Partituras y violines en alto, al grito de "Estas son nuestras armas", ante la carga policial en Colón / Foto: Olga Rodríguez
"(...) Hubo emoción, poesía, música y mucha dignidad. “Esto ha sido un
éxito, tenemos que repetirlo de vez en cuando”, decía un representante
de uno de los colectivos organizadores.
La Solfónica, el coro surgido con el movimiento 15M, subió al
escenario levantado en Colón, ante una marea humana que participó en la
manifestación. “Nacimos con el 15M y ahora estamos aquí para unirnos a
este movimiento por la dignidad”, dijeron ante el micrófono.
Sus integrantes interpretaron Nabucco de Verdi y el Canto a la
Libertad de Labordeta. La plaza estaba llena. La gente, mirando al
escenario, cantaba o tarareaba. Eran las ocho y media de la tarde. Fue
entonces cuando los antidisturbios entraron en escena y se produjo la
primera carga policial.
Los agentes irrumpieron en la concentración, avanzaron hasta la mitad
de la plaza y ahuyentaron a parte de los manifestantes. Visto desde lo
alto, su intervención se asemejó a la entrada de una mancha oscura,
debido al color de sus uniformes, que fue apagando el ambiente colorido
creado por las camisetas y chalecos reflectantes de muchos participantes
en las marchas.
La Solfónica dejó de cantar, la gente levantó las manos, los
integrantes del coro alzaron sus violines y partituras y todos corearon
al unísono: “Estas son nuestras armas, estas son nuestras armas”. De
fondo, se escuchaban los disparos de las pelotas de goma de la policía.
La manifestación tenía permiso hasta las nueve de la noche, pero los
agentes no quisieron esperar a que terminara para provocar su
disolución. Alguien desde el escenario habló:
“Recordamos a la policia que está interfiriendo un acto totalmente
legalizado y que abandone la plaza, que está siendo objeto de una
agresión ilegal. Estamos concentrados legalmente, hagan el favor de
abandonar inmediatamente la plaza por favor, no ha terminado este acto, y
está totalmente legalizado”.
La gente gritó “fuera” y “vergüenza”. Las mujeres de la Solfónica
volvieron a cantar: “Habrá un día en que todos, al levantar la vista,
veremos una tierra que ponga libertad”. El contraste de la música, la
gente huyendo y el sonido de los disparos fue una estremecedora
metáfora.
Me topé en uno de los laterales de la plaza con una familia que salía
corriendo asustada ante la carga. Fue así como la manifestación quedó
prácticamente disuelta antes de tiempo, con una despedida atropellada.
La noticia del día, la de una protesta multitudinaria en reivindicación
de la dignidad, se vio empañada en los informativos de las nueve de la
noche por imágenes de las cargas policiales.
En algunas portadas de los diarios de este domingo las Marchas de la
Dignidad aparecen recortadas, estigmatizadas o ninguneadas. Mientras,
una muerte que aún no se ha producido ha acaparado más atención que las
marchas.
El discurso dominante se muestra más preocupado por la restricción
del uso del coche en día de manifestación que por los seis millones de
parados y los tres millones de niños en riesgo de pobreza. Importan más
las marquesinas y los contenedores de las calles que el medio millón de
desahucios y las personas amenazadas con perder su casa. El periodismo
lleva una extraña deriva." (eldiario.es, 23/03/2014)

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