"(...) Si usted gana las elecciones, ¿cuál será el primer mensaje a Bruselas y a Berlín? (...)
Propondremos a nuestros acreedores que renuncien al 50-60% de la deuda
griega. Será una solución adecuada para un país profundamente endeudado y
para sus acreedores. Si nuestra deuda pública sigue creciendo, muy
pronto dejará de haber soluciones factibles y tendremos que declararnos
en bancarrota. En tal caso, los acreedores perderían todo su dinero. (...)
Una condonación parcial de la deuda no es, desde luego, una solución
radical, y la historia registra muchos precedentes. La comunidad
internacional condonó el grueso de la deuda de Alemania en la
Conferencia de Londres de 1953, porque el país había resultado devastado
en el curso de la II Guerra Mundial: un 60%, más o menos. Se logró un
acuerdo, por el que Alemania pagaría el resto de la deuda si su economía
comenzaba a crecer. (...)
Yo creo que es una expectativa harto realista, y esa es la propuesta
que hacemos a los acreedores. ¿Hay otra propuesta a la vista? ¿Cuál es
la propuesta de los actuales dirigentes de la UE y de la hegemonía
alemana en la UE? Lo que proponen es una división de Europa. Están
dividiendo a Europa entre países presuestariamente superavitarios y
países presupuestariamente deficitarios. Entre Norte y Sur. Entre ricos y
pobres.
¡Ese no es el futuro de la Europa que queremos! Esa situación
no tiene que ver con la idea básica de una Europa fundada en la
solidaridad. Pero para presentar nuestra propuesta, lo primero que
necesitamos es el mandato del pueblo griego. La que sugerimos es la única solución real para toda Europa. (...)
Pero los autores de la política de austeridad no soltarán su proyecto
así como así. Lo han creado con la ayuda de las instituciones
financieras internacionales y de las elites locales. El proyecto de
transformar la Europa meridional en una región de fuerza de trabajo
barata y rebosante de “zonas económicas libres” con derechos humanos y
laborales limitados.
Es decir, el proyecto de hacer de la Europa
meridional una región “asiática dentro de Europa”: un proyecto bastante
exitoso, realmente. Usted mismo mencionó eso en conversaciones
anteriores. ¿Por qué deberían apearse de él y cambiar nada? (...)
Yo estoy convencido de que para Grecia –y en general, para la
crisis— no hay solución tecnocrática. La solución sólo puede ser
política. Lo que cuenta en política es la correlación de fuerzas, no las
emociones.
Es la única vía para cambiar cualquier cosa. No
convenceremos a nuestros socios internacionales con apelaciones a la
solidaridad; sólo lo lograremos mostrándoles claramente que tienen mucho
que perder si persisten en la actual política de austeridad. Cuando
Angela Merkel se percate de que puede salir perdiendo, cambiará su forma
de hacer las cosas.
Alemania ha ganado un montón de dinero con
la crisis de la Eurozona y la crisis de los países de la Periferia
europea, y la señora Merkel no tuvo que cambiar su forma de pensar. Todo
el mundo se llena la boca y la pluma con los malhadados contribuyentes
alemanes y europeos obligados a pagar por el rescate de Grecia, aun
cuando eso es una gran mentira.
Los contribuyentes pagan por el rescate
de los bancos: el 98% de todo el dinero del rescate fue a parar
directamente al agujero negro de los bancos para pagar sus deudas. Sólo
el 2% de todos los paquetes de rescate fue a parar a la economía real.
Entretanto, Alemania ganó un montón de dinero con sus bonos públicos
(cerca de 40 mil millones de euros en cuatro años).
Y durante ese
período, Alemania y otros países que sostenían el mecanismo de rescate
apenas pagaron 800 millones de euros para ayudar a los países en apuros.
La crisis ha sido un proyecto muy rentable para Alemania, y es claro
que sus representantes políticos no tienen ahora el menor interés en
ponerle fin precisamente ahora.
Pero tampoco quieren destruir una
moneda, el euro, que tanto dinero les ha reportado; no quieren volver al
viejo marco alemán. Por eso creo que, al final, seremos capaces de
discutir esos problemas. (...)
Tras varios años de protestas que no consiguieron cambiar
prácticamente nada y tras varios años de tercermundización del país, los
griegos están exhaustos. Muchos de ellos se han distanciado
deliberadamente de la política, a la que ven con creciente disgusto. (...)
La gente está harta de todo. El problema es que no creen en la
posibilidad de grandes cambios. Los griegos son muy reacios ahora a
pasar a la acción. Han sido muy activos estos cuatro últimos años,
especialmente en 2010 y 2011. Ahora hay que reorientar hacia la política
sus esperanzas de cambio, hacia la posibilidad de un cambio político.
Toda la rabia y toda la decepción pueden moverles a tomar parte en las
elecciones. (...)
¿No ha tenido usted nunca la sensación a lo largo de estos últimos
años de vivir al borde de un enorme estallido social, si no de algo peor
? (...)
La mejor forma de describir la atmósfera que se respira en Grecia
sería decir que la gente está deprimida. Ponen todas sus esperanzas en
los cambios políticos: las últimas encuestas de opinión muestran que la
gran mayoría de los griegos cree que Syriza ganaría ahora unas
elecciones anticipadas.
Así pues, les ven a ustedes como a una suerte de fármaco antidepresivo…
Ja, ja, no estaría mal como consigna… El problema es que esa mayoría de
gentes que creen que ganaríamos las elecciones no cree que seamos
capaces de traer cambio alguno.
¿Porque disponer del poder político no es lo mismo que tener una influencia real en Grecia, como usted mismo ha dicho antes?
Esa es una de las razones. Pero en este caso no se trata de una “visión
teórica”; se trata de emociones. De sentimientos. Muestra a las claras
hasta qué punto está decepcionado todo el mundo. Los medios de
comunicación se las han ingeniado para terminar por convencerles de que
no hay otra vía que la de la austeridad, y de que nuestro destino está
escrito y sellado. Tenemos que sufrir. (...)" (Bostjan Videmsek, Sin Permiso / Chronos Magazine, en Rebalión, 27/03/2014)
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