7.3.14

Rusia hace en Crimea lo que Occidente le ha enseñado en los últimos años en medio mundo, desde Irak a Libia, pasando por Kosovo: arrollar el derecho internacional.

(...) Y mientras esa operación, por ahora perfecta, se ejecutaba sin el menor incidente y con el apoyo de la mayoría de la población, el ministro de exteriores ruso le tocaba el violín al Secretario de Estado John Kerry en una conversación telefónica: “Rusia no piensa violar la soberanía de Ucrania”, dijo.

Más ducho que la ministra alemana, un ex agente de la CIA citado por Bloomberg resumía así asunto; “están eludiendo la impresión de una intervención militar abierta, pero eso es lo que es”. Eso y algo más.

Puede que la situación sea confusa, pero su lógica es meridiana: Moscú está tomando posiciones para una crisis de largo recorrido. Lo hace de la forma que Occidente le ha enseñado en los últimos años en medio mundo, desde Irak a Libia, pasando por Kosovo: arrollando el derecho internacional.

 La diferencia es que Rusia lo hace en la tierra que sus ancestros conquistaron hace siglos y defendieron en nombre de la madre Rusia, del zar, de Stalin y de la patria, contra enemigos muy duros. Violación sí –porque Crimea pertenece a Ucrania- pero con ciertos atenuantes: hay apoyo mayoritario de la población y es respuesta a una jugada bastante turbia en Kíev, donde se acaba de formar un gobierno que margina por completo a la minoría rusa y a los representantes de la mayoría de ucranianos del sur y del este del país, que, independientemente de lo que opinen de Putin, no desean una Ucrania contra Rusia.

Compuesto a medias por favoritos de Washington, ultraderechistas y neonazis del partido “Svoboda” y de la organización “Pravy Sektor”, y magnates atlantistas, el nuevo gobierno de Kíev tiene un futuro complicado. Además de no representar al conjunto del país, se propone aplicar algo parecido a la desastrosa “terapia de choque” aplicada en Rusia en 1992, bajo el dictado de las recetas de Bruselas/Berlín y el Fondo Monetario Internacional. 

De acuerdo con esa ortodoxia se van a retirar subvenciones energéticas y agropecuarias que son uno de los últimos sostenes de la economía popular local. Por eso, el nuevo primer ministro, Arseni Yatseniuk, ha saludado al nuevo gobierno diciendo, “bienvenidos al infierno”.(...)

 el ministro de finanzas ruso, Antón Siluanov, le ha dicho a la Unión Europea, que teóricamente ha conseguido todos sus objetivos en Kíev, “les deseamos mucho éxito en esta operación de estabilización social y económica que se parece a lo de hacer pasar al camello por el ojo de la aguja”. 

Mientras los occidentales se van dando cuenta del lío en el que se han metido, Rusia toma posiciones preparándose para una larga partida de ajedrez en su tablero nacional. Perderá el primero que de pasos en falso."         (Rafael Poch | Odesa, La Vanguardia, 01/03/2014)

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