25.3.14

Hemos llegado a la perversión social de considerar más grave sacar un carro de comida sin pagarlo de un supermercado, que una familia sea desalojada de su casa

"Decididamente, una sociedad donde un banquero cobra 5,2 millones de euros anuales (como Francisco González, Presidente del BBVA), mientras existen millones de personas en el umbral de la pobreza, en paro, sin prestaciones, o con trabajos precarios, es una sociedad enferma. Pero no obstante, aún no se contempla un estallido social de cierta importancia. (...)

Creo personalmente que la base del problema es que no tenemos conciencia, en nuestra sociedad actual, del crimen económico. No tenemos ese registro ni la gravedad del mismo en nuestro imaginario colectivo, no lo tenemos asociado a los grandes delitos que se pueden cometer contra la Humanidad. (...)

Cuando el saqueo económico, la expropiación a la clase trabajadora y la corrupción del sistema se institucionalizan, tenemos un grave problema social. Mario Dragui, actual Presidente del BCE, en unas recientes declaraciones a The Wall Street Journal, reconoció que la Europa Social había finalizado, que no era sostenible. 

Esto se ha ido confirmando poco a poco, pues los Estados del Bienestar han ido disminuyendo de peso, y el empobrecimiento masivo se ha instalado como endémico en nuestra población. (...)

Como podemos comprobar un día si y otro también, la Eurozona no avanza en un proyecto político federal ni de cohesión social, y se mantiene únicamente en el terreno monetario, que junto a la libertad de capitales, bienes y servicios, configuran un gran mercado que facilita la dominación de unas clases sobre otras, además todo ello taimado bajo la aparente neutralidad de los mercados. 

Y bajo este caldo de cultivo, surgen iniciativas como la comercialización por parte de los banqueros de productos engañosos y fraudulentos, que están destinados únicamente a desposeer de recursos a la clase trabajadora, y aumentar el capital circulante para las élites financieras. Y esto es porque, a pesar de que continuamente estamos informados por los medios de comunicación de actos y decisiones contra los intereses de los más débiles y desfavorecidos, no tenemos realmente conciencia de la gravedad de los mismos.  (...)

Se nos mueve la conciencia ante, por ejemplo, una pequeña expropiación de productos en un supermercado, en una gran superficie que gana diariamente miles de millones en beneficios, que explota a su personal, y cuyos dirigentes aparecen también en los papeles de Bárcenas (véase cómo la complicidad de la clase dominante es casi perfecta). 

Pues nos escandalizamos ante esto, ante un simple acto de expropiación simbólica de un carrito de comida, de productos de primera necesidad, o de material escolar, para donarlo a personas necesitadas, pero en cambio no se nos mueve la conciencia ante el avieso despilfarro que la clase dominante ejerce de forma continua.

 Nos rasgamos las vestiduras si nos informan de asesinatos, secuestros, extorsiones, etc., pero en cambio vemos como "tolerable socialmente" (incluso democrático) todo el plantel de decisiones, reglamentos y decretos que están minando la vida de millones de personas en nuestro país, pues recortan nuestros derechos sociales, laborales, económicos, civiles y políticos.

El perfecto ejemplo lo tenemos en la práctica del escrache, donde muchas personas se escandalizaban ante la "violencia" de abordar a personajes públicos en su domicilio o en algún establecimiento, pero en cambio asistíamos con cierta complacencia o "normalidad democrática" a las criminales y crueles decisiones que dichas personas tomaban desde su escaño. Hemos llegado a la perversión social de considerar más grave sacar un carro de comida sin pagarlo de un supermercado, que una familia sea desalojada de su casa. (...)

Necesitamos recortar la distancia ética que existe, que tenemos como sociedad, entre un crimen que consiste en quitar, sesgar, mutilar, secuestrar la vida de otra persona, con respecto a aquél otro crimen que consiste en impedir que dicha persona pueda vivir con un mínimo de dignidad humana, privándole y eliminando paulatinamente todos los recursos a su alcance. Ambos crímenes son igualmente execrables.  (...)

Todo ello ocurre porque no tenemos conciencia del crimen económico. Un crimen tan brutal como cualquier otro. Un crimen que se perpetra contra la Humanidad, a través de su progresiva desposesión, amparada en crueles e inhumanas leyes que degradan la vida humana hasta sus últimas consecuencias. 

Hemos de elevar el listón de lo que se conoce socialmente como crimen económico, y comenzar a catalogar ciertas decisiones políticas, así como cierto tipo de declaraciones, como pertenecientes a la categoría de "crimen económico", para así comenzar a dotarnos de la conciencia sobre la gravedad del camino a donde nos conducen las políticas que actualmente se están desarrollando, que constituyen velados atropellos contra la dignidad de la existencia humana. Hemos, en definitiva, de perfilar y definir perfectamente los límites del crimen económico, sus supuestos y condenas, e incluir todo ello en el Código Penal.

De esta forma, los dirigentes de la OCDE, del FMI, de la Comisión Europea, y de todos sus gobiernos títeres, estarían en la cárcel por crímenes de este tipo.(...)"      (Rafael Silva, en Rebelión, 20/03/2014)

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