"(...) Lo de Ucrania, que empezó en invierno sobre el triple vector de una
protesta ciudadana contra la injusticia, una lucha entre oligarcas
locales y un pulso geopolítico entre Euroatlántida contra Rusia, ya está
completamente dominado y determinado por el tercero de esos vectores.
La dignidad del movimiento ciudadano ucraniano se ha perdido por
completo por el camino.
La rebelión de un importante sector de la población –ahora del
Este- está siendo aplastada militarmente. Su contenido se reduce a la
“mano rusa”, ignorando el sentir de millones de rusos de Ucrania y de
ucranianos no hostiles a Rusia que desconfían de Euroatlantida.
Por
primera vez desde la autodisolución de la URSS, esos sectores no están
representados. Cuatro candidatos han sido obligados a renunciar. En la
Rada, los diputados que han cuestionado lo que se califica de “operación
antiterrorista”, han sido agredidos.
Se pide la ilegalización del
Partido Comunista, que en absoluto es “quinta columna” de Moscú en
Ucrania. Todo aquello que fue condenado en el Maidan como represión es
ahora legítimo, incluido los mismos oligarcas con disciplina cambiada y
una cifra de muertos más elevada, ya no a manos de antidisturbios sino
del ejército.
En lugar de fomentar un diálogo apaciguador, se apoya la
represión (con directo asesoramiento occidental) para celebrar unas
elecciones (¿qué garantías tiene su recuento?) que legitimen el cambio
de régimen en Kiev.
El próximo presidente ucraniano será un oligarca -la séptima
fortuna del país- cuya única diferencia con su predecesor será una
servidumbre a Euroatlántida (Estados Unidos, la OTAN y la troika) mucho
más disciplinada que el anterior tradicional equilibro.
Roto este, por
el cambio de régimen forzado desde Washington, Varsovia, Berlín y
Bruselas, se precipitaron la anexión rusa de Crimea, la guerra en
Ucrania Oriental,y significativos cambios de la orientación de Rusia
hacia China.
Si la política interior del Imperio del Caos es la Gran
Desigualdad, su política exterior europea es lo que se está viendo en
Ucrania: una presión que desemboca en guerra. Son dos cosas que van
unidas.
En ese modelo no hay apenas lugar para la democracia de baja
intensidad (aquella en la que el “demos” nunca decide nada esencial) pero sí hay un gran espacio para las ideologías agresivas y para la guerra.
Muy significativo ha sido el silencio occidental sobre la masacre
de adversarios del gobierno de Kíev en Odesa el pasado 2 de mayo (por lo
menos 50 personas abrasadas por sus contrincantes), la detención de
periodistas de medios rusos en Ucrania Oriental, uno de ellos herido de
bala, la muerte de un reportero italiano y la criminalización de la
opinión que contiene el hecho de que uno de los rusos sancionados por
Bruselas (“del entorno de Putin”) sea un periodista. Todos estos son
datos que marcan la tendencia. (...)" ( , La Vanguardia, blog, 25/05/2014)
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