"(...) -OTR: Y junto con Francia han sido los más golpeados por actos de terrorismo recientemente…
-JM: Claro. Pero veamos que tanto en Estados Unidos como en Europa las
víctimas de terrorismo, vistos desde un punto de vista cuantitativo, son
infinitesimales en comparación a las víctimas que produjeron en otros
países las irresponsables y ambiciosas intervenciones militares,
bombardeos y acosos económicos frecuentes.
En Estados Unidos, las
víctimas de terrorismo suman un dos o tres por ciento de las víctimas de
otros tiroteos masivos que no alcanzan las primeras planas de la gran
prensa, de los creadores de opinión y paranoia colectiva. Por no hablar
de las decenas de muertos cada año sólo por armas de fuego.
Por otro
lado debemos considerar varios otros problemas: en alguno de esos
atentados en Europa nunca hubo una conexión con grupos terroristas como
el ISIS, sino individuos desquiciados, pero la prensa no los presentó de
esa forma. Basta con señalar el origen de los asesinos para involucrar a
toda una comunidad de gente pacífica. Para ampliar la comprensión de
este problema, recomiendo leer los artículos de Javier Couto.
-OTR: ¿Pero cómo se explica que algunos refugiados puedan atentar
contra la sociedad que los recibió, como es el caso de Alemania?
-JM: Otra vez: son una minoría que hasta ahora se cuentan con los dedos
de la mano –y sobran dedos. Pero para comprender el fenómeno, creo que
debemos observar algunos factores comunes. Por ejemplo, los dos últimos
atentados contra policías en Estados Unidos.
Si se mira con cuidado, se
verá dos elementos comunes a otros atentados en Europa y en los mismos
Estados Unidos perpetrados por individuos cuyos orígenes estaban en
algún país de Medio Oriente, países hundidos en el conflicto que estamos
discutiendo.
Los asesinos de policías en Texas y Luisiana eran
militares, veteranos de guerra estadounidenses de Irak y Afganistán; los
dos, afroamericanos. No es raro: cada día más de veinte excombatientes
se suicidan en este país y miles se abandonan en las calles y se
convierten en indigentes.
-OTR: ¿Ha conocido personalmente a alguno de ellos?
-JM: Sí, a varios. Algunos fueron mis alumnos en la universidad,
tratando de volver a la vida normal con historias terribles. Mucho de
ellos vuelven convencidos que hicieron lo correcto y muchos otros con
una fuerte carga de resentimiento contra su país y hasta desafecto hacia
sus propios padres, en muchos casos producto de una afección muy común,
que es el Trastorno de Estrés Postraumático.
Muchos viven con esa
fuerte carga de frustración, resentimiento y violencia contenida,
medicados y contenidos por psiquiatras para que no se agarren a las
piñas en un bar o algo peor.
¿Alguien podría sorprenderse de que alguno
de estos jóvenes en lugar de pegarse un tiro, como lo hace diariamente
un gran número, un día decida apuntar hacia otro lado?
Bueno, lo mismo
podemos considerar en esa masa de refugiados: ¿alguien podría pensar que
niños y jóvenes que vieron a sus padres y hermanos e hijos morir
destrozados bajo las bombas civilizadoras o sobre las bombas de los
fanáticos islamistas lleguen un día a Europa o a Estados Unidos y sin
ningún tratamiento o consideración olviden todo lo vivido? ¿Quién habla
del TEPT de las víctimas civiles? (...)
-OTR: ¿A quiénes beneficia esta violencia que vemos en Europa?
-JM: A la derecha xenófoba, sin dudas. Cada vez que ocurre una
desgracia donde alguien con un apellido árabe es el responsable, las
encuestas muestran un aumento de apoyo de la población a esos partidos.
Cada vez que los diarios occidentales llenan sus portadas y las repiten
por tres o cuatro días con un atentado que ha dejado tres o cien
víctimas, los Donald Trump, los Marine Le Pen y los partidos nazis de
Europa se frotan las manos y se golpean el pecho con sus “yo se los
dije” en sus cuentas de Twitter o en sus enardecidos discursos.
Pocos
tienen en cuenta que todo el odio hacia los extranjeros y hacia sus
propios connacionales con pieles más oscuras que las suyas se va
reproduciendo y acumulando durante años en aquellos jóvenes que desde
chicos aprenden a considerarse “los otros”, victimas silenciosas del
peor de los bullings, tarde o temprano termina por reventar en alguna
parte.
De paso todo ese odio hacia los pobres, a los marginados
culturales, a los excluidos por las retoricas nacionalistas, como en la
Alemania de los años treinta, sirve para olvidar los problemas reales de
injusticia social donde el 0,1 por ciento de un país superrico posee lo
mismo que el 90 por ciento y los “fracasados”, hijos del demonio que
llenan las cárceles y que, de paso significan un gran negocio en países
como Estados Unidos.
Todo el resto de la historia de las hazañas
civilizatorias de las potencias occidentales, todo eso que nos ha
llevado a estas desgracias o por lo menos han contribuido en mayor
proporción, pues brillan por su ausencia.
Sin embargo, como ya lo he
dicho antes, un acto de terrorismo no se justifica con nada pero se
explica con todo. Por otro lado, la respuesta se evalúa por sus
resultados: si las bombas fuesen la solución, el mundo sería un mar de
paz.
-OTR: ¿Entonces, cual es la solución?
-JM: Depende de para quién.
-OTR: Con respecto a los atentados que vienen ocurriendo en Europa.
-JM: Basado en lo que dijimos antes lo más inmediato será mantener por
el momento el alto control policial y renunciar a las invasiones
“preventivas”, que hasta ahora han sido “provocativas”. Junto con eso,
la población debe estar alerta y consiente de sus propios pecados, como
lo es hacerse responsable del niño, luego de la orgia de decisiones
irresponsables y criminales en el plano internacional.
En cuanto a los
asuntos domésticos, al día a día, es necesario estar prevenidos de las
consecuencias contaminantes de toda cultura del odio, que no es
propiedad de los otros. Estar prevenidos de los políticos y los
agitadores de turno, verdaderos buitres de la moral popular. Invertir en
diversos programas, sociales y psicológicos para ayudar a aquellos
refugiados que lo necesitan.
Terminar con la secreta cultura del
bullying internacional y el bullyng de barrio que golpea a los más
débiles y en riesgo de marginación cultural y psicológica desde la
primera infancia. Invertir más en cultura y menos en bombas, leer más
libros y artículos con contenido y moverse menos por reacciones
epidérmicas de los demagogos de turno." (Entrevista a Jorge Majfud, escritor uruguayo, OTR-press, en Rebelión, 28/07/16)
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