"España estuvo a punto de derrumbarse”, describió Luis de Guindos, el
martes, en Bruselas. Era el primer semestre de 2012, la tormenta
perfecta de la deuda soberana desatada desde verano de 2011 (segundo
rescate griego).
La prima de riesgo (el diferencial del bono español a
diez años con el bund alemán) crecía sin apenas respiro desde febrero de
2012. Nadie quería financiar la economía española. Ni la italiana.
La fea prima llegaría a duplicarse. Hasta su pico máximo intradía
(649 puntos básicos; por 541 la italiana), el 25 de julio. ¿Qué pasó el
día 26 que se cortó el ascenso y empezó el descenso? Que alguien
declamó: “El BCE hará todo lo necesario para sostener al euro, y
créanme, eso será suficiente”. Ese alguien era su presidente.
“Una
palabra del señor Draghi bastó para que la prima de riesgo, no solo de
España sino de todo el Sur de Europa, empezara a caer”, narró en el
Pleno sobre la UE del día 22 el jefe del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba,
enarbolando el gráfico de arriba (que se autoexplica), para excitación
del hemiciclo. La amenaza de derrumbe se alejó.
La caída de la prima “no tiene que ver con medidas concretas de los
países”, su factor “clave es la desaparición, o reducción muy
significativa, del riesgo de ruptura del euro por las medidas del BCE,
no por las políticas nacionales”, decía poco antes el ex-consejero de
Fráncfort, José Manuel González-Páramo (El Mundo, 13 de enero).
Rubalcaba y Páramo solo reflejaban lo ocurrido. El BCE actuó, paró la
sangría y detuvo el pánico. Como la Reserva Federal en septiembre de
2008. Como pugnan por lograr los bancos centrales de los países
emergentes estos días. Lo específico del 26 de julio es que fueron solo
palabras. Mágicas. Sin siquiera medidas. Intervención virtual. Nada
extraño, nada escandaloso. (...)
Rajoy escribió y braceó, sí. Pero el director de orquesta, el que
batalló en los cónclaves, además de Hollande, fue el italiano Mario
Monti. El 20 de junio, una semana antes de la cumbre europea, en la del
G-20 de Los Cabos (México) ya pidió que el BCE comprase bonos de los
periféricos en el mercado secundario (en vez de darles préstamos),
automáticamente, cuando la prima hollase un cierto umbral, y sin planes
de ajuste. “Merece la pena analizar la idea”, apoyó Hollande; el plan
italiano “es inteligente”, asumió García Margallo.
Con variantes, sería el programa OMT (Outright Monetary
Transactions), un programa de compra “ilimitada” de deuda pública, a
tres años, pero bajo “condicionalidad estricta” del solicitante, que el
otro Mario, Draghi, anunció el 2 de agosto, y que remachó su frase
mágica. Cosa de Marios." (
Xavier Vidal-Folch
, El País, 30 ENE 2014 )
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