"Aunque las medidas de BCE han buscado
evitar el riesgo deflacionario, la caída sistemática de los precios
continúa imparable. La zona euro se enfrenta al peligroso riesgo de la
deflación, muy similar al Japón de principios de los 90, y esto obligará
al BCE a tomar medidas aún más audaces como una nueva rebaja de los tipos y llevar la tasa real de interés a nivel negativo.
Los riesgos de la desaceleración global continúan extendiéndose a
medida que Estados Unidos no puede impulsar su deteriorado sector
industrial y China comienza seriamente a dar más prioridad a su mercado
interno. De ahí que los riesgos deflacionarios estén latentes y la
experiencia de Japón vuelva al primer plano.
Una vez que la tasa de
inflación descendió por debajo del 1%, la economía japonesa se desplomó y
entró en la inmanejable espiral deflacionaria ante al débil entorno de
la economía global post crisis asiática. Esto demostró que la deflación
tiene efectos más perversos que la inflación, su archienemigo y al cual
siempre se le teme.
De acuerdo a los datos de Eurostat, el indice de precios al consumidor bajó del 1,1% de septiembre al 0,7% en octubre, el nivel más bajo desde el estallido de la crisis en 2008. Y ante la persistente caída del comercio mundial, todo indica que puede continuar este descenso.
De acuerdo a los datos de Eurostat, el indice de precios al consumidor bajó del 1,1% de septiembre al 0,7% en octubre, el nivel más bajo desde el estallido de la crisis en 2008. Y ante la persistente caída del comercio mundial, todo indica que puede continuar este descenso.
La profunda
desaceleración que sufre Europa ha llevado a perder el objetivo de 2 por
ciento anual en la inflación y esto eleva el riesgo de sumergir a
España, Italia y Portugal en una depresión aún más prolongada que
infligiría serias heridas a la eurozona.
Para España e Italia, donde el desempleo en septiembre marcó un nuevo récord de 12,5 por ciento (aunque en España se mantuvo en 26,6 por ciento),
la caída de los precios es en parte el resultado de la competencia. El
alto desempleo obliga a estos países a competir con precios bajos para
ofrecerlos con ventaja al resto del mundo.
En este caso la deflación es
un resultado de un proceso natural de la competencia ante un entorno de
gran debilidad. Y como la deuda privada y el déficit público sigue en
aumento, el derrumbe de los precios tiene efectos perversos en el
control de la deuda y el aumento de la morosidad.
Si la inflación es el resultado de “mucho dinero persiguiendo pocos
bienes”; la deflación es el resultado de “poco dinero para demasiados
bienes”. Si la crisis ha hundido la velocidad de circulación del dinero,
el velocidad en la producción de bienes sigue imparable como resultado
de las poderosas fuerzas industriales en ejecución.
A modo de ejemplo,
la inversión en capital fijo de China alcanzó los 4 billones de dólares
el año pasado y la magnitud de este hecho está llevando a un enorme
exceso de capacidad productiva industrial que transmite un impulso
deflacionario a toda la economía mundial.
La deflación, o una inflación reducida, es particularmente una mala
noticia para Europa dado que tiende a asfixiar e inmovilizar la
economía. Si la inflación carcome el valor real de la deuda y la hace
más fácil de soportar, la deflación consigue todo lo contrario y la hace
insoportable. Si la inflación consigue “licuar” la deuda y hacerla más
manejable, la deflación consigue el efecto opuesto.(...)" (El blog salmón, 01/11/2013)
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