"Hasta aquí, he presentado los hechos (o mejor dicho las estadísticas).
Según estas estadísticas, la opinión pública europea está cada vez más
dividida en función de líneas territoriales.
Las democracias en el Norte
se han recuperado, llegando incluso a sobrepasar los niveles de
confianza política y satisfacción con el sistema político de hace diez
años; las democracias en el Sur sufren una caída en picado de los
niveles de confianza y satisfacción política.
¿Cómo podemos interpretar estas cifras? Esta es la parte que requiere
necesariamente cierta especulación (aunque contrastada), ya que no he
realizado propiamente dicho un análisis causal de esta fisura
democrática. Las sociedades del Norte de Europa están cada vez más
complacidas con sus gobiernos y sus partidos, así como más satisfechas
con sus democracias en términos relativos.
Es complicado concebir como
las sociedades del Norte de Europa pueden estar complacidas teniendo en
cuenta la dramática situación que atraviesa la UE: devastada por la
estagnación económica, los niveles crecientes de desigualdad, el
debilitado estado del bienestar, las devaluaciones internas, los
desarmados sindicatos, las frágiles perspectivas económicas, etc.
En mi opinión, la razón por la cual las sociedades del Norte de Europa
confían en sus representantes es, sencillamente, por qué se sienten
representados y sienten que sus intereses han sido tomados en cuenta.
¿Cómo explicar dicha percepción? Porque los gobiernos del norte de la
eurozona están desarrollando una política económica basada en la
austeridad que tiene sus efectos más visibles en el sur, y no en sus
países respectivos.
Las sociedades del Norte de Europa se oponen a
continuar con los rescates para los países del sur porqué consideran
(erróneamente) que esos rescates constituyen la forma de hacer pagar a
los países del sur sus deudas con los impuestos de los del norte.
Los
gobiernos a favor de la austeridad conquistan a sus votantes con
discursos sobre la necesidad de imponer austeridad y disciplina fiscal a
los gobiernos derrochadores del sur, circunscribiendo sus acciones para
salvar el dinero de los contribuyentes del norte; pero al mismo tiempo,
esos mismos gobiernos amasan los beneficios intencionales (prestando al
tipo de interés del mercado) o involuntarios (pagando muy poco por su
propia deuda) a raíz del estado de las finanzas públicas en los países
del sur afectados por la crisis de la deuda.
Esta situación es un ejemplo clásico de solapamiento territorial y
clivaje económico. Los países crediticios se encuentran en el Norte, los
deudores en el Sur, y los intereses de los crediticios y los endeudados
están totalmente enfrentados entre ellos. Un proceso de colonialismo
interno parece estar emergiendo dentro de la UE. Este proceso se ve
agravado por el “divorcio ideológico” entre el Norte y el Sur mencionado
al principio.
Históricamente, estos solapamientos entre territorio,
economía e ideología han conducido muy raramente a la resolución de los
conflictos económicos y políticos de forma moderada. Al contrario,
tensan la posición de cada uno en direcciones polarizadas. Parece que
nos encaminamos hacia la tormenta perfecta." (Sonia Alonso

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