"(...) Los acreedores, normalmente pertenecientes a los percentiles de renta
alta, han declarado la guerra a los impulsores de la gran expansión
monetaria en su afán por preservar el valor de su ahorro y de sus
deudas, ya que la elevada inflación siempre perjudica a los acreedores y
beneficia a los deudores.
Esta es la nueva lucha de clases desatada
inicialmente en EEUU; pero que se ha extendido también a Europa y
estaría detrás de las reticencias alemanas a la política monetaria
expansiva del BCE o a mutualizar la deuda. (...)
Sin embargo, la experiencia nos muestra que, lejos de generar
inflación, la expansión cuantitativa no ha alterado los precios de
consumo, aunque sí los precios de los activos.
Es decir, las clases más
influyentes y los grandes inversores han visto cómo los activos
financieros se han revalorizado de una forma espectacular, generando
nuevas burbujas, que nos llevarán, sin duda, a una nueva recesión en los
próximos dos años.
La razón de esta aparente desconexión entre cantidad de dinero e
inflación es que el dinero, y por ende el crédito, es una variable
endógena y no éxógena. El día que se cambien los manuales universitarios
y se explique que la circulación del dinero depende claramente de
factores endógenos, como es la demanda interna.
Es decir, no es el
exceso de liquidez sin más lo que enciende la mecha inflacionista, sino
al contrario, es la demanda agregada efectiva la que determina el alza
de precios de consumo. Por tanto, lo único que genera la
política monetaria expansiva, la llevada a cabo por la Reserva Federal o
el Banco de Inglaterra, son burbujas de activos, como se puede ver con el sector inmobiliario en Inglaterra o el mercado bursátil en EEUU.
Europa está en recesión y tiene un sistema financiero moribundo que
apenas puede respirar, y que solo vive de operaciones financieras de carry trade,
prestando en última instancia a los gobiernos, algo que debería hacer
el BCE. Toda esta liquidez adicional solo se irá a engordar la burbuja
de deuda pública y bursátil, sin atajar el grave problema de
crecimiento, demografía o deflación.
Aquí los que sueñan con un euro más
débil, se equivocan y yerran al análisis. Es demostrable que la UE es
demasiado grande para basar su prosperidad en las exportaciones netas,
por lo que es imprescindible el impulso de la demanda interna.
Pero los puristas y paranoicos del déficit público y de las llamadas
reformas estructurales, han ganado la batalla en la UE y mantienen a
raya sus balances internos. Incluso en países que tienen una posición
estructural ventajosa, como Francia, son objeto de ataques furibundos en
aras de desmantelar la política pública más eficiente a largo plazo:
favorecer el incremento demográfico.
En este punto, todas las políticas
de austeridad puestas en marcha por los guardianes de la ortodoxia han
provocado un desplome del crecimiento potencial de las grandes
economías, entre ellas la norteamericana o la japonesa.
La población
activa está descendiendo a ritmos acelerados, la natalidad no para de
caer, la participación de las mujeres se hace cada vez más difícil, hay
colectivos enteros que nunca más trabajarán y las rentas salariales se
deslizan ya hacia niveles de los años 80.(...)
Si todo esto es así, ¿por qué se mantiene la guerra entre deudores y
acreedores? Sencillamente porque si el mundo girase en la dirección que
debiera, las élites financieras y políticas perderían su privilegiada
posición y se acabaría la asimetría del poder de negociación entre
percentiles de renta alta y baja. (...)" (Alejandro Inurrieta, 07/09/2014)
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