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29.1.11

Las causas de la quiebra de las cajas de ahorro españolas

"Legisladores, autoridades económicas y monetarias han puesto un empeño digno de otras causas en liberalizar las cajas para romper sus fronteras geográficas naturales y dejar que hicieran todo lo que hacían los bancos. No midieron los riesgos.

Esa libertad que se otorgó a los directivos chocaba con la lentitud de sus órganos de gobierno a la hora de tomar decisiones en momentos de crisis.

Los directivos aprovecharon esa liberalización para una expansión irresponsable y para concentrar las inversiones en inmuebles y suelo.

Como los depósitos de los impositores no daban para financiar la expansión crediticia, se endeudaron hasta las cejas en los mercados europeos de capital. Riesgo inmobiliario y alto endeudamiento ha sido un cóctel explosivo.

Lo más sorprendente es ver cómo el supervisor, el Banco de España, dejó crecer ese riesgo y endeudamiento. Su labor de vigilancia y supervisión ha sido manifiestamente mejorable. La situación actual cuestiona su labor, al menos hasta 2007.

No vale ahora echarle la culpa a la "politización" de las cajas. No puede lavarse las manos. Alguna explicación merecen los españoles y que la autoridad bancaria les diga qué hará en el futuro para desarrollar mejor su función.

Las autoridades autonómicas y locales han puesto su grano de arena. Al buscar una solución en los matrimonios endogámicos han empeorado la situación. La unión de dos contagiados no da lugar a uno sano.

Finalmente, el Gobierno ha estado creyéndose durante demasiado tiempo su propia mentira: que teníamos el mejor sistema bancario del mundo mundial. " (Antón Costas: El mayor desmán financiero de nuestra historia. El País 28/01/2011, p. 31)

21.9.10

El capitalismo amamantado... español

"La crisis actual puede ser ese momento de oportunidad que estaba necesitando el modelo productivo español para fortalecer su vertiente competitiva y exportadora. (...)

¿Es posible? Otros países lo lograron. (...)

Pero en nuestro caso ese cambio está lastrado por un capitalismo amamantado desde los presupuestos públicos que, como una rémora, succiona recursos y retrasa el avance. Hablo, por un lado, de un segmento empresarial de pocas (no más de seis) pero muy influyentes grandes empresas constructoras que viven de la obra pública, y por otro, de un capitalismo rentista que vive de las "primas" y de la especulación con las concesiones, y cuyo ejemplo más conmovedor es el bienintencionado y manirroto modelo español de subvención a las energías renovables.

Este capitalismo, amamantado además en el momento en que todo el mundo ha de apretarse el cinturón, se ha vuelto "pedigüeño". Leímos esta expresión en agosto a raíz del encuentro de esa media docena de grandes empresas constructoras y concesionarias de servicios públicos con el presidente del Gobierno en La Moncloa, reunión suspendida al hacerse pública.

Sorprende esa aparente proximidad y simpatía del Gobierno con este segmento del capitalismo español y, por el contrario, la lejanía, a pesar de sus declaraciones retóricas, de las necesidades del capitalismo competitivo. Vean dos noticias sacadas de este mismo diario esta semana. El domingo informaba de que el Gobierno planea un recorte del 10% para Ciencia e Innovación en 2011, después del 15% recortado en 2010, el mayor de todos los ministerios.

La noticia venía acompañada del comentario de la ministra Cristina Garmendia: "O se apuesta por la I+D, o estamos abocados a ser un país de segunda". El miércoles, otra noticia informaba de que el Ministerio de Fomento pretende movilizar 7.512 millones de euros para impulsar el ferrocarril (el monto total del presupuesto de Ciencia e Innovación es de 5.400 millones)." (ANTÓN COSTAS: Capitalismo amamantado y pedigüeño. El País, Negocios, 19/09/2010)

25.5.10

Valoración de las medidas de Zapatero

"¿Quiénes son los que Zapatero y sus ministros llaman "especuladores"? Los que años anteriores han dejado dinero a la banca y a las empresas, y los que ahora prestan su dinero para financiar el déficit público con el cual pagamos una parte importante del gasto social, educativo o sanitario. Imaginen por un momento que lo dejasen de hacer, y que tuviésemos que recortar el gasto social en una cuantía igual al déficit, un 11% del PIB.

Es cierto, y hay que insistir en ello, que ese déficit público no fue la causa de la crisis, sino su consecuencia. Una consecuencia provocada básicamente por la dramática caída de ingresos fiscales y, en mucha menor medida, por el aumento de gastos que el rescate bancario, el mantenimiento de empleo y las prestaciones del paro han originado. (...)


¿Quiénes son los que Zapatero y sus ministros llaman "especuladores"? Los que años anteriores han dejado dinero a la banca y a las empresas, y los que ahora prestan su dinero para financiar el déficit público con el cual pagamos una parte importante del gasto social, educativo o sanitario. Imaginen por un momento que lo dejasen de hacer, y que tuviésemos que recortar el gasto social en una cuantía igual al déficit, un 11% del PIB.

Es cierto, y hay que insistir en ello, que ese déficit público no fue la causa de la crisis, sino su consecuencia. Una consecuencia provocada básicamente por la dramática caída de ingresos fiscales y, en mucha menor medida, por el aumento de gastos que el rescate bancario, el mantenimiento de empleo y las prestaciones del paro han originado. (...)

Como ocurre con otras muchas cosas de la vida, lo relevante de las medidas no es su contenido, sino la percepción social que generen. En este sentido, parece evidente que la percepción social dominante es de injusticia en el reparto de la factura. No es sólo una cuestión moral. Afectará a la eficacia de esas medidas. Y, lo que quizá es más importante, puede bloquear reformas necesarias para salir bien parados de la crisis.

Además, existe la sensación de que han sido impuestas desde fuera. Esto daña la autoestima de una sociedad y de unos actores sociales que en el pasado fueron capaces de enfrentarse a peores situaciones y consiguieron salir con éxito de ellas.(...)

A esa percepción de injusticia se suma la sensación de improvisación. La mayoría de ciudadanos estamos dispuestos a apretarnos el cinturón si confiamos en que ese esfuerzo es para mejorar. Tengo la convicción de que muchos funcionarios y trabajadores habían descartado ya hace meses una congelación salarial. Pero el Gobierno no se atrevió a proponerlo. Ahora dicta el recorte salarial y la austeridad." (ANTÓN COSTAS : Zapatero, el lobo y la factura de la crisis. El País, ed. Galicia, opinión, 14/05/2010, p. 33)

4.5.10

La deuda griega fue encubierta, necesariamente, por la banca alemana

"Desde Alemania se quiere ahora transmitir la idea de que los problemas financieros de los PIIGS (acrónimo de Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España, pero también 'cerdo' en inglés) son debidos a su falta de disciplina fiscal. Pero eso no es cierto. Puede valer parcialmente para Grecia (sin olvidar que en el encubrimiento de su lenidad fiscal contó con el "colaborador necesario" que fue la propia banca alemana).

Pero de ningún modo alguno para Irlanda, España o Italia, que han tenido superávits, y en el caso de España, un bajísimo nivel de deuda pública en relación con su PIB.

Si no ha sido el despilfarro previo de los Gobiernos, ¿cuál es la causa de fondo que provoca la situación de urgencia financiera con la que nos enfrentamos? La gran recesión, provocada a su vez por la crisis financiera. Los déficits públicos no son la causa de la crisis, sino su consecuencia. Es importante tenerlo en cuenta, porque si no, la medicina será equivocada.

Al confundir causas con consecuencias, Alemania propone para Grecia una medicina que la empobrecerá durante al menos una generación. Y al hacerlo empobrece también al resto de Europa, y a sí misma. Es como escupir al cielo. (...)

Eso es lo que ahora hay que hacer en Grecia. Ayudarla y exigir responsabilidad. Y controlar sus cuentas desde las nuevas instituciones europeas.

¿Qué enseñanzas útiles se pueden sacar de la tragedia griega actual y de la historia? Dos. La primera es que hay que exigir a Grecia, y a cualquier otro país, honestidad en las cifras sobre su déficit. De lo contrario, la deuda es penalizada. La segunda es que la solución que hay que dar a los déficits públicos es el crecimiento, no la economía de la miseria." (ANTÓN COSTAS: Humillación griega, altivez alemana. El País, Negocios, 02/05/2010, p. 27)

4.3.10

La salida de la crisis... con bypass

"El tercer motivo de preocupación sobre nuestra economía es la salud del sistema financiero. La City londinense no acaba de creérselo. No es capaz de comprender cómo no ha habido una quiebra bancaria significativa en España, mientras que ellos han tenido que nacionalizar la banca. Es verdad que tuvimos una mejor regulación bancaria. Pero tienen razón, en este terreno falta información veraz. Y más rapidez en sanear el sector. Mientras no se actúe de forma más transparente, esas dudas de la City permanecerán y distorsionarán el diagnóstico.

En términos generales, la economía española se parece a un paciente que tiene los músculos en relativo buen estado, pero que está en la UVI porque el hígado no limpia las toxinas y el corazón no bombea la sangre. Es decir, porque falla el sistema bancario. Ha de ser sometido a diálisis para limpiar sus toxinas y recibir una transfusión. Pero, mientras tanto, se necesita algún bypass, a través del crédito oficial, que haga circular la sangre. Especialmente hacia las empresas con capacidad de exportación. (...)

Sin embargo, algunas señales anticipan una pronta salida de la UVI. El consumo eléctrico despierta. La demanda de las familias sale de la anorexia. La producción industrial se mueve al alza. La inversión en equipo se desentumece. Las exportaciones avanzan. Las reservas hoteleras aumentan. La deuda de las familias desciende. Las tarjetas de débito comienzan a moverse. Son muchas señales de que estamos ante un efecto brinco. No me digan que será débil. Me doy con un canto en los dientes sólo con que se produzca." (ANTÓN COSTAS: El paciente español. El País, Negocios, 28/02/2010, p. 17)

8.2.10

La solución es aumentar la demanda, pero ¿quién lo hace? ¿Europa?

"Si no existiese el euro, ¿qué ha habría hecho un país como España para salir de una gran recesión como la que estamos padeciendo? (...)

Pero el hecho cierto es que ahora tenemos el euro. Aquellos países que como España forman parte del euro no pueden utilizar la palanca del tipo de cambio para salir más rápido de la recesión. (...)

Eso es lo que pretendían los padres del euro y de la UE: evitar que en crisis recurrentes los países que comparten un mercado pudiesen devaluar por su cuenta trasladando el coste del ajuste a sus vecinos. Se ha logrado.

Pero la cuestión esencial a tener en cuenta es que ésta no es una más de las crisis recurrentes del capitalismo.

Y como no vivimos tiempos normales, no se puede pedir a los países con economías más débiles del euro que salgan de la recesión únicamente con sus propias fuerzas. Por dos razones.

La primera es que la crisis financiera, provocada por los excesos y la negligencia de los banqueros, ha provocado una sequía de crédito como no se veía desde la Gran Depresión de los treinta del siglo pasado. Y sin crédito, la economía de mercado no funciona. (...)

La segunda es que la sequía de crédito ha provocado a su vez una anorexia de consumo y de inversión que ha hecho que la demanda se haya evaporado. Y sin demanda privada, el capitalismo de mercado no funciona. (...)

Gestionar una recesión sin palanca de cambio ni crédito ni demanda es como intentar sacar un coche de un barrizal sin cambio de marchas, aceite ni gasolina. No es una labor de titanes, es una estupidez. Y pretender salir de la crisis sólo con el recorte de salarios y de condiciones laborales sería añadir injuria a la injusticia que ya sufren los trabajadores y clases medias. Pero, además, sería un error económico.

¿De dónde ha de venir el crédito y la demanda? En parte, de la economía interna, mediante el saneamiento del sistema bancario, la recuperación de la demanda doméstica y el aumento de la demanda externa. Pero el papel de las instituciones monetarias europeas y de los países líderes como Alemania es esencial en el retorno del crédito y la demanda externa.

Eso es lo que necesita la economía europea hoy: que alguien con capacidad para hacerlo inyecte demanda en la economía y permita a los más débiles utilizar esa demanda para salir de la recesión. Ése es el papel del Gobierno federal en el caso de EE UU. El presupuesto que acaba de presentar Obama tiene el mayor déficit visto en épocas de paz. En la UE no hay un gobierno federal que haga esa labor. Y Alemania y Francia, que tendrían que ejercer ese liderazgo, sólo miran su ombligo.

Tengo un temor creciente. El BCE, Alemania y Francia corren el riesgo de manejar el euro y la economía europea como hizo el bloque europeo del patrón oro (Francia, Italia, Holanda, Bélgica y Suiza) en la Gran Depresión de los años treinta. Mantuvieron la ortodoxia de vincular sus monedas al oro y restringir el crédito y la demanda. No así EE UU y Reino Unido, que devaluaron. Aquella política europea fue el antecedente económico del desorden social y político que llevó al conflicto europeo.

Es fundamental aprender de esa historia." (ANTÓN COSTAS. Sin palanca de cambio, aceite ni gasolina. El País, Negocios, 07/02/2010, p. 23)

30.6.09

Y por eso, así estamos...

"Vamos a ver. El paisaje desolador que estamos viendo es el resultado de una batalla que se inició en los años setenta. Los contendientes fueron, por un lado, los partidarios de los mercados sin ningún tipo de control. Por otro, los de la economía mixta, donde a los mercados libres se les reconoce un papel importante en la creación de riqueza pero complementados con regulación pública y algún tipo de control social de las conductas de los altos directivos.

Esa economía mixta fue la que surgió después de la Gran Depresión de los años treinta. Una economía en la que mercados y regulación funcionaron al unísono, como lo hacen los dos motores de un avión, para producir la etapa de mayor crecimiento y menor desigualdad social que ha vivido la humanidad hasta el presente. La sociedad de clases medias de los "felices sesenta".

Pero aquel armisticio entre partidarios del libre mercado y de la regulación pública y control social se rompió bruscamente a finales de los setenta.

Algo ocurrió en esa década que aún no comprendemos bien. Por un lado, las nuevas tecnologías de la información y las telecomunicaciones trajeron aumentos de productividad y riqueza impresionantes. Por otro, las políticas de Reagan y Thatcher permitieron la desregulación de los mercados financieros y el debilitamiento de las instituciones sociales, que como los sindicatos, mantenían un cierto control del comportamiento salarial de los directivos. Finalmente, se dio un cambio en la forma de pensar como funciona la economía, con la aparición de la teoría de las "expectativas racionales" y la fe irreflexiva en la total "eficiencia de los mercados".

Probablemente, esos tres factores actuaron como mecanismos de apropiación por parte de unos pocos de los fuertes aumentos de productividad que trajo el cambio tecnológico. Desde los años ochenta hemos vuelto a asistir a un aumento de la desigualdad. Algo similar a lo que ocurrió en la Gilded Age o época dorada que precedió a la gran crisis de los años treinta. De nuevo la mística de los mercados desregulados trajo una nueva época de exuberancia irracional, de burbujas especulativas, de euforia y exceso de confianza, para desplomarse ahora en la desconfianza y el pesimismo depresivo.

Y en esas estamos." (ANTÓN COSTAS: Paisaje después de la batalla. El País, Negocios, 28/06/2009, p. 15)

16.6.09

Para superar la crisis, el estilo Obama... pero ¿quién tiene sus millones de millones? Nosotros... a pelo...

"Pero ahora hay una rara oportunidad para evitar que el péndulo vuelva a girar hacia el otro extremo. La razón es que hoy nadie en su sano juicio dice que el Gobierno es el problema y que la solución está en la mística del mercado. Pero a la vez nadie piensa seriamente que la planificación económica y la iniciativa empresarial pública ha de ser la fuerza que dirija la economía.

Una oportunidad no sé si para crear un nuevo capitalismo, pero sí para reconstruir una economía mixta, basada en el impulso del mercado y en la capacidad de las instituciones democráticas, públicas y sociales, para controlar y orientar su dinamismo en la dirección del bienestar social.

Pero que exista esa oportunidad no significa que se materialice. Para concretarla necesitamos dos cosas. Por un lado, una teoría económica que nos permita comprender mejor las causas de la crisis y las opciones que tenemos a nuestro alcance para conciliar progreso económico y social. Por otro, un activismo social y un liderazgo político capaz de diseñar estrategias de colaboración entre fuerzas de mercado e instituciones públicas en distintos ámbitos, desde las finanzas hasta la política industrial y las políticas sociales.

Las elecciones norteamericanas permitieron la emergencia de ese activismo social y un nuevo liderazgo político. La política económica de Obama, que combina mercado e intervención pública, va camino de aprovechar esa oportunidad para redefinir una política del bien común." (Antón Costas: Una rara oportunidad. El País, Negocios, 14/06/2009, p. 21)

11.12.08

Liderazgo plítico para el desastre económico, porque al fin y al cabo, es de lo más barato que hay

"Ahora sabemos una cosa: que esta crisis requiere un liderazgo político fuerte, audaz y coherente, capaz de reducir incertidumbres y volver a crear confianza.Ese liderazgo político es aún más necesario en España. (...)

Aunque lo parezca, la crisis financiera internacional no es la causa de la aguda recesión que está experimentando la economía española. Ha sido, eso sí, el desencadenante. Pero su mayor intensidad está causada por una especie de enfermedad asintomática que estaba tapada por la euforia de una década de crecimiento espectacular. Sin embargo, conocíamos sus síntomas: baja productividad, elevada inflación diferencial y, especialmente, un fuerte déficit comercial -el 10% del PIB, el mayor del mundo-, y su reverso, un elevado endeudamiento exterior que servía para financiarlo.

Sea cual sea la salida a la crisis bancaria y a la sequía de crédito, el Gobierno tiene que afrontar tres retos. Primero, evitar que la crisis se transforme en una recesión profunda, larga y dolorosa, especialmente en términos de desempleo. Segundo, fomentar acuerdos estratégicos para mejorar la productividad y promover nuevas especializaciones productivas capaces de aumentar la competitividad y generar empleo de salarios elevados. Y tercero, modular los efectos colaterales negativos que pudiese tener el elevado endeudamiento de grandes empresas inmobiliarias e industriales con la banca.

El objetivo prioritario a corto plazo tiene que ser el evitar una anorexia del consumo y la inversión. Las recesiones profundas no son la penitencia a pagar por el pecado de los excesos del crecimiento. Atribuir un sentido moral a la recesión es una creencia conservadora. Las recesiones lo único que traen son consecuencias sociales y políticas devastadoras, especialmente el desempleo. La función de los gobiernos es evitarlas. (...)

El ajuste es inevitable y las empresas han de tener flexibilidad para adaptarse a la nueva situación del mercado. Pero no da igual la forma en que se aborde. No es lo mismo que se produzca bajo fórmulas del "sálvese quien pueda" o del "todos contra los más débiles", a que se lleve a cabo mediante una solución cooperativa que amortigüe y distribuya equitativamente el coste del ajuste y del cambio productivo.

Ahora bien, una solución cooperativa que implique a empresarios, trabajadores y administraciones exige liderazgo. Requiere que alguien tome sobre sus espaldas la responsabilidad y la tarea de poner de acuerdo a todos los actores ante unos objetivos y una "hoja de ruta". Esa tarea corresponde a la política y a los políticos. En primer lugar, al Gobierno. (...)

No es función de un economista decir lo que han de hacer los políticos. Pero sí podemos decir algo acerca de los efectos de las diferentes formas de enfrentarse a los problemas. (...)

Una solución ideal podría ser una política que se apoye en cuatro columnas: 1) acuerdos sobre flexibilidad y moderación salarial -con algún tipo de acuerdo sobre salario mínimo y salarios no monetarios-; 2) compromiso de las empresas en inversiones en mejoras de productividad; 3) una política fiscal y presupuestaria activa orientada a mantener empleo y evitar la asfixia del consumo; y 4) una mayor capacidad de financiación pública de las infraestructuras y del tejido empresarial existente.

Una política de este tipo tiene la ventaja de que evita la estrategia del "sálvese quien pueda", da coherencia a las medidas parciales, genera confianza y permite a empresarios, trabajadores y administración reducir incertidumbre y crear expectativas ciertas sobre el comportamiento de unos y otros. No es una política fácil. Exige liderazgo político. (...)

Esta crisis es el test del liderazgo político de José Luis Rodríguez Zapatero." (ANTÓN COSTAS: Crisis económica y liderazgo político. El País, ed. Galicia, Opinión, 07/12/2008, p. 35 )