"François Hollande ha declarado a la guerra a ISIS y como presidente
tiene la capacidad de arrastrar a todo su país con ella. “Nuestro
enemigo en Siria es Daesh (ISIS). No se trata de contener, sino de
destruir esa organización”. (...)
¿Tiene razón Hollande? ¿Es responsabilidad de los países asumir la
eliminación contra ISIS como un objetivo prioritario? Estas son algunas
de las razones por las que hay que decir que no.
Es un triunfo para ISIS
Declarar la guerra al grupo yihadista supone concederle un triunfo
propagandístico de consecuencias difíciles de prever. Es el mismo
estatus de combatiente en la guerra contra Occidente que Al Qaeda
siempre anheló.
ISIS no es un Ejército. Las personas que disparan con
fusiles de asalto contra civiles en un restaurante o una sala de
conciertos no son combatientes ni protagonistas de ninguna guerra. Son
asesinos que deben ser perseguidos y detenidos. (...)
La proclamación de Hollande da a ISIS un estatus que no debería tener
y tendrá efectos peligrosos. Los jóvenes musulmanes europeos
radicalizados pueden creer que ISIS es la mejor forma de desafiar al
Estado.
Contra los disidentes
Las guerras no admiten disidentes. Si la nación está en peligro,
aquellos que cuestionen la política del Gobierno y su visión de los
conflictos de Oriente Medio acabarán siendo tachados de traidores o
cómplices del enemigo.
Hollande no ha dicho cómo ejecutará su objetivo
de aniquilar a ISIS en Siria, pero sí ha desgranado varias propuestas
para limitar los derechos civiles, empezando por una reforma
constitucional. Los que se opongan a estos últimos cambios tienen muchas
papeletas para ser acusados de poner en peligro la seguridad de los
franceses.
Una guerra al servicio de intereses políticos
(...) se toman decisiones militares que no tienen una lógica militar, sino
política. Un ejemplo de ello es el ataque aéreo francés de la noche del
domingo contra la ciudad siria de Raqqa, ocupada por ISIS desde hace
casi dos años.
Raqqa ha sido atacada en varias ocasiones por aviones
norteamericanos, y en las últimas semanas por aviones rusos. Es de
suponer que tras la matanza de ISIS los dirigentes del grupo yihadista
no iban a estar esperando a que les cayeran las bombas.
El bombardeo no
degradó la capacidad de ISIS de cometer atentados, a menos que se crea
que acabar con un campo de entrenamiento que se compone de una explanada
de tierra y unas casetas es un paso dramático para acabar con la
amenaza.
Ese ataque fue un gesto político para demostrar que el Gobierno no
dejará ningún ataque sin respuesta. Su parte fundamental no fue el daño
infligido, sino las imágenes de aviones despegando que aparecieron en
los informativos de televisión.
Ignorar el origen de las ideas de ISIS
Lanzar una guerra contra ISIS en Siria es inútil si no nos
enfrentamos a la base ideológica que anima a los grupos yihadistas que
operan en Siria u otros países. De lo contrario, acabar con ellos será
sólo una etapa más en una guerra interminable. Si Hollande es sincero en
su intención de acabar con la funesta ideología que está detrás de
ISIS, debería señalar al país que ha alentado y financiado la versión
más violenta del salafismo en las últimas décadas.
Ese país es Arabia Saudí.
Nos hace cómplices de otras guerras
¿Cuál es por tanto la credibilidad de Hollande para alentar una gran
campaña contra la violencia yihadista si está colaborando en otra guerra
en la que los civiles están siendo atacados de forma indiscriminada? Es
el caso de Yemen. Francia además no es el único país responsable.
EEUU
acaba de vender munición para que los aviones saudíes continúen
bombardeando Yemen (lo que incluye zonas civiles o un hospital de
Médicos sin Fronteras). La factura alcanza los 1.300 millones de dólares
y permite por ejemplo comprar mil bombas guiadas por láser de cerca de
una tonelada. (...)
La guerra de Yemen es otro ejemplo de las prioridades saudíes. (...)
La coalición fantasma
Hollande dice que quiere armar una coalición internacional para hacer
frente a ISIS. Como explica Olivier Roy, los países implicados en las
guerras de Oriente Medio tienen otros enemigos que les preocupan más.
Asad está más preocupado por las otras fuerzas insurgentes que le
amenazan directamente. Erdogan tiene en su punto de mira a los kurdos.
Los kurdos iraquíes pretenden por encima de todo mantener su estatus
casi independiente. Para los saudíes, su enemigo mortal es Irán. (...)
No queremos volver a la guerra de Bush
España y Gran Bretaña sufrieron en la década pasada ataques similares
al ocurrido en París. Con ser horrible, esta es una situación por la
que hemos pasado antes en Europa. Hemos visto a jóvenes ver sus sueños
mutilados, a padres enterrar a sus hijos, a trabajadores asesinados
cuando acudían a sus puestos en el transporte público.
Siempre hemos
tenido delante el mismo dilema y, a pesar de haber cometido muchos
errores cuyas consecuencias aún estamos pagando, ha persistido en la
mayor parte de la opinión pública europea la idea de que restringir al
máximo los derechos civiles y embarcarse en aventuras imperiales en
Oriente Medio sólo puede agravar nuestra situación. Si no somos como los
terroristas, y no lo somos, tenemos que demostrarlo. España lo demostró
después del 11M.
Es el momento de apoyar a Francia de múltiples maneras porque es un
aliado y porque sufre ahora lo mismo que sufrimos antes nosotros. No es
el momento de lanzarse a las armas junto a un líder político
desacreditado hasta ahora en su país y que iba en camino de ser
derrotado en las próximas elecciones. No necesitamos un George Bush
francés." (Iñigo Sáenz de Ugarte , eldiario.es, 17/11/2015)
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