5.11.15

El TTIP puede forzar a que los Estados eliminen legislación para la protección del trabajador, del usuario o del consumidor, si las multinacionales la consideran perjudicial para sus intereses

"Uno de los tratados internacionales que afectará más negativamente el bienestar y calidad de vida de las poblaciones que viven a los dos lados del Atlántico Norte será, en el caso (probable) de que sea aprobado por los gobiernos europeos y por el gobierno federal de EEUU, el mal llamado tratado de libre comercio denominado Acuerdo de Asociación Trasatlántica de Comercio e Inversión, conocido, por sus siglas en inglés, como TTIP. (...)

El objetivo de este tratado es ni más ni menos que desmantelar la protección que los Estados han ido aprobando –como resultado de las presiones sociales y laborales- para salvaguardar los derechos laborales y sociales conseguidos por los trabajadores, por los usuarios de servicios públicos, por asociaciones en defensa del consumidor, y por otras instituciones conocidas por su compromiso con la defensa de la calidad de vida de la ciudadanía a través del establecimiento de la legislación laboral, social y de defensa del consumidor, que ha contribuido en gran medida a mejorar el bienestar de las poblaciones.
¿Cómo se intervendrá para debilitar los derechos laborales, sociales y de protección del consumidor?

En dicho tratado, el TTIP, se constituirán unos tribunales internacionales que juzgarán el mérito de las demandas de las empresas transnacionales frente a los Estados, cuyas políticas públicas son consideradas por tales empresas como dañinas para sus intereses y beneficios económicos. 

Una empresa de energía nuclear sueca quiere llevar ante estos tribunales al Estado alemán para que se le compense por la reducción de sus beneficios como consecuencia de la decisión de ese Estado de priorizar las energías renovables sobre las no renovables, lo que le ha provocado tener que cerrar dos de sus plantas en aquel país. 

A pesar de que existe ya legislación en Alemania que regula cómo resolver conflictos que puedan generarse en estas situaciones, lo que la compañía sueca (Vattenfall) desearía es llevar el caso al tribunal llamado Investor-State Dispute Settlement (ISDS), cuyos asesores jurídicos son escogidos y financiados por las propias empresas demandantes, frente a los defensores del gobierno correspondiente. 

No hay posibilidad de que una vez el ISDS haya tomado una decisión, esta pueda ser apelada. Estos ISDS están muy influenciados por las empresas multinacionales.

La protesta frente a este nuevo diseño institucional ha sido tal que sus diseñadores (legisladores de los gobiernos participantes en el tratado) han sido forzados a realizar algunos cambios, como que puedan haber mecanismos y procesos de apelación, cambios que han dejado, sin embargo, la situación intacta en sus elementos más importantes.

Pero otra dimensión más que preocupante es que los Estados no podrán inhibir u obstaculizar la privatización de los servicios públicos como la sanidad y la educación, dos de las áreas donde las empresas privadas están más deseosas de penetrar en los países europeos. En realidad, el tratado favorece dicha privatización.

Y, como guinda especial, el tratado puede forzar a que los Estados eliminen legislación relacionada con la protección del trabajador, del usuario o del consumidor de bienes y servicios, que las empresas consideran perjudicial para sus intereses. Esta situación alcanza niveles extremos, como por ejemplo la demanda de la industria tabacalera de que se eliminen referencias públicas a los impactos negativos del tabaquismo, referencias que disminuyen sus beneficios.

El contexto político

Este tratado es la culminación de la expansión del neoliberalismo dominante desde los años ochenta como consecuencia del triunfo del mundo del capital sobre el mundo del trabajo. Y las propuestas extremas que están siendo consideradas son, en sí, un indicador de su arrogancia y prepotencia.


Ahora bien, la resistencia es tal que el tratado está hoy en peligro, y muy en especial en EEUU. Los sindicatos y las asociaciones en defensa del bienestar público y de los usuarios y consumidores, se han movilizado a los dos lados del Atlántico Norte.

 La federación sindical más importante de EEUU, AFL-CIO, y la Confederación Europea de Sindicatos (ETUC), han publicado un excelente informe, sumamente crítico con el tratado, alertando a la población de su gran peligro si se aceptara en su narrativa actual.

Y la presión es tal que una de sus máximas defensoras, la Sra. Hillary Clinton, ha cambiado de opinión en su apoyo al Tratado del Pacífico –TPP– (que es la versión asiática del TTIP), oponiéndose ahora a aquel tratado. Mientras, en España, continúa un silencio ensordecedor en los medios. En realidad, en tales medios han aparecido más artículos a favor que en contra de dicho tratado.  (...)"         

 (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 22 de octubre de 2015, en www.vnavarro.org, 22/10/2015)

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