"(...) Es lo que se llama un armario; más ancho que alto, rostro de adoquín y
sobre los cien kilos de peso. Poca broma con Aleksandr Muzichkovo, uno
de los líderes del “Pravy Sektor” (Sector de derechas). Su mera
presencia intimida.
Con su uniforme de camuflaje, a Muzichkovo se le ha
visto poner orden en la fiscalía de la región de Rovno. Agarró por la
corbata a la primera autoridad judicial de la región, un hombre joven y
más bien frágil que no osa replicar la oleada de insultos obscenos que
le dedica el ultraderechista, lo zarandea, lo hace sentar, se excita
mientras continua insultando, le da una colleja. A su alrededor nadie
osa abrir la boca, pero alguien lo graba con su teléfono y lo coloca en
you tube. Estremecedor.
La escena se repite ante la cámara
parlamentaria de la región. Preside Muzichkovo. Sobre la mesa un fusil
kalashnikov. El ultra pregunta en tono amenazante, “¿Alguien quiere
quitarme el fusil?, ¿alguien quiere quitarme el cuchillo?, atrévanse”.
Nadie se mueve. En Odesa el líder de este grupo neonazi me dice que su
modelo en el extranjero es la “Aurora Dorada” de Grecia.
“Pravy
Sektor” se fundó hace muy poco, justo un mes antes de que comenzaran las
protestas en Kíev. Agrupó en una especie de frente popular
“antisistema” a varios de los grupos neonazis, ultraderechistas y
nacionalistas radicales que se reclaman de la tradición de Stepán
Bandera (1909-1959) y su organización armada insurgente (UPA) que luchó
contra el NKVD de Stalin, colaboró con los nazis engrosando la división
“Galitzia” de las SS cuando estos invadieron la URSS en 1941 y acabó
luchando un poco contra todos; los comunistas, los alemanes y la Armia
Krajowa polaca, antes de ser recuperado por la CIA que lo sostuvo con
armas y dinero hasta 1959, cuando Bandera fue asesinado en Munich por
agentes de Stalin con una bala de cianuro.
Bandera tiene hoy
monumentos en Ucrania Occidental, donde su memoria goza de cierta base
popular, pero se le considera una figura negativa en la mayor parte del
resto del país, donde a los fachas se les designa con el nombre genérico
de “banderovski”.
Junto con el partido “Svoboda”, “Pravy Sektor”
y los “banderovski” en general, fueron la fuerza de choque paramilitar
decisiva para mantener a lo largo de tres meses el pulso con la policía
en Kíev. Son pocos, una minoría poco representativa, se dice.
La simple
realidad es que sin ellos no habría sido posible acabar derrocando el
tambaleante gobierno de Viktor Yanukovich. Mientras oficialmente
Washington y Berlín apoyaban a líderes con corbata como el actual primer
ministro Yatseniuk o el ex boxeador Klichkó, otras fuerzas occidentales
potenciaron como mano de obra por debajo al sector ultra.
Dinero y
canales de servicios secretos actuaron en Kíev de la misma forma en que
lo hicieron en otras “revoluciones” contra adversarios. El resultado ha
sido la aparición en la capital de Ucrania de un gobierno, que, sin
poder ser reducido a una galería de radicales de derecha, contiene una
muestra notable de ellos. (...)
En 2004 el partido se transformó en el movimiento “Svoboda”
(Libertad). Un año después Parubi fundó un nuevo partido y en 2012
ingresó en “Batkivshina”, el partido de la ex primera ministra
encarcelada por corrupción, Yulia Timoshenko. En medios
progubernamentales de Kíev se suele decir que “Svoboda” “cambió mucho en
los últimos años”.
Es verdad que en 2006 los radicales del SNPU se
escindieron (hoy muchos de ellos están en “Pravy Sektor”), pero reducir
ese partido a “nacionalistas radicales”, como ha venido haciendo la
prensa anglosajona más influyente en esta crisis, es ingenuo. Bandas
ultras han estado persiguiendo estos días en Kíev a activistas
comunistas. La casa del líder comunista, Petró Siminenko, y la de su
hijo, han sido incendiadas. Ha habido casos de secuestros y palizas.
Poco a poco aparecen nombres. Mucho de todo esto se ha visto exactamente
igual en el otro bando, a cargo de los titushkis lumpen
incontrolados al servicio del gobierno anterior. En Odesa he observado
esta escena de fachas y de prorrusos armados con escudos, cascos y
porras y la conclusión es que se parecen mucho en actitudes,
intransigencia y predisposición a la violencia. La gente no se
identifica con ellos… (...)
En el actual gobierno de Kíev “Svoboda” tiene hoy tres ministros
(ecología, agricultura y educación), además del viceprimer ministro, el
número dos del gobierno, Aleksandr Sich, el fiscal general, Oleg
Majnitski, y por lo menos seis gobernadores de provincias.
La
simple realidad es que el conglomerado radical que fue decisivo para
poner en Kíev un gobierno prooccidental, mediando episodios como la
masacre de manifestantes y policías a cargo de oscuros francotiradores
la víspera del derrumbe de la anterior administración, tiene hoy un
poder real en este país.
Por primera vez desde 1945 un sector claramente
ultraderechista y con impulsos antisemitas controla importantes
parcelas de poder en un gobierno europeo bendecido por la Unión Europea.
Es un escenario a tener en cuenta en Grecia, si los que contestan la
política de Bruselas/Berlín logran llegar al poder en Atenas." (Rafael Poch, La Vanguardia, en Rebelión, 11/03/2014)
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