10.2.14

La “anomalía” francesa, último obstáculo para la hegemonía alemana, toca a su fin

"El 17 de noviembre del 2013 Paul Krugman daba la voz de alarma y denunciaba la existencia de un “complot” contra Francia. Motivo: la rebaja por parte de Standard & Poor’s (S&P) de la calificación del país galo. 

Tomaba nota, de un lado, la campaña de importantes medios internacionales de comunicación económica que calificaban a Francia de autentica “bomba de relojería” potencialmente más grave que España, Grecia o Portugal; analizaba, de otro, las variables macro más importantes del país vecino sin encontrar razón alguna para tanto pesimismo y tanta alarma, sobre todo si se comparaban con las de otros países del denominado “núcleo”.

 Su conclusión no podía ser más contundente: “Francia ha cometido el imperdonable pecado de ser fiscalmente responsable sin hacer sufrir a los pobres y a los desafortunados. Y debe ser castigada”. Dos meses más tarde, el conocido Premio Nobel de Economía vuelve al mismo asunto, esta vez con un titular aún más significativo: Escándalo en Francia.

 El centro de la noticia: el cambio radical de posición del presidente Hollande hacia las tesis neoliberales, reduciendo impuestos a las empresas y recortando el gasto, llegando a reivindicar, nada más y nada menos, que la famosa Ley de Say: “en la realidad la oferta genera demanda”. (...)

El dispositivo europeo es enormemente eficaz: sirve de coartada (Europa lo ha decidido ya), de justificación, (no podemos dar marcha atrás en el proceso de unidad e integración europea que es un bien en sí mismo) y de coerción (no cumplir los tratados es condenarse a salir del euro y de la UE). La clave: desconectar la soberanía popular de las decisiones fundamentales que afectan a las poblaciones. 

Es la otra cara del proceso de integración: consciente y planificadamente se ceden parcelas vitales de la soberanía estatal a instancias no democráticas, ligadas estructuralmente a los grupos de poder económico, que toman decisiones obligatorias para los Estados y para las personas. La Troika es esto: los administradores generales de los poderes económicos unificados tras el Estado alemán.

Hollande quiere, con el apoyo de la patronal y de las instituciones de la Unión, dar por concluida la “anormalidad francesa”. Lo que esto significa es claro: poner fin a un Estado fuerte, capaz de controlar el mercado, asegurar los derechos sociales y garantizar una ciudadanía plena e integral.

 En el centro está la República, sus valores, sus instituciones y, más allá, la legitimidad del sistema político. Hollande afronta un reto común a todos los gobiernos de la zona euro: ¿cómo conseguir en condiciones democráticas que las poblaciones acepten la degradación de los servicios públicos, la pérdida de los derechos sindicales y laborales y el retroceso sustancial en la condiciones de vida de las personas?  (...)

Hay un dato que no se puede olvidar en este contexto y es el papel de Alemania. La cuestión se podría definir del siguiente modo: para que el Estado alemán pueda construir una sólida hegemonía en la UE, los demás Estados deben de ser “menos Estados”, es decir, tiene que haber un debilitamiento estructural de los Estados nacionales y sus instrumentos de regulación y control. Aquí es donde aparece la dimensión geopolítica. 

Francia es el único país que está en condiciones de oponerse a la gran Alemania y liderar a los países del Sur. La Francia republicana, rebelde y nacional-popular sigue siendo la gran reserva espiritual y material de la democracia plebeya. Hablar aquí, como he hecho tantas veces, de Vichy es pertinente. 

De nuevo se produce una alianza de los poderes económicos franceses y el Estado alemán para derrotar al movimiento popular y republicano, a la izquierda realmente existente. Hollande es el eje de esta alianza. No es de extrañar su agresiva política internacional, su alineamiento férreo con los sectores más duros de la Administración norteamericana y su supeditación al Estado de Israel.

¿Alguien se puede extrañar de que, en un contexto caracterizado por la construcción de democracias “limitadas y oligárquicas”, la degradación de las condiciones de vida y la pérdida radical de derechos, crezca la extrema derecha y el populismo nacionalista de Marie Le Pen?"                (Manolo Monereo Pérez, Cuartopoder.es, en Rebelión, 10/02/2014)

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