"(...) Pero la fama de rigor, seriedad y
eficiencia que siempre se identificó con Volkswagen, fue más
consecuencia de un sobredimensionado departamento de marketing y
relaciones públicas que no de la existencia de una excepcionalidad que,
en realidad, no existía ni existió.
A decir verdad, esta y otras grandes
empresas automovilísticas nunca se caracterizaron por su sentido de la
responsabilidad, oponiéndose, desde el principio, a que existieran
instituciones públicas que las regularan a fin de proteger a los
ciudadanos que compraran y utilizaran sus productos. La historia de
Volkswagen no fue ninguna excepción. En realidad, no es la primera vez
que a Volkswagen se le han descubierto prácticas en las que intentaba
saltarse las regulaciones.
Ya en 1973 ocurrió otro caso, situación que,
por cierto, es bastante común en la industria automovilística. Otro
suceso conocido es el de la General Motors en los años noventa. Tales
industrias están constantemente intentando saltarse las regulaciones
públicas que en teoría deberían seguir, regulaciones que en muchas
ocasiones ya son excesivamente laxas debido a la exagerada influencia
que la industria tiene sobre los organismos reguladores.
En realidad, cuando en EEUU las
autoridades públicas decidieron avanzar hacia el fin del diesel por sus
efectos muy nocivos para la población expuesta a él, la industria
automovilística europea –y muy en especial la alemana- se sacó de la
manga lo que llamó el “new diesel”, que presentó erróneamente como un
diesel mejorado que no contaminaba. Hoy este “new diesel” se ha
extendido por toda Europa, sin que la toxicidad del diesel haya, en
realidad, disminuido.
Es casi imposible que la compañía Volkswagen no
fuera consciente de ello. Y también es difícil creerse que la dirección
de Volkswagen no conociera la existencia del truco que se había
instalado en el motor para ocultar la gran producción de óxido de
nitrógeno -NOx- (que es una sustancia extraordinariamente dañina).
Cuando se descubrió el truco (en un
laboratorio de la Universidad de West Virginia), la compañía mintió
diciendo que solo 482.000 coches estaban afectados, cosa que tuvo que
corregirse en cuestión de horas, pues el problema era mucho mayor. La
compañía reconoció que eran 11 millones, y que la producción de tal
sustancia tóxica era 40 veces superior a lo que aparecía en los tests
llevados a cabo por las autoridades reguladoras.
En total, la cantidad
de contaminación total de este producto era de casi un millón de
toneladas al año, que era la cantidad que producían todas las industrias
automovilísticas británicas, junto con todos los coches, así como en
todas las industrias y los servicios de agricultura existentes en Gran
Bretaña (ver “What will VW Pay?” de Jamie Lincoln Kitman, The Nation,
Sept. 19, 2015), artículo del cual extraigo gran parte de estos datos.
Ahora bien, les aseguro que ningún
directivo terminará en la cárcel. Todo lo contrario. El máximo
responsable de Volkswagen, su CEO o Presidente del Consejo de
Administración, el Sr. Martin Winterkorn, ha dimitido, con una pensión
privada de 66 millones de euros.
Y nunca ha habido una sanción hacia
responsables de situaciones semejantes. La complicidad entre el poder
político y mediático, por una parte, y la industria automovilística, por
la otra, explica que, además de haber una enorme negligencia, haya un
enorme silencio mediático sobre estas prácticas que distan mucho de ser
nuevas. Así de claro."
(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 14 de octubre de 2015, en www.vnavarro.org, 14/10/2015)
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