"(...) España ha sido, por su trayectoria histórica desde hace más de medio siglo, un ejemplo sin par de la grandeza de la idea democrática. Ya en tiempos del franquismo, las oposiciones españolas fueron capaces de construir las bases de la democracia que era preciso construir. Gracias a este trabajo clandestino, intelectual, sindical, social y político, la Transición democrática pudo resolver problemas pendientes del país desde el siglo XIX y eso, dentro de la convivencia -a pesar de ETA y gracias a una movilización extraordinaria de la sociedad española contra esta política del terror (¿cabría preguntarse si fue así también en la sociedad vasca?) - y del pluralismo. Los españoles se pusieron de acuerdo para construir el marco civil en el cual podrían discrepar civil y legalmente.
Esta historia es un legado para toda la historia europea. Fue un ejemplo en la transición de los países del Este del comunismo a la democracia. Fue como un rejuvenecimiento de la idea democrática. Y el entusiasmo español contrastaba a veces con el cansancio de otros pueblos europeos.
Todo este legado, hoy por hoy, se está echando a perder. Por dos razones. La primera es el papel de los nacionalismos excluyentes, especialmente el catalán desde 2010. El segundo es la partitocracia, culpa del PSOE y del PP, pero también de los partidos dominantes en sus feudos como el PNV, CiU ahora Junts, ERC y pronto Bildu...
¿En qué democracia europea vimos los derechos de las oposiciones parlamentarias quebrados? En Cataluña el 6 y 7 de septiembre de 2017. ¿En qué democracia europea vimos una consulta sin sobres, sin censo electoral, sin cabinas electorales? En Cataluña el 1 de octubre de 2017.
Imaginemos por un momento que un Gobierno europeo -pongamos como ejemplo el húngaro, el polaco o el actual Gobierno italiano- haga lo que se ha hecho en Cataluña en el otoño de 2017. ¡Menuda tormenta política y moral se desataría! Pues bien -y eso subraya la irrelevancia de España- eso ha ocurrido aquí y todos parecen haberlo olvidado... empezando por los propios españoles. Y aquí vuelve a resurgir mi asombro. ¿Será posible que la crisis más grave que España ha conocido desde la Guerra Civil esté ya olvidada? ¿Qué le pasa al sistema político español para que así sea?
Pues le pasa algo muy corriente en todas nuestras democracias. Una enfermedad moral y jurídica que se llama partitocracia. Los partidos políticos se han convertido en meras máquinas de poder, distribuyendo prebendas y favores, usando los presupuestos públicos para orientarlos a fines electoralistas y partidistas. De ahí lo patético de las descalificaciones que los dos grandes partidos se echan en cara. ¡Corrupto tú... y tú más! Y no hay ninguno que tenga vergüenza al acordarse o bien de la financiación irregular de su partido o bien de los desvíos de fondos públicos. Los españoles lo sienten y, aunque votan masivamente, no creen en la capacidad de la política de resolver sus problemas.
Pero hay aún algo más grave. Las instituciones del Estado están ya fragilizadas por esta competición a ultranza por el poder. (...)
No estamos asistiendo a una batalla política por y para España, sino a una lucha encarnizada entre bloques interesados en hacerse con el control de los mandos del poder, es decir los presupuestos y el poder de nombramiento. Política sin principios y sin moral.
Como hispanista me duele ver esta deriva de España, que supo mostrar que la política podía ser la herramienta de la resolución de los problemas, mediante una Constitución bien equilibrada que expresaba un consenso para poder vivir los desacuerdos normales en toda sociedad, y que hoy nos está demostrando que la política puede añadir problemas a los ya existentes.
Lo grave de todo eso es que el fenómeno no es estrictamente español. Es una crisis generalizada de nuestras democracias. Basta con mirar a EEUU o a Francia, donde la Constitución está cada vez más forzada en un sentido antipolítico. No debemos resignarnos a ver fragilizado nuestro legado más importante. Debemos exigir a los que pretenden representarnos que cumplan con sus deberes constitucionales."
(Benoît Pellistrandi es historiador y autor de 'El laberinto catalán. Arqueología de un conflicto superable', Revista de prensa, 14/09/23; Este artículo se publicó originalmente en El Mundo)
No hay comentarios:
Publicar un comentario