4.4.14

En Suecia no nos quieren... uno de cada cuatro jóvenes sueco está en el paro

"(...) "Hay dos maneras de echar a la gente: decir que no vengan, cosa que la políticamente correcta Suecia no se atreve a hacer, o poner todas las trabas del mundo para impedir que encuentren trabajo", reflexiona este oscense del 67, que pone como ejemplo los requisitos para obtener el personnummer (número de identificación personal necesario para abrir una cuenta en el banco, recibir asistencia sanitaria, dar de alta una línea telefónica y acceder a otros servicios básicos).

 "Debes demostrar que posees dinero, lo que resulta una contradicción, pues si lo tuvieses no emigrarías. Luego, para trabajar, hay que acreditar el conocimiento del idioma. En fin, un laberinto administrativo para entorpecer la búsqueda de empleo, de modo que lo tiene más fácil una naranja que un ser humano".

En julio de 2013, había 5.064 españoles censados. "Buena parte se fueron allí para reunirse con su pareja nativa, lo que facilita los trámites", explica Barber, "porque quienes viajan con contrato son una minoría casi aristocrática".

 Luego ha conocido a quienes él denomina "subhumanos sin derechos", víctimas del paro y de empleos precarios, que "niegan y maquillan su fracaso porque se sienten culpables". Tampoco supone un maná para los jóvenes suecos, ya que uno de cada cuatro menores de 24 años está desempleado.

 "En otras palabras, el trabajo es un bien escaso, por lo que no le recomiendo a nadie irse a Suecia a pecho descubierto porque puede hallar unas condiciones laborales deplorables".

En ese espejismo laboral se reflejan las políticas de inmigración restrictivas que aborda el documental, cuya posproducción está pendiente de las donaciones que reciba a través de la web de micromecenazgo Goteo.org

 "Yo mismo sufrí la esquizofrenia entre el discurso oficial y la cruda realidad: la corrección política y el antifascismo formal son una religión secular al tiempo que ocultan una xenofobia estructural y la pobreza es criminalizada", asegura Barber, quien denuncia haber sufrido identificaciones racistas por parte de la policía. 

Eso, en Umeå, la ciudad norteña de cuño progresista Capital Europea de la Cultura en 2014 que eligió como escenario para Emigra o degenera: bienvenidos a Suecia.

 "Si allí la situación era brutal e inaceptable, no quiero pensar cómo sería en Malmö o Estocolmo", concluye el documentalista, consciente de que los españoles, cuando cruzan la frontera, también pueden ser ciudadanos de segunda.

 "Recuerdo cuando entré en una peluquería a preguntar por una dirección y, antes de que dijese nada, me enviaron a la Cruz Roja. Eso hace mella en cualquier ser humano".        (Público, 04/04/2014)

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