"(...) Aunque algún ministro lo niegue, los salarios reales han descendido
tanto en nuestro país que a veces cuesta más dinero ir a trabajar que
quedarse en casa. Y no es un cuento sobre pobres de solemnidad o
inmigrantes sin techo, a los que hay que dar limosna porque es Navidad.
La devaluación interna está siendo de tal calibre que el sur de Europa
será estudiado algún día como ejemplo del final de una era: la era en la
que la cohesión social se esfumó y su espacio fue ocupado por una
brecha cada vez mayor en los niveles de renta.
La era en la que el
Estado y sus políticas de bienestar se convirtieron en basura y se
colaron por las rendijas de las alcantarillas. Pero, ni el aumento de
las disparidades, ni la bajada de los salarios, ni la mejora de las
exportaciones, ni la disolución del Estado de Bienestar, ni los efluvios
de la globalización, ni la Troika con su lámpara de Aladino, ni las
plegarias de algunos miembros del gobierno están logrando reducir el
paro. (...)" (José Antonio Nieto, Público, 20/11/2013)
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