Mostrando entradas con la etiqueta dd. Industria: contaminación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dd. Industria: contaminación. Mostrar todas las entradas

21.4.26

Pues para hacer un vaquero 100% de algodón, ecológico, hay que dar más vueltas que una peonza... es casi imposible (Karelia Vázquez)

 "L a prenda más usada del mundo es un auténtico ecodesastre. En el libro Unraveled. The Life and Death of a Garment (Portfolio, 2021) Maxine Bédat narra la vida de un par de vaqueros, desde la granja donde se cultiva el algodón, el proceso de hilado, lavado y teñido, la costura, la venta en tiendas, hasta su más que probable final en un vertedero. Es un viaje que recorre el mundo de América a Asia, para terminar en África.

Los pantalones, creados en 1873 como ropa de trabajo resistente para los mineros, son, según Bédat, fundadora del think tank New Standard Institute, la prenda de vestir más común en los armarios contemporáneos. Como promedio, y según Fashion United, las mujeres tienen siete pares, y los hombres, seis. La producción de un vaquero requiere casi 6.000 litros de agua. Esto equivale a 70 duchas de 10 minutos o a 937 descargas del retrete que se consumen en el cultivo del algodón y en los procesos de teñido y lavado que se repiten durante todo el proceso.

Varias marcas de moda llevan décadas intentando rehabilitar la reputación del denim, pero cambiar hábitos y procesos muy implantados en la industria ha resultado más difícil de lo que parecía. Javier Goyeneche, fundador y presidente de Ecoalf, que se ha lanzado a la aventura de hacer un vaquero sostenible, dice que varias compañías le habían propuesto crear una licencia de Ecoalf para denim. “Pero lo que solían proponernos no nos compensaba. No tenemos necesidad de abrir nuevas líneas si no suponen un paso adelante en la sostenibilidad”, cuenta desde sus oficinas ubicadas en el imponente número 1 de la Gran Vía de Madrid. Asegura Goyeneche que viendo que la filosofía de su marca no encajaba en ninguno de los proyectos de vaqueros limpios que estaban en marcha, en 2021 se propusieron imaginar cómo sería el vaquero según Ecoalf. Pensaron desde la materia prima hasta los acabados y patronajes. “Si al final del proceso hubiera tenido la sensación de que no estábamos aportando algo valioso a la industria, no hubiéramos lanzado el denim”, asegura. La línea, que se compone de un vaquero masculino, dos femeninos, y varias camisas, llega a sus tiendas y corners de El Corte Inglés en un momento en que la prenda vive un momento dorado. En 2024 el mercado global del denim tenía un valor de 86.700 millones de dólares, y se cree que para 2030 superará los 121.000 millones de dólares, beneficiándose del agotamiento del chándal y las prendas deportivas, que alcanzaron su popularidad máxima en la pandemia.

El denim ha recuperado su condición de zeitgeist y ha retornado a las alfombras rojas —Julia Roberts y Amanda Seyfried los llevaron en el festival de cine de Venecia—; ha vuelto a renacer en monumentales campañas publicitarias con nombres como el de Lady Gaga para Gap; y apareció en la portada de septiembre de Vogue, donde Emma Stone defendía un jean firmado por Louis Vuitton. No es mal momento para apostar por una línea de vaqueros.

El denim de Ecoalf estaba programado para salir casi medio año antes, pero el camino a la sostenibilidad, si se emprende en serio, está plagado de tropezones y malentendidos.

“En 2021 nos propusimos crear un producto que no existía en el mercado: un vaquero absolutamente reciclable: sin elastano, de algodón regenerativo, con un pigmento índigo natural con cero químicos, que consumiera una cantidad mínima de agua y con botones desmontables”, describe Julie Sohn, directora creativa y de producto. Sohn y su equipo montaron una red de detectives para buscar proveedores de confianza que fabricaran hilos de algodón resistentes (los vaqueros siempre se cosen con fibras de poliéster, este no), tejidos fiables y pigmentos índigo naturales. Sobre todo, buscaban cómplices, gente en la industria que estuviera alineada con sus principios y se implicara en el reto de fabricar el vaquero más limpio del mercado.

El primer problema llegó cuando un proveedor les coló una hebra de poliéster. Era 2023 y descubrieron una fibra T-400, sintética y con elastano en el tejido. “Paramos la producción porque queríamos hacerlo todo con fibras naturales y seguimos buscando”, recuerda Sohn. En la feria Pitti Uomo les presentaron a Gigi Caccia, fundador de Pure Denim. “Fue una bendición, nos dio confianza porque había desarrollado el denim más sostenible del mundo. Le encargamos otra vez nuestras telas”.

La meticulosidad de la firma española alcanza los bolsillos interiores de los vaqueros y todas las etiquetas y los hilos. Ángela Pérez Calleja, responsable de innovación y desarrollo de materiales, examinó el mercado hasta que encontró a Coats, una compañía experta en hilos de coser. “Habían desarrollado un proceso de circularidad de los hilos, y buscábamos uno de algodón resistente para usarlo en tejido denim y que garantizara la durabilidad de la prenda”, explica.

La monomaterialidad es el patrón oro para conseguir que una pieza pueda reciclarse por completo. “Era uno de nuestros objetivos. Si trabajábamos con tejidos y fibras de la misma composición o con mezclas como la del algodón regenerativo con el reciclado, facilitábamos el reciclado al final de la vida útil del vaquero”, razona Pérez Calleja.

Una vez elegido el tejido se probaron los colores, un proceso muy delicado. “No todos los colores funcionan bien en todos los tejidos”, apunta Pérez Calleja. Viajaron a las fábricas de Italia y a la de Marruecos donde se cosían los vaqueros. “Era importante estar allí y ver con nuestros propios ojos cómo se hacían las cosas”. Precisamente en una fábrica de Fez llegó el segundo contratiempo. “Estábamos esperando que pararan las lavadoras, una espera larga y tediosa, y nos dio por quemar con un mechero un hilo de los que se estaban usando. Se nos cayó el alma a los pies. El hilo de poliéster se hace una bolita cuando se quema y este era, sin dudas, poliéster. No era lo acordado”, cuenta Rocío Tinao, diseñadora y project manager. Ella misma había hecho muchas pruebas de resistencia hasta desarrollar el hilo adecuado y había percibido miedo en los responsables de confección. No sabían si el vaquero aguantaría o no. “Yo tampoco lo sabía”, confiesa Tinao.

La quema del hilo no dejaba dudas, no se estaba cosiendo con algodón. Goyeneche recuerda perfectamente ese día. “Era agosto de 2025, en septiembre teníamos contratada la campaña y preparado el lanzamiento, y acabábamos de descubrir que se estaba cosiendo con hilo de poliéster, había que parar toda la producción. Recuerdo tener en mi despacho al fabricante diciéndome: ‘¿De verdad me vas a echar para atrás los 8.000 vaqueros por un hilo? ¿Pero quién se va a dar cuenta?’. Ciertamente nadie, ni nosotros si no hubiéramos quemado un hilo, pero lo hicimos y el asunto no iba de que nos pillaran mintiendo o no, sino de hacer un vaquero sostenible según nuestra filosofía. Paramos la producción porque para ser coherente a veces hay que tomar decisiones drásticas”.

Así que empezamos de cero. “Encontramos otra fábrica en Marruecos y fue una bendición”, cuenta Sohn. “Están más metidos que nosotros”, indica Tinao.

Una de las fases más contaminantes de la producción de un vaquero es el acabado. Viajamos a Valencia a ver cómo Ecoalf lidia con el exceso de consumo de agua y los lavados consecutivos. Jeanologia, una compañía que desde 1999 desarrolla tecnologías para hacer las prendas más sostenibles, es su socio. En una gran nave y dentro de lavadoras enormes los vaqueros dan vueltas pero dentro no hay agua. “La prenda se confecciona con el tejido sin lavar y en el proceso convencional los efectos de desgaste (bigotes se llaman los de las piernas) se simulan a base de lavados continuos o con una lija que elimina el índigo superficial para dejar salir el blanco”, explica Amor Cardona Fortea, experta en textiles sostenibles de Jeanologia. Todos estos procesos, contaminantes y lesivos para los operarios y el medio ambiente (con el lijado el índigo desprende potasio permanganato), se sustituyen en Jeanologia por el láser, que consigue pasar el pigmento de sólido a gaseoso y eliminar el color. Con esta técnica se hacen además los rotos del vaquero, los efectos de camuflaje y animal print y las texturas. El lavado tradicional a la piedra consume 70 litros de agua por prenda, con la tecnología valenciana se queda en un litro por tejano, utilizan una lavadora de aire y se reducen los tonos de índigo con ozono en lugar de con agua. “Luego el ozono se descompone dentro de la lavadora y se devuelve a la atmósfera como oxígeno”, detalla Carmen Silla, directora global de marketing. El ahorro de agua es del 96%.

Sohn y Goyeneche coinciden en que producir un vaquero con esta meticulosa sostenibilidad puede ser hasta tres veces más caro que hacerlo con el modo convencional, pero el precio de su vaquero será de 129 euros. “Ecoalf nació con un margen bruto muy pequeño, si hubiéramos tenido que aplicar todos los costes, por ejemplo de sacar la basura del océano, recogerla, categorizarla y convertirla en polímero, todos los productos serían entre un 30% o un 35% más caros”, razona el fundador de la marca.

¿Estamos ante el vaquero más sostenible del mercado? Ante esta pregunta la respuesta es más conservadora. “No somos perfectos, pero entendemos que hay una mejora brutal respecto al denim tradicional”, argumenta Goyeneche. “Digamos que es el vaquero más sostenible que hemos sido capaces de hacer”, matiza Ángela Pérez Calleja. Es un vaquero que sienta bien, pensado para durar mucho tiempo, ha contaminado poco y apenas va a dejar huella de su paso por este mundo. Usted solo tendrá que usarlo mucho y desatornillar los botones a la hora de tirarlo. No es poco para la prenda más contaminante y que más nos pondremos a lo largo de la vida." 

(Karelia Vázquez , El País Semanal, 18/04/26)  

8.12.25

PFAS: La orina del diablo... una gran familia de sustancias químicas sintéticas llamadas PFAS (sustancias perfluoroalquílicas y polifluoroalquílicas), a menudo denominadas «sustancias químicas eternas» porque se acumulan en los organismos vivos y en el medio ambiente... Son extremadamente duraderos y resbaladizos: nada los rompe, repelen el agua y la grasa y resisten el calor. Las versiones simples de las moléculas duran prácticamente para siempre... Los más conocidos son el Teflon de Dupont, pero hay muchos más. Se utilizan PFAS de diversos tipos en lubricantes, pesticidas, impermeables, hilo dental, cosméticos, envases de alimentos, pinturas, ceras para esquís y espumas contra incendios, por no mencionar innumerables aplicaciones industriales. Nadie sabe cuántos tipos de PFAS hay —se calcula que más de 15 000— ni cuántos productos los contienen... hoy en día están muy extendidos en las aguas superficiales de lagos y ríos, se han detectado ampliamente en las aguas oceánicas desde el ecuador hasta los polos, y ahora se están extendiendo a gran profundidad, hasta nuestros recursos de agua subterránea. Por lo tanto, una parte de su legado será una neblina eterna y duradera, cada vez más diluida en la envoltura fluida que rodea la Tierra… «Una vez que los lodos contaminados con PFAS se aplican como fertilizante, los productos químicos eternos pueden filtrarse en los cultivos alimentarios y en los cultivos destinados a la alimentación animal, como el maíz y el heno. A continuación, también pueden ser absorbidos por los animales que comen estos cultivos forrajeros». Nadie sabe cuántas zonas altamente contaminadas existen... "La exposición a los PFAS se asocia con riesgos adversos para la salud, como cáncer, alteración de las hormonas esteroides, infertilidad, desregulación de los lípidos y la insulina, niveles más altos de colesterol, enfermedades hepáticas y renales, alteración de la función inmunológica y tiroidea, y efectos cardiovasculares"... Lo sabían: "A mediados de la década de 1970, 3M sabía que los PFAS se acumulaban en la sangre de los estadounidenses. En la década de 1980, tanto 3M como DuPont relacionaron los PFAS con el cáncer y encontraron tasas elevadas de cáncer entre sus propios trabajadores"... Un cabildeo en Estados Unidos ha llevado a la capitulación efectiva de la Agencia de Protección Ambiental, que en mayo de 2025 anunció que daría a las empresas de suministro de agua hasta 2031 para eliminar el PFOA y el PFOS de los sistemas públicos de agua, y que pronto eliminaría las restricciones sobre la mayoría de los demás PFAS en el agua potable. En noviembre, aprobó diez productos pesticidas que contienen isocicloseram, un PFAS desarrollado por Syngenta, para su uso en la agricultura, el mantenimiento de céspedes y el control de plagas en interiores (Ian Angus)

 "El 26 de junio de 2025, once ejecutivos de empresas químicas fueron condenados a penas de hasta 17 años de prisión por envenenar el agua y el suelo en la región italiana del Véneto. Entre los condenados se encuentran tres ejecutivos de la multinacional japonesa Mitsubishi, propietaria de la empresa italiana que contaminó un acuífero que abastece de agua a más de 30 municipios, donde viven 350 000 personas.

Los contaminantes implicados formaban parte de una gran familia de sustancias químicas sintéticas llamadas PFAS (sustancias perfluoroalquílicas y polifluoroalquílicas), a menudo denominadas «sustancias químicas eternas» porque, en condiciones normales, se descomponen muy lentamente o no se descomponen en absoluto. Como resultado, se acumulan en los organismos vivos y en el medio ambiente, lo que supone una grave amenaza para la salud y la estabilidad medioambiental.

Las pruebas realizadas en las aguas subterráneas del Véneto en 2013 revelaron concentraciones de PFAS hasta 1000 veces superiores a los niveles de seguridad reconocidos. Las comunidades afectadas instalaron filtros para eliminar los productos químicos del agua potable, pero descubrieron que las verduras y frutas cultivadas en la zona absorbían las toxinas del suelo. Un estudio de 2024 reveló que estas sustancias químicas causaron 3890 muertes adicionales en la zona afectada entre 1985 y 2018.[1]

Estos fueron los primeros ejecutivos en ser encarcelados por contaminación con PFAS. Si se hace justicia, no serán los últimos.

 + + + + +

PFAS es el término genérico que engloba una amplia gama de sustancias químicas con nombres científicos imposibles de pronunciar: PFOS (ácido perfluorooctanoico), PFOA (ácido perfluorooctanoico), PFTE (politetrafluoroetileno), PCFTE (policlorotrifluoroetileno) y muchas más, cada una con propiedades algo diferentes. Lo que tienen en común es que los átomos de flúor y carbono están unidos por algunos de los enlaces más fuertes que se conocen en ciencia. Son extremadamente duraderos y resbaladizos: nada los rompe, repelen el agua y la grasa y resisten el calor. Las versiones simples de las moléculas duran prácticamente para siempre, mientras que las más complejas acaban degradándose hasta convertirse en las simples.

Los PFAS no existían en absoluto hasta la década de 1930, cuando se crearon accidentalmente en cantidades muy pequeñas en un laboratorio de la empresa Dupont. Al igual que con muchos otros sintéticos, las exigencias de la guerra llevaron a los PFAS de la curiosidad del laboratorio a la aplicación práctica. La producción de plutonio para las bombas atómicas utilizaba productos químicos tan corrosivos que ningún recipiente podía contenerlos durante mucho tiempo. Se invirtieron millones de dólares en investigación militar para desarrollar técnicas de producción en masa de contenedores de PFAS resistentes a la corrosión. La producción en masa de PFAS para el Proyecto Manhattan comenzó durante la guerra, en una fábrica de Dupont en Nueva Jersey.

Se trataba de un material peligroso. En una entrevista realizada en 2025, la historiadora Mariah Blake, autora de They Poisoned the World (Envenenaron el mundo), describió parte de la historia oculta que descubrió.

«Desde el principio quedó claro que se trataba de productos químicos peligrosos. Por eso, las plantas donde se producían solían sufrir incendios y explosiones. Los trabajadores que trabajaban en estas plantas eran hospitalizados constantemente por problemas respiratorios y quemaduras químicas. De hecho, los inspectores del Proyecto Manhattan advirtieron a sus supervisores que el miedo a las lesiones estaba causando malestar en estas plantas y que la gente de otras partes de las instalaciones de DuPont había llegado a temer que les asignaran a esta tarea, la producción de fluorocarbonos o PFAS, como si fuera un exilio a la isla del diablo.

«Pero no solo se vieron afectados los trabajadores… Alrededor de 1943, los agricultores situados a sotavento de esta planta en Nueva Jersey comenzaron a quejarse de que sus cultivos de melocotones se estaban quemando y de que sus vacas estaban tan lisiadas que no podían mantenerse en pie. Tenían que pastar arrastrándose sobre sus vientres. Y, en algunos casos, los agricultores también enfermaban después de comer los productos que cosechaban».[2]

En 1947, los científicos del Proyecto Manhattan sabían que los productos químicos eran tóxicos y que se acumulaban en la sangre de las personas que entraban en contacto con ellos, pero cuando la mayoría de los registros del Proyecto Manhattan se hicieron públicos a finales de la década de 1940, no se incluyó la información sobre la investigación médica y la contaminación de la zona, con el argumento de que perjudicaría el prestigio del Gobierno y daría lugar a demandas judiciales. [3]

En un acuerdo que se suponía que iba a impedir la especulación con la guerra, DuPont había aceptado que las patentes sobre la producción de PFAS pertenecieran al Gobierno de los Estados Unidos. Poco después de la guerra, el Gobierno vendió esas patentes a una pequeña empresa llamada Minnesota Mining and Manufacturing, que más tarde pasó a llamarse 3M, y se asoció con DuPont para desarrollar productos PFAS comerciales.

Los más conocidos son el Teflon de Dupont, utilizado en utensilios de cocina antiadherentes, y el Scotchguard de 3M, un repelente de manchas para ropa y muebles, pero hay muchos más. Se utilizan PFAS de diversos tipos en lubricantes, pesticidas, impermeables, hilo dental, cosméticos, envases de alimentos, pinturas, ceras para esquís y espumas contra incendios, por no mencionar innumerables aplicaciones industriales. Nadie sabe cuántos tipos de PFAS hay —se calcula que más de 15 000— ni cuántos productos los contienen. 

Lo que sí sabemos es que el enlace entre el flúor y el carbono es tan fuerte que, aunque un tipo de PFAS pueda transformarse en otro, no desaparecen: cada gramo que se ha fabricado sigue estando en algún lugar del medio ambiente global. Debido a que se comercializaron por primera vez en masa en la década de 1950 y duran tanto tiempo, algunos científicos han sugerido que su presencia podría utilizarse como marcador del comienzo del Antropoceno.[4]

«Una de las razones de la notoriedad actual de los PFAS es la facilidad con la que se propagan a través del agua: hoy en día están muy extendidos en las aguas superficiales de lagos y ríos, se han detectado ampliamente en las aguas oceánicas desde el ecuador hasta los polos, y ahora se están extendiendo a gran profundidad, hasta nuestros recursos de agua subterránea. Por lo tanto, una parte de su legado será una neblina eterna y duradera, cada vez más diluida en la envoltura fluida que rodea la Tierra…

«Solo unos pocos materiales pueden romper químicamente los enlaces carbono-flúor, extremadamente resistentes, de la molécula grande pero simple del PTFE [teflón], como el sodio o el potasio puros (tan reactivos que no se encuentran por sí solos en la naturaleza) y, a temperaturas más altas, el magnesio y el aluminio metálicos puros (ambos extremadamente raros en la naturaleza). Por lo tanto, se trata de un compuesto químico que parece destinado a persistir en los estratos a lo largo de escalas de tiempo geológicas, y esta vez no como una firma química invisible que requiere un sofisticado análisis químico para revelarla, sino como un material sólido similar al plástico. De hecho, cuando una sartén antiadherente se fosiliza, el metal en sí mismo puede disolverse a lo largo de millones de años bajo tierra, pero la película de PTFE debería persistir, más o menos sin cambios, como una película fina y flexible».[5]

Los productos químicos fabricados en masa que pueden durar millones de años y que se desplazan fácilmente en el agua están destinados a convertirse en omnipresentes en el sistema terrestre. Como dice un informe del Gobierno canadiense de 2025:

«A nivel mundial, los PFAS se pueden encontrar en prácticamente todos los compartimentos ambientales, incluidos el aire, las aguas superficiales y subterráneas, los océanos, los suelos y la biota, así como en las aguas residuales entrantes y salientes, los lixiviados de los vertederos, los lodos de depuradora y los biosólidos. Las concentraciones más altas registradas se encuentran normalmente cerca de fuentes conocidas de PFAS que pueden liberarse al medio ambiente, como los sitios contaminados donde las concentraciones de PFAS pueden alcanzar niveles que pueden tener efectos negativos para la salud humana y/o el medio ambiente. También se registran habitualmente PFAS en lugares muy alejados de estas fuentes. Del mismo modo, aunque las concentraciones más altas de PFAS en organismos se han observado cerca de fuentes de liberación conocidas, se ha observado su presencia omnipresente en muestras de tejidos recogidas de organismos de todo el mundo».[6]

Se han encontrado PFAS en la lluvia que cae en la Antártida y el Tíbet, y en hasta el 98 % de los seres humanos analizados en múltiples estudios.

En las fábricas que producen o utilizan PFAS, los trabajadores pueden absorber a través de la respiración o la piel. En otros lugares, la exposición se produce con mayor frecuencia a través de alimentos o bebidas que contienen PFAS procedentes del suelo, el agua o los materiales de envasado.[7] La contaminación se origina con mayor frecuencia en las zonas cercanas a las fábricas de PFAS; en las zonas cercanas a los aeropuertos militares donde se utilizaba espuma contra incendios a base de PFAS; en las zonas cercanas a los vertederos, donde los PFAS procedentes de los residuos comerciales y residenciales se han filtrado a las aguas subterráneas; y en las zonas donde el tratamiento de las aguas residuales no incluye filtros para eliminar los PFAS de las aguas residuales.

Una fuente de PFAS que suscita cada vez más preocupación es el lodo de las aguas residuales que se utiliza como fertilizante en hasta 28,3 millones de hectáreas (70 millones de acres) de tierras agrícolas en los Estados Unidos. El Environmental Working Group, una ONG que se centra en la salud ambiental y la agricultura, afirma que esto crea «una cadena tóxica desde el lodo hasta los alimentos».

« Los vertidos industriales de PFAS, junto con los residuos cargados de PFAS procedentes de zonas residenciales, fluyen hacia las plantas de tratamiento de aguas residuales. El proceso de tratamiento de aguas residuales separa los líquidos y los sólidos, creando lodos de depuradora como subproducto.

«Pero este proceso no elimina los PFAS, por lo que los productos químicos terminan tanto en los lodos sólidos como en el líquido tratado, lo que puede contaminar los suministros de agua potable. Y las normas federales que limitan los patógenos y los metales en los lodos no se aplican a los PFAS.

«Tras el proceso de tratamiento, la empresa de servicios públicos puede optar por depositar los lodos en un vertedero, incinerarlos o venderlos a los agricultores, que los utilizan como fertilizante en sus tierras. En algunos casos, la venta de lodos se realiza a través de empresas terceras que se encargan de su gestión.

«No existen requisitos nacionales para analizar los biosólidos en busca de PFAS ni para advertir a los agricultores de que podrían estar utilizando lodos contaminados en sus cultivos…

«Una vez que los lodos contaminados con PFAS se aplican como fertilizante, los productos químicos eternos pueden filtrarse en los cultivos alimentarios y en los cultivos destinados a la alimentación animal, como el maíz y el heno. A continuación, también pueden ser absorbidos por los animales que comen estos cultivos forrajeros».[8]

Nadie sabe cuántas zonas altamente contaminadas existen. Un estudio realizado en Europa en 2023 encontró 23 000 sitios que son definitivamente puntos críticos de PFAS y otros 21 500 que probablemente estén contaminados.[9] En Estados Unidos, en 2025, el Grupo de Trabajo Ambiental encontró 9552 sitios con «niveles detectables de PFAS», pero esa cifra es baja, ya que muchas comunidades no han sido analizadas. [10]

Sus cuerpos no han desarrollado sistemas metabólicos para hacer frente a estas sustancias químicas, por lo que los PFAS que absorben a través del agua, los alimentos y el aire se acumulan en sus órganos, especialmente en el hígado, los riñones y la tiroides, más rápido de lo que el cuerpo puede excretarlos. Incluso pueden atravesar las barreras que normalmente impiden que las sustancias extrañas pasen de la sangre al cerebro y de la placenta al feto.

En 2025, una revisión exhaustiva de los efectos conocidos de los PFAS en la salud humana reveló lo siguiente:

«La exposición a los PFAS se asocia con riesgos adversos para la salud, como cáncer, alteración de las hormonas esteroides, infertilidad, desregulación de los lípidos y la insulina, niveles más altos de colesterol, enfermedades hepáticas y renales, alteración de la función inmunológica y tiroidea, y efectos cardiovasculares. En los bebés y los niños, la exposición a los PFAS puede causar efectos adversos en los bebés y los bebés prematuros y puede provocar una reducción de los parámetros de crecimiento, una disminución de las habilidades visomotrices y un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en la infancia, una disminución de los niveles de concentración de anticuerpos contra las paperas y la rubéola, una reducción de la función pulmonar y respiratoria, junto con un aumento de los niveles de glucocorticoides, progestágenos y ácido úrico».[11]

Solo se han estudiado en profundidad una docena de los miles de PFAS que existen, por lo que es probable que la lista real de problemas de salud causados por esta gran familia de sustancias químicas sea mucho más larga. Y dado que estas sustancias químicas se encuentran en todo, desde el agua potable hasta la lluvia, pasando por el polvo doméstico y la ropa, es prácticamente imposible evitarlos. Como dijo el presentador de un reportaje televisivo estadounidense sobre los PFAS, «el mundo está básicamente empapado en la orina del diablo».[12]

Lo sabían

Los ejecutivos encarcelados en Italia no fueron condenados solo por contaminar el suelo y las aguas subterráneas, aunque eso debería haber sido motivo suficiente, sino por hacerlo sabiendo que las sustancias químicas eran tóxicas para los seres humanos.

Como hemos visto, la contaminación por PFAS no se limita en absoluto a un pequeño fabricante de la Italia rural. Los mayores fabricantes de PFAS, los gigantes químicos 3M y DuPont, sabían desde hacía décadas que estas sustancias eran tóxicas. Sus ejecutivos no han sido objeto de acusaciones penales, pero una serie de demandas civiles, que comenzaron en 1999, han obligado a revelar documentos anteriormente secretos que revelan lo que sabían esas empresas y cuándo lo sabían. En 2023, un estudio revisado por pares de esos documentos concluyó:

«Los dos mayores fabricantes de PFAS, DuPont (fabricantes de Teflon) y 3M (fabricantes de Scotchguard), eran conscientes de los peligros de los PFAS mucho antes que la comunidad de salud pública…

Las empresas sabían que los PFAS eran «altamente tóxicos cuando se inhalaban y moderadamente tóxicos cuando se ingerían» en 1970, cuarenta años antes que la comunidad de salud pública. Además, la industria utilizó varias estrategias que han demostrado ser comunes en las industrias tabacalera, farmacéutica y otras para influir en la ciencia y la regulación, sobre todo suprimiendo las investigaciones desfavorables y distorsionando el discurso público».[13]

Esto confirma lo que el Grupo de Trabajo Medioambiental encontró en los documentos de la industria que obtuvo y publicó en 2019.

«Durante casi 70 años, empresas químicas como 3M y DuPont han sabido que los productos químicos altamente fluorados llamados PFAS se acumulan en su sangre. Han sabido durante casi todo ese tiempo que los productos químicos PFAS tienen un efecto tóxico en sus órganos…

    • Ya en 1950, los estudios realizados por 3M demostraron que los PFAS podían acumularse en la sangre.
    • En la década de 1960, los estudios con animales realizados por 3M y DuPont revelaron que los PFAS suponían un riesgo para la salud.
    • A mediados de la década de 1970, 3M sabía que los PFAS se acumulaban en la sangre de los estadounidenses.
    • En la década de 1980, tanto 3M como DuPont relacionaron los PFAS con el cáncer y encontraron tasas elevadas de cáncer entre sus propios trabajadores».[14]

A pesar de ese conocimiento, los fabricantes de PFAS continuaron obteniendo beneficios de la fabricación y venta de esos productos químicos, sin advertir a nadie de los peligros. Y desde que los hechos se hicieron públicos, han gastado cientos de millones de dólares en defenderse de la responsabilidad legal en los tribunales y en presionar para bloquear la regulación de la producción de PFAS.

En Europa se han prohibido dos de los productos químicos más mortíferos: el PFOA y el PFOS. Dinamarca, Alemania, los Países Bajos, Noruega y Suecia han propuesto conjuntamente una prohibición a escala europea de todas las formas de PFAS, pero una campaña de presión multimillonaria por parte de la industria química parece haber descarrilado el plan: En agosto de 2025, la Comisión responsable anunció que no tomará una decisión hasta finales de 2026, y que ni siquiera considerará restricciones al uso de PFAS en la impresión, el sellado, la maquinaria, los explosivos, el ámbito militar, los textiles técnicos, usos industriales más amplios y aplicaciones médicas.

Un cabildeo similar en Estados Unidos ha llevado a la capitulación efectiva de la Agencia de Protección Ambiental, que en mayo de 2025 anunció que daría a las empresas de suministro de agua hasta 2031 para eliminar el PFOA y el PFOS de los sistemas públicos de agua, y que pronto eliminaría las restricciones sobre la mayoría de los demás PFAS en el agua potable. En noviembre, aprobó diez productos pesticidas que contienen isocicloseram, un PFAS desarrollado por Syngenta, para su uso en la agricultura, el mantenimiento de céspedes y el control de plagas en interiores. Los propios documentos de la EPA muestran que da lugar a otros 24 productos químicos eternos, 11 de los cuales suponen amenazas conocidas para la salud en el agua potable. [15]

Hasta aquí el mito de las empresas responsables desde el punto de vista medioambiental y social. Con la complicidad de las agencias que se supone que deben controlar a ellos, las empresas contaminantes están defendiendo con éxito su derecho a esparcir la orina del diablo por todas partes. 

(Segunda parte de una serie sobre los venenos que el capitalismo esparce por todo el mundo examina los mortíferos «químicos eternos»... [Part One] )

(Ian Angus, Climateandcapitalism, 05/12/25, traducción DEEPL)  

19.2.25

La esponja vegetal que aspira a limpiar el mundo de microplásticos crece en Galicia... es la luffa... cuestan “entre tres y cinco euros” y, según el empresario, “duran 10 veces más” que sus rivales de plástico... La otra alternativa natural, la esponja marina, es un animal, un porífero, y además es necesario para la salud de los océanos: realiza una función filtrante del agua... de la luffa seleccionada por la marca gallega se obtienen las esponjas más grandes, las más mullidas y también las menos ásperas del planeta... utilizan “técnicas de cultivo y procesado respetuoso” con el medio. “Somos un poco enfermizos en eso”... el rollo de la cinta de embalar que utilizan para empaquetar los pedidos. No es de plástico, sino de papel reciclado. Y el adhesivo, que se activa al mojarlo con agua, es fécula de patata. Las cajas de cartón llevan impreso este lema en verde: “Un mundo sin plástico”... la mayor empresa del sector en Europa no emplea más materiales que el esparto, el algodón y el lino

 "Hace unos años alguien robó varios frutos de una de las plantaciones ecológicas de Ibérica de Esponjas Vegetales, en Caldas de Reis (Pontevedra). Lo hizo con la idea de aprovechar las semillas, unas pipas similares a las de la calabaza porque la luffa, o esponja vegetal, es una cucurbitácea. El propósito de este ladrón de ADN era copiar el negocio de producción de estropajos y esponjas naturales algo más al sur, en otro de esos microclimas benignos, de vegetación feraz, que existen en el suroeste gallego. Pero algo falló. Llegada la temporada de la cosecha, que empieza en agosto y acaba en diciembre, las plantas anuales no habían dado absolutamente nada. Juan Carlos Mascato, fundador y director técnico de la empresa de Caldas, explica —sin querer enredar con tecnicismos— que las suyas son semillas H3, un híbrido resultante de mejoras genéticas en las que la firma gallega lleva trabajando desde incluso antes de su estreno, hace 15 años. Cualquier intento de obtener plantas directamente de las semillas de los frutos es estéril. La simiente que sí vale hay que producirla todos los años en la sede de Caldas. Y desde aquí se distribuye a las otras plantaciones de la empresa en Egipto y en Portugal, posiblemente a medio plazo también en Estados Unidos, un mercado que planean conquistar. Quien quiera plantar la luffa seleccionada por la marca gallega, capaz de prosperar en estas latitudes (y de la que se obtienen las esponjas más grandes, las más mullidas y también las menos ásperas del planeta) tiene que utilizar sus mismas “técnicas de cultivo y procesado respetuoso” con el medio.

“Somos un poco enfermizos en eso”, advierte Mascato. Y acto seguido se levanta de la silla y se va a buscar un rollo de la cinta de embalar que utilizan para empaquetar los pedidos. No es de plástico, sino de papel reciclado. Y el adhesivo, que se activa al mojarlo con agua, es fécula de patata. Las cajas de cartón llevan impreso este lema en verde: “Un mundo sin plástico”. Junto a la luffa, en la fabricación de todas sus versiones de esponjas y estropajos la mayor empresa del sector en Europa no emplea más materiales que el esparto, el algodón y el lino. En Nueva Zelanda le dieron un premio por sorpresa, e Ibérica de Esponjas acabó saliendo en las noticias por el envío de un palé en el que todos los elementos del empaquetado eran naturales y reciclables. “La mejor empresa del mundo en no contaminar nuestro país”, les reconocieron. “No nos basta con lo biodegradable, todo el material que producimos, todos los recortes que se desechan al troquelar las esponjas, son compostables, vuelven a la tierra”, comenta el ingeniero agroforestal, de 48 años.

 Hijo de una alemana y un gallego afincados en Hamburgo, Mascato estudió Ciencias Forestales, una carrera que en Alemania dura seis años y en la que se abarca el ciclo natural completo, desde la genética de las plantas hasta los procesos de descomposición y transformación en nutrientes de los restos vegetales a cargo de los microorganismos de la tierra. En su país materno, empezó a trabajar en una empresa con cultivos de pino paraíso en Paraguay. “Y me mandaron a mí, porque hablaba español”, recuerda. Fue así cómo a finales de los 90 conoció la luffa: en el país americano era un cultivo ancestral, pero se había abandonado cuando, “desde los años 40, se produjo el bum de la esponja plástica”.

Su familia poseía terrenos en Caldas, “el último clima”, apunta, bendecido por la influencia del sur y de la costa: “Somos tropicales a nivel botánico”, asegura Mascato. Aquí, en la finca de A Touza, ya crecían los camelios, los rododendros, los limoneros, los magnolios plantados por su tío, y se conservaba el imponente emparrado de piedra de un viñedo abandonado. A ello sumaron, por casualidad, el agua termal que hace famosa a esta localidad con balnearios. El proceso por el que la luffa se despoja de su piel y su entramado interior queda limpio para usarse como esponja pasa por una fase de fermentación sumergida en agua. Surgen de manera natural unas microbacterias que realizan la tarea, pero comprobaron que el agua que en Caldas mana del subsuelo a 43 grados aceleraba esta evolución. Actualmente, Ibérica de Esponjas Naturales está construyendo una nueva nave en Galicia para centralizar allí la transformación de sus cosechas.

En Alemania sería impensable cultivar luffa, pero es allí donde, desde el próximo marzo, otros miembros de la familia llevarán a cabo su nuevo proyecto de venta online y distribución desde un almacén. Los productos de Ibérica de Esponjas cuestan “entre tres y cinco euros” y, según el empresario, “duran 10 veces más” que sus rivales de plástico. En sus cultivos, el único nutriente que se utiliza es el trébol, que aporta nitrógeno a la tierra, y los fungicidas no se emplean jamás, “ni siquiera los ecológicos”, recalca el director. Y por si las muestras de su conciencia verde no son suficientes, Mascato aporta un dato más: “Nuestra factura mensual de luz son 50 euros. Hay que ser coherentes en todo... la energía contamina, tuvimos que invertir para transformar todas nuestras máquinas, pero ahora es todo digital, y conseguimos poner en el mercado un producto sin impacto en el medio ambiente”.

El comentario no sorprende demasiado hasta que Mascato lleva a la sala de las máquinas de troquelado. También estas son recicladas. Y junto a ellas, llama sobre todo la atención un precioso artilugio de hierro de 1810. La prensa con la que compactan la fibra de las luffas es, en realidad, una vieja secadora de ropa, con dos rodillos de madera y manivela, fabricada en Estocolmo. “Nosotros somos la prueba de que se puede producir a gran escala sin contaminar”, concluye, “solo hay que tener convicción y ponerse a ello”.

Ibérica de Esponjas Vegetales se fundó cuando casi “nadie hablaba del peligro de los microplásticos” y ahora tiene patentes en Estados Unidos, Canadá, China y Europa. La otra alternativa natural, la esponja marina, es un animal, un porífero, y además es necesario para la salud de los océanos: realiza una función filtrante del agua. “En 2010, al salir al mercado, y en los años siguientes, nos arruinamos”, reconoce el empresario, “pero en 2015 se empezó a debatir en serio sobre los microplásticos, y nos vino muy bien”, sigue.

 De todas formas, España no es, ni de lejos, su mejor mercado. Fabrican 200.000 unidades al año y exportan el 90%. “Corea, Taiwán, Nueva Zelanda, Suecia, Finlandia, Noruega, Oriente Próximo... Nos conocen más fuera que aquí”, enumera Juan Carlos Mascato, “y también hacemos marca blanca para grandes cadenas de tiendas y alguna hotelera”. Varias productoras de Estados Unidos “vinieron a hacernos reportajes”, recuerda, e incluso “estuvieron aquí rodando un capítulo” en el que Bob Esponja no era una criatura marina, sino un cuadrado de luffa troquelado en Caldas."

(Silvia R. Pontevedra , El País, 16/02/25)

2.2.25

“Hay microplásticos allá donde mires, en la cima del Everest, en la lluvia, en las fosas profundas, en las placentas de fetos humanos, en nuestra sangre, estómagos y cerebros”... los microplásticos se relacionan con la obesidad, el cáncer y los problemas de fertilidad. Y la mancha de basura del Pacífico mide tres veces Francia. La intentan reducir, pero crece a mayor velocidad

 "Oliver Franklin-Wallis, periodista de investigación, nos cuenta dónde va nuestra basura

Tengo 35 años. Soy británico, vivo en Essex. Estoy casado y tengo dos hijas. Dirijo la revista ‘GQ’. Soy un activista medioambiental que cree que el problema más urgente al que nos enfrentamos es lo que le estamos haciendo al planeta, y que la mayor prioridad es actuar para revertirlo. Soy agnóstico.

La sucia realidad

Ha pasado cuatro años viajando por varios continentes para seguir la pista de nuestros desechos, y el resultado es Vertedero. La sucia realidad de lo que tiramos, a dónde va y por qué importa (Capitán Swing / Comanegra en catalán), libro del año 2023 según The Guardian y The New Yorker. “Visité vertederos, plantas de reciclaje, incluso un silo de residuos nucleares en el Reino Unido y maravillosas playas llenas de ropa destrozada hasta donde la vista alcanzaba”. También ha seguido los pasos de nuestra tecnología desechada: “La mayoría de dispositivos electrónicos viven olvidados en cajones y sótanos. Solo un 17,4% de esos residuos se re­cicla”; y ha explorado la red mundial de exportación que obstruye los vertederos africanos. “El comercio inter­nacional de residuos es un negocio opaco dominado por escurridizos intermediarios y poderosas empresas”.       

Dónde va todo lo que tiramos?

A tres sitios: a enormes vertederos al aire libre, a incineradoras, y al reciclaje, un sistema roto y lleno de fallos. Solo se recicla el 12% de los desechos del mundo.

¿Y el resto?

Los países occidentales mandamos nuestra basura a otros países más pobres con mano de obra más barata y normas medioambientales menos estrictas. En India, y tantos otros países, las grandes ciudades están rodeadas de vertederos gigantescos.

¿Cómo de grandes?

El de Ghazipur tiene una superficie de 35 campos de fútbol y una altura de 25 plantas. En mi investigación, he visto que muchas de las cosas que pensamos que se estaban reciclando son enviadas a África, América del Sur, América Central y el Sudeste Asiático, donde son quemadas o arrojadas a los ríos.

¿Por qué ocurre eso?

Hoy en día, la basura es un negocio millonario que está en manos de unas pocas empresas gigantes que tienen lucrativos contratos con ministerios y gobiernos.

El consumo aumenta.

Cada vez más, y el sistema no se ha adaptado a este aumento, y eso ha llevado a un problema gravísimo de contaminación. Hace falta un debate que no solo interpele a los ciudadanos, sino también a los gobiernos y a la comunidad internacional.

¿Estamos de basura hasta al cuello?

Sí, generamos unos 2.000 millones de toneladas de basura al año, pero crece a la velocidad del rayo, solo la basura genera más emisiones que la aviación y el transporte juntos.

¿Cuál es la basura que más crece?

Los residuos plásticos, que no son biodegradables. Los microplásticos afectan a nuestra salud y al medioambiente.

Llueve plástico, dice.

Sí, los científicos encuentran partículas de microplástico allá donde miren, en la cima del Everest, en la lluvia, en las fosas profundas, en las placentas de fetos humanos, en nuestra sangre, estómagos y cerebros.

¿Cuál es el impacto?

Hay estudios que relacionan los microplásticos con la obesidad, el cáncer y los problemas de fertilidad. Y la mancha de basura del Pacífico mide tres veces Francia. La intentan reducir, pero crece a mayor velocidad.

En el mar también se encuentran antibióticos, venenos, carcinógenos…

Los residuos químicos tóxicos están matando la vida de los océanos y afectando nuestra salud. Debemos ser conscientes de que todo lo que produzcamos o poseamos a lo largo de nuestra vida va a acabar como residuo.

Zapatillas deportivas, bolsos y ropa baratos están hechas de plástico.

Y no cuestan nada, son casi residuos de la industria petrolera, un buen negocio. He visto playas maravillosas sepultadas por ropa de segunda mano hasta donde alcanza la vista en Accra, Ghana. La moda rápida implica que la ropa que se manda a estos países está muy degradada, no se puede usar, y la tiran por ahí porque no tienen capacidad para procesarla.

¿La moda rápida alimenta los grandes vertederos del mundo?

Las empresas se dieron cuenta de que era más rentable seguir vendiéndonos cosas todo el tiempo y se impuso el usar y tirar.

Un tercio de la comida que se produce en el mundo directamente se tira sin vender.

Si calculamos el terreno dedicado a la agricultura que acaba desperdiciada, cubriría todo el subcontinente indio, eso son tremendas emisiones de gases, y se da la paradoja de que aproximadamente 820 millones de personas pasan hambre.

¿Qué pasa con la chatarra electrónica?

Es la fracción que más rápido crece, estamos hablando de nuestros móviles, consolas, televisores, coches eléctricos, paneles solares…; una gran parte se recicla, pero otra parte importante acaba en el mercado de segunda mano en países como Ghana.

Una basura muy tóxica.

Sí, y me sorprende la escasa tecnología que hay para tratarla. Estuve en una planta de reciclaje electrónico en California donde estaban triturando montañas de televisores nuevos que los fabricantes no querían que entraran en el mercado de segunda mano porque lo que quieren es que la gente se compre el modelo nuevo. Es una barbaridad.

¿Las soluciones?

Son muy sencillas: el sistema de reciclaje debe ser transparente; quienes fabriquen materiales que no se pueden reciclar o tóxicos deben costear su gestión, y debemos consumir menos. Entonces, la gente me dice: “¿Y qué pasa con el crecimiento económico?”.

¿Y qué les dice?

Nuestro consumo ha subido como la espuma y eso no ha fortalecido nuestra economía. Yo abogo por una economía en la que las cosas que producimos sean de calidad, duraderas, que se puedan reparar. Se trata de tener una relación más sana con los objetos que compramos. Comprar menos y comprar mejor."

(ASIEC, 01/02/25, fuente La Vanguardia , 28.01.2025)

24.1.25

El lobby de las «sustancias químicas para siempre» está difundiendo desinformación y la UE se la está tragando... Una enorme campaña del lobby de las sustancias químicas corporativas busca convencer a la UE de que no imponga restricciones a las «sustancias químicas para siempre» ( una familia de miles de sustancias químicas sintéticas implicadas en un número creciente de enfermedades y complicaciones de salud, que van desde daños hepáticos a sistemas inmunitarios comprometidos), cuya limpieza podría costar 2 billones de euros (Gary Fooks, Un. Bristol)

 "Un equipo de investigadores académicos, juristas y periodistas de 16 países europeos ha sacado a la luz una enorme campaña de presión destinada a echar por tierra una propuesta de restricción en toda la UE del uso de «sustancias químicas para siempre». En esta campaña aumentaron considerablemente los gastos de los grupos de presión de los principales productores de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), conocidas como sustancias químicas «para siempre» por su persistencia en el medio ambiente.

Este gasto se destinó a muchas reuniones de alto nivel con funcionarios de la Comisión Europea, así como a esfuerzos para movilizar a otros agentes de la industria en la campaña de presión para promover alternativas voluntarias y excepciones sustanciales a esta restricción propuesta. Uno de los resultados fue que la consulta pública de la Agencia Europea de Sustancias y Preparados Químicos sobre la restricción quedó sepultada bajo un diluvio de respuestas a su propuesta.

Los PFAS son una familia de miles de sustancias químicas sintéticas implicadas en un número creciente de enfermedades y complicaciones de salud, que van desde daños hepáticos a sistemas inmunitarios comprometidos. Comparten una característica común: un enlace carbono-flúor -uno de los más fuertes de la química orgánica- que hace que los PFAS sean altamente persistentes, lo que significa que pueden bioacumularse en plantas y animales a lo largo del tiempo.

 El gran número de PFAS hace que un número cada vez mayor de científicos considere vital restringirlos como clase, como está estudiando la UE. Si esta restricción propuesta fracasa y las emisiones de PFAS permanecen sin restricciones, se calcula que el coste de la limpieza de la contaminación actual en Europa ascenderá a 2 billones de euros (1,7 billones de libras) en los próximos 20 años, una factura anual de 100.000 millones de euros.

Sin una restricción por clases, la alternativa es un planteamiento caso por caso para evaluar la toxicidad. Esto no sólo sería muy lento, sino que aumentaría el riesgo de que simplemente se cambiaran los PFAS prohibidos por otros de los que aún no se ha demostrado que causen daños, lo que se conoce como «sustitución lamentable».

Históricamente, la prohibición de sustancias químicas PFAS individuales ha llevado a su sustitución por compuestos estructuralmente similares que plantean riesgos similares o desconocidos. Una restricción por clases reduciría la probabilidad de tales sustituciones.

 En el marco de una investigación a escala europea sobre los PFAS denominada Forever Lobbying Project, he colaborado con 18 investigadores académicos y abogados, además de 46 periodistas de investigación, entre ellos Stéphane Horel y Raphaëlle Aubert, del periódico francés Le Monde, que ha coordinado el proyecto. Trabajando juntos podemos llegar a un público mucho más amplio en toda Europa y aumentar la concienciación sobre los costes de los PFAS para la salud pública y el medio ambiente».

De esta colaboración han surgido revelaciones sobre la gran campaña de presión y los costes de limpieza, la primera estimación de este tipo para Europa. Nuestro trabajo ha sido una combinación inventiva de periodismo de investigación y metodologías de ciencias sociales y aplicadas, cuyo objetivo es ampliar y apuntalar las técnicas informativas existentes.

En 2023, muchos miembros del equipo actual habían cartografiado previamente la contaminación por PFAS en toda Europa, poniendo por primera vez a disposición del público «ciencia oculta». Esta primera investigación, que identificó más de 23.000 lugares contaminados confirmados, tuvo una enorme influencia y reforzó las peticiones de la actual restricción basada en clases y a escala de la UE.

Pero la resistencia de los fabricantes de productos químicos no tardó en revelarse feroz. Y fue la constatación entre los periodistas del consorcio de que la industria química podría derrotar la restricción por clases propuesta lo que impulsó la idea de esta última investigación sobre la campaña de presión.

El coste del fracaso político

 Dos preguntas son fundamentales para que la campaña de presión tenga sentido para el público. ¿Cuál sería la factura de la limpieza de la contaminación actual por PFAS si la campaña tiene éxito? Y ¿cómo han podido los fabricantes de PFAS y la industria del plástico avanzar tanto ante los funcionarios europeos?

La estimación del coste anual de 100.000 millones de euros fue una de las varias calculadas: se refiere a los costes de limpieza en curso en Europa en ausencia de restricciones efectivas y control de las fuentes. El proceso de cálculo de los costes fue supervisado por el ingeniero medioambiental Ali Ling y el químico medioambiental Hans Peter Arp, que desarrollaron una metodología con el periodista de datos Aubert. Juntos asesoraron a los periodistas del equipo sobre los datos que debían buscar y comprobaron activamente los conjuntos de datos.

La cifra del coste anual es elevada -aproximadamente el PIB de Bulgaria-, pero representa una estimación conservadora que refleja las dificultades de abordar la descontaminación de PFAS. Las sustancias químicas PFAS escapan a la mayoría de las técnicas tradicionales de descontaminación y requieren tecnologías altamente especializadas y de alto consumo energético para erradicarlas. Este coste anual se mantendrá mientras los PFAS no se eliminen progresivamente y sigan acumulándose en el medio ambiente. 

La campaña de los grupos de presión se basó esencialmente en tres argumentos: que la mayoría de los PFAS no eran perjudiciales para la salud, por lo que no era necesaria una restricción amplia; que había pocas alternativas prácticas a los PFAS; y que una restricción amplia de su fabricación y uso ahogaría de hecho la economía europea, acabando con la transición ecológica europea.

Si los funcionarios de la UE tomaran en serio a la industria química, sería más probable que los responsables políticos de la UE se dejaran convencer por estos argumentos. Así que nuestro consorcio decidió examinarlos más de cerca y someterlos a una «prueba de estrés».

Para ello, el equipo -organizado por Horel- adaptó planteamientos utilizados para explorar la validez de los argumentos de la industria empleados en conflictos de política tabacalera y alimentaria. Los resultados son reveladores.

La asociación industrial que representa a los productores europeos de polímeros, Plastics Europe, por ejemplo, hizo hincapié en el concepto de «polímeros poco preocupantes» para afirmar que la mayoría de los fluoropolímeros eran de hecho perfectamente seguros, o al menos muy probables.

Pero, como afirma un artículo de Le Monde: «Plastics Europe se negó a compartir los datos, hipótesis y métodos en los que se basan sus funestas predicciones». Plastics Europe también rechazó las solicitudes de entrevista de Le Monde. 

Podría decirse que Plastics Europe había dado a entender que el concepto de polímeros poco preocupantes encapsulaba criterios desarrollados por la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). Para el observador casual, esta asociación con una respetada organización política internacional le daba cierta validez.

Así que rastreamos los orígenes del concepto. Sí, había habido un grupo de expertos de la OCDE que había «participado en debates sobre los criterios para identificar los polímeros poco preocupantes» entre 1993 y 2009. Pero nunca hubo suficientes datos fiables para que la OCDE se comprometiera con la idea como institución. La OCDE confirmó a Horel que «no se había acordado ningún conjunto de criterios a nivel de la OCDE».

Otros argumentos que pusimos a prueba presentaban distintos puntos débiles, pero por lo general surtían el mismo efecto. Los hechos y las observaciones se tergiversaron y exageraron para presentar una caracterización «distópica» o «perdedora» de las propuestas de la UE: terribles pérdidas económicas a escala mundial, sin beneficios apreciables para la salud o el medio ambiente.

Tal y como están las cosas, la restricción de la UE está finamente equilibrada. Se ha informado de que funcionarios de la Comisión Europea están «ofreciendo indicaciones tranquilizadoras a los intereses empresariales sobre la futura toma de decisiones». 

Al plantear importantes cuestiones sobre las consecuencias de no regular y poner de relieve los dudosos argumentos esgrimidos para justificar la inacción, esperamos que nuestra última investigación haya cambiado el lenguaje y el enfoque del debate público. Pero aún está por ver si esto desplazará el actual énfasis cortoplacista en la competitividad y la desregulación que impulsan algunos miembros de la Comisión Europea."

(Gary Fooks, Un. Bristol, Brave New Europe, 22/05/25, traducción DEEPL, enlaces en el original)

27.9.23

¿Qué es primero, los beneficios de la industria química o la salud? Los grupos de presión empresariales ponen en peligro una regulación más estricta de los productos químicos tóxicos en la Unión Europea... BASF y Bayer harán recaer la presión sobre Olaf Scholz en la cumbre sobre productos químicos... calificarán la normativa medioambiental de "carga": la verdadera carga es el enorme impacto sobre la salud humana asociado a la fabricación, venta y uso de estas sustancias... Aunque las enormes consecuencias para la salud y el medio ambiente de las sustancias químicas tóxicas representan una "externalidad" que no aparece en el balance de ninguna empresa, estos costes son demasiado reales... BASF y Bayer se encuentran entre los 12 principales productores mundiales de PFAS (perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas), así como entre los principales vendedores de los pesticidas más tóxicos y controvertidos del mundo

 "Detengamos la desindustrialización" es la última hipérbole de la Verband der Chemischen Industrie (asociación alemana de la industria química) contra una regulación más estricta de las sustancias químicas tóxicas. Uno de sus principales grupos de presión, tanto a escala nacional como europea, consiste en desviar la atención de las enormes repercusiones de estas sustancias en la salud y el medio ambiente y, en su lugar, lanzar alarmismos sobre la "competitividad" amenazada.

Además de exigir medidas para hacer frente a los elevados precios de la energía, VCI tiene en su punto de mira la legislación más importante de la Unión Europea en este ámbito, REACH (Registro, Evaluación, Autorización y Restricción de Sustancias y Preparados Químicos), que exige a las instituciones de la UE que "eviten endurecer". También presiona para "frenar la marea de nuevas normativas" y "evitar prohibiciones generales" de sustancias químicas tóxicas.

Ya hemos estado aquí antes. Hace veinte años, el Consejo Europeo de la Industria Química (CEFIC) utilizó exactamente la misma retórica -denunciada en su momento por Corporate Europe Observatory- cuando se opuso a la introducción de las normas REACH originales. Estas normas supuestamente "desindustrializarían Europa" y provocarían la pérdida de dos millones de puestos de trabajo. De hecho, desde 2002 las exportaciones de productos químicos de la UE han crecido una media anual del 6,7%.

 Pero REACH ya no sirve. El Pacto Verde Europeo prometió actuar en favor de un medio ambiente libre de tóxicos y la Comisión Europea se comprometió a revisar REACH, ya que las normas actuales no consiguen retirar las sustancias químicas tóxicas del mercado al ritmo necesario para resolver la crisis de contaminación.

Es urgente. Los ciudadanos europeos están expuestos a "niveles alarmantemente elevados de sustancias químicas", relacionadas con el cáncer, la infertilidad, la obesidad y el asma, al tiempo que contribuyen al colapso de las poblaciones de insectos, aves y mamíferos. Sin embargo, tres años después, la Comisión no ha presentado su propuesta de revisión de REACH. No sólo se ha retrasado, sino que además se espera que se diluya en ambición.Ahora mismo, el destino de la revisión pende de un hilo. ¿Cómo es posible que una política progresista destinada a abordar graves problemas de salud y medio ambiente, junto con un gran número de otras piezas clave de la agenda del Pacto Verde sobre pesticidas y biodiversidad, se haya vuelto tan vulnerable a las presiones de la industria?

Sin mencionar

La VCI, entre cuyos miembros se encuentran BASF y Bayer, ha sido una de las voces más ruidosas que han suplicado a los responsables políticos alemanes y de la UE que detengan las nuevas normas de la UE sobre productos químicos. Y no cabe duda de que la presión recaerá sobre el Canciller, Olaf Scholz, cuando reciba el miércoles a la industria, los sindicatos y los políticos en una cumbre sobre productos químicos.

Después de todo, VCI es el quinto mayor grupo de presión en Alemania, declarando un presupuesto anual de casi 9 millones de euros para influir en los políticos nacionales y 64 grupos de presión activos. A escala de la UE, VCI es la cuarta asociación comercial que más presiona en Bruselas (CEFIC es la mayor). Además, Lobbypedia describe a VCI como uno de los "mayores donantes de partidos" de Alemania, con 5,7 millones de euros en donaciones a partidos políticos de todo el espectro entre 2000 y 2021.

Los políticos alemanes han destacado por su oposición a la revisión de REACH, una petición que ha sido recogida por el derechista Partido Popular Europeo y escuchada al más alto nivel. La semana pasada, la Presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, no mencionó la revisión de REACH en su discurso sobre el estado de la UE. Incluso el Comisario de Medio Ambiente, Virginijus Sinkevičius, se muestra dubitativo sobre su destino, y este mes declaró ante el Parlamento Europeo que esperaba que la propuesta viera la luz, "si hay ambición".
Regulación "onerosa

Uno de los pilares de la retórica del sector es que la regulación es demasiado "pesada". Este argumento parece haber calado hondo entre los políticos de derechas. Una táctica habitual de los grupos de presión que defienden los productos químicos tóxicos, aunque engañosa, es calificar la normativa medioambiental de "carga": la verdadera carga es el enorme impacto sobre la salud humana asociado a la fabricación, venta y uso de estas sustancias.

Si se calculan sólo algunos de los costes sanitarios de la exposición en toda Europa a sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) -también conocidas como "sustancias químicas para siempre"- en un solo año, la cifra asciende a 52.000-84.000 millones de euros. Aunque las enormes consecuencias para la salud y el medio ambiente de las sustancias químicas tóxicas representan una "externalidad" que no aparece en el balance de ninguna empresa, estos costes son demasiado reales.
Contaminación por PFAS

BASF y Bayer se encuentran entre los 12 principales productores mundiales de PFAS, así como entre los principales vendedores de los pesticidas más tóxicos y controvertidos del mundo. Entre los dos gigantes industriales producen 156 sustancias químicas que, según ChemSec, son "sustancias extremadamente preocupantes" que deberían eliminarse progresivamente.

La hora de la verdad

La comisión de Von der Leyen está a punto de decidir si mantiene su promesa para 2020 de presentar una propuesta sólida de reforma de REACH, para regular mejor las sustancias químicas tóxicas, o cede a las exigencias de la industria. Esto hace que el momento de la cumbre sobre sustancias químicas de Scholz sea especialmente preocupante.

Tras haber agasajado a la industria química esta semana, ¿flexionará políticamente en su favor haciendo un llamamiento discreto al Berlaymont, como han hecho anteriores cancilleres en nombre de otros intereses industriales alemanes? ¿O recordará a la industria que unas normas medioambientales más estrictas no sólo son de interés público sino que, en última instancia, pueden impulsar la eficiencia industrial y la transición a productos sostenibles?

La política consiste en tomar decisiones difíciles. En el caso de la regulación de los productos químicos, esto significa enfrentarse al poder de los grandes tóxicos para proteger nuestra salud y la de nuestros suelos y aguas. Los ciudadanos europeos esperan que Von der Leyen y Scholz afronten este reto."               

(Vicky Cann es investigadora y activista de Corporate Europe Observatory. Brave New Europe, 26/09/23; traducción DEEPL)

18.11.22

"El oeste peninsular está vendido por su reserva de litio, vamos a ser la próxima tierra a sacrificar"... Los ciudadanos de Cáceres también se movilizaron este fin de semana en favor de la salud pública, para para rechazar la mina de litio que la Junta de Extremadura está a punto de autorizar a dos kilómetros del casco histórico, lo que va a transformar en "invivible" una ciudad Patrimonio de la Humanidad... un conflicto testigo que, con seguridad, se extenderá por la península y por Europa en los próximos años: el choque frontal entre la necesidad de extraer los minerales que necesita la energía renovable para su despliegue masivo y el rechazo social de quienes habitan los territorios que quieren explotarse... "Se trata a Cáceres como la colonia de un país empobrecido para extraer sus minerales sin respetar la población"... Si esta mina avanza y se construye a "escasos metros de un centro de cirugía y de una planta depuradora de agua" el mensaje político puede ser "muy peligroso"

 "Los ciudadanos de Cáceres, ciudad ubicada a 300 kilómetros de Madrid, también se movilizaron este fin de semana en favor de la salud pública. No salieron a la calle para reclamar mejoras en el sistema sanitario, como lo hicieron cientos de miles de madrileños. Se concentraron para rechazar la mina de litio que la Junta de Extremadura está a punto de autorizar. Una explotación que por su localización (a dos kilómetros del casco histórico) va a transformar en "invivible" a un punto geográfico reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

El caso, retratado días atrás por LPO,  tiene todas las aristas para transforme en un conflicto testigo que, con seguridad, se extenderá por la península y por Europa en los próximos años: el choque frontal entre la necesidad de extraer los minerales que necesita la energía renovable para su despliegue masivo y el rechazo social de quienes habitan los territorios que quieren explotarse. 

El "boom verde" necesita de otro "boom", más invisible, poco sustentable y mucho más controvertido: el minero. Los coches eléctricos, los paneles solares, las turbinas eólicas y las baterías eléctricas necesitan aluminio, cobre, plata, cadmio, níquel, manganeso cobalto, tierras raras y litio, entre otros tantos minerales. 

La transición energética exige, por tanto, un incremento del número de proyectos mineros, más aún en Europa, por su fuerte dependencia de regiones como China, Australia o América Latina, zonas productoras de estas materias primas. En este contexto, la minería es hoy un eje central de la agenda político-económica de Bruselas. 

El auge de las renovables multiplica los proyectos mineros en España con la concesión de más de 500 licencias

España no es ajena a esta hoja de ruta de la UE. Según el relevamiento realizado por la asociación ecologista Amigos de la Tierra en colaboración con el Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL), se ha multiplicado en el último tiempo el interés de empresas y fondos de inversión por la extracción de minerales metálicos en la península. Son más de 500 los proyectos autorizados por las administraciones públicas.

Irene de Miguel, portavoz de Unidas Podemos por Extremadura y candidata a presidir la Junta en las próximas elecciones autonómicas, es un rostro político de la lucha ciudadana de Cáceres por evitar que el proyecto de la mina obtenga la luz verde. Participó de la movilización -que convocó a mil personas, según los organizadores- y es una interlocutora de un conflicto que, denuncia, está lejos de ser "puntual y excepcional".

 La diputada advierte que se quiere "replicar" en Cáceres, en una ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad, lo que en las últimas décadas se viene haciendo en el sur del planeta: la extracción de recursos para saciar el infinita sed de consumo del capitalismo global. 

"Se trata a Cáceres como la colonia de un país empobrecido para extraer sus minerales sin respetar la población", explica en diálogo con LPO. Si esta mina avanza y se construye a "escasos metros de un centro de cirugía y de una planta depuradora de agua" el mensaje político puede ser "muy peligroso", aclara.

"Extremadura y otras regiones van a ser las nuevas "tierras de sacrificio" de un sistema depredador e insostenible. El oste peninsular está vendido por su reserva de litio", alerta.

Uno de los minerales que más escasea en Europa es el litio, concentrado en Australia, China, Argentina, Chile y Bolivia. Extremadura, según el consenso de los geólogos europeos, tiene una de las reservas más grande de litio de todo el continente.

Como ocurre en esos territorios, la multinacional que está detrás de este proyecto está "comprando la licencia social" para influir en las decisiones políticas, según cuenta De Miguel. El patrocinio de equipos de fútbol o la publicidad en los medios de comunicación locales son dos ejemplos.

"El rechazo ciudadano es fuerte, pero no hay unanimidad. Hay parte de la población que la apoya. La campaña a favor de la mina por su generación de empleo y el derrame de su inversión es muy fuerte", detalla.

Y agrega: "La sensación es que el proyecto cada vez está más cerca de autorizarse. El PSOE, en menos de un mes, ha sancionado normativas para tenderle la alfombra roja a la mina".

El presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, registró, por un lado, una enmienda para incluir las extracciones mineras en los proyectos empresariales de "interés autonómico", lo que agiliza los "tiempos administrativos" y pasa "por encima a la autoridad municipal", órgano que rechaza su aprobación.

En paralelo, impulsó un decreto de ley para obligar a la industria local a formar parte de "la primera transformación", es decir transformar el litio en hidróxido de litio. "Se vende como un triunfo, pero esta transformación es muy contaminante", aclara la diputada.

Y concluye: "Hay que entender que no estamos ante una problemática local. Este conflicto, multinacionales que van a querer extraer litio en medio de un fuerte rechazo ciudadano, se va a extender en los próximos años. La clave es entender que la transición energética y ecológica que nos venden no es sostenible. No hay recursos suficientes. Tenemos que empezar a hablar de decrecimiento, a reducir los niveles de producción y de consumo para alinearlos con los límites físicos del planeta". 

El polémico proyecto

La multinacional australiana Infinity Lithium creó una filial en España (Extremadura New Energies) para poder explotar este yacimiento de litio. Semanas atrás, la empresa presentó un primer informe a la Dirección General de Sostenibilidad de la Junta de Extremadura con los trazos gruesos de su nuevo proyecto de explotación. La intención de la firma es formalizar su pedido de autorización antes de fin de año.

 El nuevo proyecto prevé una extracción subterránea. "Hemos hecho un proyecto cien por cien enterrado. Sólo se va a ver la entrada de un túnel a la montaña", defendió Jiménez en sus últimas intervenciones públicas. 

De avalarse el proyecto, la montaña de la capital cacereña -donde viven 96 mil personas- será intervenida por los próximos 31 años. Según el documento que la empresa entregó a la Junta, dos años serán de "preparación y construcción", tres de "rehabilitación y cierre" y 26 de "explotación". (...)

El documento detalla un "plan de rehabilitación para todo el entorno con el fin de prevenir cualquier efecto negativo sobre el medio ambiente y sobre las personas". Y resalta el "impacto económico que tendrá para la ciudad": 1.500 trabajadores contratados de manera directa y 2.100 empleos indirectos.

En el bosquejo empresarial no se hace mención a un dato no menor: la mina será la más cercana a un núcleo urbano en toda Europa: a 300 metros de de una planta depuradora de agua, a 1,5 km del Hospital de Cáceres, 1,6 km del Campus Universitario y 2,5 km de la Plaza Mayor. 

"No es el litio, es la ubicación", resumen el movimiento cívico llamado "Salvemos La Montana de Cáceres", una plataforma de control y oposición al proyecto de esta mina de litio que cada vez suma más adhesiones: "Además, Cáceres está entre las pocas capitales sin río y el litio es el mineral de transición energética con mayor consumo de agua".

El "no a la mina" logró en los últimos días un apoyo político de peso: el de la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. "No es alternativa que Extremadura se convierta en una gran mina. No queremos modelos extractivistas. Queremos modelos sostenibles, ecológicos, respetuosos con la salud pública y con la vida", afirmó en su reciente viaje a esta CCAA. "                (Andrés Actis, LPO, 14/11/22)

9.2.22

Repsol, culpable de uno de los mayores desastres ambientales en Perú... el Gobierno peruano se plantea retirar las concesiones a la empresa... La controversia gira en torno a la reacción tardía de la empresa y a los malos cálculos sobre las dimensiones del desastre, algo que los expertos consideran podría ser clave para entender las dimensiones de la catástrofe ambiental... En un primer momento se dio parte de un vertido equivalente a 0,16 barriles de crudo, una capacidad algo inferior al depósito de gasolina de un coche, y se estimaba que la mancha de petróleo ocupaba unos 2,5 metros cuadrados. El daño, finalmente se estima en unos 6.000 barriles que abarcan más de 4 km² de mar

 "El desastre ambiental por el vertido de 6.000 barriles de crudo en las costas peruanas ha desatado una crisis entre la multinacional petrolera y el Gobierno peruano, que se plantea retirar las concesiones a la empresa. De fondo, el mayor ecocidio recordado con miles de aves y peces muertos.

 «Lo que he visto es la destrucción completa de los ecosistemas. Ahí ya no vive nada y no vivirá nada durante mucho tiempo», dice Giuliano Ardito, biólogo peruano especializado en gestión de riesgos de desastres ambientales que, durante los últimos días, ha trabajado en algunas de las zonas afectadas por el derrame de crudo a las costas del Pacífico por parte de Repsol. «Las aves mueren cubiertas de petróleo. Otras tratan de volar, pero no pueden y se limpian con su pico intoxicándose. El alimento también está contaminado; toda la red y todas las especies que dependen de este entorno están condenados», describe. 

Tras los diez primeros días del vertido accidental, la mancha de petróleo que brotó de la refinería de La Pampilla (Callao) ya abarca más de 7 kilómetros de océano y contamina cerca de 2 kilómetros de playa, donde por el momento se concentran la mayor parte de las labores de limpieza. Ardito recuerda mientras habla con Público el desastre del Prestige en las costas gallegas y, desconcertado, alude al largo periodo de recuperación: «Los efectos de eso que ustedes llamaban chapapote seguirán estando presentes durante mucho tiempo. Desconozco cuánto tardará en recuperarse del todo el ecosistema, pero hablamos de una sustancia que contiene metales pesados y que, por tanto, tiene efectos mutagénico». 

El crudo adherido en la arena y las rocas no es una mera alteración estética del paisaje. Retirarlo del todo es un paso importante, pero la presencia del elemento quedará diluida en las profundidades del Pacífico durante mucho tiempo, tal y como indican algunas investigaciones científicas realizadas sobre los impactos a la larga de otros desastres similares como el del Deepwater Horizon en la costa del Golfo de México en 2010. Diez años después de aquel accidente que dejó el mayor vertido de crudo documentado, el 55% de algunas de las especies que habitaban en la zona seguían padeciendo enfermedades pulmonares asociadas al contacto con el crudo, según una investigación de la Federación Nacional de Vida Silvestre. (...)

Los focos sobre Repsol

Los daños causados, que cada día parecen acrecentarse, han dejado un clima de tensión importante entre el Gobierno peruano de Pedro Castillo y la multinacional española Repsol, cuya filial lleva operando en la refinería de La Pampilla desde 1996. 

El Ejecutivo, que ha aprobado este lunes la declaración de emergencia ambiental, está estudiando qué medidas legales puede tomar contra la multinacional y se plantea suspender la concesión que le permite trabajar en una de las mayores refinerías petroquímicas del país latinoamericano, según ha podido saber Público. La controversia gira en torno a la reacción tardía de la empresa y a los malos cálculos sobre las dimensiones del desastre, algo que los expertos consideran podría ser clave para entender las dimensiones de la catástrofe ambiental. Ricardo Giesecke, exministro de Medio Ambiente de Perú durante el Gobierno de Ollanta Humala, tilda los hechos de «vergüenza» y asegura a este diario que bajo su punto de vista «lo más ecuánime y simple sería suspender el permiso de operaciones, al menos hasta que no estén todas las cosas en su sitio».

En un primer momento se dio parte de un vertido equivalente a 0,16 barriles de crudo, una capacidad algo inferior al depósito de gasolina de un coche, y se estimaba que la mancha de petróleo ocupaba unos 2,5 metros cuadrados. El daño, finalmente se estima en unos 6.000 barriles que abarcan más de 4 km² de mar. Además, Repsol tuvo constancia del accidente sobre las 5.00 pm del día 15 de enero, pero no dio aviso a las autoridades hasta las diez de de la noche, unas cinco horas después, según ha informado el departamento de Supervisión Ambiental del Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA), adscrito al Ministerio de Medio Ambiente de Perú.

En una entrevista para el programa Punto Final, Jaime Fernández-Cuesta, presidente de Repsol Perú, lamentaba lo sucedido y sostenía que el accidente había sido una probable consecuencia del incremento del oleaje provocado por la erupción volcánica del Tonga en Nueva Zelanda. El pequeño tsunami provocó dos muertes en Perú durante las horas previas al accidente y en medios internacionales como la BBC se ha vinculado el vertido con el oleaje anómalo.

La tesis del oleaje parecía una explicación factible, pero en las últimas horas los medios peruanos han publicado algunas informaciones que desmienten que el tsunami generado haya estado detrás de la tragedia. El Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería (Osinergmin) ha realizado un primer informe de investigación sobre la fuga de crudo y este no menciona en ningún momento el oleaje anómalo, aunque si menciona un movimiento brusco del buque que descargaba el petróleo. (...)

La tensión entre el Gobierno y la multinacional petrolera es palpable. La decisión de estudiar acciones legales y abrir la puerta al fin de las licencias que permiten operar a la compañía en la refinería costera llega dos días después de que Repsol decidiera no presentarse en el Congreso peruano para dar explicaciones sobre lo ocurrido, algo que causó el enfado de los políticos de prácticamente todo el arco parlamentario. 

Las pesquisas del Gobierno, según informan algunos medios como La República, apuntan a Repsol como principal culpable de los hechos. Esas cinco horas de diferencia entre la catástrofe y la alerta emitida por la empresa; los malos cálculos a la hora de identificar la magnitud del derrame; y la dificultad de relacionar la erupción del Tonga a más de 10.000 km de distancia con el vertido ponen bajo el foco a la petroquímica vasca. Sin embargo, en caso de que finalmente se evidenciara la culpabilidad de Repsol, las posibilidades de una condena firme a escala internacional son difusas.

Pedro Ramiro, doctor en Ciencias Químicas e investigador del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL), explica que en este caso «entran en colisión la parte política con la jurídica», ya que sobre el papel Repsol Perú es distinta a Repsol España, la matriz. «Formalmente sería una empresa peruana que se tendría que juzgar en base a la legislación peruana», explica el experto, que recuerda que solamente se pueden llevar ante los tribunales internacionales los crímenes de lesa humanidad y otros casos graves que no prescriben en el tiempo. Esto es algo que algunas organizaciones sociales, como la Fundación del exjuez Baltasar Garzón, están tratando de cambiar a través de la petición de introducir la figura del ecocidio dentro de la lista de casos juzgables en cortes internacionales.

Si el derecho internacional dinamita la posibilidad de que una compañía como Repsol rinda cuentas por supuestos delitos ambientales en países terceros, las leyes nacionales españolas tampoco dejan la puerta abierta para que Perú pueda acudir ante los tribunales europeos. No en vano, existen casos puntuales en el planeta, como la legislación de Países Bajos, que permitió juzgar a Shell por vertidos de petróleo en la cuenca del río Niger. Desde OMAL reclaman cambios que permitan avanzar hacia el rendimiento de cuentas de las multinacionales, además de tratados vinculantes que regulen las actividades económicas en terceros países. (...)"                     (Alejandro Tena, Other News, 25/01/22)

11.10.21

Madrid es la ciudad europea con mayor mortalidad por el contaminante dióxido de nitrógeno

 "Madrid es la ciudad europea con mayor mortalidad por el contaminante dióxido de nitrógeno (NO2), por delante de Amberes (Bélgica), Turín (Italia), París (Francia), Milán (Italia) y Barcelona, según un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación "la Caixa" y recogido por Europa Press.

La investigación, que ha analizado más de 1.000 ciudades de 31 países europeos, ha concluido que entre todas ellas podrían evitar hasta casi 43.000 muertes prematuras cada año si cumpliesen con la recomendación de la OMS en cuanto a proximidad residencial a espacios verdes. Los datos se han dado a conocer a través de una publicación en The Lancet Planetary Health y la lista elaborada se puede consultar a través de la web www.isglobalranking.org

 Según esta lista, en Madrid se podrían evitar hasta 206 muertes al año si los niveles de NO2 estuvieran dentro de los límites que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), y hasta 2.380 si tuviera los niveles de NO2 de la ciudad con mejor contaminación de Europa. En Barcelona, unas 82 personas podrían salvar la vida al año si la ciudada condal cumpliera las indicaciones de la OMS, y hasta 1.883 si tuviera los niveles de NO2 de la ciudad con mejor contaminación de Europa.

Los espacios verdes se asocian con diversos efectos beneficiosos para la salud, entre los que destacan una menor mortalidad prematura, una mayor esperanza de vida, menos problemas de salud mental, menos enfermedad cardiovascular, mejor función cognitiva en niños, niñas y personas mayores y bebés más saludables. Asimismo, ayudan a mitigar la contaminación atmosférica, el calor y el ruido, contribuyen al secuestro de CO2 y proveen oportunidades para la práctica de ejercicio y la interacción social. (...)"            (InfoLibre, 08/10/21)

9.7.21

Los cinco fabricantes de automóviles Daimler, BMW, Volkswagen, Audi y Porsche poseían la tecnología para reducir las emisiones nocivas... pero evitaron competir por el uso de todo el potencial de esta tecnología... y son multados por paralizar su desarrollo

 "Bruselas está dando a los fabricantes de automóviles alemanes un oportuno recordatorio de 875 millones de euros por sus pecados pasados.

La Comisión Europea dictaminó el jueves que Daimler, BMW y Volkswagen, junto con sus unidades de Audi y Porsche, se confabularon para socavar los esfuerzos por limpiar las emisiones de los coches diésel. Cuatro de ellos -BMW, Volkswagen, Audi y Porsche- fueron golpeados con la multa, mientras que Daimler esquivó la factura por ser el primero en cooperar con los investigadores de la UE.

El caso se presentó por primera vez en 2018, pero la decisión se produce apenas unos días antes de que la Comisión se mueva para proponer una legislación -fuertemente rechazada por la industria automotriz- que podría poner fin al motor de combustión interna para 2035 como parte de su paquete Fit for 55 para combatir el cambio climático.

Las empresas automovilísticas -con Volkswagen a la cabeza- se apresuran a renovar sus líneas de producción y cambiar a los coches eléctricos. La sentencia del jueves inevitablemente vuelve a centrar la atención en el pasado contaminante de la industria.

"No se puede confiar en que los fabricantes de automóviles limpien los coches", dijo Julia Poliscanova, directora senior del grupo verde Transport & Environment, tras el anuncio de las multas. "Primero hicieron trampa en las pruebas de emisiones, luego se confabularon para retrasar los vehículos más limpios".

Es una referencia al escándalo del Dieselgate de 2015 que destapó trampas por parte de VW, que acabó costando al fabricante de automóviles 38.000 millones de dólares y obligó a cambiar de estrategia, pasando de ser un defensor del diésel a un entusiasta defensor de los vehículos eléctricos y un creciente rival de Tesla. La Comisión no ha impuesto ninguna sanción a VW por esa transgresión, pero el fabricante de automóviles se enfrenta a continuas demandas para compensar a sus clientes. El miércoles, un grupo de consumidores italianos celebró una victoria que debería hacer que VW pague a cada automovilista afectado por el asunto de las trampas en las emisiones al menos 3.300 euros.

"Este caso es distinto del escándalo del diésel, que fue, y sigue siendo, perseguido a nivel nacional en virtud de diversas leyes administrativas y penales", dijo el jueves la vicepresidenta ejecutiva de la UE, Margrethe Vestager, sobre la acusación de cártel.

La Comisión dice que entre 2009 y 2014, BMW, VW (Volkswagen, Audi y Porsche) y Daimler utilizaron las llamadas reuniones técnicas del "círculo de los cinco" para acordar la contención de las innovaciones tecnológicas que podrían reducir los gases nocivos de óxido de nitrógeno de sus coches diésel.

"Los cinco fabricantes de automóviles Daimler, BMW, Volkswagen, Audi y Porsche poseían la tecnología para reducir las emisiones nocivas... pero evitaron competir en el uso de todo el potencial de esta tecnología para limpiar mejor de lo que exige la ley", dijo Vestager.

Las discusiones giraban en torno al AdBlue, un aditivo utilizado para convertir la contaminación por óxido de nitrógeno emitida por los coches diésel en agua y nitrógeno. La Comisión dice que los fabricantes de automóviles trabajaron para no competir en la explotación de la tecnología en todo su potencial.  (...)

VW dijo que "revisará cuidadosamente la decisión de hoy" que, según dijo, rompió "un nuevo terreno legal" para la Comisión porque es "la primera vez que ha procesado la cooperación técnica como una violación de la competencia". Dijo que decidirá si apela, según un comunicado.  

La colusión y el escándalo Dieselgate tienen raíces similares. Los fabricantes de automóviles alemanes apostaron por la moderna tecnología diésel como forma de satisfacer las crecientes demandas de reducción de las dañinas emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, las promesas que hacían a los clientes sobre la eficiencia del combustible, el coste y la potencia no podían cuadrar con la exigencia reglamentaria de reducir la contaminación, lo que les llevó a recortar gastos.

Ahora está claro que el diésel no era la solución. La Comisión va a insistir en ello la semana que viene, cuando presente sus planes para actualizar las normas de CO2 de los vehículos. Una de las disposiciones de Fit for 55 establecerá las futuras normas de reducción de emisiones, y la Comisión está considerando imponer una reducción del 100% para 2035, lo que significa el fin de las ventas de nuevos coches diésel y de gasolina.

Audi, filial de VW, ya planea vender sólo vehículos eléctricos en Europa para 2026. Pero otras empresas automovilísticas intentan equilibrar el gasto y las dudas de los clientes sobre el cambio a los coches eléctricos con un esfuerzo por extraer los últimos beneficios de los modelos con motor combinado interno antes de que las líneas de producción se apaguen."   
          ( Joshua Posaner and Simon Van Dorpe , POLITICO, 08/07/21)

7.6.21

Los grandes bancos invierten 3,8 billones en destrozar el medio ambiente... los 60 bancos más grandes del mundo incrementaron más de un 10% en 2020 su financiación a las 100 empresas contaminantes del mundo

 "El informe Banking on Climate Chaos 2021, al que ha tenido acceso Diario16, muestra cómo los 60 bancos más importantes del mundo, entre los que se encuentran Banco Santander y BBVA, han invertido 3,8 billones de dólares en empresas altamente contaminantes y en combustibles fósiles en los últimos 5 años.

El documento señala a los mayores financiadores de combustibles fósiles en todo el mundo, siendo JPMorgan Chase el peor en general, RBC el peor en Canadá, Barclays en el Reino Unido, BNP Paribas en la Unión Europea, MUFG en Japón, Banco de China peor en el gigante asiático y Banco Santander en España. (...)

El informe demuestra que, incluso en medio de una recesión inducida por una pandemia que resultó en una reducción generalizada la financiación de combustibles fósiles de aproximadamente el 9%, los 60 bancos más grandes del mundo aún aumentaron dicha financiación en 2020 a las 100 empresas más responsables de los combustibles fósiles en más del 10%

Estos bancos han invertido casi $ 1.5 billones en los últimos 5 años en 100 compañías líderes que expanden los combustibles fósiles. Esto incluye empresas detrás de proyectos altamente controvertidos como oleoductos de arenas bituminosas y la expansión del fracking en tierras de comunidades indígenas mapuche en la región de la Patagonia argentina, que son solo dos de los casi 20 estudios de caso presentados en el informe.

Ginger Cassady, directora ejecutiva de Rainforest Action Network, una de las organizaciones responsables del informe, ha señalado que «La caída sin precedentes del COVID-19 en la financiación global para combustibles fósiles ofrece a los bancos más grandes del mundo un claro punto de elección en el futuro; pueden decidir bloquear la trayectoria descendente de apoyo a la industria primaria que impulsa la crisis climática o pueden volver imprudentemente a la normalidad a medida que la economía se recupera. Los bancos con sede en Estados Unidos siguen siendo los peores financiadores de combustibles fósiles por un amplio margen. Wall Street debe actuar ahora para dejar de financiar la expansión de los fósiles y comprometerse con el cero fósil, a fin de alinear verdaderamente sus prácticas de financiación con evitar que nuestro planeta se caliente más de 1,5 grados».

Bancos de Estados Unidos

Los bancos con sede en Estados Unidos son los mayores impulsores mundiales de emisiones en 2020. JPMorgan Chase sigue siendo el banco líder mundial en financiación de combustibles fósiles, a pesar de haberse comprometido recientemente a alinearse con el Acuerdo de París. Sin embargo, como ocurre con el resto de entidades bancarias, continúa financiando esencialmente sin restricciones los combustibles fósiles. Desde 2016 hasta 2020, las actividades de préstamos y suscripción de Chase han proporcionado casi 317.000 millones de dólares a los combustibles fósiles, un 33% más que Citi, el siguiente en el ranking. (...)"                   (José Antonio Gómez , Diario16, 05/06/21)