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10.2.21

El Departamento de Justicia de Estados Unidos demandó a Walmart por su rol en la crisis de los opiáceos. Sus 5.000 tiendas disponen casi todas de farmacia que han hecho la vista gorda al aceptar recetas de fármacos ‘sospechosas’ causando así cientos de miles de muertes por adicción y sobredosis

 "(...) El caso de la ‘epidemia’ de los opiáceos en EEUU es un caso ilustrativo de las frustraciones que llevan a las gentes a situaciones de dependencia insalubres y, eventualmente, a la muerte.

Hace unas semanas el propio Departamento de Justicia de Estados Unidos demandó a Walmart, el gigante de la distribución minorista, por su rol en la crisis de los opiáceos. Resulta que la mayoría de sus más de 5.000 tiendas disponen casi todas de expendedurías de farmacia que han hecho la vista gorda al aceptar recetas de fármacos ‘sospechosas’ causando así cientos de miles de muertes por adicción y sobredosis. Valga mencionar el consumo del fentanilo, un opioide sintético 50 veces más potente que la heroína. Ya en 2017 en Ohio, donde se comercializó, la tasa de muertes era de 40 por 100.000 habitantes, casi tres veces mayor que el promedio nacional.

El economista Alan Krueger publicó en 2016 datos sorprendentes respecto al uso de analgésicos. Según sus investigaciones, casi la mitad de los hombres de entre 25 y 54 años que no eran activos laboralmente tomaban medicamentos diariamente para aliviar el dolor de su pasividad. Dos tercios de ellos –alrededor de 2 millones– lo hacían diariamente con prescripción médica.

En octubre del año pasado, Purdue Pharma, la compañía farmacéutica que desarrolló el opiáceo más consumido, OxyContin, se declaró culpable de la comercialización y distribución del medicamento y llegó a un acuerdo civil con el Departamento de Justicia para evitar indemnizaciones más onerosas y esquivar con la bancarrota responsabilidades legales y económicas.

Sucede también que los opiáceos no sólo pueden cumplir la función de paliar el dolor sino de favorecer el escapismo al proveer un estado de satisfacción sensitiva a sus consumidores. Estos se ‘colocan’ utilizándolos como un ‘hobby’ recreativo y no como un hábito analgésico. Ambas situaciones apuntan a un tipo de conductas de quienes esperaban recursos que colmasen sus ambiciones materiales. Ahora en EEUU son legión los working poor quienes, aún con sus salarios, no superan los estándares de la pobreza.

La falta de soportes de redes sociales o lazos familiares fuertes ha provocado una falta de ayuda en situaciones extremas, como la falta de trabajo y de un salario. Todo ello ha contribuido a generar situaciones que desembocan en adicciones irreversibles a los opiáceos para escapar de la realidad. Sin ayuda interna grupal o comunitaria, y sin recursos para salir de esta dependencia, el panorama aparece con tintes de tragedia a escala nacional sin soluciones a la vista, dada la ausencia de actuaciones efectivas por parte de autoridades y poderes públicos.

En el país norteamericano se llega en ocasiones a redefinir a la propia clase trabajadora como clase media, en un ejercicio de manipulación ideológica característico de sociedades de oportunidades donde el albedrío para conseguir el éxito se mide en la clave individual del «tanto ganas, tanto vales». Las reivindicaciones de los asalariados pobres se ven más como un estorbo para el crecimiento económico que como necesidades de ciudadanos precarios acreedores de la solidaridad del conjunto social.

Según Branko Malinovic, considerando a la clase media como aquella compuesta por ciudadanos con renta en un intervalo de un 25% alrededor de la renta mediana de EE UU, este segmento poblacional había decrecido desde un tercio en 1979 a poco más de un cuarto de la población en el año 2000. La clase media del país norteamericano había pasado de representar el 26% en 1979 al 21% de la renta total. Buena parte de la clase social media americana de blancos caucásicos, donde se ha asentado la fuerza electoral del trumpismo, han visto desaparecer los empleos que proporcionaban las industrias manufactureras y las empresas de servicios locales. De consecuencia, sus expectativas de vida ha caído, la tasa de mortalidad por consumo de todo tipo de drogas y bebidas alcohólicas ha aumentado, y el nivel de suicidios se ha incrementado significativamente. (...)"                      

 (Luis Moreno . Profesor Emérito de Investigación en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC), Público, 29/01/21)

17.10.17

Islandia sabe cómo acabar con las drogas entre adolescentes, pero el resto del mundo no escucha

"En mi paseo me acompañan Gudberg Jónsson, un psicólogo islandés, y Harvey Milkman, catedrático de Psicología estadounidense que da clases en la Universidad de Reikiavik durante una parte del curso.

 Hace 20 años, cuenta Gudberg, los adolescentes islandeses eran de los más bebedores de Europa. “El viernes por la noche no podías caminar por las calles del centro de Reikiavik porque no te sentías seguro”, añade Milkman. “Había una multitud de adolescentes emborrachándose a la vista de todos”.

Nos acercamos a un gran edificio. “Y aquí tenemos la pista de patinaje cubierta”, dice Gudberg.
Hace un par de minutos hemos pasado por dos salas dedicadas al bádminton y al pimpón. En el parque hay también una pista de atletismo, una piscina con calefacción geotérmica y, por fin, un grupo de niños a la vista jugando con entusiasmo al fútbol en un campo artificial.

En este momento no hay jóvenes pasando la tarde en el parque, explica Gudberg, porque se encuentran en las instalaciones asistiendo a clases extraescolares o en clubs de música, danza o arte. También puede ser que hayan salido con sus padres.

Actualmente, Islandia ocupa el primer puesto de la clasificación europea en cuanto a adolescentes con un estilo de vida saludable. El porcentaje de chicos de entre 15 y 16 años que habían cogido una borrachera el mes anterior se desplomó del 42% en 1998 al 5% en 2016. El porcentaje de los que habían consumido cannabis alguna vez ha pasado del 17 al 7%, y el de fumadores diarios de cigarrillos ha caído del 23% a tan solo el 3%.

El país ha conseguido cambiar la tendencia por una vía al mismo tiempo radical y empírica, pero se ha basado en gran medida en lo que se podría denominar “sentido común forzoso”. “Es el estudio más extraordinariamente intenso y profundo sobre el estrés en la vida de los adolescentes que he visto nunca”, elogia Milkman. “Estoy muy impresionado de lo bien que funciona”.

Si se adoptase en otros países, sostiene, el modelo islandés podría ser beneficioso para el bienestar psicológico y físico general de millones de jóvenes, por no hablar de las arcas de los organismos sanitarios o de la sociedad en su conjunto. Un argumento nada desdeñable.

“Estuve en el ojo del huracán de la revolución de las drogas”, cuenta Milkman mientras tomamos un té en su apartamento de Reikiavik. A principios de la década de 1970, cuando trabajaba como residente en el Hospital Psiquiátrico Bellevue de Nueva York, “el LSD ya estaba de moda, y mucha gente fumaba marihuana. Había un gran interés en por qué la gente tomaba determinadas drogas”.

La tesis doctoral de Milkman concluía que las personas elegían la heroína o las anfetaminas dependiendo de cómo quisiesen lidiar con el estrés. Los consumidores de heroína preferían insensibilizarse, mientras que los que tomaban anfetaminas preferían enfrentarse a él activamente. 

Cuando su trabajo se publicó, Milkman entró a formar parte de un grupo de investigadores reclutados por el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos para que respondiesen a preguntas como por qué empieza la gente a consumir drogas, por qué sigue haciéndolo, cuándo alcanza el umbral del abuso, cuándo deja de consumirlas y cuándo recae.

“Cualquier chaval de la facultad podría responder a la pregunta de por qué se empieza, y es que las drogas son fáciles de conseguir y a los jóvenes les gusta el riesgo. También está el aislamiento, y quizá algo de depresión”, señala.

 “Pero, ¿por qué siguen consumiendo? Así que pasé a la pregunta sobre el umbral del abuso y se hizo la luz. Entonces viví mi propia versión del “¡eureka!”. Los chicos podían estar al borde de la adicción incluso antes de tomar la droga, porque la adicción estaba en la manera en que se enfrentaban a sus problemas”.


“¿Por qué no organizar un movimiento social basado en la embriaguez natural, en que la gente se coloque con la química de su cerebro –porque me parece evidente que la gente quiere cambiar su estado de conciencia– sin los efectos perjudiciales de las drogas?”

En la Universidad Estatal Metropolitana de Denver, Milkman fue fundamental para el desarrollo de la idea de que el origen de las adicciones estaba en la química cerebral. Los menores “combativos” buscaban “subidones”, y podían obtenerlos robando tapacubos, radios, y más adelante, coches, o mediante las drogas estimulantes.

Por supuesto, el alcohol también altera la química cerebral. Es un sedante, pero lo primero que seda es el control del cerebro, lo cual puede suprimir las inhibiciones y, a dosis limitadas, reducir la ansiedad.

“La gente puede volverse adicta a la bebida, a los coches, al dinero, al sexo, a las calorías, a la cocaína… a cualquier cosa”, asegura Milkman. “La idea de la adicción comportamental se convirtió en nuestro distintivo”.

De esta idea nació otra. “¿Por qué no organizar un movimiento social basado en la embriaguez natural, en que la gente se coloque con la química de su cerebro –porque me parece evidente que la gente quiere cambiar su estado de conciencia– sin los efectos perjudiciales de las drogas?”

En 1992, su equipo de Denver había obtenido una subvención de 1,2 millones de dólares del Gobierno para crear el Proyecto Autodescubrimiento, que ofrecía a los adolescentes maneras naturales de embriagarse alternativas a los estupefacientes y el delito. Solicitaron a los profesores, así como a las enfermeras y los terapeutas de los centros escolares, que les enviasen alumnos, e incluyeron en el estudio a niños de 14 años que no pensaban que necesitasen tratamiento, pero que tenían problemas con las drogas o con delitos menores.

“No les dijimos que venían a una terapia, sino que les íbamos a enseñar algo que quisiesen aprender: música, danza, hip hop, arte o artes marciales”. La idea era que las diferentes clases pudiesen provocar una serie de alteraciones en su química cerebral y les proporcionasen lo que necesitaban para enfrentarse mejor a la vida. Mientras que algunos quizá deseasen una experiencia que les ayudase a reducir la ansiedad, otros podían estar en busca de emociones fuertes.

Al mismo tiempo, los participantes recibieron formación en capacidades para la vida, centrada en mejorar sus ideas sobre sí mismos y sobre su existencia, y su manera de interactuar con los demás. “El principio básico era que la educación sobre las drogas no funciona porque nadie le hace caso. Necesitamos capacidades básicas para llevar a la práctica esa información”, afirma Milkman. Les dijeron a los niños que el programa duraría tres meses. Algunos se quedaron cinco años.  (...)"                      ( , El País, 07/10/17) 

3.4.14

La duración de la crisis duplica el tráfico de drogas: la incautación de cocaína crece un 117%

"La duración de la crisis está dejando estadísticas inesperadas en las cuentas de Hacienda. La última la ha proporcionado el Departamento de Aduanas que ha revelado que en el año 2013 se ha duplicado el tráfico de drogas hacia España y que la incautación de sustancias como la cocaína han aumentado un 117% en apenas doce meses hasta sumar casi 15 toneladas. 

También el tráfico de hachís se ha multiplicado en los últimos meses. Oficialmente, la Agencia Tributaria habla de un aumento de los controles pero los funcionarios de la frontera dicen que las cifras reflejan también un incremento "preocupante" del tráfico de estupefacientes. 

En el caso de la cocaína, frente a las 6,9 toneladas incautadas en 2012, en 2013 se interceptaron 14,9. (...)

En cuanto al tráfico de hachís, también se ha reactivado la llamada "ruta del Mediterráneo oriental" que conecta la Península con países como Siria, Egipto, Turquía o Marruecos. Según las cifras de la Agencia Tributaria, el incremento en este tipo de droga es de casi el 30% en un solo año. En concreto, frente a las 109 toneladas incautadas el pasado año, en 2013 se localizaron 139,3 toneladas. (...)

La Directora del Departamento de Aduanas e Impuestos Especiales, María Pilar Jurado, asegura que, al mismo tiempo, la crisis en España está "abaratando" también el lado del consumo, en favor de las drogas sintéticas. 

 De hecho, los servicios de vigilancia aduanera tienen orden de extremar ahora el control de los químicos que sirven para elaborar drogas como el éxtasis, el speed, el popper o el GHB, entre otros. Ese consumo aumenta, según Jurado porque resulta más barato que el de drogas como la cocaína. (...)"              (Vox Populi, 31/03/2014)

4.4.13

Si legalizase las drogas, Estados Unidos podría ahorrar entre 85.000 ya 90.000 millones de dólares al año

"Jeffrey Miron, de 56 años, se considera un liberal acérrimo. Ha estudiado los efectos de la criminalización de las drogas durante 15 años, piensa que estos se han exagerado siempre y que todos los tipos de drogas deberían legalizarse. (...)

Pregunta. ¿Por qué deberían ser legales la heroína, la cocaína y la marihuana?

Respuesta. La prohibición de las drogas es la peor solución para prevenir su consumo. En primer lugar, trae consigo un mercado negro corrupto y que cuesta vidas humanas. En segundo lugar, impone limitaciones a personas que no consumirían drogas. En tercer lugar, prohibir las drogas es caro.

P. ¿Cómo de caro?

Miron: Si legalizase las drogas, Estados Unidos podría ahorrar entre 85.000 ya 90.000 millones de dólares al año. En torno a la mitad de eso se gasta en las actuales políticas antidrogas y la mitad de eso se pierde en impuestos con los que el Estado podría gravar drogas legales.

P. En el lado de la balanza, hay muchas personas que se volverían adictas a las drogas.

R. Supongamos que el consumo de drogas aumentase como consecuencia de la legalización. ¿Sería malo? Si aplicamos las normas de la economía, eso es (al menos en parte) algo bueno. Cualquier política que me impida hacer lo que quiero empaña mi felicidad.

P. Las drogas conducen a la adicción. Empañan la felicidad de las personas.

R. La adicción no es el problema. Muchas personas son adictas a la cafeína y a nadie le preocupa. Muchas personas son adictas a los deportes, la cerveza o la comida. Al Estado tampoco le molesta eso.

P. ¿El Estado debería tratar los deportes y la cocaína de la misma forma?

R. Los efectos de la cocaína se describen de un modo tremendamente exagerado. Hay banqueros de Wall Street que esnifan cocaína; tienen ingresos altos, acceso a un buen sistema sanitario, están casados y tienen una situación vital estable. Muchos de ellos dejan de tomar cocaína posteriormente.

 Me da la impresión de que estas personas disfrutan consumiéndola. Luego están las personas que fuman crack y llevan vidas que son muy diferentes de las de los agentes de Bolsa; son personas con pocos ingresos, sin trabajo y con mala salud. Muchas de estas personas tienen un final lamentable. Pero la cocaína no es la culpable de eso. La culpa es de las pésimas vidas que llevan esas personas.

P. ¿Intenta decir que el crack no es nocivo?

R. ¿Es posible consumir crack durante mucho tiempo y luego dejarlo? Desde luego, y hay datos que lo respaldan. Los lobbies prohibicionistas exageran considerablemente para lograr sus objetivos. Las drogas son mucho menos peligrosas de lo que la gente piensa. 

No está claro que consumir marihuana o cocaína tenga efectos negativos importantes si el producto es asequible, si no tenemos que arriesgar la vida para conseguirlo y si el producto no ha sido diluido en secreto con matarratas.

P. ¿Pretende afirmar que no es peligroso inyectarse heroína?

R. La inyección está tan extendida porque, con la prohibición, la heroína es cara y la inyección hace que quienes la usan se coloquen por menos dinero. Si las drogas fuesen mucho menos caras, la mayoría de las personas probablemente fumarían heroína en vez de inyectársela.

P. Una vez más: ¿piensa que sería positivo que la legalización condujese a un aumento del consumo de drogas?

R. Si creen ustedes en todo eso en lo que los estadounidenses afirman creer – libertad, individualidad, responsabilidad personal —, tienen que legalizar las drogas. La máxima debería ser que a cada cual se le permita hacer lo que quiera mientras no perjudique a nadie más. 

Se da por supuesto que uno hace daño a alguien cuando consume drogas, pero los datos científicos no respaldan esta hipótesis.

P. La cocaína hace que la gente se vuelva agresiva.

R. Las pruebas científicas de eso son muy débiles. La mayoría de las pruebas que indican una relación entre la violencia y las drogas se refieren al alcohol. ¿Significa eso que debería prohibirse el alcohol? De hecho, la legalización de todas las drogas reduciría drásticamente la cantidad de violencia que hay en Estados Unidos.

P. ¿Cómo?

R. La prohibición conduce a la violencia. Al hacer que el mercado negro sea inevitable, se genera violencia porque los conflictos entre las partes implicadas en el tráfico de drogas no pueden resolverse por medios legales dentro del sistema judicial. Se ven obligadas a vivir en un mundo de penumbra en el que tienen que matarse unas a otras en vez de contratar a abogados y llevar los problemas a los tribunales.

P. ¿Entonces el Estado debería permitir que los cárteles siguieran adelante con lo suyo sin más?

R. Hay estudios que demuestran que el nivel de violencia ser reduce cuando el Estado deja de intervenir en el tráfico de drogas, debido a que se producen menos disputas entre los narcotraficantes. Las últimas pruebas provenientes de México lo confirman. Por supuesto, la violencia relacionada con las drogas hace mucho que existe. 

Pero no hubo un aumento repentino y una escalada de la violencia hasta que el presidente, Felipe Calderón, declaró la gran guerra contra las drogas en 2006. Hemos calculado que la tasa de asesinatos en Estados Unidos podría disminuir cerca de un 25 % si las drogas fuesen legales.

P. ¿De qué modo variarían los precios de las drogas como consecuencia de la legalización?

R. Los precios de la marihuana apenas variarían. Si comparamos los precios del mercado negro con los precios de aquellos lugares en los que la marihuana es prácticamente legal hoy, por ejemplo Holanda, son muy similares. Los precios que se pagan por la cocaína podrían bajar considerablemente.

P. Entonces todo el país esnifaría cocaína.

R. El consumo de las drogas más inocuas probablemente aumentaría. Y habría un número mayor de personas que ocasionalmente consumirían alguna droga. Pero cuando el whisky de malta sin mezclar volvió a ser legal después de que terminase la prohibición del alcohol en Estados Unidos, el país entero no se volvió adicto al whisky.

P. Como democracia, ¿no tenemos la obligación de proteger a las personas de sí mismas?

R. Creo que las personas que se hacen daño a sí mismas con las drogas lo seguirán haciendo, independientemente de que sean legales o no.

P. ¿No tenemos una obligación moral?

R. Si un amigo suyo hace alguna estupidez, ¿cree que el hecho de intervenir mejoraría o empeoraría la situación? Puede que meter a su amigo en la cárcel y obligarle a someterse a terapia no sea la mejor solución. Quizás sea mejor hablarle de manera tranquila y serena.

P. ¿Hablar es la solución para el problema de las drogas?

R. Desde luego, la prohibición no es la solución.

P. ¿Por qué están prohibidas las drogas entonces?

R. Las personas ingenuas creen que si algo es ilegal, la gente ya no lo hará. Está claro que eso no es cierto. Otros piensan que si lo ilegalizamos, el precio subirá y habrá menos personas que consuman la droga. Pero para algunos el precio no es un factor.

P. ¿Cómo sería un mundo en el que las drogas fuesen legales?

R. Como Portugal. Allí, hace varios años que el consumo es legal y apenas ha habido variaciones en la magnitud del uso de drogas. La legalización no haría que aumentara en gran medida la tasa de consumo. Y si la gente empezase a fumar marihuana, tampoco pasaría nada. Es asunto suyo.

P. ¿En serio quiere que las drogas se vendan en los supermercados?

R. Sí.

P. ¿La prescripción de drogas sería una posibilidad?

R. Una ley de prescripción muy laxa como la de California no hace ningún daño, porque cualquiera consigue una receta. Pero siendo así, ¿qué ventaja tiene? Si existe una ley de prescripción muy estricta, volverá a surgir un mercado negro.

P. ¿Qué pasaría con el mercado negro si se legalizasen las drogas?

R. Uno tendría elección. Podría comprar la cocaína en un supermercado o comprársela a un misterioso traficante mexicano en una esquina que podría matarle. Eso terminaría con el mercado negro.

P. ¿Qué pasaría con los cárteles de la droga?

R. Si las drogas se legalizasen, muchos de los cárteles de México intentarían aprovechar su experiencia creando una empresa legal de inmediato. Querrían ser los primeros y tendrían buenos productos y una buena red de distribución. Sigue sin estar nada claro que los cárteles de la droga quieran la legalización.

 El Chapo Guzmán, el jefe de cártel más poderoso del mundo, tiene una ventaja innata porque es un criminal muy experimentado; por eso es tan rico. Si ya no hubiese un mercado negro de drogas, Guzmán perdería su ventaja.

P. ¿Deberían gravarse las drogas?

R. Un impuesto elevado es una mala idea porque haría aumentar los incentivos para volver a crear un mercado negro.

P. ¿Por qué nadie está poniendo en práctica sus propuestas?

R. Muchos miles de personas que ocupan cargos públicos se quedarían sin trabajo como consecuencia de la legalización. Los centros de rehabilitación perderían muchos clientes porque muchas de las personas que acuden a ellos lo hacen obligadas por el sistema judicial.

 Las personas que construyen cárceles también tienen interés en que haya un gran número de presos. Además de eso, a la Iglesia no le gustan las drogas y en Estados Unidos la Iglesia es poderosa.

P. ¿Usted consume drogas?

R. No. Fumé algo de hierba cuando era estudiante, pero eso fue todo. Pero si mañana se legalizasen las drogas, saldría y las probaría todas. Dudo que las consumiese más de una vez; pero después de todo lo que he investigado sobre este asunto, siento curiosidad."      ( , El País,  15 MAR 2013 )

20.9.12

Lady Gaga: “La marihuana es el nuevo símbolo de la paz”



"Lady Gaga se fumó un porro durante un concierto en Amsterdam el pasado lunes, tal como prueba un vídeo que está hoy dando la vuelta al mundo gracias a YouTube. En él se ve a la diva neoyorquina sentarse en el borde del escenario del Ziggo Dome junto a dos de sus bailarines, aparentemente exhausta tras interpretar Bad Kids, uno de los números adrenalínicos de su gira Born this way ball. 

Sus fans holandeses aprovecharon el momento para agasajarla con regalos, que ella agradeció con su habitual sentimiento. Entre la infinidad de manualidades con las que la obsequian asiduamente, la cantante encontró una cajetilla de la que extrajo varios cigarrillos, y se puso a olerlos uno a uno. Aparentando decepción, tiró la cajetilla y espetó: “Bollocks! (cojones)”. 

Al acto, alguien le entregó un porro envuelto en papel. “Holanda, ¿es de verdad?”, preguntó con socarronería. Al comprobar que sí lo era, se lo encendió y, ni corta ni perezosa, se fumo tres caladas antes de tirarlo al público. “Para aquellos que se pregunten si estoy colocada ahora mismo: no, no lo estoy, eso no es ni mucho menos suficiente”, dijo al levantarse, antes de estallar en una carcajada.

 La cosa habría quedado en una anécdota más o menos improvisada si no fuera porque en otro momento del espectáculo, sentada al piano y ataviada con una camiseta de estilo hippie con dos plantas de marihuana sobre su pecho, Gaga aprovechó su habitual discurso intimista para reincidir en el tema.

 “He creído que Holanda es un lugar apropiado para discutir el hecho de que soy fumadora de cannabis”, proclamó. “Quiero que sepáis la verdad: [el cannabis] ha cambiado totalmente mi vida. Ahora bebo menos, algo que, unido a mi música, ha supuesto una experiencia espiritual total para mí. Sí, libertad al cannabis”.

 A continuación, la cantante enarboló una encendida defensa del dibujo que adornaba su camiseta: “El símbolo de la hoja de marihuana ha tenido un significado distinto durante mucho tiempo. Que si es una droga, que si es malo, que si todo el mundo lo juzga... Para mí el símbolo de la marihuana es como el nuevo signo de la paz. 

Es como decir: ‘Que todo el mundo se tome un respiro porque todo va a salir bien’. Quiero agradeceros por comprenderme, por no juzgarme. Por muy confuso que resulte, yo siempre seré así. Un día estaré hablando con el presidente [Obama, suponemos], otro con Oprah [Winfrey] y otro con vosotros sobre las maravillas médicas de la marihuana”, dijo, antes de aprovechar la atención para preguntar al público si se había enterado del lanzamiento de su nuevo perfume."                   (El País, 19/09/2012)

28.2.11

"Al menos en este país (Inglaterra), y por motivos que siguen siendo un misterio, las drogas parece que están pasando de moda"

"Según las estimaciones, el número de adultos jóvenes en Gran Bretaña que probaron una droga ilegal en la década de los sesenta fue inferior al 5%. Esta cifra llegó casi al 10% en los setenta y a entre el 15 y el 20% en los ochenta. En 1995, casi la mitad de todos los jóvenes afirmaba que habían tomado drogas.

Por ello resultan tan sorprendentes las últimas noticias. Según las cifras publicadas en enero por el NHS, el servicio de sanidad nacional en Reino Unido, y que se basan en datos del British Crime Survey (encuesta británica sobre criminalidad), el porcentaje de adultos en Inglaterra y Gales que han consumido sustancias ilegales entre 2009 y 2010, el 8,6%, ha sido el más bajo desde que comenzó el estudio en 1996.

Entre la población de 16 a 24 años, el resultado era el mismo, con sólo un 20% que afirmaba haber consumido drogas en el año anterior, otra cifra baja, y un tercio más bajo que la proporción de hacía 15 años. (...)

Se ha reducido el consumo de cocaína y de speed y el del cannabis mucho más. El consumo de LSD es el mismo, pero tan sólo una quinta parte de lo que era en 1996. Aunque el consumo de heroína sigue siendo estable, ha disminuido el número de jóvenes que solicitan actualmente tratamiento por su adicción a esta sustancia.

La encuesta British Crime Survey tiende a subestimar el consumo de drogas (porque no implica a personas sin hogar, en prisión o que vivan en alojamientos para estudiantes) y estos descensos no son los primeros, pero constituyen una tendencia que ya es demasiado sólida como para hacer caso omiso de ella.

Al menos en este país, y por motivos que siguen siendo un misterio, las drogas parece que están pasando de moda. (...)

Por desgracia, el descenso en el consumo de drogas no se ha traducido en una disminución de los daños que producen. De hecho, los ingresos hospitalarios por sobredosis aumentaron el año pasado un 4,8%, y los problemas psiquiátricos, un 5,7%. Resulta complicado determinar los fallecimientos relacionados con el consumo de drogas, pero parecen estar aumentado. Es difícil explicarlo.

Podría ser un indicador desfasado, el reflejo del envejecimiento de la población de adictos a la heroína del país. O bien, tal y como exponía el profesor David Nutt, antiguo presidente del Consejo Asesor sobre el Abuso de Drogas, podría existir otra causa. "Sin duda se están produciendo más muertes por el alcohol [aunque esté descendiendo el consumo general del alcohol]", afirma.

"Así pues, creo que el consumo excesivo de alcohol aparece como alternativa al consumo de otras drogas. Aunque también la cultura de beber hasta no poder más, de sobrepasar los límites y tomar muchas drogas también está contribuyendo a que se produzcan esas muertes". (PressEurop, 25 febrero 2011, citando a The Guardian Londres)

15.12.10

El alcohol, esa droga dura, durísima... pero legal

"Con la heroína casi desaparecida (la toma menos del 0,1% de la población) y la cocaína en retroceso (los que la han probado en el último mes ha bajado del 1,6% al 1,2% entre 2007 y 2009), el mercado de las sustancias adictivas se rinde a los productos legales.

Alcohol y, en menor medida, tabaco son los únicos cuyo consumo aumenta entre la población de 15 a 64 años, según los datos de la última Encuesta Nacional sobre Alcohol y Drogas en España, que presentó ayer la ministra de Sanidad, Leire Pajín. (...)

En concreto, bebe diariamente un 11% de la población (0,8 puntos más que en 2007); lo ha hecho en el último mes el 63,3% (3,3 puntos más que hace tres años) y lo ha tomado el último año el 78,7% (5,8 puntos más).

El aumento del consumo va acompañado de un cambio en el modelo de ingesta: aumentan las borracheras en todos los grupos de edad y en ambos sexos, y el denominado consumo de atracón (una mala traducción del binge drinking inglés), definido entre los hombres como tomar cinco o más copas en un par de horas (o una menos en las mujeres) se extiende. (...)

Calderón va más allá. Al comentar los datos de la encuesta destaca que "no hay consumo de drogas sin alcohol" y que "seguramente, el alcohol sea la sustancia de arranque" para los adictos. Calderón aporta otro dato. "La del alcohol es la edad de inicio más baja [alrededor de los 16 años]". (...)

Elzo, catedrático de Sociología de la Universidad de Deusto, afirma que estos datos no le sorprenden, "Se corresponde con la evolución dentro de la sociedad y unos nuevos hábitos de vida", afirma. La explicación está en que "el alcohol ha desaparecido o está en trance de desaparecer de la vida cotidiana para convertirse en un hábito de los momentos de fiesta".

Esta especie de división de la vida en unos tiempos en los que se puede beber y otros en los que no se debe hacerlo, "siempre ha sido así, pero no tanto como ahora", afirma Elzo. El sociólogo cree que se trata "del efecto perverso de lo que es una buena cosa: que la gente esté más preocupada por estar en forma, que busque estar en mejores condiciones físicas de lunes a viernes".

Pero eso hace que "cuando desaparece ese periodo, aparece un nuevo tiempo en el que, por definición, no quiere que le pongan límites".

"Nuestra sociedad cada vez está más normativizada, más legislada, más limitada. Tenemos coches mejores y más potentes con los que podemos correr cada vez menos. Ahora nos van a prohibir fumar en todos los espacios cerrados. Ya no nos tomamos la copa de después de comer entre semana.

Por eso cuando llegamos al fin de semana decimos 'ahora déjeme en paz', 'no me complique la vida', 'vale, no voy a conducir, llevo toda la semana portándome bien, pero no me diga lo que puedo beber".

La prueba de esto son lo que Elzo llama "guateques posmodernos", la costumbre creciente de los adultos de juntarse en sitios para beber (una casa o un local) al que pueden ir caminando o, si pueden pagárselo, en taxi. O, para los más jóvenes, los botellódromos. (...)

Los que están en contacto directo con los adictos, que son los que llegan a las asociaciones especializadas, apuntan otro factor. Cómo no, uno de ellos es la crisis. "El alcohol es la droga más barata y la socialmente más aceptada.

Si digo que he tomado cocaína, mucha o poca, se me mira mal; si digo que he estado bebiendo, no", pone Recio como ejemplo. "El alcohol no produce rechazo ni marginación social", añade, "no provoca una necesidad de precaución". (...)

Calderón recoge el guante, y afirma que no se puede menospreciar una sustancia que pone en peligro al 4,4% de la población. "Cuando hablamos de cocaína hay unanimidad. A todos nos preocupa, y solo la toma frecuentemente el 1,2% de la población".

"Si una persona fuma un porro cada 15 días, decimos que es un drogadicto; del que se bebe cuatro whiskies cada día, no, decimos solo que está tomándose unas copas, nos hace hasta gracia", indica. "Y eso confunde a la opinión pública", afirma. "¿Usted permitiría que le llamaran drogadicto porque le han visto borracho?", se pregunta.

¿Cambiaría la apreciación si se planteara el imposible de que se declarara ilegal al alcohol? Para Recio esa no es la cuestión. "Ese es un problema político y económico. Nosotros lo que vemos son personas con un grave problema de consumo de una sustancia, el alcohol en este caso, a las que ya el asunto de la legalidad o la ilegalidad no les afecta.

Porque se legalicen las drogas no se va a evitar que nos lleguen auténticos dramas, y si se ilegalizara el alcohol, tampoco", afirma. La encuesta recoge que la legalización es la medida que los españoles creen como menos eficaz para reducir el consumo de drogas.

La posible solución, coinciden los expertos, está en no banalizar. "Todavía muchos padres ven normal que su hijo adolescente beba. Cuando un juez nos envía a su hijo, minimizan el problema, dicen que su hijo 'hace lo que todos'. Pero no será tan normal, cuando la justicia interviene", opina Recio. Aparte de los jóvenes, hay otro grupo de población que preocupa en las encuestas: las mujeres. "Antes bebían solas en casa, ahora lo hacen en público", dice." (El País, 08/12/2010, p. 30)

12.1.10

McGwire, precursor de Bonds en los récords del béisbol, admite haber consumido esteroides

"Se derrumba otro sospechoso héroe americano. Mark McGwire, uno de los históricos plusmarquistas del béisbol de las Grandes Ligas, no ha podido resistir más. Al revés que Barry Bonds, el bateador que le superó, ha desvelado su gran mentira. El ex jugador de los Cardenales de San Luis admitió haber consumido esteroides casi una década, y especialmente en 1998, cuando rompió el récord de home runs al batear directamente las bolas 70 veces. Su duelo con el dominicano Sammy Sosa conmovió a América. Ahora, la ha conmocionado.

En una declaración escrita, McGwire señaló: "Hubiese deseado no tener que usar nunca esteroides. Fue tonto y un error. Me disculpo de verdad. Con la perspectiva del tiempo hubiese querido no haber jugado nunca en la era de los esteroides. Nunca supe cuándo, pero sabía que este día llegaría. Me llegó la hora de hablar de mi pasado y confirmar lo que la gente sospechaba". McGwire no se refirió a la hormona del crecimiento, pero fuentes próximas a él han confirmado que también la usó.

El fornido bateador de 1,95 metros de estatura y 111 kilos de peso, admitió ya en sus mejores momentos que consumía creatinina y androstenediona, una hormona que potencia la musculatura, pero que en la paradisíaca isla del béisbol se permitía entonces. El lavado de cara efectuado hace dos años por las Grandes Ligas, dejó al descubierto que el deporte norteamericano más tradicional había sido mucho más farmacéutico que natural. Pero todo se tapó con prescripciones de penas, ni una sola sanción y felicitaciones hipócritas por "empezar una nueva etapa". Interesaba seguir moviendo el negocio, aunque la miseria quedara atrás y muchos casos emblemáticos como el de McGwire se cerraran en falso." (El País, 12/01/2010)