27.10.15

Deaton (Premio Nóbel): los programas de austeridad que muchos países padecen nos harán infelices, quizá durante bastantes años

"(...) Todos quisiéramos ser felices, pero una gran parte del mundo está hoy preocupada porque los programas de austeridad que muchos países padecen nos harán infelices, quizá durante bastantes años. 

Que la austeridad traerá sufrimiento es, por desgracia, cierto. Sin embargo, los resultados de esta nueva investigación nos ayudan a entender el modo en que nos hará infelices, y tal vez puedan incluso ofrecernos un poco de esperanza y de consuelo.

Con la austeridad se reducen los ingresos, se recortan los beneficios y se destruyen empleos. Aunque confiamos en que estos programas den resultado pronto y la economía vuelva cuanto antes a la normalidad, no tenemos ninguna garantía al respecto, y es posible que nos esperen muchos años de pérdidas de ingresos y de más desempleo. 

El nivel de vida es más bajo de lo que sería en otras circunstancias, y algunas de las personas que pierden sus trabajos podrían tener problemas para encontrar otro, tal vez incluso durante el resto de su vida activa. 

También los jóvenes que acceden por vez primera al mercado laboral están en peligro, y pierden no solo los ingresos que les corresponderían, sino una experiencia de trabajo inestimable para sus futuras carreras profesionales. Y habrá quienes tengan más difícil acceder al colegio y a la universidad, viendo así comprometido su porvenir.

Estas son las cosas que preocupan a los economistas cuando meditan sobre la austeridad o sobre los retrocesos que supone. Y está bien que sea así, porque el descenso de los ingresos y el aumento del desempleo traen privaciones y desesperación a muchas vidas. (...)

Cuando los ingresos caen, la gente piensa que su vida empeora. Cuando la gente pierde su empleo las consecuencias son considerables en la valoración de su vida. Visto así, el desempleo es una de las peores cosas que pueden ocurrirle a alguien -no tan malo como perder a quien queríamos, o como divorciarse, pero muy malo-. 

El efecto va mucho más allá de la pérdida de ingresos que se deriva del desempleo, porque tener un trabajo es parte sustancial de la autoestima de una persona, y le da a su vida un sentido y un propósito. De modo que cuando la gente pierde su trabajo no solo pierde dinero, sino otra dimensión de su vida que es valiosa. Esto no significa que el dinero no tenga importancia por sí mismo. 

La gente de los países más pobres suele estar menos satisfecha con su vida, y no hay un solo país donde la gente con más ingresos no tenga en más alta estima su vida que la gente que gana menos. Son estas medidas para valorar la vida las que revelan el dolor que provoca la austeridad. 

Estas son malas noticias para los que están padeciendo con los programas de austeridad. Para los que han tenido la mala suerte de perder su trabajo, para los que han visto mermados sus ingresos porque el negocio va mal, será imposible ignorarlo y decir que la vida va bien. La gente sabrá todos los días que su vida no es tan buena como antes. Se preocupará también por el dinero, y sentirá una mayor tensión. 

Claro está que los programas de austeridad tienen en cuenta que no todo el mundo sufre en la misma medida: en EE UU, durante la gran recesión, solo uno de cada veinte trabajadores perdió su empleo. La vida empeoró notablemente para los damnificados y para sus familias, pero el nivel de satisfacción medio del país no cambió mucho, porque uno entre veinte es un porcentaje pequeño de la población. (...)"               ( (Premio Nóbel), El País 11 MAR 2012)

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