"(...) Tras dos años de realidad, la popularidad del Presidente está en
mínimos históricos. La obsesión ahora es que se recupere el consumo y
para ello han pensado que lo mejor es una campaña para mejorar la
confianza.
Pero el consumo, según los datos de ventas de la agencia
tributaria, está estancado desde el verano y la confianza de los
consumidores en la situación de su propio hogar, según la Comisión
Europea, ha caído a mínimos históricos.
¿Por qué? Principalmente porque su renta disponible, salarios menos
inflación, menos subidas de impuestos y recortes de prestaciones
sociales empeora. Además, hay emigración, sobre todo de jóvenes, y el
número de compradores disminuye.
Hay restricción de crédito, los tipos
de interés de las hipotecas han pasado de Euribor más 0,5% a Euribor más
3%. En créditos al consumo el aumento de los tipos de interés reales ha
sido muchísimo mayor. El aumento de tipos comenzó en el año 2011 y ha
sido muy intenso. La tasa de ahorro está en mínimos históricos.
Además, la dureza y duración de la crisis, la elevada tasa de paro,
junto a los efectos de inseguridad en el empleo, deflación de salarios y
precarización ha desplomado las expectativas de renta futura. Los
coches se estropean y con el incentivo de la subvención recuperan parte
del desplome. No obstante, se compran los mismos coches que a mediados
de los años ochenta y la producción de vehículos es un 20% inferior a
2008.
Pero las ventas de viviendas se desploman, las nuevas operaciones
de hipotecas finalizaron 2013 con caídas del 50% y los precios de las
casas siguen cayendo. Los bancos son inmobiliarias, su activo pierde
valor y eso explica la restricción de crédito que es determinante para
explicar la debilidad del consumo.
¿Cómo se sale de este círculo vicioso? Pretender salir de una
situación de sobreendeudamiento con una recuperación del consumo interno
es como cruzar un desierto sin agua confiando en que llueva. La salida
es vía exportaciones que activen un ciclo de inversión y de creación de
empleo en la industria.
Entonces y sólo entonces empezará a subir la
renta disponible y aumentará el consumo.
El problema es que las
exportaciones, según la contabilidad nacional, están cayendo desde el
pasado verano, la producción industrial registró una fuerte caída en
2013 y continúo destruyendo empleo. Pero la campaña de generación de
expectativas positivas ha ocultado el problema y ha complicado la
solución.
La solución a corto plazo es frenar la apreciación del euro,
especialmente contra países emergentes, y luego depreciarlo. Es
necesario que el Eurogrupo determine que el euro está sobrevalorado y
fuerce al BCE a depreciarlo.(...)" (
José Carlos Díez
, El País, 28 MAR 2014)
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