"(...) "Hay dos maneras de echar a la gente: decir que no vengan, cosa que
la políticamente correcta Suecia no se atreve a hacer, o poner todas las
trabas del mundo para impedir que encuentren trabajo", reflexiona este
oscense del 67, que pone como ejemplo los requisitos para obtener el personnummer
(número de identificación personal necesario para abrir una cuenta en
el banco, recibir asistencia sanitaria, dar de alta una línea telefónica
y acceder a otros servicios básicos).
"Debes demostrar que posees
dinero, lo que resulta una contradicción, pues si lo tuvieses no
emigrarías. Luego, para trabajar, hay que acreditar el conocimiento del
idioma. En fin, un laberinto administrativo para entorpecer la búsqueda
de empleo, de modo que lo tiene más fácil una naranja que un ser
humano".
En julio de 2013, había 5.064 españoles censados.
"Buena parte se fueron allí para reunirse con su pareja nativa, lo que
facilita los trámites", explica Barber, "porque quienes viajan con
contrato son una minoría casi aristocrática".
Luego ha conocido a
quienes él denomina "subhumanos sin derechos", víctimas del paro y de empleos precarios,
que "niegan y maquillan su fracaso porque se sienten culpables".
Tampoco supone un maná para los jóvenes suecos, ya que uno de cada
cuatro menores de 24 años está desempleado.
"En otras palabras, el
trabajo es un bien escaso, por lo que no le recomiendo a nadie irse a
Suecia a pecho descubierto porque puede hallar unas condiciones
laborales deplorables".
En ese espejismo laboral se reflejan
las políticas de inmigración restrictivas que aborda el documental, cuya
posproducción está pendiente de las donaciones que reciba a través de
la web de micromecenazgo Goteo.org.
"Yo mismo sufrí la esquizofrenia entre el discurso oficial y la cruda
realidad: la corrección política y el antifascismo formal son una
religión secular al tiempo que ocultan una xenofobia estructural y la pobreza es criminalizada", asegura Barber, quien denuncia haber sufrido identificaciones racistas por parte de la policía.
Eso, en Umeå, la ciudad norteña de cuño progresista –Capital Europea de la Cultura en 2014– que eligió como escenario para Emigra o degenera: bienvenidos a Suecia.
"Si allí la situación era brutal e inaceptable, no quiero pensar cómo
sería en Malmö o Estocolmo", concluye el documentalista, consciente de
que los españoles, cuando cruzan la frontera, también pueden ser
ciudadanos de segunda.
"Recuerdo cuando entré en una peluquería a
preguntar por una dirección y, antes de que dijese nada, me enviaron a
la Cruz Roja. Eso hace mella en cualquier ser humano". (Público, 04/04/2014)
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