"(...) Se han suprimido meriendas y también el vaso de leche, zumo, flan o
yoghourt... que se daba a los pacientes horas después de la cena, lo que
se conoce en Cataluña como ressopó; se han cursado
instrucciones para tramitar las altas antes de la comida del mediodía y,
si el paciente no puede marcharse hasta más tarde, no se le suministra
esa comida al no considerársele ya como ingresado; no se facilita agua
mineral ni tampoco pañuelos desechables; no se dispone de compresas o
son notoriamente insuficientes; hay escasez de mantas, almohadas,
sábanas, batas, pijamas, toallas... y se alecciona al personal auxiliar
sobre la imperativa necesidad de no cambiar la ropa de cama o no
facilitar toallas diariamente salvo situaciones in extremis.
El material
desechable escasea y, en algunos casos, ha sido sustituido por otro de
calidad notoriamente inferior o insuficiente para su uso o función.
Los gastos en limpieza y lavandería que, al parecer, se consideran
"hostelería" y no parte integrante de los obligados requerimientos de
asistencia en condiciones higiénico-sanitarias adecuadas, se intentan
reducir y minimizar: se disminuye el personal y no se sustituyen las
ausencias del ya escaso destinado a esas tareas; se limita el número y
la frecuentación en la limpieza de material, suelos e instalaciones...
Pero la fiebre "ajustadora" que afecta a los directivos de los
centros sanitarios concertados, todos ellos edecanes de ese nuevo Gran
Capitán cuya misión parece ser la de imponer un nuevo orden sanitario en
Cataluña, no se limita tan sólo a poner coto al derroche económico del
que al parecer son responsables los profesionales y los pacientes
hospitalizados; la cruzada "ahorradora" se extiende también a los malos
hábitos de los pacientes que, en régimen ambulatorio, frecuentan los
Servicios de Rehabilitación, Fisioterapia, Radioterapia y aquellos otros
a los que deben acudir, durante días o semanas, para completar su
tratamiento.
Así, a los pacientes en tratamiento rehabilitador o
radioterápico, se les entregan las batas, las tallas que cubren las
camillas y las fundas de las almohadas que han utilizado el primer día
con la instrucción de que se las lleven a sus domicilios pero, eso sí,
bajo advertencia de que deberán traerlas diariamente mientras dure su
tratamiento, previo lavado por su cuenta si fuere necesario.
Se les
explica incluso que la finalidad de tan ingeniosa medida es evitar el
"derroche" que supondría tener que cambiarlas para cada paciente y cada
día de tratamiento.
No tengo constancia de que, si el paciente no
retorna esa lencería al finalizar el tratamiento o si fallece durante el
mismo, se inste embargo o se realice cualquier otra actuación tendente a
conseguir su devolución o pago compensatorio y, por el momento, tampoco
parece que se haya previsto o establecido ninguna sanción ante tan
insolidaria actuación por parte de los usuarios.
Llama poderosamente la atención que, mientras se pone tanto empeño en
esos higiénicos ajustes, no se tenga reparo alguno en abonar, con cargo
al erario público, las abultadísimas minutas de prestigiosos gabinetes
de abogados, todos ellos vinculados a las nobles huestes del Gran
Capitán y de las patronales sanitarias catalanas responsables de su
patrocinio, que en muchas ocasiones son más elevadas que la cuantía de
las reclamaciones laborales y salariales de cuyos servicios traen causa.
Pero lo que supera, y en mucho, la altanería en la rendición de cuentas
que se atribuye a Don Gonzalo de Córdoba, es que entre esas abultadas
minutas se encuentran también las que corresponden a las defensas
jurídicas de notorios personajes imputados y acusados por fraude y
estafa, delitos cometidos prevaliéndose de su condición de servidores
públicos.
Tal vez nuestros aguerridos gestores sanitarios no tienen otra
opción, puesto que la valiente campaña ahorradora en limpieza que han
puesto en marcha, no les permite derrochar ni un solo euro en la
desratización ni en la desparasitación del sistema que tan ardorosamente
defienden. (...)" (Carme Pérez, Crónica Global, Miércoles, 30 de abril de 2014)
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