"(...) Al no tener papeles y no hablar español le resultó difícil encontrar empleo. Una mañana, un compatriota le informó de que en el Centro Social Patio Maravillas
daban clases de español. Ibraima se inscribió en este curso al que
todavía asiste.
En la situación precaria en la que se encuentra decidió,
junto a otros jóvenes que frecuentan los talleres del Patio Maravillas,
formar en 2011 una cooperativa de autoempleo con servicio de catering
llamada Jumbo. En este catering se ofrece comida típica africana en
reuniones y eventos.
“Recuerdo que de niño pasaba por la cocina y decía
‘mamá tengo hambre ¿falta mucho?’ Ahora soy yo el que cocino”, ríe.
“Nunca en mi vida voy a olvidar el Patio, han hecho muchísimo por mí.
Los abogados me han sacado muchas veces de la comisaría, allí tengo las
clases de español y nos ayudan con la cooperativa, se preocupan mucho
por mí”, añade emocionado.
Un viernes, alrededor de las 22h., Ayoub Adam, estudiante marroquí de
18 años, está sentado marcando el teléfono. “Nada, hoy no hay suerte,
no entra la llamada”. Llegó en 2010 junto a su madre y hermana. Él
también frecuenta el Patio Maravillas para llamar gratis a sus amigos en
Marruecos, asistir a algunas clases de baile o simplemente pasar el
tiempo con sus colegas.
Johnattan Rupire, peruano, es especialista en Inmigración y una de
las personas que gestiona este centro. Resalta que, desde 2007, la Oficina de Derechos Sociales
(ODS) ofrece actividades como asesoría jurídica para inmigrantes,
clases de castellano, campañas dirigidas al cierre de los Centros de
Internamiento de Extranjeros y el fin de las redadas racistas.
“Todas
las actividades son gratuitas por naturaleza, no se entiende de otra
forma, la idea es generar riqueza, flujos de información para el
procomún, esto es de todas y todas lo utilizamos organizadamente”.
“Hay que pensar que los problemas de mi vecino son mis problemas”, dice uno de los miembros que conforman la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.
Es martes por la tarde y unas 50 personas, en su mayoría inmigrantes,
se reúnen en el Centro Social Seco para recibir asesoría colectiva y
gratuita, ante la posible pérdida de sus viviendas.
Tras una breve
explicación se pasa a la ronda de preguntas. Carlos Romero, ecuatoriano,
es el primero en explicar su caso. “Mi hipoteca era con Bankia, al no
saber cómo afrontar la situación contraté a una abogada a la que pagué
un total de 5.300 euros.
Yo le pedía recibos de los pagos que iba
haciendo a la abogada, pero ella me decía que no era necesario. Un día
me llamaron del banco y me dijeron que mi casa ya no me pertenecía, allí
me di cuenta de que la abogada no había hecho ningún trámite para
impedirlo. Me quitaron mi casa, donde vivía con mis nietas”.
Jamina Azdad, marroquí de 36 años, viene a Seco porque su hermana le
informa de las asambleas. Hace cuatro meses dejó de pagar a Caja España y
busca como muchos la dación en pago, entregar la vivienda al banco a
cambio de que la deuda quede liquidada. “Me bajaron el sueldo, las pagas
extras. No llegaba a fin de mes porque tengo tres hijas que mantener.
Aquí nos apoyan, nos orientan, estoy bastante informada”.
Más de 40 personas se reúnen en el Centro Social EKO, que surge en el estallido del movimiento 15M tras la ocupación de un edificio abandonado durante más de 14 años.
Hoy, un miembro de la PAH asesora a los vecinos del barrio de Carabanchel. Hablan de las cláusulas abusivas que han sufrido por parte de los bancos y se informan de cómo recurrir estas penalizaciones. El EKO ofrece sus instalaciones a la Asamblea de Vivienda de Carabanchel.
Hay tres actividades del grupo de vivienda. Una es la ayuda en el marco
jurídico ante los posibles desahucios, para realizar acompañamientos de
negociación en los bancos contando con el apoyo de abogados para ello.
Las otras dos son proyectos de apoyo mutuo: la tienda gratis y la de
alimentación. La primera es una tienda de ropa en la que prima el
intercambio equitativo y equilibrado.
En el proyecto de alimentos
participan personas en paro con problemas hipotecarios. Consiguen
productos en los mercados, en los pequeños comercios más solidarios.
Luego, cada uno de ellos recibe una cesta con los alimentos que han
recolectado con mucho esfuerzo. Unas 30 cestas que corresponden a 30
hogares.
“La gente tiene mucha hambre, mucha necesidad. El que necesite
alimentos tiene que comprometerse y apoyar en las actividades. No hay
solución individual, la solución es colectiva”, afirma una de las
personas que forma parte de este proyecto y que no quiere que se cite su
nombre porque, comenta, sus palabras las puede decir cualquiera de las
personas que participan.
Estos centros sociales se han convertido en espacios para combatir la
crisis y recrear una alternativa al actual sistema en la que la
colaboración, trabajo, compromiso, interculturalidad y solidaridad son
claves para superar esta difícil etapa. Como dice Milton Aro, miembro de
la PAH, “esto no es caridad, es solidaridad”. (Diagonal, 24/09/2013)
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