4.2.14

La falta de crecimiento, el paro masivo y la elevada desigualdad son los tres jinetes del Apocalipsis que alimentan la xenofobia, el populismo y el antieuropeísmo.

"Por qué tendría que sorprendernos el aumento del racismo, el antieuropeísmo y el populismo en Europa, si las instituciones y los Gobiernos europeos no hacen nada realmente eficaz para frenar las causas que los alimentan? Todo lo contrario, las políticas frente a la actual crisis financiera y económica fomentan esos movimientos. (...)

¿Cuáles son, entonces, los factores reales que están detrás de esos movimientos xenófobos y populistas? (...)

Cuando la población experimenta un deterioro brusco de sus condiciones de vida y cuando, en esas circunstancias, los Gobiernos aplican políticas de austeridad, la incertidumbre y el miedo al futuro se extienden entre la población.

A su vez, el miedo al futuro entre la población alimenta la xenofobia, el odio al “otro”; y el miedo a la “mecánica del odio” lleva a los Gobiernos a respuestas autoritarias. Por uno y otro lado, los daños los reciben las libertades civiles y la democracia. 

En esta situación vale la pena recordar las palabras del presidente Franklin D. Roosevelt cuando, en su toma de posesión, en medio de la Gran Depresión de los treinta, señaló “que a lo único que debemos temer es al miedo”. (...)

Pero mucho me temo que las circunstancias económicas y la política europea son un factor de riesgo político. Por cuatro razones.

Primera. La agenda oficial de la política económica europea sigue dominada por el objetivo de reducción rápida del déficit, en interés básicamente de los prestamistas. El crecimiento, el paro y la desigualdad no están dentro de sus prioridades reales, son meras declaraciones retóricas.

Segunda. El euro, en su actual lógica de funcionamiento, es como una golden straitjacket, una camisa de fuerza de oro, que impide a las economías de los países en crisis margen para crecer, a pesar de los esfuerzos de sus poblaciones. La apreciación del euro frente a todas las monedas en 2013 se comió las ganancias de competitividad de las reducciones salariales internas. Esto es algo frustrante, que crea resentimiento en la población.(...)

 Tercera. La fragmentación financiera que sufre la zona euro. Un grupo de países tienen que pagar un elevado sobrecoste, de entre 200 y 300 puntos básicos, para financiarse, respecto de lo que pagan otros, como Alemania. Esto es algo que no puede mantenerse mucho tiempo, asesina el crecimiento y el empleo en los países que han de pagar ese sobrecoste. Y es la negación de la propia esencia de una unión económica y monetaria.

Cuarta. La UE está coqueteando con la deflación. Es decir, con una bajada generalizada de los precios. Esto es algo a lo que todo economista sensato teme porque no se sabe cómo hacerle frente.

 Miren el caso de Japón, que lleva en esa situación desde la crisis inmobiliaria de 1992. La deflación es especialmente peligrosa para las economías altamente endeudadas, porque el pago de la deuda es más costoso a medida que los precios y las rentas bajan. (...)

Esos cuatro factores tienen en común que acentúan el estancamiento económico, el paro y la desigualdad en Europa. Y la falta de crecimiento, el paro masivo y la elevada desigualdad son los tres jinetes del Apocalipsis que alimentan la xenofobia, el populismo y el antieuropeísmo. (...)"                   ( ,  El País, 12 ENE 2014 )

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