"(...) La cuestión, sin embargo, es que Occidente ha entrado efectivamente
en una crisis similar a la de Japón… solo que peor. Y esto no debería
haber ocurrido. En la década de 1990, dábamos por sentado que si Estados
Unidos o Europa Occidental se veían ante un problema remotamente
similar al de Japón, nosotros responderíamos de manera mucho más eficaz
que los japoneses.
Pero no ha sido así, aun cuando ya contábamos con la
experiencia de Japón como orientación. Al contrario: desde 2008, las
políticas occidentales han sido tan inadecuadas, o incluso tan
contraproducentes en la práctica, que los fallos de Japón parecen poca
cosa comparados con los nuestros.
Y los trabajadores occidentales han
conocido un grado de sufrimiento que Japón ha conseguido evitar.
¿De qué errores políticos hablo? Empecemos por el gasto público.
Todos sabemos que, a principios de la década de 1990, Japón intentó
impulsar su economía aumentando la inversión pública; lo que ya no todo
el mundo sabe es que la inversión pública se redujo rápidamente a partir
de 1996 aun cuando el Gobierno subió los impuestos, lo que supuso un
obstáculo en el camino de la recuperación.
Aquello fue un gran error,
pero resulta insignificante comparado con las tremendamente destructivas
políticas de austeridad de Europa, o con el desplome del gasto
estadounidense en infraestructuras a partir de 2010. La política fiscal
japonesa no hizo lo suficiente por fomentar el crecimiento; la política
fiscal occidental ha malogrado el crecimiento de manera activa.
O piensen en la política monetaria. El Banco de Japón, el equivalente
japonés a la Reserva Federal, ha recibido muchas críticas por tardar
tanto en reaccionar cuando el país caía en la deflación y, luego, por
precipitarse y subir los tipos de interés ante el primer indicio de
recuperación.
Esas críticas son justas, pero el Banco Central de Japón
no llegó a cometer ningún disparate comparable a la decisión del Banco
Central Europeo de subir los tipos en 2011, que ha contribuido a que
Europa vuelva a estar en recesión.
Y hasta ese error tiene poca
importancia comparado con el asombrosamente desatinado comportamiento
del Riksbank, el banco central de Suecia, que subió los tipos a pesar de
tener una inflación inferior al objetivo y un paro relativamente alto y
que, en estos momentos, parece haber hundido a Suecia en una deflación
patente. (...)
Así que, en realidad, tenemos aquí dos preguntas. La primera, ¿por qué
da la impresión de que nadie ha entendido nada? Y la segunda, ¿por qué
Occidente, con todos sus economistas famosos —por no mencionar la
posibilidad de haber aprendido de los problemas de Japón— ha provocado
un desastre todavía peor que el organizado por este país? (...)
En cuanto a por qué Occidente lo ha hecho aún peor que Japón, sospecho
que tiene que ver con las grandes divisiones que hay en nuestra
sociedad. (...)
En Europa, Alemania ha insistido en la política de la moneda fuerte y la
austeridad, en gran medida porque la ciudadanía alemana es
tremendamente hostil a todo aquello que pueda considerarse un rescate
económico de Europa del sur. (...)" (
Paul Krugman , El País,
2 NOV 2014)
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