31.12.19

¿Qué margen tiene el gobierno de coalición para reorientar la economía? Aumentar la recaudación fiscal, reducir las desigualdades, impulsar reformas para incrementar la productividad a largo plazo, hacer pedagogía sobre las limitaciones que los tratados europeos han construido sobre las economías nacionales…

"(...) existe un enriquecedor debate sobre política económica para los próximos años. Cuando se analizan los posibles riesgos de este ejecutivo, se hace referencia principalmente a las cifras de deuda y al déficit público registrados en España, muy superiores a los de 2007, al principio de la crisis. 

¿Qué margen tiene un probable gobierno de coalición frente a estas limitaciones? ¿Existen alternativas a la política económica que se ha seguido en estas últimas décadas? 

Raymond Torres, director de Coyuntura y Economía Internacional en FUNCAS, recomienda aprovechar el hecho de que los tipos de interés están en mínimos históricos para reducir nuestra exposición a los mercados financieros (...)

Las reformas propuestas por Torres contemplan los efectos a corto y largo plazo: “Algunas acciones, especialmente en materia laboral, pueden cumplir ambos objetivos a la vez. Se trata de reducir la excesiva temporalidad en el empleo. La reforma de las pensiones, de la fiscalidad y de la educación son también urgentes. Todo ello, además, serviría para equilibrar las cuentas públicas –un empleo de buena calidad tiende a cotizar más a la Seguridad Social, y la supresión de exoneraciones fiscales incrementará los recursos públicos”. 

Pero, ¿es tan alarmante el problema del déficit y la deuda pública? (...)

Torres aconseja una estrategia de reducción de deuda y déficit al tiempo que se fomentan medidas para que la producción crezca más, lo que lograría reducir la cuantía de estos ratios y, por tanto, de la posible alarma entre nuestros prestamistas.  Es lo que Lídia Brun, investigadora visitante en la Universidad Libre de Bruselas, denomina la sostenibilidad de la deuda (...) numerador (deuda) y denominador (PIB) no son independientes. Los recortes en gasto público reducen la deuda, sí, pero también el PIB. Si se reduce nuestra capacidad de pago, de poco nos sirve que se reduzca la deuda”. 

Lídia Brun subraya el peso de la recaudación fiscal sobre la sostenibilidad de la deuda, algo que algunos medios y analistas prefieren ignorar: “Debería preocuparnos que España siga sin reducir su brecha de recaudación, que está 8 puntos porcentuales por debajo de la media de la zona euro (38% frente al 46% del PIB de media, aproximadamente). Se nos escapa mucha recaudación a través de deducciones, bonificaciones y desgravaciones de varios impuestos (sociedades, IRPF, patrimonio…), que son esencialmente regresivas.  (...)

Obsesionarse con la reducción de la deuda y del déficit puede provocar problemas adicionales, como el de olvidarse de otras vulnerabilidades de la economía: “El paro es la principal anomalía de la economía española y debería estar ocupando todas las portadas. En 2019 seguimos con más de 3,3 millones de personas en paro (14.2%) y más de 1 millón de hogares con todos sus miembros en el desempleo. La incidencia negativa que tienen estos números sobre el bienestar social es imposible de exagerar. Una cuestión que parece más candente, como es la sostenibilidad de las pensiones, está directamente relacionada con la poca capacidad de generar empleo de calidad. (...)

En España, durante la burbuja, el desempleo apenas bajó del 8%. Estos son los niveles de paro que tienen otras economías durante las crisis. Pedirle a un país que acometa reducciones draconianas de su déficit público cuando tiene los niveles de desempleo que tiene España es indignante”.   (...)

“El reto más apremiante al que nos enfrentamos como humanidad es el cambio climático. Ahí, el liderazgo del sector público para acometer una transformación productiva sistémica es crucial, y la cantidad de empleos necesarios para llevar a cabo esta tarea no es menor. A pesar de ello, los niveles de inversión pública están en mínimos históricos. Por poner un ejemplo, España es uno de los países con más sol y viento de la UE. 

Sin embargo, el porcentaje de energía renovable en el mix energético no alcanza el 20%, mientras que en los países nórdicos, con menos sol, supera el 40%. Reformar el mercado invirtiendo en renovables, poniendo coto al oligopolio energético y reduciendo los precios de la energía no sólo contribuiría a disminuir la pobreza energética, sino que mejoraría la productividad de las empresas y la balanza de pagos, al no tener que importar tanto petróleo (ni depender de países de dudosa calidad democrática). Esto me parece más prioritario que reducir el déficit”.

Cambiar las reglas, cuanto antes, para ser soberanos

Para otros economistas, el problema estriba en el disfuncional diseño de las instituciones comunitarias. Esteban Cruz es investigador en la Universidad de Lisboa y presidente de la Red Modern Money Theory España (Teoría Monetaria Moderna)  (...)

Esteban Cruz considera que la falta de soberanía monetaria afecta lesivamente a la autonomía económica y a la democracia: “Cualquier Estado que haya renunciado a la administración de su moneda, como España y el resto de los países de la zona euro, está sometido al chantaje de los llamados mercados. Una vez abierta la veda, los objetivos presupuestarios pasan a un primer plano, provocando la retirada de aquellas políticas económicas y sociales que no gustan a las élites. La Unión Monetaria Europea está diseñada para que funcione como un dique contra la democracia”.  (...)

Cruz subraya que buena parte de la izquierda está atrapada en los límites del déficit y la deuda, y que se limita a solucionar el problema con una mayor recaudación a los más pudientes: “A los ricos hay que gravarles por justicia social, para que no acumulen un abominable poder que luego ejercen sobre el Estado y las políticas públicas. 

Pero el dinero no crece en sus bolsillos y es preciso conocer el verdadero origen de este. En realidad, es el diseño disfuncional de las instituciones europeas –supervisión externa de las cuentas, libertad de movimiento de capitales– el causante de esta farsa que permite a los ricos tener la sartén por el mango y que concede a las empresas la constante posibilidad de deslocalizarse”. 

“La izquierda está equivocada, pero, una vez hecha la renuncia a cambiar las reglas de juego, no puede hacer otra cosa, por muchos cálculos optimistas que realice sobre recaudación y efectos multiplicadores. Esto se traduce en promesas incumplidas y desesperanza, cabreo, confusión, y la instrumentalización de estos sentimientos por parte de la extrema derecha. (...)

Aumentar la recaudación fiscal, reducir las desigualdades, impulsar reformas para incrementar la productividad a largo plazo, hacer pedagogía sobre las limitaciones que los tratados europeos han construido sobre las economías nacionales… Este próximo gobierno se enfrenta a numerosos retos combinados. 

Actuar con decisión y rapidez podría ser una ventaja: para Raymond Torres: “La política monetaria acabará por normalizarse: solo con que los tipos de interés aumentaran en un punto, las cargas financieras se encarecerían en cerca de 12.000 millones, casi el doble que el presupuesto de investigación, desarrollo e innovación”. Pero, como nos recuerda Lídia Brun, el servicio de la deuda no lo es todo, sino que hay que prestar atención a numerosísimas dimensiones para no hacernos aún más daño. Un debate enriquecedor que esta próxima legislatura sin duda merece. "                (Andrés Villena, CTXT, 18/12/19)

No hay comentarios: