26.9.13

Si Grecia, Portugal, España e Italia salen del euro, el euro alemán se revaloraría un 20%. Sus productos serían prohibitivos

"(...) Para Claus Offe el euro supuso un gran error que no es posible rectificar; nadie quiere ni reconocer, ni explicar, pues tendría implicaciones en los supuestos donde se asienta toda la política europea y nacional. El euro fue el arreglo a final del siglo XX entre Helmut Kohl y François Mitterrand. Aceptado sin siquiera el mínimo debate político entre aplausos.

Desmontar el euro tendría efectos mucho más devastadores que su creación. Avanzar adelante resulta imposible. Europa vive en una contradicción imposible. Peer Steinbrück calificó la situación de Fukushima económico el octubre pasado en el Bundestag.

 Las amenazas de salida de Grecia, Portugal, España e Italia de la zona euro, con devaluación del 40%, se revaloraría la moneda un 20%, sea marco o un euro para el club de países del centro. 

Los productos alemanes serían prohibitivos lo que hundiría su economía. Las medidas adoptadas son apaños para mantener un status quo insostenible. (...)

Claus Offe ve un falso dilema. No es Europa o el euro, sino una Europa democrática, integrada en lo político y económico pero, quizá, tener un euro más flexible. La moneda danesa sirve de ejemplo, vinculada al euro mantiene un margen para ajustar su competitividad nacional a la europea.

 El dólar durante un tiempo permitía fijar ajustes que eviten desequilibrios. El euro ha creado divergencias y desequilibrios explosivos ahora imposible de retroceder ni avanzar.

 Europa está acorralada, en una encrucijada. Llevamos cinco años de crisis. Los políticos se dejan apabullar por el día a día, sin capacidad de enmarcar los problemas. Aquello que resulta impopular, se trata de evitar. Mutualizar la deuda a gran escala será ineludible; no se puede vender que la salida de la crisis será un desayuno gratuito.(...)

 El Tratado de Maastricht es simple: la periferia debía de realizar reformas, mejorar su competitividad, apoyada con fondos de cohesión, que traería la convergencia. El resultado fue el opuesto, se alimentó explosivos desequilibrios y divergencias entre el centro y la periferia. 

No hay democracia europea que sea capaz de gobierna la crisis europea. No hay “tributación sin representación” es el lema que lleva ante el Tribunal Constitucional alemán todos los acuerdos del Consejo Europeo, si siquiera acepta que sean refrendados por el Bundestag. 

El fantasma del “riesgo moral”: se aprovecharán de nuestra “confianza”; se ve reforzado por los enormes casos de corrupción. ¿Los países del norte acaban de descubrir el mediterráneo? ¿Quién se le ocurrió un euro ante las enormes divergencias? (...)"                   (Jordi Ortega , La Vanguardia, |

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