tiempo, durante medio siglo, Noruega ha sido uno de los principales productores mundiales, y aún más importantes exportadores, de petróleo y gas (para el gas, es el tercero del mundo, y alrededor del 50% del valor de las exportaciones noruegas de bienes consiste en gas y petróleo). Además, el Gobierno ha decidido recientemente ampliar la exploración y producción de gas y petróleo en una en una de las zonas más sensibles al cambio climático, el Círculo Polar Ártico.

Noruega aumenta así la producción de un producto que ella misma considera nocivo, y lo vende, como la Compañía de las Indias Orientales hizo con el opio, a India con el opio, a extranjeros lejanos mientras se mantiene limpia en el país. «El dinero no tiene olor».

 Es aún más sorprendente cuando se mira en el contexto en el que muchos activistas del cambio climático, en su lucha por reducir las emisiones tratan de convencer a los países más pobres y de renta media de los beneficios de una menor producción y consumo.

Cabe preguntarse entonces: si son tan claramente incapaces de convencer de los beneficios del control climático a la población y al gobierno del país más rico del mundo, ¿qué tipo de argumentos piensan utilizar para convencer a México, Gabón, Nigeria o Rusia de que reduzcan la producción de gas y petróleo? Son países cuyos ingresos son una fracción de los de Noruega: por ejemplo, la persona con ingresos medios en Nigeria tiene una vigésima parte (no es una errata: 1/20) de los ingresos reales de la persona con ingresos medios en Noruega.

Podría entender perfectamente que México o Nigeria se nieguen a reducir la producción de gas y petróleo porque sin ella empobrecimiento de su población. Pero no habrá empobrecimiento de la población noruega, según cualquier criterio razonable. Noruega, un país con una renta muy alta (PIB per cápita de 66.000 dólares internacionales, un 20% más alto que la de Estados Unidos) y con esta renta distribuida de forma bastante equitativa entre sus ciudadanos (coeficiente de Gini de 26), debería poder renunciar a la producción de su «equivalente al opio». 

Pero aparentemente no hay apoyo político para tal medida, ya que el gobierno actual, en su nueva decisión sobre una exploración y producción más exploración y producción más amplia parece tener plenamente asegurado el apoyo de la mayoría.

Hay aquí una lección muy importante para todos los activistas del cambio climático. Necesitan, como he insistido muchas veces, pensar mucho más seriamente en el equilibrio entre el crecimiento económico y el control del cambio climático.

 Mientras que en sus modelos, las ventajas de controlar el cambio climático son incontrovertibles, cuando se trata de políticas que hay que que hay que aplicar, desde los impuestos sobre el combustible de los aviones hasta los impuestos sobre el gas (que provocaron el movimiento de los Gilets Jaunes en Francia), se enfrentan a la resistencia popular.

La resistencia popular se debe a la falta de voluntad de casi todo el mundo para aceptar
unos ingresos más bajos. Los activistas del cambio climático pueden hablar en sus conferencias de que la gente de que las personas «prosperen» con menores ingresos, pero cuando se les ofrece esa alternativa, incluso los ciudadanos del país más rico del mundo la rechazan.

Si queremos enfrentarnos realmente al cambio climático -en lugar de limitarnos a hablar de él-, deberíamos, en primer lugar, deshacernos de la hipocresía extrema (como ésta), y segundo, diseñar políticas que sean aceptables para la población. Y deberíamos empezar por los países ricos, no sólo porque históricamente han sido los que más han contribuido al cambio climático (por acumulación histórica de emisiones), sino porque deberían ser capaces de asumir los costes más fácilmente que el resto."                   

(Branko Milanovic es un economista serbo-estadounidense especialista en desigualdad económica, economía de la pobreza, economía del desarrollo, economías en transición, economía internacional e instituciones financieras internacionales.​​ Contrainformación, 24/10/21)

27.7.20

La crisis del coronavirus ahonda los problemas. Dentro de unos meses se tendrán que afrontar los límites del Contrato Social en nuestro país, y también en Europa... no podemos volver a dejar en la cuneta a millones de ciudadanos, que ni tienen trabajo, y ni gobierno, ni empresarios, podrán proporcionárselo de inmediato. No existe otra salida para ellos que la renta básica aprobada... porque tardará en haber trabajo para todos

"Si no se conquista o conserva el pleno empleo, ninguna libertad estará a salvo, pues para muchos no tendrá sentido (W. Beberidge, Full Employment in a Free Society)

(...) El Final de la hora liberal, ya no hay trabajo para todos

La crisis del coronavirus ahonda los problemas y complica muchísimo la situación. Dentro de unos meses se tendrán que afrontar los límites del Contrato Social en nuestro país, y también en Europa. Porque los gobiernos se van a ver en la tesitura de olvidarse de los dogmas liberales, y planificar finanzas, servicios y producción, en función de evaluaciones de riesgos que, de una manera muy frívola, se orillaron en la austeridad: como las incertidumbres en salud, desempleo y dependencia. 

En los últimos cuatro meses, hemos sufrido la amenaza de ser superados en esos tres frentes; y eso en Calidad se llama falta de redundancia, que es la duplicación de capacidades que la prudencia aconseja para no defraudar al cliente en el objetivo de servicio. ¿Alguien pone en duda que esa planificación es parte integral del Contrato Social nacional y europeo?

La cuestión nos retrotrae al viejo problema del empleo y sus sectores soporte; tema que depende desde 1959 de la ventaja competitiva nacional, y de la industria exportadora que la soporta. Pero no podemos esperar un retorno de los turistas antes de que las incertidumbres asociadas al contagio del virus estén mínimamente controladas[i], ni es lógico suponer un repunte espontáneo de la construcción. Los expertos calculan que tal cosa no ocurrirá con el turismo antes del verano de 2021[ii], y a la construcción, nadie se aventura a ponerle fecha. 

Por otro lado, la reconversión hacia una economía más polivalente, verde e informatizada, es perentoria, con ella nos jugamos el futuro; pero educar trabajadores, crear infraestructura e industria de base adecuada, por no hablar de los empresarios, no es cosa de cuatro años. Además, el cambio de modelo no resuelve urgencias, el drama social al que nos enfrentamos las próximas semanas, meses y año, ya está ahí. Y, como dice el propio gobierno, no podemos volver a dejar en la cuneta a millones de ciudadanos de nuestro país, que ni tienen trabajo, y ni el gobierno, ni los empresarios, están en disposición de proporcionárselo de inmediato. 

No existe otra salida para ellos que la renta básica aprobada. El propósito declarado es conseguir un ligero colchón para la transición hacia otro desarrollo; uno basado en el paradigma verde e informatizado. Pero también supone un nuevo concepto de lo social, el Gobierno de España ha iniciado el camino con la aprobación del “Ingreso Mínimo Vital”, o Renta básica, un concepto aún ambiguo, sujeto a interpretaciones que, como veremos, puede tanto ayudar a construir el futuro, como retrotraernos al siglo XVIII[iii].

El Pacto Social de la transición de 1978 agoniza desde 2010, y reclama una gran revisión tras la pandemia[iv]; como el Contrato social de posguerra europeo, se basaba en dos pilares, ahora en crisis, el Bienestar como derecho, y el Estado-nación como territorio delimitador del privilegio.

 Sobre ellos los asalariados superaban, tras una larga lucha, su estatus proletario y podían construir su individualidad, es decir se proyectaban en una vida como cualquier ciudadano. La Renta básica, tal como ahora es concebida por el arco parlamentario europeo mayoritario, implica el fracaso de la promesa del sincretismo político de posguerra entre liberalismo y socialdemocracia, porque supone una elipsis de 240 años, con vuelta a las poor laws. 

 Convive con salarios insuficientes, desempleo sin perspectivas para los supernumerarios del trabajo, precariedad y ayuda condicionada. Para una gran parte del arco parlamentario, vuelven los buenos y los malos pobres, las pruebas de voluntad de búsqueda de empleo, y la amenaza de estigma social. Con él, el capitalismo tira la toalla y descabalga de sus promesas de 1945: pleno empleo, seguridad y consumo para todos los ciudadanos; y esta vez, no es porque no quiera,  sino que se reconoce incapaz de cumplir las promesas sobre las que construyó su proyecto de sociedad. En su fase globalizadora, carece de proyecto social.

Los trabajadores no se engañan, el trabajo asalariado no confería sentido a sus vidas, pero el empleo estable es percibido como un elemento esencial de su emancipación ciudadana, tanto o más que la suficiencia de su salario. Desde los años 1980, podemos ver cómo, en los intersticios de la sociedad de clases retorna el vagabundo renacentista, o el pícaro del siglo de Oro, en la figura del “camello” de barrio; reflejo de la multiplicación de situaciones de inseguridad y precariedad, “traducidas en trayectorias temblorosas hechas de búsquedas inquietas para arreglárselas día a día”[v]

La vida de las personas en riesgo de desempleo, cada vez más, está desestabilizada y la renta básica no resuelve sus problemas de desafiliación; se perciben como supernumerario, persona que sobra del puzle de la organización del trabajo, al que se prometen “tiempos mejores” que, como ya no son analfabetos, saben que no volverán.  

Como en los tiempos de Bentham, los pobres, “personas que no tiene propiedad o medios de subsistencia honesto y suficiente”, merecen la ayuda…, pero, como el viejo  liberal,  nuestros neos no pueden evitar la sospecha del abuso, al cual hay que vigilar; a pesar de que saben que muchos trabajos son especies amenazadas de extinción y, por lo tanto, no volverán. Sustituidos por tareas precarias y mal retribuidas, las personas que han invertido su vida en el aprendizaje, se ven, aún en edad de producir, reducidos a la nada del oficio inútil por la obsolescencia de sus habilidades adquiridas[vi].  (...)

Un nuevo Contrato Social tiene la misión de reinventar el Estado, desde las redes de nudos sociales creadas por el desarrollo de las tecnologías productivas y culturales de un mundo, que se globaliza montado sobre la informatización, las biotecnologías y el aprovechamiento de los nuevos conocimientos científicos aplicados. Un entramado de relaciones que no compatibiliza muy bien con la verticalidad de la organización del trabajo. 

Como decía Polanyi, hay que liberar la capacidad relacional y creativa del trabajo de la dictadura wallrasiana del mercado, una institución errática que se atreve a valorar el componente humano del capital, esencial en la reproducción de las condiciones de supervivencia, por debajo de su valor de subsistencia. 

El nuevo contrato social tiene que disociar la retribución del trabajo de la necesidad de subsistir. Lo cual significa que la Renta Básica se trasforme en un derecho universal a la vida, y el trabajo en el despliegue de las capacidades de las personas para cooperar, cuidar unos de los otros, y trasformar la realidad a través de conocerla cada vez mejor."               (  , Economistas frente a la crisis,

3.6.20

Pablo Iglesias propuso que en España se estableciera una tasa o impuesto extraordinario para la reconstrucción del país que recayese sobre las grandes fortunas... Warren Buffet lo propuso para Estados Unidos... un grupo de millonarios alemanes lo exigió para su país... dieciséis de las mayores fortunas francesas pidieron al Gobierno que les impusiera un impuesto especial para contribuir a salir de la crisis. La mayoría de los grandes propietarios no piensa como Pablo Iglesias, esa es la verdad

"Hace unos días, el secretario general de Podemos y vicepresidente del gobierno, Pablo Iglesias, propuso que en España se estableciera una tasa o impuesto extraordinario para la reconstrucción del país que recayese sobre las personas con grandes patrimonios: del 2% a partir del millón de euros; el 2,5% a partir de 10 millones; el 3% a partir del 50 millones de euros y el 3,5% a partir de 100 millones.

Es una propuesta muy parecida a la que se viene haciendo en muchos países no sólo por partidos o economistas de izquierdas sino, desde hace años, por muchas de las personas propietarias de grandes patrimonios. 

 En Estados Unidos, muchos financieros y grandes capitalistas han reclamado en diversas ocasiones que se establezcan ese tipo de impuestos sobre sus fortunas porque, como dijo una vez el inversor Warren Buffet, él pagaba un 17,7% de sus ingresos entre el impuesto sobre la renta y cotizaciones sociales, frente a una media del 32,9% del personal de su empresa: "No hay nadie en la oficina, desde la recepcionista para arriba, que pague un tipo fiscal más bajo, y yo no tengo ningún planeamiento fiscal, no tengo contables ni recurro a refugios fiscales, me limitó a cumplir lo que el Congreso de los Estados Unidos me dice que haga".

Eso mismo ocurrió en Alemania en 2011, cuando un grupo de millonarios hizo un llamamiento a través del semanario político Die Zeit exigiendo que se aumentara la tributación de las grandes fortunas del país, para contribuir a incrementar los ingresos del Estado en tiempos de crisis financiera.

También en Francia, dieciséis de las mayores fortunas de aquel país pidieron en ese mismo año al Gobierno que les impusiera un impuesto especial para contribuir a salir de la crisis. En su manifiesto decían: "Nosotros, presidentes o dirigentes de empresas, empresarios, financieros, profesionales o ciudadanos ricos, deseamos la instauración de una 'contribución excepcional' que afectaría a los contribuyentes franceses más favorecidos".

La mayoría de los grandes propietarios no piensa de este modo, esa es la verdad.
Ahora que estamos viviendo las consecuencias económicas tan dramáticas de una emergencia sanitaria nos percatamos mejor que nunca de las opciones morales de cada uno.

Mientras que hay millones de pequeños y medianos empresarios que luchan sin descanso y sin apenas recursos para salvar sus recursos, cuando millones de personas se quedan sin ingresos y tienen que recurrir a comedores sociales para poder alimentarse, cuando los gobiernos (es decir, toda la sociedad) tiene que endeudarse hasta las cejas para evitar que cierren empresas, ¡qué difícil es encontrar muestras de solidaridad entre las personas con mayores fortunas!

Es verdad que muchas de ellas, algunos grandes empresarios, incluso están renunciando a sus retribuciones, un gesto simbólico sin duda valioso, o que realizan contribuciones silenciosas y de gran generosidad a otras personas que las necesitan. Pero siendo todas esas muestras dignas de elogio por la actitud personal que llevan consigo, no pueden ser por sí solas lo que permite que una sociedad sea justa y progrese proporcionando a todos sus miembros capacidades efectivas para ser libres y auténticas personas.

 Es más, pueden llegar a generar situaciones más propias de otros tiempos, como ocurre cuando el rey Felipe de Borbón, en lugar de reclamar Justicia distributiva, cumplimiento efectivo de las obligaciones fiscales y lucha contra la corrupción, se dedica a pedirle a la nobleza que compre leche y aceite para ayudar a la Cruz Roja.

La caridad es una virtud que debemos cultivar para sentirnos realmente humanos y no salvajes y debería ser digno de aplauso y reconocimiento social que se lleven a cabo. Yo aplaudo cuando grandes empresarios como Amancio Ortega o Juan Roig la practican y hacen donaciones millonarias y creo que eso mismo deberíamos hacer todos los españoles.

 Pero me parece igualmente evidente que la caridad, la generosidad particular, es sólo una de las ruedas con las que puede andar el carro de una sociedad moderna. Porque con ella sería insuficiente para sufragar todo lo que la sociedad en su conjunto necesita para que los seres humanos vivamos con dignidad y libertad; porque, desgraciadamente, no todas las personas tienen la misma disposición y porque lo que debe presidir el criterio de satisfacción de las necesidades colectivas ha de ser la justicia y ésta no puede quedar, por definición, al albur de nuestro particular deseo de contribuir o no a las cargas comunes.

Lo que necesitamos no son solo prácticas caritativas que vienen tan caprichosamente como se pueden ir. De nada sirve una nobleza o personas de grandes fortunas con gran generosidad que proporcionen pan y aceite a los pobres si luego esconden su patrimonio (como la propia familia del Rey) en paraísos fiscales. Lo que necesitamos es justicia fiscal.

Y es de llamadas a la justicia de lo que estamos escasos entre las clases más afortunadas de nuestra sociedad.

En lugar de reclamar una imposición para sí semejante a la que recae sobre el resto de la sociedad con menos ingreso y patrimonio, los más ricos de entre los ricos sólo buscan evadir cada vez con mayor sofisticación sus obligaciones fiscales.

Ha sido precisamente su mayor influencia política lo que ha hecho que los impuestos extraordinarios que solicitan incluso las personas ricas más generosas en momentos de crisis no sólo no hayan avanzado, sino que incluso poco a poco estén desapareciendo los que recaían sobre el patrimonio en muchos países. En Francia, por ejemplo, existía desde los años ochenta del siglo pasado un impuesto sobre las fortunas superiores a 1,3 millones de euros que el presidente Macron eliminó en 2028 para sustituirlo por otro sobre la riqueza inmobiliaria que también suspendió poco después. Y algo así ha parecido en otro muchos países.

Ese paso atrás consistente en reducir la imposición sobre las grandes fortunas justamente cuando mayores son los patrimonios y cuando más se abre la brecha entre la riqueza de los más afortunados y la de la gente normal y corriente es una de las razones que explica que en los últimos años la desigualdad crezca sin parar en nuestras sociedades, con el daño que es sabido que eso produce en todos los ámbito de la vida social y económica.

En estos momentos de una crisis económica tan grave provocada por la pandemia comprobamos mejor que nunca la doble vara de medir de los egoístas y la doble moral de quienes están a su servicio o viven de los pequeños derrames que dejan caer a su alrededor.

En los barrios ricos de todas las ciudades del mundo no sólo proliferan las protestas para evitar los inconvenientes que supone el incómodo confinamiento sino para mostrar el rechazo hacia las medidas sociales, en todos los casos más bien modestas en comparación con las que reciben siempre los más adinerados, que reciben los pobres. Basta ver las críticas que ha concitado en España la aprobación de un ingreso mínimo de baja cantidad y que ya existe prácticamente en todos los países de la Unión Europea.  (...)

No hace falta ser un genio de la sociología para saber la estrecha correlación que hay entre las familias que más se oponen a las medidas sociales de este gobierno manifestándose en estas últimas semanas en las calles y las que tienen cuentas en Suiza u otros paraísos fiscales, entre las que más banderas levantan y más besos le dan y las que más critican cualquier avance en justicia fiscal o eluden en mayor medida sus obligaciones con la hacienda pública.

Es muy curioso lo que está ocurriendo en estos últimos meses. Los más ricos de todo el mundo, los que pagan a los periodistas que difunden las maldades de los impuestos y a los políticos que los eliminan, se han dedicado a comprar los llamados "pasaportes pandémicos", es decir, la nacionalidad en diversos países para así poder desplazarse de un país a otro, según les convenga en cada caso, para eludir los confinamientos. Ahora lo hacen por esa razón, pero continuamente emigran de país en país huyendo del pago de impuestos, una emigración de la que se habla poco y que nada molesta, a pesar de que los costes que ocasiona a los países de donde salen y a donde van son mucho mayores de la emigración de quienes huyen de la pobreza. (...)"                 (Juan Torres López, Público, 03/06/20)

12.5.20

En el mismo periodo en el que más de 22 millones de trabajadores perdieron sus empleos –del 18 de marzo al 10 de abril de este año–, la riqueza los multimillonarios estadounidenses aumentó en 282.000 millones de dólares, un 10 por ciento... las donaciones y obras de caridad que hacen los multimillonarios sólo suponen el 0,00001 por ciento de sus fortunas... como esto se va conociendo, Marcos de Quinto, el diputado más rico del Congreso, llama payaso a Pablo Iglesias por proponer una renta básica... "Ladran, luego cabalgamos"

"El Institute for Police Studies de Washington acaba de publicar un estudio sobre la situación de los multimillonarios en Estados Unidos mientras se extiende la pandemia con datos que son realmente estremecedores (puede leerse aquí).

En él se indica que, en el mismo periodo en el que más de 22 millones de personas perdieron sus empleos –del 18 de marzo al 10 de abril de este año–, la riqueza los multimillonarios estadounidenses aumentó en 282.000 millones de dólares, un 10 por ciento. Sólo la fortuna de Jeff Bezos había aumentado en unos 25.000 millones desde el 1 de enero de 2020, un incremento de riqueza mayor que el Producto Interno Bruto de Honduras (23.900 millones en 2018).

Ese aumento impresionante de la riqueza de los multimillonarios es el que se viene dando sin parar en las últimas décadas.

Entre 2006 y 2018, casi el 7 por ciento del aumento real en la riqueza de Estados Unidos se destinó a los 400 hogares más ricos del país, los cuales tienen una riqueza acumulada equivalente a la del 64% más pobre de la población.

Desde la última crisis, concretamente de 2010 a 2020, la riqueza de quienes disponen de un patrimonio superior a 1.000 millones de dólares aumentó un 80,6 por ciento, más de cinco veces la mediana del aumento de la riqueza de los hogares estadounidenses. Un incremento que es pequeño si se compara con el que se registró en los últimos treinta años: un 1.130 por ciento desde 1990, doscientas veces mayor que el crecimiento del 5.37 por ciento de la riqueza media en aquel país.

Mientras tanto, las familias sin patrimonio o con deuda neta han aumentado en Estados Unidos en todo ese tiempo. En esa situación se encontraba el 15.5 por ciento de los hogares en 1983 y el 21.2 por ciento en 2016  (...)

La situación de unos y otros ante una pandemia como la que estamos viviendo se puede apreciar si se tiene en cuenta que un estudio de la Reserva Federal de 2018 indicó que el 60% de los hogares estadounidenses no tenía ahorros para aguantar más de tres meses sin ingresos. Y el 39% de ellas no estaba en condiciones de hacer frente a un gasto extraordinario de más de 400 dólares.

Las razones de que en los últimos cuarenta años se haya producido una concentración tan extraordinaria de la riqueza en los multimillonarios son diversas, aunque tienen que ver todas con el tipo de políticas neoliberales que se vienen realizando, muy particular, con la pérdida de derechos laborales y con la disminución igualmente extraordinaria de la presión fiscal sobre las grandes fortunas. 

Entre 1980 y 2018, la carga fiscal de los multimillonarios de Estados Unidos, medida como un porcentaje de su riqueza, disminuyó un 79 por ciento. Y también ha contribuido especialmente el que las leyes les hayan abierto la posibilidad de ocultar sus ingresos en los paraísos fiscales, donde se estima que los multimillonarios estadounidenses disponen de una fortuna equivalente a los 21 billones de dólares.

El informe del Institute for Police Studies subraya que la acumulación de esa inmensa riqueza en tan pocas manos no es neutra ni mucho menos, sino que, por el contrario, supone una concentración paralela de poder que es el que precisamente ayuda decisivamente a que se aprueben las normas y leyes que les permiten incrementar si cesar sus beneficios y privilegios, tal y como han demostrado los científicos que han estudiado su comportamiento y efectos en la política y en las instituciones.

No se puede decir que todos esos multimillonarios sean ajenos a los problemas que sufren las personas normales y corrientes. La revista Forbes mantiene un rastreador para dar a conocer las donaciones y obras de caridad que hacen los multimillonarios de todo el mundo (aquí). Son de agradecer, aunque claramente insuficientes. 

Las estimaciones del Institute for Police Studies señalan que, en Estados Unidos y en conjunto, sólo suponen el 0,00001 por ciento de sus fortunas y, además, porque lo que se necesita no es sólo caridad y buenos sentimientos, aunque estos sean muy valiosos, sino un sistema fiscal justo, leyes que prohíban la explotación laboral y políticas económicas que fomenten la creación de riqueza y el empleo en lugar de la especulación financiera.

 También hay que reconocer que muchos de esos multimillonarios comienzan a ser conscientes de lo que representa su situación en un mundo con tantas carencias y que incluso reclaman más impuestos sobre sus propias fortunas. En varias ocasiones lo han hecho en los últimos años y más recientemente, en junio del año pasado, un grupo de ellos envió una carta al presidente Trump para pedirle un impuesto del 1% sobre el patrimonio de quienes dispusieran de un patrimonio superior a los 1.000 millones de dólares. 

Con él, decían, se podrían obtener ingresos para "financiar el desarrollo de energías limpias, para mitigar el cambio climático, para el cuidado infantil universal, el alivio de la deuda de préstamos estudiantiles, la modernización de la infraestructura, los créditos fiscales para las familias de bajos ingresos, para dar soluciones a la salud pública y otros recursos", todo lo cual permitiría mejorar la economía, decían, y "fortalecer nuestras libertades democráticas".

Es cierto. Cada día resulta más imprescindible pensar en fórmulas de reparto que equilibren la balanza sin necesidad de desincentivar la creación de riqueza, en normas que impidan que los más ricos dispongan de mayor capacidad de decisión política y en sistemas de derechos y obligaciones sociales que eviten que el enriquecimiento exagerado conviva con la extrema necesidad.

En España conocemos de vez en cuando los gestos caritativos de algún multimillonario, muy de agradecer en lo personal, aunque insuficientes, pero estamos lejos de que entre ellos cunda la idea de que una sociedad tan asimétrica, con tantos privilegios para la minoría más poderosa y basada en la desigual contribución de unos y otros a las necesidades comunes terminará siendo un infierno para todos.

Es una significativa casualidad que haya tenido que ser justamente el diputado más rico de todos los del Congreso, o al menos el que ha declarado un mayor patrimonio, Marcos de Quinto, quien califique al vicepresidente Pablo Iglesias de payaso por hacer propuestas como él un ingreso mínimo vital (que, con una cuantía u otra está ya en todos países de la Unión Europea), o algún tipo de impuesto sobre las grandes fortunas: "Ladran, luego cabalgamos".                 (Juan Torres López, Público, 12/05/20)

3.4.20

El verdadero mensaje que nos deja el coronavirus... Veamos un caso práctico, el de la comunidad de Madrid... la máxima mandataria política de esta Comunidad viene moviéndose en las coordenadas ideológicas del neoliberalismo, al pie de la letra...

"La gente necesita modelos para entender el mundo. Reducir la realidad que les rodea a paradigmas sencillos de interpretar.  (...)

Veamos un caso práctico; la crisis del Coronavirus en la comunidad de Madrid, una circunscripción pública gobernada por un ejecutivo de ideología neoliberal.

¿Qué propugna el neoliberalismo? El laissez faire, esto es, el «deja hacer», el «no limites», el «no impongas». En la crisis del Coronavirus en Madrid, la máxima mandataria política de la Comunidad viene moviéndose en esas coordenadas ideológicas al pie de la letra. 

La mayoría de los mensajes de gestión que viene publicando en sus redes sociales celebra lo que ella denomina «colaboración-público-privada», o, lo que es lo mismo, donaciones de empresas, multimillonarios y particulares. Su planteamiento político ante una crisis de esta envergadura sigue cerrado al vector laissez faire, a un inefable «que cada uno haga lo que quiera», «si no se quiere donar, bien, pero si se hace, ¡muy bien, sí se puede!».


La adopción de un enfoque de este tipo es inconcebible por parte de un máximo representante político. Un líder político no lo puede dejar todo a la voluntad individual. Si la crisis del Coronavirus ha venido para dejarnos a todos un mensaje es que la supervivencia del colectivo y la sociedad no pueden depender de acciones individuales

 Los representantes y beneficiarios del neoliberalismo lo saben y, por esta razón, todas y cada una de las donaciones que realizan son publicitadas y difundidas bajo un formato de propaganda grotesca. Bajo un formato de, en efecto, «colaboración público privada» que parece más dirigido a la justificacion de su posición ideológica, que a afrontar la magnitud del desastre en el que nos encontramos.

 Ante esto, no puede extrañarle a nadie la indignación de quienes, conocedores de las repercusiones que el laissez faire imprime en el nivel de bienestar medio, ven al mismo tiempo que en el epicentro de esta pandemia se siguen relegando las líneas de actuación política a voluntades individuales. Los políticos de quienes depende el futuro de toda la sociedad no pueden fiar su destino a acciones conceptualmente próximas a actos de caridad, acciones que tan sólo palían las carencias de un sistema previamente atrofiado por gestiones políticas de ideología marcadamente individualista. 

Esta crisis ha puesto de manifiesto que los políticos neoliberales, esto es, aquellos que no creen en un sistema público que anteponga y garantice los derechos de todos, no pueden ni deben estar al frente de instituciones cuya defensa tiene que ser, siempre, la colectividad y no la propiedad privada, el vigor empresarial o las fortunas multimillonarias. Todas estas razones, suficientes y evidentes, hacen de esta maldita propaganda de colaboración público privada en tiempos de crisis algo simple y absolutamente cínico y repugnante."                   (El Captor, 28/03/20)

2.4.20

Madrid consigue 8,5 millones en donaciones privadas pero perdona más de mil millones en impuestos a los ricos

"La plataforma de donaciones privadas puesta en marcha por la Comunidad de Madrid con el objetivo de adquirir material sanitario para los hospitales de la región ha conseguido más de 8,5 millones de euros en 48 horas. Desde el gobierno autonómico —formado por una coalición entre el Partido Popular y Ciudadanos—ponen en valor que, además, estas donaciones se podrán deducir fiscalmente en la próxima declaración de la renta.

Según explica el secretario general del Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (GESTHA) Jose María Mollinedo a este diario, las donaciones a entidades públicas se acogen a la Ley de Meceznago y tendrán una reducción de hasta el 35% del importe. Esta deducción, sin embargo, supone una nimiedad si se compara con el total de impuestos que la Comunidad de Madrid perdona a las rentas más altas en impuestos: más de mil millones de euros al año.
 Según datos de la Agencia Tributaria publicados el pasado mes de septiembre, las bonificaciones autonómicas que ha concedido la región de Madrid solo en el impuesto de Patrimonio —bonificado al 100% desde época de Esperanza Aguirre— a las personas sujetas a ese tributo ascienden a 995,6 millones de euros. Según traslada Mollinedo, amparándose en dichos datos, 18.132 personas —con un patrimonio neto de más de dos millones de euros— poseen propiedades por valor de 175.427 millones de euros.

La obligación de contribuir en este impuesto comienza cuando se posee un mínimo de 700.000 euros en bienes —aparte de la vivienda habitual— y propiedades de todo tipo, por lo que si se incluyen a los declarantes de esta franja hasta los 2 millones de euros en patrimonio neto la cifra supera holgadamente los mil millones de euros.


Asimismo, la supresión de facto del Impuesto de Patrimonio no es la única ventaja fiscal de la que disfrutan los ricos en Madrid. También se benefician de otros como el menor gravamen de España en el tramo autonómico del IRPF, que se queda en el 21% a partir de 53.407 euros, las rebajas por adquisición de acciones o la aplicación de los tipos más bajos del país —bonificados al 99%— en Sucesiones, en Donaciones y en Transmisiones Patrimoniales.

Este incremento de las fortunas en Madrid —el 70% de quienes poseen más de 30 millones de euros tiene el domicilio fiscal en la región—es lo que los analistas han vinculado tradicionalmente con el favorable trato fiscal que la comunidad ofrece a sus dueños, en un caso flagrante (aunque legal, eso sí) de dumping tributario en comparación con el resto de territorios del estado."          (Marta Monforte, Público, 31/03/20)

2.10.19

¿Caridad?... ¿Impuestos?... Soberanía monetaria

29 sept.
 
Elige una opción: Amancio Ortega dona un hospital oncológico valorado en 600 millones de euros que salvará muchas vidas. Amancio Ortega no dona una mierda, pero paga sus 1.800 millones en impuestos y el Estado construye  2 hospitales oncológicos, 2 geriátricos y una guardería
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3º El estado ejerce su soberanía monetaria, implanta un plan de pleno empleo y construye TODOS los hospitales que necesitamos, acaba con la precariedad laboral en el colectivo de profesionales de la salud sin necesidad de someterse al chantaje de ningún billonario Y...

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... además cruje a impuestos a Amancio Ortega para reducir su obscena riqueza a niveles de clase media. Poco revolucionarios sois los marxistas, coño.