"Decididamente, una sociedad donde un banquero cobra 5,2 millones de
euros anuales (como Francisco González, Presidente del BBVA), mientras
existen millones de personas en el umbral de la pobreza, en paro, sin
prestaciones, o con trabajos precarios, es una sociedad enferma. Pero no
obstante, aún no se contempla un estallido social de cierta
importancia. (...)
Creo personalmente que la base del problema es que no tenemos
conciencia, en nuestra sociedad actual, del crimen económico. No tenemos
ese registro ni la gravedad del mismo en nuestro imaginario colectivo,
no lo tenemos asociado a los grandes delitos que se pueden cometer
contra la Humanidad. (...)
Cuando el saqueo económico, la expropiación a la clase trabajadora y la
corrupción del sistema se institucionalizan, tenemos un grave problema
social. Mario Dragui, actual Presidente del BCE, en unas recientes
declaraciones a The Wall Street Journal, reconoció que la Europa
Social había finalizado, que no era sostenible.
Esto se ha ido
confirmando poco a poco, pues los Estados del Bienestar han ido
disminuyendo de peso, y el empobrecimiento masivo se ha instalado como
endémico en nuestra población. (...)
Como podemos comprobar un día si y otro también, la Eurozona no avanza
en un proyecto político federal ni de cohesión social, y se mantiene
únicamente en el terreno monetario, que junto a la libertad de
capitales, bienes y servicios, configuran un gran mercado que facilita
la dominación de unas clases sobre otras, además todo ello taimado bajo
la aparente neutralidad de los mercados.
Y bajo este caldo de cultivo,
surgen iniciativas como la comercialización por parte de los banqueros
de productos engañosos y fraudulentos, que están destinados únicamente a
desposeer de recursos a la clase trabajadora, y aumentar el capital
circulante para las élites financieras. Y esto es porque, a pesar de que
continuamente estamos informados por los medios de comunicación de
actos y decisiones contra los intereses de los más débiles y
desfavorecidos, no tenemos realmente conciencia de la gravedad de los
mismos. (...)
Se nos mueve la conciencia ante, por ejemplo, una pequeña
expropiación de productos en un supermercado, en una gran superficie que
gana diariamente miles de millones en beneficios, que explota a su
personal, y cuyos dirigentes aparecen también en los papeles de Bárcenas
(véase cómo la complicidad de la clase dominante es casi perfecta).
Pues nos escandalizamos ante esto, ante un simple acto de expropiación
simbólica de un carrito de comida, de productos de primera necesidad, o
de material escolar, para donarlo a personas necesitadas, pero en cambio
no se nos mueve la conciencia ante el avieso despilfarro que la clase
dominante ejerce de forma continua.
Nos rasgamos las vestiduras si nos
informan de asesinatos, secuestros, extorsiones, etc., pero en cambio
vemos como "tolerable socialmente" (incluso democrático) todo el plantel
de decisiones, reglamentos y decretos que están minando la vida de
millones de personas en nuestro país, pues recortan nuestros derechos
sociales, laborales, económicos, civiles y políticos.
El perfecto
ejemplo lo tenemos en la práctica del escrache, donde muchas personas
se escandalizaban ante la "violencia" de abordar a personajes públicos
en su domicilio o en algún establecimiento, pero en cambio asistíamos
con cierta complacencia o "normalidad democrática" a las criminales y
crueles decisiones que dichas personas tomaban desde su escaño. Hemos
llegado a la perversión social de considerar más grave sacar un carro de
comida sin pagarlo de un supermercado, que una familia sea desalojada
de su casa. (...)
Necesitamos recortar la distancia ética que existe, que tenemos como
sociedad, entre un crimen que consiste en quitar, sesgar, mutilar,
secuestrar la vida de otra persona, con respecto a aquél otro crimen que
consiste en impedir que dicha persona pueda vivir con un mínimo de
dignidad humana, privándole y eliminando paulatinamente todos los
recursos a su alcance. Ambos crímenes son igualmente execrables. (...)
Todo ello ocurre porque no tenemos conciencia del crimen económico.
Un crimen tan brutal como cualquier otro. Un crimen que se perpetra
contra la Humanidad, a través de su progresiva desposesión, amparada en
crueles e inhumanas leyes que degradan la vida humana hasta sus últimas
consecuencias.
Hemos de elevar el listón de lo que se conoce socialmente
como crimen económico, y comenzar a catalogar ciertas decisiones
políticas, así como cierto tipo de declaraciones, como pertenecientes a
la categoría de "crimen económico", para así comenzar a dotarnos de la
conciencia sobre la gravedad del camino a donde nos conducen las
políticas que actualmente se están desarrollando, que constituyen
velados atropellos contra la dignidad de la existencia humana. Hemos, en
definitiva, de perfilar y definir perfectamente los límites del crimen
económico, sus supuestos y condenas, e incluir todo ello en el Código
Penal.
De esta forma, los dirigentes de la OCDE, del FMI, de la
Comisión Europea, y de todos sus gobiernos títeres, estarían en la
cárcel por crímenes de este tipo.(...)" (Rafael Silva, en Rebelión, 20/03/2014)
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