22.11.11

El ascenso de China ha afectado al potencial de desarrollo de la periferia del capitalismo mundial con más fuerza que al núcleo del sistema

"El sistema neoliberal se basaba en explotar la mano de obra barata. Esa carrera hacia el fondo llevó primero a pérdidas de puestos de trabajo en Europa, pero pronto los trabajadores latinoamericanos, norteafricanos e incluso asiáticos se convirtieron en sus víctimas.

Muchos empleos industriales se fueron a China: en los hechos, el ascenso de China ha afectado al potencial de desarrollo de la periferia del capitalismo mundial con más fuerza que al núcleo del sistema.

Europa ya no pierde tantos puestos de trabajo hacia China, pero sí los países latinoamericanos. De muchas maneras, las revoluciones árabes de 2011 fueron provocadas por esta lógica del crecimiento sin desarrollo, se han eliminado verdaderas oportunidades de crear buen empleo industrial.

Por lo tanto, la conversión a economías de servicios y finanzas ha tenido lugar no solo en los países del núcleo sino también en la periferia. Además, no tuvo nada que ver con nuevas tecnologías.

Fue el resultado de la destrucción del Estado del bienestar, de la creciente debilidad de los mercados internos y del paso a la mano de obra barata que, en los hechos, ha bloqueado la innovación tecnológica y el desarrollo en el campo de la producción.

La innovación de la que oímos hablar estos días pocas veces tiene algo que ver con la producción de bienes. Se relaciona sobre todo con el consumo; la mayoría de los “productos innovadores, revolucionarios” que encontramos no tienen nada de nuevo, sino que solo representan maneras de vendernos diferentes versiones de las mismas mercaderías y de obligarnos a reemplazar las antiguas.

Los consumidores y el sentido común se resisten a ese absurdo, ralentizando así la economía global que no puede avanzar sin ellos. (...)

La llamada financiarización del capitalismo global no es la causa de la actual crisis, sino que representa en sí una secuencia de cambios mucho más importantes, la degeneración y eliminación del Estado del bienestar, acompañada inevitablemente de salarios más bajos y mercados internos más débiles.

La creciente importancia de los mercados internacionales y globales es inseparable del estancamiento y declinación de sus contrapartes nacionales. Ahora, sin embargo, llegamos al punto en el cual esa decadencia interna imposibilita la continuación del crecimiento global.

Sin cambios radicales de los modelos sociales y económicos, incluida la reconstrucción del Estado del bienestar, será imposible orientar las estrategias de producción y desarrollo hacia mercados internos incluso si, dicho técnicamente, los recursos necesarios existen. Incluso en China, pronto estará claro, los mercados internos no “despegan” sin la implementación de reformas sociales y una masiva redistribución de la riqueza. (...)

Ahora enfrentamos la formidable tarea de crear un nuevo modelo de Estado del bienestar que no solo incluya la democracia como un elemento interior que funcione, sino que también se base en una expansión de prácticas democráticas fuera de la política, hacia las esferas económica y social.

Este modelo no puede depender de la actual jerarquía de Estados ricos y pobres en el sistema mundial y, por cierto, debe actuar como un medio para superarlo. ¿Es factible esa tarea? Creo que a largo plazo lo es, pero solo mediante un proceso revolucionario que debe tener lugar a escala internacional. Este proceso solo acaba de comenzar, y ahora estamos en su primera etapa.(...)

Otro aspecto de la nueva política tiene que ser la recreación y desarrollo de mercados internos. Eso no se puede lograr sin proteccionismo, ¿pero qué tiene de malo? La protección da malos resultados cuando sirve el interés creado de elites locales contra competidores extranjeros, pero no hay motivo por el cual no podamos proteger nuestro bienestar y bienes públicos contra los intentos de arrebatárnoslos.

Cuando los productos son baratos por sobre-explotación de la mano de obra y del entorno, tenemos derecho a cerrar nuestros mercados a esos bienes, contribuyendo así a la mejora de estándares laborales y del entorno en otros sitios.

El desarrollo de mercados locales no debería, sin embargo, estar basado en más consumismo; la mayor parte de la nueva demanda debería ser generada por necesidades colectivas y consumo colectivo.

Se necesita buen transporte público y viviendas asequibles, junto con acceso a Internet universalmente disponible, financiado públicamente, programas culturales, e investigación científica y desarrollo orientados hacia necesidades populares como la atención sanitaria y la limpieza del medio ambiente.

Por último, y no menos importante, se necesita nueva infraestructura para suministrar energía, agua y comunicaciones. Son las nuevas demandas que impulsarán la economía de un modo mucho más poderoso que el consumo individual.

Finalmente, no podemos tener una nueva economía sin un nuevo sector público. La mayoría de las privatizaciones de las últimas décadas han sido fracasos, algo que ahora es ampliamente aceptado por el público, por expertos e incluso por los medios.

Las elites acaudaladas ahora se ven obligadas a reconocer que la privatización no ha funcionado, pero por razones obvias no quieren revertirla. La tarea de revertirla, por lo tanto, recae sobre nosotros.(...)

Necesitamos un nuevo modelo de empresa pública basado en la franqueza, en la eliminación de las fronteras dentro del sector público y en nuevos criterios de eficiencia que incluyan la contribución al desarrollo social.

Tenemos que socializar el sistema bancario, eliminando la especulación financiera y alentando la inversión, mientras se suministran microcréditos a pequeñas empresas y a municipios para la creación de empleo y para la experimentación tecnológica a nivel local.

La energía y el transporte deben convertirse en servicios públicos, así como la atención sanitaria y la educación, y gran parte de la producción orientada hacia esos sectores también debe ser realizada por empresas públicas.

Esto debería formar parte de un esfuerzo general para lograr más interacción e integración. Productores, usuarios y consumidores deben cooperar directamente mediante redes públicas.

Si algo es público, no significa automáticamente que pertenezca al Estado. No obstante, la propiedad pública se crea mediante la propiedad estatal, y si hay que hacer nacionalizaciones (no hay otra manera de crear un nuevo sector público), tenemos que transformar el Estado."                     (Rebelión, 16/11/2011, 'Políticas económicas después de la muerte del neoliberalismo', de Boris Kagarlitsky , Links/Znet)

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