9.2.14

Un 40% (¡casi la mitad!) de las familias españolas han dejado de celebrar los cumpleaños de sus hijos porque no tienen recursos para pagar una merienda de celebración

"No sé si es exacto que 2,8 millones de niños (uno de cada tres) viven en España en riesgo de pobreza o exclusión social, tal como alertó la semana pasada Save the Children, 8...)

Tampoco puedo confirmar si un 40% (¡casi la mitad!) de las familias españolas han dejado de celebrar los cumpleaños de sus hijos porque no tienen recursos para pagar una merienda de celebración, ni para hacerles un regalo. Pero sé que si los datos de la oenegé internacional son ciertos, nuestra sociedad está enferma de extrema gravedad y no tardará en exteriorizar dramáticamente las convulsiones propias de la fiebre extrema.

También puedo afirmar rotundamente que si la situación de la infancia en España es tan excepcionalmente dramática, resulta una irresponsabilidad que la denuncia no haya revolucionado inmediatamente la sociedad y que las administraciones públicas y los gobiernos no hayan corrido a declarar la alerta y a consensuar un calendario de medidas excepcionales.

No tengo los instrumentos adecuados para corroborar los datos, pero me temo que todo apunta a que la denuncia se ajusta a la realidad: el dossier es completísimo y coincide con las voces de alerta que llegan diariamente de los que trabajan al lado de los sectores más débiles de la sociedad; y, hoy por hoy, ninguna autoridad ha desmentido los datos. (...)

Esta foto desoladora de la infancia española es una más de las muchas que nos llegan cada día de la España devastada por la crisis. Las entidades sociales emiten constantemente nuevas imágenes y el diagnóstico resultante es alarmante. De hecho, los datos son tan duros que a menudo les damos la espalda, confiando en que resulten una exageración. Lo más probable es que no lo sean. (...)

Necesitamos urgentemente que todas estas aproximaciones a la sociedad se transformen en datos agregados y aceptados por todos. Resulta imprescindible la actualización de los estudios sociológicos para descubrir en la medida justa el impacto de la crisis en la sociedad. Y hace falta que los técnicos, los políticos y los ciudadanos nos pongamos de acuerdo con el fin de homologar el resultado, de manera que todos podamos enmarcar en un lugar preeminente la foto exacta de lo que está pasando.

No podemos seguir contemplando los efectos de la crisis con información insuficiente y todavía derivada de metodologías y muestras obsoletas. Tenemos datos de paro y empleo en los que nadie confía, porque esconden realidades como la precariedad, la emigración, los que se borran una vez acabada la prestación o quienes se eternizan en cursos de formación para evitar la rueda de la frustración laboral.

 Tenemos muchos cruces entre economía abierta y economía sumergida, que hacen poco fiables muchas de las metodologías de análisis sobre la capacidad económica de las familias. (...)

Se echa de menos muy especialmente un balance realista del asedio orquestado contra los asalariados y las clases medias, los únicos que han pagado y están pagando la crisis, a menudo a costa de caer desclasados ellos mismos en un inesperado viaje inverso del ascensor social.

 Nadie puede predecir hasta cuándo los asalariados podrán seguir sosteniendo en solitario el colchón social que atenúa los efectos de la crisis sobre los más débiles: los datos de pobreza coinciden en el tiempo con la confirmación de que la economía sumergida llega ya al 25% del PIB español, de manera que la franja de los que pagan es cada vez más pequeña y la carga impositiva cada vez más alta. 

El bocadillo que les están haciendo entre los poderosos que se escapan y los que trabajan en negro es clamoroso y no se podrá sostener mucho más tiempo.

El incremento de la pobreza radical y el estrangulamiento de los asalariados son síntomas alarmantes de lo que nos espera y no encajan ni con la actitud ni con el comportamiento de los que toman decisiones. Me sorprende la incapacidad de los poderosos de asumir de una vez sus obligaciones éticas y morales. 

Y me sorprende también la falta de imaginación y de atrevimiento de los partidos progresistas y de las antiguas organizaciones de clase. Da la impresión de que unos gobiernan para un país que a estas alturas nadie reconoce y otros siguen gritando “no pasarán” cuando ya hace meses que han pasado y nos han anulado derechos que tardamos muchos años en conquistar. 

Resulta imperdonable no haber decretado ya el estado de emergencia nacional, porque seguramente el día que tengamos encima de la mesa la foto exacta del paisaje social surgido de la crisis será tarde."              (Paisaje después de la crisis, de Rafael Nadal en La Vanguardia, en Caffe Reggio, 07/02/2014)

No hay comentarios:

Publicar un comentario