27.12.13

La gran empresa alemana se deslocalizaba a China, mientras la periferia europea sustituía producción por importaciones y destruía empleo.

"(...) Lo que sí hizo el euro, apunta Jorge Fonseca, fue “reforzar la división centro/periferia en la Unión Europea”. El centro gira en torno al Bundesbank y las transnacionales alemanas, que actúan, en cierta medida, en alianza con las multinacionales francesas y británicas (aunque Gran Bretaña no forme parte de la moneda única, funciona como un gran paraíso fiscal a través de la City londinense).

 Entre 2002 y 2010 el Banco Central Europeo (BCE) propulsó una revalorización del euro del 80% (de 0,90 a casi 1,60 dólares por euro). Alemania acumulaba un creciente superávit comercial mientras la periferia de Europa se sumía en déficits cada vez mayores. 

Además, una parte de la gran empresa alemana se deslocalizaba a China, mientras la periferia europea, cada vez menos competitiva, sustituía producción por importaciones y destruía empleo.

Las gráficas señalan una realidad elocuente. A medida que se revalorizaba el euro frente al dólar, aumentaba el saldo de la balanza comercial alemana y, del mismo modo, se reducía el de países como España. “Es la diferencia entre exportar chiringuitos de la playa y productos Siemens”, ironiza Jorge Fonseca. 

Y existe también una diferencia de estrategias empresariales. Un producto alemán (de una transnacional germana) puede perfectamente fabricarse en un 80% en China, y sólo rematar en Alemania la fase final. Así se logra vender con un precio final ventajoso. Ahora bien, Alemania se queda siempre con la fase de la producción industrial que genera valor añadido.

España, por el contrario, no dispone de una base industrial sólida. Por ejemplo, la industria automovilística se halla en manos extranjeras y el país no se beneficia de ella. “Sólo con lo que el estado se gasta en mantener los empleos en la Volkswagen o los subsidios para que estas empresas no desplacen su producción, podría haberse desarrollado otra industria en España”, apunta el economista de ATTAC.

 ¿En qué ha beneficiado a España y la periferia europea la política del euro “fuerte”? Ha permitido una capacidad de compra alta y de manera relativamente barata de los productos alemanes. “Pero a costa de un notable déficit comercial y de destruir puestos de trabajo en tu país”.

Y llega la crisis (finales de 2008). Frente a los lugares comunes propalados por los medios conservadores, el gasto público no explica en absoluto la debacle económica. En 2008 la deuda pública en España representaba el 38% del PIB, una tasa perfectamente asumible. Y tras varios años de superávit fiscal (del 2,2% en 2007), es precisamente en 2008 cuando vuelven a registrarse déficits en las cuentas públicas. 

Según Fonseca, “el déficit y la deuda lo provocan sobre todo la caída recaudatoria que sucede a la crisis”. Además, el problema no es el gasto estatal, sino “los negocios de la mafia”, porque “¿cómo se explica, si no, que España sea el segundo país del mundo, después de China, en líneas de alta velocidad ferroviaria?”.

Se acabó la época del consumismo exacerbado, de la “burbuja” de la construcción, alimentada gracias al euro (que favorecía la petición de préstamos en la moneda única) y al descenso de los tipos de interés. Se vivía en la ficción de que todos estos procesos y adquisiciones a crédito resultaban baratos.

 Al final del festín, según Jorge Fonseca, “todos los negocios de las mafias de promotores los hemos financiados con nuestras nóminas en las cajas de ahorros”. Y tampoco la política de abaratar despidos y reducir salarios empezó con la crisis. “Viene de tiempo atrás, sólo que actualmente ha llegado a niveles extremos”, matiza el docente. (...)"          (Entrevista a Jorge Fonseca, Rebelión, 25/12/2013)

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