"(...) Tras más de tres años de recortes en el sistema sanitario catalán, los
efectos sobre la pérdida de calidad y seguridad del sistema no pueden
seguir ocultándose por más tiempo.
Según el ranking publicado por la
Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública
(FADSP), Cataluña se encuentra en el sector medio-bajo (en el 12 de 17),
pero lo más relevante es que ha descendido siete puestos en los últimos
tres años. Según el portavoz de la Federación, la situación española de
los servicios sanitarios ha sufrido un deterioro general que no parece
previsible recuperar a corto ni a medio plazo.
Pero el caso de Cataluña es todavía más preocupante, ya que los recortes
se iniciaron antes y el impacto sobre el funcionamiento ha sido uno de
los mayores. Cataluña se ha situado a la cola de las Comunidades con
menor presupuesto sanitario per capita (la 13 de 17).
También se sitúa
en la zona baja en cuanto al gasto farmacéutico por persona (la 13 de
17), y en el desembolso en atención primaria (la 11 de 17). En cuanto a
la opinión ciudadana, ocupa la posición 13 en grado de satisfacción,
estando sólo por delante de Extremadura, Murcia, Galicia y Canarias.
A
pesar del pretendido maquillaje que se pretende aplicar a las listas de
espera, el impacto sobre la atención sanitaria es incuestionable:
Cataluña es la Comunidad con más pacientes en lista de espera quirúrgica
y también donde el tiempo de espera es más largo.
Según los datos
aportados por la misma Consejería, 181.559 pacientes se encuentran
pendientes de ser intervenidos quirúrgicamente, y casi la mitad de esas
intervenciones corresponden a las 14 denominadas “en garantía” que,
teóricamente, no deberían demorarse más de 6 meses pero que, en la
realidad y en más del 40% de casos, ese plazo es ampliamente
sobrepasado. El Sindicato Médicos de Cataluña ha denunciado demoras de
más de 7 años en intervenciones traumatológicas. (...)
Por mucho que desde el departamento de Salud se pretenda sostener que
esos recortes no afectan a la calidad asistencial, la realidad se
impone y las cifras de las listas de espera, aunque se pretenden ocultar
y amañar, son demoledoras.
Los cierres de camas, unidades y quirófanos que ya se han anunciado
para el período estival, suponen el desbordamiento de una situación que
ya se encontraba al límite. La pasada semana, diversas plataformas y
entidades sociales, promovieron una jornada de protestas en cuatro de
los grandes hospitales catalanes, exigiendo en unos la reapertura de las
plantas de hospitalización cerradas, y en otros, impidiendo el cierre
de más unidades.
Según los convocantes de las protestas, en tres años,
el Hospital Clínico de Barcelona ha cerrado 74 camas; el Hospital de
Bellvitge, 260; Vall d’Hebron, 130; Can Ruti, 115; y el Sant Pau, 106.
Uno de los portavoces reargumenta que “abriendo las camas cerradas en
Bellvitge, Can Ruti y Vall d’Hebron, que son 500, con una estancia media
de siete días, y cerrándolas en agosto, se podrían ingresar 23.500
pacientes más al año” (...)
Pero lo que causa más indignación es que en algunos de esos centros, y
también en otros, mientras se mantienen plantas cerradas, se estén
derivando pacientes a otros hospitales, algunos de ellos privados al
100%.
Y así se llega al meollo de la cuestión y, tal vez, al origen y al
objetivo de tanto recorte: mientras el presupuesto de los centros
sanitarios públicos y concertados se ha visto disminuido en más del 20%,
los centros privados, como IDC/CAPIO del que dependen, entre otros, el
Hospital del Sagrat Cor y el Hospital General de Cataluña, han visto
incrementado su concierto con el CatSalut en casi un 80%.
Según se ha publicado recientemente, Cataluña es la Comunidad que
gasta más dinero público en sanidad privada: 2.450 millones de euros al
año, lo que supone un 24,1% del gasto total español en sanidad privada.
Esos “acuerdos” de la Generalidad de Cataluña con entes privados se
concentran en muy pocas manos y, por tanto, configuran un mercado
privado oligo o monopolístico, con nula competencia, en el que resulta
fácil fijar precios y obtener suculentos beneficios a través del dinero
público.
Mientras tanto, la sanidad pública, infrafinanciada y ahogada
por los recortes impuestos por aquellos que han favorecido la creación
de ese mercado privado monopolístico, no puede competir en calidad ni en
prestaciones asistenciales básicas. (...)
C´est la bérézina! Catástrofe, chapuza, destrozo, desastre total y sin paliativos en la sanidad de Cataluña." (Carme Pérez, Crónica Global, Martes, 24 de junio de 2014)
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