"(...) El primer escenario, permanecer en el euro, es una posición defendida
fundamentalmente por los gobernantes europeos. Sus argumentos se
centran básicamente en que no existe vuelta atrás, donde el euro es una
cuestión central de la política económica.
Las cuestiones que se
defienden para justificar la continuidad están relacionadas únicamente
con el sector financiero y empresarial, en ningún momento se justifica
la permanencia en el euro con cuestiones sociales. Desde esta posición,
la ruptura de la eurozona no tiene cabida, pero curiosamente los bancos y
las grandes empresas se adecúan como si realmente esto fuera a ocurrir.
Uno
de los autores que defiende la permanencia en el euro es Andrew Watt,
Director del Instituto de Política Macroeconómica de la Fundación Hans
Böcker. Al no existe ninguna disposición legal para que un país pueda
abandonar el euro, cree que los costes serían indeterminados y
probablemente muy altos.
Interpreta que una salida de un país daría
lugar a una rápida desintegración a través de los efectos de contagio,
donde el deseo democrático de otros países a permanecer dentro de la UM
sería pisoteado por los mercados financieros. Entiende además, que la
salida de un país puede ocasionar una retirada máxima de depósitos
bancarios, no sólo en el propio país, sino en otros países cuya
población y gobierno han decidió permanecer en el euro.
Le preocupa que
la posterior devaluación ocasione una inflación elevada, un caos
monetario y una inmediata parada de las importaciones; igualmente le
preocupa que al dejar el euro uno o varios países, se produzca no sólo
una estampida de ciudadanos sino también de inversiones. (...)
El segundo escenario: salir del euro. Se está desmantelando poco a
poco el Estado de Bienestar en cada uno de los países de la UE. Las
políticas neoliberales están consiguiendo lo que la derecha siempre ha
soñado: reducir los salarios de los/as trabajadores/as, la negociación
individual (frente a la negociación colectiva y frente a los sindicatos
como agentes de la negociación), y el adelgazamiento de lo público a
favor de los intereses privados; además de dejar a los Estados de la
Eurozona desarmados ante los mercados.
Por un lado, los Estados no
pueden intervenir para devaluar su moneda; por otro lado, el Banco
Central Europeo (BCE), no tiene ninguna obligación de actuar. La
situación les lleva a la indefensión ante la especulación de los
mercados financieros, y a aceptar condiciones que día a día deprimen más
sus economías.
Economistas nada sospechosos como Kennet Rogoff,
ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), o cinco
Nobel de Economía, como James Mirrlees Joseph Stiglitz, Paul Krugman,
Christopher Pissarides y Thomas Sargent, dudan de la viabilidad o
supervivencia del euro.
En general, contemplan y recomiendan la salida
del euro y la vuelta a la peseta, no sólo para realizar una devaluación y
ganar competitividad sino para “volver a la peseta e imprimir mucho
dinero y usarlo en inversiones públicas deseables y en políticas de
empleo”.
Desde posiciones de izquierda, uno de los pensadores que está
abanderando las tesis contra el euro se encuentra Castas Lapavistsas,
economista griego (...) En su opinión, es necesario abandonar el euro para evitar “el aumento
de la pobreza, la pérdida de derechos democráticos y de soberanía
nacional en los países periféricos”.
Desde la izquierda alemana, Die
Linke, se cree también en la necesidad de una ruptura de la moneda única
para que el sur de Europa pueda recuperarse.
Entre los autores
españoles, se puede encontrar a Juan Torres López, catedrático de
Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla. En su opinión, “no
contemplar la posibilidad de salir del euro es ya un error que nos va a
costar muy caro”; entiende que para permanecer en el euro, se
necesitaría un diseño distinto y otras políticas contra la crisis.
Gregorio López Sanz, profesor del Área de Política Económica de la
Universidad de Castilla-La Mancha, opina que “si estar en el euro
significa aceptar las consignas estranguladoras de la Troika, salir del
euro no tiene por qué ser una utopía y hasta necesario si no queremos
caer en la quiebra absoluta”.
Viçent Navarro, Catedrático de Ciencias
Políticas y Sociología en la Universidad Pompeu Fabra, entiende que es
urgente que se abra un debate en España sobre “el mérito o demérito de
salirse del euro”, y critica que apenas existan debates sobre este
asunto o que en la “izquierda apenas aparecen artículos que cuestionen
la permanencia de España en el euro”. (...)
En Alemania, el nuevo partido de derechas “Altenativa para Alemania”
–que obtuvo en las últimas elecciones de septiembre sólo el 4,7% de los
votos–, defiende la exclusión de los países del sur fuera de la
eurozona, “porque no cumplen con los requisitos y las reformas
estructurales para permanecer en la moneda única”.
Su presidente, Bernd
Lucke, piensa que “Alemania no debe abandonar el euro, sino los países
del sur”. Interpreta que puede ser una oportunidad especialmente para
países como Portugal o Grecia ya que recobrarían la competitividad de
sus economías.
El tercer escenario, el eurosur, de momento existe
pocas personalidades que argumenten claramente estas posiciones. En
opinión de Oskar Lafontaine, ex ministro de Finanzas alemán y en su día
uno de los precursores del euro, “los alemanes aún no se han dado cuenta
de que el sur de Europa, incluida Francia, se verá obligado por su
miseria actual a luchar contra la hegemonía alemana, tarde o temprano”.
Para contrarrestar esta hegemonía neoliberal, se podría hacer un frente
común entre los PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España). De
esta forma, se reaccionaría de manera sólida y conjunta, con el objetivo
de frenar las políticas de recortes impuestas por la Troika y que tan
bien se acomodan en Berlín. (...)
¿Qué sucedería si se sale del euro y se vuelve a la peseta? No existe
ninguna experiencia similar al euro, por lo que no existe certeza en
los acontecimientos; bien es verdad, que hasta la fecha se han roto
algunas uniones monetarias (Argentina o URSS) que sirven de paradigma.
Entre las diversas cuestiones que pueden surgir, se destacan las
fundamentales:
- Se aplicaría un “corralito” para evitar la “posible” huida de capitales; (aunque el corralito evitaría pocas fugas. Según el Banco de España a “julio de 2012 habían salido de España más de 235.000 millones de euros”). Las personas titulares de cuentas bancarias sólo podrían sacar en efectivo una cantidad máxima que podría ser aproximadamente entre 400-500 euros a la semana.
- Se aplicaría la conversión de la “peseta-euro” (en Argentina se fijó 1 dólar por cada 1,40 pesos), donde las deudas en euros se pasarían a pesetas, produciendo un alivio a los deudores.
- Se tendría que imprimir billetes y hacer monedas en pesetas, y mientras se hace esto, sería necesario estampar un sello en los billetes de euro para poder distinguir los españoles del resto.
- Cuando la peseta empezara a circular, posiblemente se devaluaría de golpe entre un 25-50% (como piensan algunos economistas). Por otro lado, la deuda pública se relajaría al convertirse en pesetas devaluadas.
En el caso de la
ruptura de Argentina con la paridad peso-dólar y al devaluar su moneda,
los productos del país se abarataron y aumentaron su competitividad. Se
incrementó el gasto público, logrando una mayor redistribución de la
renta que desembocó en un crecimiento económico debido al aumento de
demanda interna.
Se logró alcanzar en 10 años una subida del PIB del
90%, convirtiéndose en uno de los países con mayor crecimiento de
Ameríca Latina; además, se redujeron las desigualdades, la pobreza y las
tasas de desempleo. Todo esto fue posible no sólo por romper la paridad
peso-dólar sino a la renegociación de su deuda externa, que posibilitó
una reducción y un menor pago de intereses.(...) " (Ángeles Martínes, Attac España, 08/12/2013)
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