"La deuda griega (177% del PIB) es impagable. Y, por tanto, debe
condonarse, cancelarse o reestructurarse mediante una quita sustancial.
Este mantra no es monopolio de la izquierda radical.
Lo sostienen, día
sí y día también, académicos de la derecha radical —como el alemán
Hans-Werner Sinn— para reiterar que hay que echar a Grecia del euro.
Aunque lo formulen con disimulo: “Unas vacaciones temporales”. (...)
Ya Richard Baldwin y Charles Wyplosz le leyeron la cartilla, demostrando
que el Grexit —la salida del euro— arruinaría a los griegos aún más que
la mala gestión pasada del euro: en el intervalo de cambiar a la dracma
se crearía pánico y turbulencia; se quedarían colgados de la brocha de
una divisa insolvente y se dispararía el coste de las transacciones y
las deudas aún existentes (“How to destroy the eurozone”, www.voxeu.org,
22 de febrero de 2012).
De modo que impagos, repudios, quitas a la
deuda no son de por sí el éxtasis de una política económica progresista.
Y aún menos cuando el grueso de los acreedores europeos (240.000
millones) ya no son bancos ni fondos privados de inversión (se fueron).
Los perjudicados serían los Estados miembros de la UE, los
contribuyentes. El coste de la operación (practicada al 100%) sería de
76.000 millones para los alemanes y de 26.000 para los españoles
(incluidos los de Parla y Santa Coloma). (...)
Hay recetas en principio menos costosas. Reorganizar la deuda comparte
las ventajas de una quita, suavizar su carga, evitando sus perjuicios
(turbulencias, contagio, crisis política).
Y permitiría que el superávit
primario se dedicase en mucha mayor cuantía a un programa social de
choque: alargar aún más los plazos (15 años los préstamos bilaterales;
10 los del fondo de rescate), bajar 100 puntos básicos los tipos de
interés, abaratar 10 puntos las tarifas de garantía, reducir el
porcentaje de cofinanciación (aportación nacional) de los proyectos de
los fondos estructurales europeos.
Todas estas “iniciativas” figuran en
la Declaración del Eurogrupo de 27 de noviembre de 2012: son
precompromisos de la eurozona, bajo Jean-Claude Juncker. “Serán
considerados en la próxima revisión”, rezan las del 5 de mayo de 2014,
con Jeroen Dijsselbloem. ¡Si el esquema está acordado e inédito!" (
Xavier Vidal-Folch , El País,
15 ENE 2015)
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