"El sistema neoliberal se basaba en explotar la mano de obra barata.
Esa carrera hacia el fondo llevó primero a pérdidas de puestos de
trabajo en Europa, pero pronto los trabajadores latinoamericanos,
norteafricanos e incluso asiáticos se convirtieron en sus víctimas.
Muchos
empleos industriales se fueron a China: en los hechos, el ascenso de
China ha afectado al potencial de desarrollo de la periferia del
capitalismo mundial con más fuerza que al núcleo del sistema.
Europa
ya no pierde tantos puestos de trabajo hacia China, pero sí los países
latinoamericanos. De muchas maneras, las revoluciones árabes de 2011
fueron provocadas por esta lógica del crecimiento sin desarrollo, se han
eliminado verdaderas oportunidades de crear buen empleo industrial.
Por
lo tanto, la conversión a economías de servicios y finanzas ha tenido
lugar no solo en los países del núcleo sino también en la periferia.
Además, no tuvo nada que ver con nuevas tecnologías.
Fue
el resultado de la destrucción del Estado del bienestar, de la
creciente debilidad de los mercados internos y del paso a la mano de
obra barata que, en los hechos, ha bloqueado la innovación tecnológica y
el desarrollo en el campo de la producción.
La
innovación de la que oímos hablar estos días pocas veces tiene algo que
ver con la producción de bienes. Se relaciona sobre todo con el consumo;
la mayoría de los “productos innovadores, revolucionarios” que
encontramos no tienen nada de nuevo, sino que solo representan maneras
de vendernos diferentes versiones de las mismas mercaderías y de
obligarnos a reemplazar las antiguas.
Los consumidores y
el sentido común se resisten a ese absurdo, ralentizando así la
economía global que no puede avanzar sin ellos. (...)
La
llamada financiarización del capitalismo global no es la causa de la
actual crisis, sino que representa en sí una secuencia de cambios mucho
más importantes, la degeneración y eliminación del Estado del bienestar,
acompañada inevitablemente de salarios más bajos y mercados internos
más débiles.
La creciente importancia de los mercados
internacionales y globales es inseparable del estancamiento y
declinación de sus contrapartes nacionales. Ahora, sin embargo, llegamos
al punto en el cual esa decadencia interna imposibilita la continuación
del crecimiento global.
Sin cambios radicales de los
modelos sociales y económicos, incluida la reconstrucción del Estado del
bienestar, será imposible orientar las estrategias de producción y
desarrollo hacia mercados internos incluso si, dicho técnicamente, los
recursos necesarios existen. Incluso en China, pronto estará claro, los
mercados internos no “despegan” sin la implementación de reformas
sociales y una masiva redistribución de la riqueza. (...)
Ahora
enfrentamos la formidable tarea de crear un nuevo modelo de Estado del
bienestar que no solo incluya la democracia como un elemento interior
que funcione, sino que también se base en una expansión de prácticas
democráticas fuera de la política, hacia las esferas económica y social.
Este
modelo no puede depender de la actual jerarquía de Estados ricos y
pobres en el sistema mundial y, por cierto, debe actuar como un medio
para superarlo. ¿Es factible esa tarea? Creo que a largo plazo lo es,
pero solo mediante un proceso revolucionario que debe tener lugar a
escala internacional. Este proceso solo acaba de comenzar, y ahora
estamos en su primera etapa.(...)
Otro aspecto de la
nueva política tiene que ser la recreación y desarrollo de mercados
internos. Eso no se puede lograr sin proteccionismo, ¿pero qué tiene de
malo? La protección da malos resultados cuando sirve el interés creado
de elites locales contra competidores extranjeros, pero no hay motivo
por el cual no podamos proteger nuestro bienestar y bienes públicos
contra los intentos de arrebatárnoslos.
Cuando los
productos son baratos por sobre-explotación de la mano de obra y del
entorno, tenemos derecho a cerrar nuestros mercados a esos bienes,
contribuyendo así a la mejora de estándares laborales y del entorno en
otros sitios.
El desarrollo de mercados locales no
debería, sin embargo, estar basado en más consumismo; la mayor parte de
la nueva demanda debería ser generada por necesidades colectivas y
consumo colectivo.
Se necesita buen transporte público y
viviendas asequibles, junto con acceso a Internet universalmente
disponible, financiado públicamente, programas culturales, e
investigación científica y desarrollo orientados hacia necesidades
populares como la atención sanitaria y la limpieza del medio ambiente.
Por
último, y no menos importante, se necesita nueva infraestructura para
suministrar energía, agua y comunicaciones. Son las nuevas demandas que
impulsarán la economía de un modo mucho más poderoso que el consumo
individual.
Finalmente, no podemos tener una nueva
economía sin un nuevo sector público. La mayoría de las privatizaciones
de las últimas décadas han sido fracasos, algo que ahora es ampliamente
aceptado por el público, por expertos e incluso por los medios.
Las
elites acaudaladas ahora se ven obligadas a reconocer que la
privatización no ha funcionado, pero por razones obvias no quieren
revertirla. La tarea de revertirla, por lo tanto, recae sobre
nosotros.(...)
Necesitamos un nuevo modelo de empresa
pública basado en la franqueza, en la eliminación de las fronteras
dentro del sector público y en nuevos criterios de eficiencia que
incluyan la contribución al desarrollo social.
Tenemos
que socializar el sistema bancario, eliminando la especulación
financiera y alentando la inversión, mientras se suministran
microcréditos a pequeñas empresas y a municipios para la creación de
empleo y para la experimentación tecnológica a nivel local.
La
energía y el transporte deben convertirse en servicios públicos, así
como la atención sanitaria y la educación, y gran parte de la producción
orientada hacia esos sectores también debe ser realizada por empresas
públicas.
Esto debería formar parte de un esfuerzo
general para lograr más interacción e integración. Productores, usuarios
y consumidores deben cooperar directamente mediante redes públicas.
Si
algo es público, no significa automáticamente que pertenezca al Estado.
No obstante, la propiedad pública se crea mediante la propiedad
estatal, y si hay que hacer nacionalizaciones (no hay otra manera de
crear un nuevo sector público), tenemos que transformar el Estado."
(Rebelión, 16/11/2011, 'Políticas económicas después de la muerte del neoliberalismo', de Boris Kagarlitsky , Links/Znet)
Artículo 129 de la Constitución española: Los poderes públicos... establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción - Implantar la democracia económica en España es constitucional
22.11.11
El ascenso de China ha afectado al potencial de desarrollo de la periferia del capitalismo mundial con más fuerza que al núcleo del sistema
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