"Un escaso crecimiento de la economía después de cinco años encadenando
recesiones ha servido al Gobierno de Rajoy para apuntar con una bandera
blanca hacia la luz al final del túnel. (...)
Sin embargo, ni Europa arranca, ni la deuda se reduce, ni el BCE se ha
lanzado todavía a una expansión monetaria más allá de los manguerazos de
liquidez a la banca. En septiembre y octubre del año pasado, la
actividad se desmoronó. Y en parte por la comparación con estos meses
tan malos, ahora se aprecia un cierto rebote empujado por el efecto
estadístico. De hecho, varios indicadores recogidos por Vozpópuli
demuestran que la recuperación se antoja todavía muy titubeante.
1) La deuda externa: (...) Pues bien, después de que volviesen unos 50.000 millones de dinero
foráneo a comprar emisiones del Tesoro, la deuda externa continúa en
unos niveles similares, sobre el 90 por ciento del PIB. El desequilibrio
sigue ahí.
2) La productividad: la productividad prácticamente evoluciona de la mano del paro. Cuanto
más desempleo, más productividad, lo cual implica que estamos mejorando
nuestra competitividad a costa de echar a trabajadores y hacer lo mismo
con menos gente. (...) Y así se da la increíble paradoja de que todo lo que vendemos fuera se consigue a fuerza de vender menos dentro.
3) Los beneficios de las empresas y la inversión: (...) todavía seis de cada diez empresas acumulan pérdidas, de acuerdo con los
datos de la Agencia tributaria. Y sin beneficios no puede haber
inversión y por ende empleo.
4) El desendeudamiento de los hogares: pese a que las empresas avanzan a buen ritmo en su proceso de
desapalancamiento, no sucede así con las familias. Y ello puede tener en
parte una explicación. Mientras que los costes de las empresas se han
reducido drásticamente, los precios no se han recortado en la misma
medida. (...)
5) El número de empresas exportadoras: las
exportaciones avanzan a tasas anuales auténticamente portentosas. Sin
embargo, aunque aumenta la cifra de compañías que venden fuera, el
número de empresas que exportan regularmente se mantiene estable en
torno a las 40.000. (...)
6) La fragmentación financiera: las pymes españolas no
consiguen crédito para circulante o inversión. Y cuando lo logran, pagan
por ello el doble que una empresa grande española o casi el triple que
una pyme alemana. (...)
7) La morosidad: la mora constituye un serio problema
se mire por donde se mire. Es un problema para la banca, pues amenaza
con erosionar de nuevo sus balances. Es un problema para las pequeñas
empresas proveedoras de las grandes, ya que según el observatorio de
Cepyme el 66 por ciento sufren retrasos a la hora de cobrar. (...)
8) La fragilidad de los ingresos públicos: pese a haber
tomado medidas tributarias para aumentar la recaudación por valor de
30.000 millones, los ingresos apenas han aumentado en unos 10.000
millones, debido a que las bases imponibles se hunden y una parte de la
actividad se desplaza hacia la economía sumergida buscando la
supervivencia. (...)
9) El déficit presupuestario: pese a que aparentemente
el déficit público ya no preocupa a nadie, de acuerdo con las
estimaciones de la Comisión Europea su cumplimiento todavía presenta
riesgos en 2013 y 2014.(...)
Aunque a Europa le interese vender que sus recetas funcionan, el camino
hasta que se estabilice la deuda será largo y complejo. Las palabras
mágicas del presidente del BCE afirmando que haría todo lo que fuese
necesario para salvar el euro surtieron efecto y calmaron el pánico.
Pero la recuperación en ciernes todavía se vislumbra temporal, cíclica
y, en definitiva, demasiado frágil. Esperemos que la luz al final del
túnel no sea otro tren." (Antonio Maqueda, Vox Pópuli, 20/11/2013)
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