15.4.21

El plan de Biden trae al debate las palabras prohibidas: producción, Estado e impuestos... para conseguir fortaleza estratégica y cohesión interna... para lo cual lleva a la práctica algunas promesas de la izquierda estadounidense... y supone un paso más en el momento desglobalizador

 "Los fondos de la recuperación ya no son los mismos que fueron. Al margen de la dilación, de los problemas de última hora que siempre aparecen en la UE, de que lo acordado se vaya diluyendo, del Tribunal Constitucional alemán, de las crecientes exigencias para su concesión y demás palos en las ruedas habituales en Europa, han aparecido circunstancias nuevas que deberían impulsar un replanteamiento general. 

Por supuesto, en España el debate ha quedado encajonado en Sánchez, en si los reparte o no correctamente o en si va a poder cumplir las garantías necesarias para su concesión, y en la UE no existe todavía el arrojo suficiente para plantear metas más ambiciosas.

 Pero, mientras tanto, en el mundo están ocurriendo cosas importantes que deberían conseguir que se repensara qué significa el plan y qué objetivos se desean conseguir. 

 Una de ellas, y no es menor, es el plan de infraestructuras que Biden pretende desarrollar en EEUU. Es una gran cantidad de capital, que se añade a la enorme suma ya introducida en su economía, pero que cuenta con elementos totalmente distintos. 

Para empezar, este plan, The American Jobs Plan, está diseñado para apoyar la economía real, para que los empleos se recuperen, para reconstruir unas infraestructuras endebles y para que los recursos disponibles para sus ciudadanos aumenten. Supone, además, una acción decidida desde el Estado, y está previsto que se financie con impuestos, sobre todo de las grandes empresas. 

El plan de Biden contiene un cambio claro de modelo en la medida en que trae al debate las palabras prohibidas: producción, Estado e impuestos.

 Además, se trata de un plan que reenfocará la economía estadounidense sobre sí misma, con el objetivo de fortalecer EEUU internamente y competir con éxito en el nuevo entorno internacional. EEUU quiere dotarse de músculo interior para hacer frente a China, pero también a Europa, que no dejamos de ser rivales comerciales.

 Y el plan supone un paso más en el momento desglobalizador: nos recuerda que estamos en un instante de luchas geopolíticas, en el que EEUU desea aumentar su fuerza, y que obligará al resto del mundo, y particularmente a Europa, a definirse en relación con estas rupturas. (...)

No es un giro decidido hacia la izquierda, no veremos a Biden convertirse en Sanders, pero su plan lleva a la práctica algunas promesas de la izquierda estadounidense. (...)

Veremos en qué para todo esto, cuál es su efecto real, cómo afectan los impuestos a las empresas del Fortune 500 y cómo a las clases medias y trabajadoras, porque ahí estará la prueba definitiva.

En todo caso, este plan surge de la consciencia de que el tipo de sociedad que ha tejido EEUU tiene un sostén complicado, puesto que requiere de mayor cohesión, también en el orden de la reducción de la desigualdad. Una gran potencia dividida solo puede mantener su posición si es hegemónica, y EEUU es la mayor del mundo, pero ya no es la única

En ese orden, su principal problema, como el de Occidente, es el dominio del rentismo financiero, que ha precipitado las grandes diferencias internas y que ha condenado a buena parte de los EEUU a la pérdida en su poder adquisitivo. Biden no trae señales de cambio sustancial en ese aspecto, pero sí parece añadir elementos de equilibrio. 

En fin, por resumir medios y objetivos: Estado, producción, impuestos, fortaleza estratégica y cohesión interna.(...)"                  (Esteban Hernández, El Confidencial, 14/04/21)

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