"Nadie tiene la culpa. Y si la hay, se la echan a su antecesor en el cargo.
Someramente, es lo que han dado de sí las cuatro primeras sesiones de
la comisión del parlamento de Cataluña que investiga el derrumbe de las
cajas catalanas y el perjuicio causado a los ciudadanos que compraron
preferentes o han sido desahuciados.
Hasta ahora se ha centrado en
Catalunya Banc, la antigua Caixa Catalunya. Hoy nacionalizada, suma
12.000 millones euros de inyecciones públicas y afronta el despido de 3.000 empleados y el tercer intento de venta.
Han comparecido cuatro expresidentes, un director general, los
sindicatos. Nadie asume nada. Ni siquiera su accionista mayoritario, el
Fondo de Reestructuración y Ordenación Bancaria (FROB), sobre las dos
subastas fallidas.
Los comparecientes han dirigido la entidad —fruto de la fusión en
2009 de las cajas de Catalunya, Manresa y Tarragona— desde 1984 hasta el
pasado mes de mayo. Los momentos de autocrítica se pueden contar con
los dedos de una mano. Como cuando el lunes pasado el expresidente
Antoni Serra Ramoneda soltó: “La culpa de lo que ha pasado la tenemos
todos, aquí todo el mundo ganaba dinero”.
Todo el mundo lo hacía y se ganaba mucho dinero, acaba saliendo de la
boca de los comparecientes. Ya se hable de comprar la aseguradora MNA en
1995, —una pesadilla que ha acabado costando entre 210 y 300 millones—;
de invertir en ladrillo hasta con promociones en Polonia sin valorar el riesgo
—la justificación es que durante años dio grandes beneficios—; de abrir
oficinas por toda España sin estudiar su viabilidad; de emitir
preferentes desde las islas Caimán —porque así lo establecía el Banco de
España—; de dar hipotecas a 40 años a mileuristas —¿quién iba imaginar
tasas de paro de más del 25%?— de fiar decisiones estratégicas a
consultoras carísimas, —para eso les pagaban seis millones al año—; de
votar el salario de directivos que cobraban un dineral —si eran sueldos
de mercado—… (...)
“Sí está sirviendo para ver el delirio en el que se convirtieron las
cajas cuando se pusieron a hacer de bancos sin que los directivos
estuvieran capacitados y sin que nadie rindiera cuentas”, opina el
diputado de Ciutadans Jordi Cañas, que protagoniza duros
interrogatorios.
“Por ahora la conclusión es que había manga ancha con los equipos
directivos, que tenían mucho poder”, acuerda la diputada del PSC Alicia
Romero, y “se dejaron llevar por la vorágine”. Desde ICV, Josep Vendrell
apunta al “abismo entre lo que costará el rescate de las nacionalizadas
a los ciudadanos y la asunción de responsabilidades, que no puede
quedar impune”.
También de impunidad hablan los diputados de la CUP.
David Fernández ha llamado “ladrones” a los expresidentes Narcís Serra y
Adolf Todó: les ha leído la definición del término y les ha exigido que
“devuelvan” sus pensiones “estratosféricas”. (...)
La tercera sesión bajó a las oficinas, con el impactante relato de los sindicatos —que votaron los sueldos de la cúpula— sobre las presiones de la dirección y el "clima de terror"
en el que trabajan, empujados a vender más tarjetas y seguros, colocar
más hipotecas y dando la cara ante los 80.000 clientes afectados por
preferentes que se vendieron con información falsa. Los empleados tienen
un teléfono de atención psicológica las 24 horas del día. (...)" (El País, 04/08/2013)
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