"(...) existe un enriquecedor debate sobre política económica para los próximos
años. Cuando se analizan los posibles riesgos de este ejecutivo, se
hace referencia principalmente a las cifras de deuda y al déficit
público registrados en España, muy
superiores a los de 2007, al principio de la crisis.
¿Qué margen tiene
un probable gobierno de coalición frente a estas limitaciones? ¿Existen
alternativas a la política económica que se ha seguido en estas últimas
décadas?
Raymond Torres, director de Coyuntura y Economía Internacional en FUNCAS, recomienda aprovechar el hecho de que los tipos de interés están en mínimos históricos para reducir nuestra exposición a los mercados financieros (...)
Las reformas propuestas por Torres contemplan los efectos a
corto y largo plazo: “Algunas acciones, especialmente en materia
laboral, pueden cumplir ambos objetivos a la vez. Se trata de reducir la
excesiva temporalidad en el empleo. La reforma de las pensiones, de la
fiscalidad y de la educación son también urgentes. Todo ello, además,
serviría para equilibrar las cuentas públicas –un empleo de buena
calidad tiende a cotizar más a la Seguridad Social, y la supresión de
exoneraciones fiscales incrementará los recursos públicos”.
Pero, ¿es tan alarmante el problema del déficit y la deuda pública? (...)
Torres aconseja una estrategia de reducción de deuda y
déficit al tiempo que se fomentan medidas para que la producción crezca
más, lo que lograría reducir la cuantía de estos ratios y, por tanto, de
la posible alarma entre nuestros prestamistas.
Es lo que Lídia Brun, investigadora visitante en la Universidad Libre de Bruselas, denomina la sostenibilidad de la deuda (...) numerador (deuda) y denominador (PIB) no son independientes. Los
recortes en gasto público reducen la deuda, sí, pero también el PIB. Si
se reduce nuestra capacidad de pago, de poco nos sirve que se reduzca la
deuda”.
Lídia Brun subraya el peso de la recaudación fiscal sobre la
sostenibilidad de la deuda, algo que algunos medios y analistas
prefieren ignorar: “Debería preocuparnos que España siga sin reducir su
brecha de recaudación, que está 8 puntos porcentuales por debajo de la
media de la zona euro (38% frente al 46% del PIB de media,
aproximadamente). Se nos escapa mucha recaudación a través de
deducciones, bonificaciones y desgravaciones de varios impuestos
(sociedades, IRPF, patrimonio…), que son esencialmente regresivas. (...)
Obsesionarse con la reducción de la deuda y del déficit puede provocar
problemas adicionales, como el de olvidarse de otras vulnerabilidades de
la economía: “El paro es la principal anomalía de la economía española y
debería estar ocupando todas las portadas. En 2019 seguimos con más de
3,3 millones de personas en paro (14.2%) y más de 1 millón de hogares
con todos sus miembros en el desempleo. La incidencia negativa que
tienen estos números sobre el bienestar social es imposible de exagerar.
Una cuestión que parece más candente, como es la sostenibilidad de las
pensiones, está directamente relacionada con la poca capacidad de
generar empleo de calidad. (...)
En España, durante la burbuja, el desempleo apenas bajó del 8%. Estos son los niveles de paro que tienen otras economías durante las crisis.
Pedirle a un país que acometa reducciones draconianas de su déficit
público cuando tiene los niveles de desempleo que tiene España es
indignante”. (...)
“El reto más apremiante al que nos enfrentamos como humanidad es el
cambio climático. Ahí, el liderazgo del sector público para acometer una
transformación productiva sistémica es crucial, y la cantidad de
empleos necesarios para llevar a cabo esta tarea no es menor. A pesar de
ello, los niveles de inversión pública están en mínimos históricos. Por
poner un ejemplo, España es uno de los países con más sol y viento de
la UE.
Sin embargo, el porcentaje de energía renovable en el mix
energético no alcanza el 20%, mientras que en los países nórdicos, con
menos sol, supera el 40%. Reformar el mercado invirtiendo en renovables,
poniendo coto al oligopolio energético y reduciendo los precios de la
energía no sólo contribuiría a disminuir la pobreza energética, sino que
mejoraría la productividad de las empresas y la balanza de pagos, al no
tener que importar tanto petróleo (ni depender de países de dudosa
calidad democrática). Esto me parece más prioritario que reducir el
déficit”.
Cambiar las reglas, cuanto antes, para ser soberanos
Para otros economistas, el problema estriba en el
disfuncional diseño de las instituciones comunitarias. Esteban Cruz es
investigador en la Universidad de Lisboa y presidente de la Red Modern
Money Theory España (Teoría Monetaria Moderna) (...)
Esteban Cruz considera que la falta de soberanía monetaria afecta
lesivamente a la autonomía económica y a la democracia: “Cualquier
Estado que haya renunciado a la administración de su moneda, como España
y el resto de los países de la zona euro, está sometido al chantaje de
los llamados mercados. Una vez abierta la veda, los objetivos
presupuestarios pasan a un primer plano, provocando la retirada de
aquellas políticas económicas y sociales que no gustan a las élites. La
Unión Monetaria Europea está diseñada para que funcione como un dique
contra la democracia”. (...)
Cruz subraya que buena parte de la izquierda está atrapada
en los límites del déficit y la deuda, y que se limita a solucionar el
problema con una mayor recaudación a los más pudientes: “A los ricos hay
que gravarles por justicia social, para que no acumulen un abominable
poder que luego ejercen sobre el Estado y las políticas públicas.
Pero
el dinero no crece en sus bolsillos y es preciso conocer el verdadero
origen de este. En realidad, es el diseño disfuncional de las
instituciones europeas –supervisión externa de las cuentas, libertad de
movimiento de capitales– el causante de esta farsa que permite a los
ricos tener la sartén por el mango y que concede a las empresas la
constante posibilidad de deslocalizarse”.
“La izquierda está equivocada, pero, una vez hecha la
renuncia a cambiar las reglas de juego, no puede hacer otra cosa, por
muchos cálculos optimistas que realice sobre recaudación y efectos
multiplicadores. Esto se traduce en promesas incumplidas y desesperanza,
cabreo, confusión, y la instrumentalización de estos sentimientos por
parte de la extrema derecha. (...)
Aumentar la recaudación fiscal, reducir las desigualdades, impulsar
reformas para incrementar la productividad a largo plazo, hacer
pedagogía sobre las limitaciones que los tratados europeos han
construido sobre las economías nacionales… Este próximo gobierno se
enfrenta a numerosos retos combinados.
Actuar con decisión y rapidez
podría ser una ventaja: para Raymond Torres: “La política monetaria
acabará por normalizarse: solo con que los tipos de interés aumentaran
en un punto, las cargas financieras se encarecerían en cerca de 12.000
millones, casi el doble que el presupuesto de investigación, desarrollo e
innovación”. Pero, como nos recuerda Lídia Brun, el servicio de la
deuda no lo es todo, sino que hay que prestar atención a numerosísimas
dimensiones para no hacernos aún más daño. Un debate enriquecedor que
esta próxima legislatura sin duda merece. " (Andrés Villena, CTXT, 18/12/19)
No hay comentarios:
Publicar un comentario