"La herida causada por la Gran Recesión a las nuevas generaciones les
empuja a buscar referentes que no se parezcan a los de sus mayores. Y la
tecnología les dota de herramientas para compartir frustraciones y
definir nuevas identidades (...)
Los jóvenes han emprendido un camino de diferenciación, adoptando
preferencias políticas que pueden ser de izquierdas o de derechas,
radicales o moderadas, pero que tienen todas ellas en común el
distinguirse de lo que, en cada país, defienden sus mayores. (...)
En nuestras sociedades los jóvenes han pasado de ser precursores a
convertirse en antagonistas: más que explorar nuevos recorridos, buscan
transitar hacia destinos contrarios. (...)
En Estados Unidos, en los últimos 40 años nunca se había producido
una brecha generacional tan abrupta como la que se registró en 2012, con
un 60% de jóvenes de entre 18 y 29 años votando a Obama, frente al 44%
de mayores de 65 años que apoyó al presidente demócrata.En España
la quiebra del bipartidismo no se habría desencadenado de no ser por
los jóvenes, quienes mayoritariamente optan por Podemos, ahora Unidos
Podemos.
Y, aunque el partido emergente logra considerables apoyos en
los grupos de edad que van hasta los 55 años según el CIS (encuesta
presencial) y hasta los 65 años según MyWord (encuesta online), lo
cierto es que son los jóvenes de entre 18 y 34 años los que se muestran
más partidarios de la coalición que lidera Pablo Iglesias. (...)
¿Por qué ese empeño de los jóvenes en diferenciarse? En Reino Unido,
por ejemplo, lo que más explica que los jóvenes tengan intención de
optar por la permanencia en la Unión Europea son las consecuencias que
una salida podría tener en el empleo, la inversión y la economía, frente
a razones como el derecho de Reino Unido a actuar con independencia,
que tienen menos peso. Igualmente, en las elecciones regionales
francesas, el empleo constituyó el motivo principal ofrecido por los
jóvenes a la hora de dar cuenta de su voto.
En Estados Unidos la
situación de las personas de entre 18 y 34 años no es tampoco idílica.
Según el Pew Research Center, el porcentaje de jóvenes que vive con sus
padres ha aumentado del 20% en 1960 al 32,1% en 2014. De hecho,
estaríamos ante la primera generación de jóvenes en 130 años de historia
que es ligeramente más probable que viva con sus padres a que lo haga
con su cónyuge o pareja.
En España los jóvenes son, sin parangón
con otras generaciones, los que más han sufrido los estragos de la
recesión, el paro, la precariedad y la contracción salarial. De ahí que,
según un estudio de MyWord de 2015, 6 de cada 10 jóvenes crean que en
el futuro tendrán una situación económica peor que la de sus padres.
Los
daños de la crisis han tenido graves consecuencias para el conjunto de
la sociedad y especialmente para las nuevas generaciones. Una de las más
preocupantes es la caída de la confianza social. En 2015, según datos
de MyWord, el 39% de los millennials españoles (entre 18 y 32 años)
decía confiar poco o nada en los demás, mientras que entre los de más de
56 años la desconfianza no pasaba del 23%.
Las series históricas del
CIS corroboran que, en el pasado, otras generaciones de jóvenes no han
sido más desconfiadas que sus mayores. Es el joven que ha vivido la Gran
Recesión el único que muestra patrones de desconfianza muy superiores a
los de otras cohortes de edad. La falta de confianza interpersonal se
agudiza, además, entre aquellos que viven situaciones más vulnerables.
De la falta de confianza interpersonal o de capital social nace el
recelo que muestran los jóvenes hacia la política tradicional (como
también hacia las grandes empresas). La herida que les ha causado la
crisis les empuja a mirar en otras direcciones, en busca de nuevos
referentes, que no se parezcan en nada a aquellos que tuvieron sus
padres.
La pregunta que debemos hacernos, por tanto, no es qué les
pasa a los jóvenes, sino más bien qué se les ha hecho (o qué les hemos
hecho) a los jóvenes. Y la respuesta parece clara: a muchos se les ha
privado de las oportunidades que debían haber tenido, situándolos en los
márgenes, incluso excluyéndolos.
A la vez, la revolución tecnológica
les ha dotado de herramientas para compartir frustraciones, así como
para definir nuevas identidades. Los jóvenes han emprendido un proceso
de diferenciación forzado y lo están haciendo de forma colectiva, esto
es, como generación." (Belén Barreiro, El País, 21/06/16)
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