"La desaceleración económica de China, y en particular la caída de sus
exportaciones, constituye el marco de la reciente ola de conflictos
laborales en el sector industrial. (...)
Y no se ve ninguna solución fácil. En efecto, el gobierno esperaba
potenciar la producción industrial y hasta cierto punto cerró los ojos
ante el declive de la producción de baja tecnología para la exportación.
Esta situación favorece una tendencia a largo plazo a la
deslocalización del capital industrial tanto en el interior de las
mismas regiones industriales como de la costa meridional al interior del
país, o incluso al sudeste asiático. Debido al aumento de los salarios y
de la conflictividad laboral, en particular a lo largo de la última
década, algunas fábricas simplemente han cerrado.
La consecuencia
inmediata ha sido la proliferación de huelgas y manifestaciones
combativas en los últimos dos años en los casos en que las empresas han
tratado de evitar el pago de indemnizaciones por el cierre o el
traslado.
Los trabajadores reclaman la indemnización por despido y una
compensación por el impago durante años, a veces incluso decenios, de
los seguros sociales y de las contribuciones al fondo para la vivienda,
tal como obliga la ley a las empresas. (...)
centenares de trabajadores migrantes de la empresa de calzado Lide se
declararon en huelga a finales de 2014 después de que llegaran rumores
de un traslado de la fábrica. Muchos de ellos no estaban dispuestos a
trasladarse y, a cambio, esperaban el pago de una indemnización por
despido y otras compensaciones.
La legislación laboral china contempla
una serie de compensaciones de este tipo, pero como no se aplica, quien
decide qué reciben y qué no reciben los trabajadores es la patronal. En
el caso de Lide, la negativa inicial de la dirección a negociar
honestamente dio lugar a una serie de huelgas y negociaciones que
duraron muchos meses.
La huelga de Lide es un caso singular.
Mientras que la mayoría de huelgas terminan en cuestión de días y pocas
veces duran más de un par de semanas, los trabajadores de Lide no
consiguieron que la patronal aceptara la mayor parte de sus
reivindicaciones hasta mediados de 2015.
Durante el mismo periodo, otra
huelga, en muchos aspectos similar a la de Lide, saltó a los medios de
comunicación a raíz de una campaña de solidaridad que reveló que la
empresa era contratista de la compañía de confección japonesa Uniqlo,
una marca popular que cuenta con más de 400 tiendas en China.
La
Shenzhen Artigas Clothing and Leather Company, conocida localmente por
el nombre de Qingsheng, se fundó en 1992 con capital de Hong Kong, poco
después de que Deng Xiaoping acelerara la apertura de China a la
inversión extranjera directa y, principalmente, estaba orientada a la
exportación. En 2014 se propuso trasladarse a otro polígono industrial
sin consultar ni negociar previamente con la plantilla, lo que
desencadenó una huelga de nueve días de duración en diciembre, a la que
puso fin por la fuerza de la represión policial.
El 9 de junio
de este año, cuando la empresa trató de cerrar la fábrica y llevarse la
maquinaria, más de 900 trabajadores iniciaron la protesta ocupando los
talleres para impedir que la dirección echara el cerrojo. Reclamaron que
se negociara la indemnización por despido y otras compensaciones.
En
particular, los impagos a la seguridad social se convirtieron en una
cuestión significativa de dichas huelgas, ya que muchos obreros llevan
trabajando durante más de una década en la misma fábrica. Algunos
trabajadores iniciaron una huelga de hambre para presionar todavía más a
la patronal. La plantilla tuvo que soportar duras medidas represivas,
incluido el acoso y la detención por parte de la policía local.
Tan solo después de tres semanas de ocupación persistente de la
fábrica, la dirección aceptó finalmente sentarse a negociar. No
obstante, se negó a mantener una negociación colectiva y pretendió
tratar únicamente con cada trabajador a título individual. Los
trabajadores rechazaron este intento de la empresa de dividirles y
mantuvieron la huelga. Cuando esta parecía hallarse en un punto muerto,
unos 200 trabajadores viajaron a Guangzhou y se manifestaron
repetidamente ante el gobierno provincial de Guangdong.
Después de
manifestarse durante varios días y dormir en un parque cercano,
intervino la policía para disolver el grupo y detener brevemente a sus
componentes. La empresa también incrementó la presión sobre los demás
trabajadores, que seguían ocupando la fábrica, cortando el suministro de
agua y luz. Finalmente, con ayuda de la policía local consiguió
desalojar a los trabajadores de la fábrica.
En contraste con la
huelga de Lide, que logró imponer la mayoría de las reivindicaciones de
los trabajadores, la de Qingsheng finalizó sin conseguir forzar a la
empresa a negociar. Estos dos casos, y otros similares de los últimos
meses, son reflejo del efecto negativo de la caída de las exportaciones
para los trabajadores industriales. Las empresas que operan con un
escaso margen de beneficio han decidido trasladarse, reducir la
producción, recortar la plantilla y proponer a los trabajadores una
modificación del contrato. (...)
La característica clave de estas huelgas estriba en el desarrollo de una
movilización constante y una organización disciplinada durante un
prolongado espacio de tiempo. Los trabajadores tienen que crear una
organización específica e informal con representantes elegidos partiendo
de cero y sostenerla durante meses sin perder la confianza del conjunto
de la plantilla.
Dado que además la ley no les protege, cuanto más
tiempo dura una huelga, tanto mayor será el riesgo para los dirigentes
de la misma. Sin duda, la ayuda de las ONG laborales chinas aporta
experiencia y asistencia jurídica a los organizadores, pero la fuerza
motriz de estas huelgas son siempre los propios huelguistas y no
cualquier influencia externa. Cuando la empresa y la policía local
actúan conjuntamente para forzar a los trabajadores a volver al trabajo,
la movilización y la solidaridad de la plantilla son cruciales para la
resistencia.
Un factor clave para la movilización es una firme
convicción de tener derecho a lo que se reivindica por haber trabajado
tantos años en la misma empresa, lo cual proporciona a los trabajadores
una sólida razón moral y legal para actuar con decisión. En estas
huelgas suele ocurrir que los trabajadores ponen el acento en el hecho
de que la empresa se ha apoderado del fruto de su trabajo, situando de
este modo su acción dentro de un marco de derecho tanto moral como
legal.
Además, el hecho de que muchos trabajadores se enfrenten a la
rescisión de su contrato o prefieran irse de la empresa puede haber
contribuido a su disposición a asumir riesgos. Y dado que el empleo
industrial sigue siendo boyante, nadie tendrá muchos problemas para
encontrar trabajo en otra empresa.
Seguramente, las huelgas
relacionadas con el traslado y cierre de fábricas proliferarán en el
sector industrial a lo largo de los próximos meses. Este fenómeno
plantea una cuestión más general sobre la evolución del movimiento
obrero chino.
Los estudios sobre las acciones colectivas de los
trabajadores señalan que en la última década, más o menos, a medida que
los obreros han adquirido conciencia de sus derechos y su fuerza
colectiva, el movimiento de la clase obrera migrante ha pasado de ser un
movimiento principalmente defensivo frente a los atrasos en el pago de
los salarios para convertirse en un movimiento ofensivo que reivindica
aumentos salariales y en algunos casos la democratización de los
sindicatos de fábrica, que suelen estar controlados por la patronal.
Aunque esta formulación es por fuerza una generalización –de hecho, la
demanda de salarios impagados sigue siendo el principal motivo
subyacente de la mayoría de conflictos laborales actuales–, resulta útil
para discernir una importante tendencia del movimiento. (...)
Hay motivos para el pesimismo, pero también para el optimismo. En
realidad, el hecho de que los trabajadores formulen reivindicaciones
relativas a los seguros sociales y las contribuciones al fondo para la
vivienda que las empresas no han pagado y que legalmente se les debe es
igual de importante que su lucha por un aumento salarial. Dado que la
contribución a la seguridad social y al fondo para la vivienda a cargo
de la empresa está consagrada desde hace tiempo en la legislación
laboral, reclamarla constituye un paso adelante importante.
Es cierto
que los trabajadores migrantes han sido reacios a la seguridad social
porque ellos también han de pagar una cotización que se descuenta de sus
magros salarios y tampoco están seguros de que se beneficiarán de las
prestaciones cuando sean viejos. Sin embargo, dado que muchos de ellos
ya se acercan a la edad de jubilación, esta cuestión está cobrando
cierta urgencia para ellos.
Además, los trabajadores han
planteado entre sus reivindicaciones la de la baja de maternidad pagada y
el plus de altas temperaturas, entre otras cuestiones. Aunque la
patronal suele pasarlas por alto en las negociaciones, estas demandas
reflejan la mayor conciencia de los trabajadores de sus derechos
laborales. (...)
Es probable que la desaceleración del sector exportador continúe, y el
gobierno considera que el abandono de la dependencia de las
exportaciones es esencial para reequilibrar la economía china. La
deslocalización y la reestructuración del capital en la industria
transformadora seguramente pondrá en tela de juicio algunas de las
conquistas obreras que tanto ha costado obtener. Comportará el
desplazamiento de mano de obra y también puede desorganizar y fragmentar
hasta cierto punto el naciente movimiento obrero. (...)
Sin duda esta es una experiencia inevitable y necesaria para un movimiento obrero todavía joven. (...)" (Kevin Lin, Solidarity-us.org, en Jaque al neoliberalismo, 16/10/2015)
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