"No son ni intrépidos trotamundos ni talentos en busca de éxito en el
exterior. Son emigrantes en el sentido más literal del término: personas que se trasladan más allá de las fronteras de su propio país a otro con el fin de trabajar.
No se fueron, les echaron, y eso es lo que reivindican desde hace hoy
justo un año, cuando el 7 de abril de 2013 la plataforma Juventud Sin Futuro convocó a través de Facebook una manifestación internacional bajo este lema y un rotundo "¡Que se vayan ellos!".
"Lo
llaman fuga de cerebros y espíritu aventurero.Yo digo que es necesidad
por buscarse la vida y un tipo de vida más digna de las opciones que
ahora tenemos en España, y que son ellos los que nos están obligando a marchar",
se indigna Mei, una santanderina de 21 años que trabaja en Londres como
aupair y repartiendo flyers mientras estudia Eduación Social en la
UNED.
Unidos bajo el paraguas de la Marea Granate y a un mes de las elecciones europeas, la lucha se centra ahora en el derecho a voto de los emigrantes, restringido desde la reforma de la ley electoral de 2011.
Mei en Londres, María en París y Jorge en Montevideo son algunos
de las decenas de miles de españoles a los que la crisis económica y su
gestión han forzado a hacer maletas y abandonar el país.
Son
más de 200.000 desde 2008 los que se han instalado fuera si se tiene en
cuenta tan sólo a los que se han ido dando de baja en el censo
electoral de residentes en España (CER) para inscribirse en el censo electoral de españoles residentes en el extranjero (CERA) , cuyos datos
reflejan que el ritmo anual de la emigración ha ido creciendo
paulatinamente a lo largo de los últimos cinco años hasta doblarse en
2013 respecto a 2008, con más de 54.000 nuevas altas.
Son
muchos más, sin embargo. Aunque sea teóricamente obligatorio hacerlo,
Mei no se ha registrado en el CERA ni en el consulado español de Londres
como residente y, como ella, cabe suponer que hay muchos más,
especialmente desde que se excluyó a finales del año pasado de la atención sanitaria
a los españoles en situación de desempleo que pasen más de 90 días en
el extranjero.
Las cifras tampoco recogen casos como los de Hilia, de 27
años, que llegó de niña a Bélgica, puesto que fueron sus padres quienes
emigraron desde Madrid. "A mí no me echaron, pero es que no me dejan regresar. Me gustaría, pero visto el panorama no merece la pena volver, aquí
se vive mejor y con mejores condiciones. Mucha gente que creció aquí y
regresó a su pais de origen están volviendo", subraya desde Bruselas.
Sus historias no son muy distintas de las que recoge la web No nos vamos, nos echan
reflejadas sobre un mapa del mundo saturado de círculos amarillos, uno
por cada "exiliado forzoso", como se sienten y consideran. María, de 32
años, es investigadora bioquímica en el Instituto Pasteur.
Dejó su
Toledo natal hace un año cuando se le acabó un contrato de trabajo y se
mantiene en París con una beca postdoctoral europea.
"Para los científicos, es una salida natural, el problema está en que
sabemos que no vamos a volver. Están arrasando el sistema científico
español y no habrá quien lo levante", afirma.
Jorge, de 38
años, es de Valladolid y se trasladó también hace un año con su pareja a
Montevideo, donde han encontrado la "dignidad laboral" que perdieron en
España. Especialista en cooperación al desarrollo, trabajó seis años
para la AECID en Guatemala, hasta que en 2010 perdió el empleo, regresó a
España y sobrevivió haciendo de camarero.
"En 2013 ya no podíamos más. Juntamos algo de dinero entre algunos ahorros y préstamos familiares y nos vinimos a Uruguay,
un país en el que la gente 'desciende de los barcos' y donde no fue
necesario justificar porqué no teníamos un billete de vuelta", explica. (...)
"La Marea Granate no representa a nadie, pero sí es representativa de una realidad social concreta: personas de diferentes edades que se toparon con la más absoluta precariedad laboral o el desempleo,
que decidieron coger las maletas para probar fortuna en el extranjero y
que, a pesar de la distancia física, tienen muy presente la situación
de emergencia social que se vive en España y decidieron no resignarse y
trabajar colectivamente por cambiar esta situación", explica María. (...)" (Público, 07/04/2014)
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