7.4.14

La deflación por sobreendeudamiento se desata antes de que los precios empiecen realmente a caer

"(...) La represión salarial externa suele ser un acto puramente insensato en un marco de flexibilidad cambiaria, pero genera muchos daños internos, porque mina el gasto privado (consumo e inversión). Y lo peor es que esa depresión de la demanda interna tiene consecuencias presupuestarias que, gracias al llamado Pacto de Estabilidad y Crecimiento, desatan la austeridad, debilitando aún más la economía.

 El recurso incesante a esa estrategia cuando estamos al borde de la deflación es suicida, porque sobre ella pesa también una deuda excesiva. Como ha advertido recientemente el FMI, la deflación por sobreendeudamiento se desata antes de que los precios empiecen realmente a caer. Intentar amortizar un exceso de deuda en condiciones deflacionarias es contraproducente, a menos que la debilidad de la moneda impulse tanto las exportaciones que compense el daño que uno se ha causado a sí mismo. 

Visto así el problema, es comprensible que a los encargados del euro les ponga nerviosos su fortaleza, aunque sin excusar de ningún modo su escandalosa negligencia.

Todo esto nos obliga a preguntarnos por qué las autoridades del euro parecen enganchadas a esa peligrosa estrategia. Como tantas veces en Europa, la respuesta está en Alemania, cuyas autoridades y élites están convencidas de que su obsesión con la austeridad y la competitividad ha compensado a Alemania por adoptar el euro. 

Sí aprecian las penalidades económicas de otras partes de la eurozona, pero la situación solo les recuerda la humillación y las penurias que pasaron cuando todavía eran, hace muy poco, “el enfermo del euro”. Para ellos, no cabe otro precio cuando un país necesita recuperar su competitividad. 

Como antes Alemania, otros deben penar para recoger la cosecha de una renovada competitividad. Dicho de otro modo, las antiguas penalidades de Alemania hacen moralmente aceptables los actuales sufrimientos ajenos. En su opinión, lo único que deben hacer ahora sus socios es seguir el ejemplo alemán, y reproducir así su éxito.(...)

 En la década de 2000, cuando los dioses de la austeridad y la competitividad apretaban sin miramientos el cuello de Alemania, el país sufrió todas las penurias antes descritas. El estancamiento salarial paralizó la demanda interna y Alemania enfermó tanto que, como todos saben, incumplió las normas fiscales. (...)

Lo que rescató a Alemania fue que las tasas de cambio europeas ya no fueran flexibles. Al reprimir los salarios, Alemania se volvió ultracompetitiva frente a sus socios del euro, en tanto que la posición monetaria del BCE, calibrada para encajar en la media, infló las burbujas de la periferia. 

El balance por cuenta corriente germano pasó prácticamente del equilibrio a un superávit récord: así definen sus autoridades la recuperación de la competitividad. Antes de la crisis, ese superávit tenía su contraparte en Europa, sobre todo en la eurozona. 

 Así que Alemania no se hundió porque recuperó una competitividad que otros alentaban comprando sus exportaciones. Ahora les toca a los demás recuperar su competitividad, pero Alemania no quiere devolver el favor (...)

Se suponía que el euro iba a acabar para siempre con carreras basadas en el empobrecimiento del vecino, al menos dentro de Europa. Lo realmente irónico es que, una vez desaparecidos los tipos de cambio, y siguiendo el ejemplo del “hombre enfermo” alemán, Europa esté aplicando una versión ralentizada de esta vana apuesta, a través de una deflación competitiva ocasionada por salarios y precios bajos. 

¿Alguien se cree que Alemania va a renunciar a una competitividad que tanto le ha costado adquirir, sin presentar batalla? De ninguna manera: el año pasado, los salarios reales cayeron en Alemania mientras la inflación prácticamente no llegaba al 1%. Los actuales excedentes por cuenta corriente alemanes son más elevados que nunca. (...)"            ( , El País, 3 ABR 2014 )

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